miércoles, 30 de septiembre de 2026

Entrevista a Juan Cameron en Le Monde Diplomatique

Muy agradecido al poeta, paisano y amigo Juan Cameron por citarme en esta interesantísima entrevista paraLe Monde Diplomatique:
  


Juan Cameron: Homenaje a un imprescindible de la poesía más allá de las olas porteñas.

Por Rony Núñez Mesquida

16 de septiembre de 2026


1.- Un imprescindible sobre las olas de Valparaíso

Afirmar que Juan Cameron es uno de los mejores poetas de la historia contemporánea chilena no constituye ninguna exageración ni una lisonja infundada. Tal como señala certeramente Luis Eduardo García: “La poesía del chileno Juan Cameron convoca el concepto con la expresión directa y la cultura popular para lograr una poesía sorprendente y llena de revelaciones, al mismo tiempo que conmovedora. Me confieso un lector tardío de la poesía de Juan Cameron, lo cual desde luego no distorsiona mi entusiasmo y mi lectura crítica. La lectura más remota que realicé de sus trabajo es el poema «Asignaciones forzosas»: «Si muero/ repentinamente/ declaro/ que nada me debo/ que lo adeudado lo pagué con versos/ que no graven mi recuerdo/ con censos ni hipotecas/ por último/ de rematarme/ ofrezcan precio ilusorio/ para impedir ser adquirido nuevamente/ por el suscrito que firma a mano muerta/ y que ha vivido/ mano a mano/ en la sorda ilusión de cancelarse»”.

Para luego dar un paso más y concluir sobre la sorprendente obra de Cameron: “Una de las constantes en la poesía de Cameron es su condición de exiliado, de sujeto arrancado de su espacio natural y social, de ahí esas imágenes duras extraídas de la vida corriente: y otra es la del creador posmoderno, en el sentido de irracional, a contracorriente, contrario a la rigidez y el funcionalismo de la vida. El humor, entre otras cosas, abre espacios para que el poeta hable críticamente de sí mismo: «Se le dijo/ se le advirtió/ usted/ ama demasiado sus antiguos amores/ no se renueva/ usted/no conoce las Islas Esporádicas/ cree/ en utopías/ en la reconstrucción/ del Muro de Berlín/ habla con la boca llena de los miserables/ no baila al ritmo actual/ no se moderniza (….).”.

En otro registro pero no discordante con las citas anteriores, A. Bresky en su maravilloso texto introductorio “La poesía de Juan Cameron a la luz de la cámara oscura” (Prólogo de "Jugar con la palabra", LOM Ediciones, 2000”) asevera: “Creo que la vigencia y el interés que suscita la poesía de Juan Cameron están fuertemente ligados a una particular modalidad de relación entre la palabra y la realidad urbano-contemporánea. En efecto, su escritura poética afronta la plenitud de esa realidad, representándola, imaginando sus posibles e imposibles, haciendo conciencia de su indetenible e irrepetible curso, para articularse como cifra de una maravillada o angustiosa experiencia de existir, en que la creación artística es sentida como imaginación orientada fatalmente hacia ese encuentro, que reconduce siempre a lo real. En ese tránsito, la fantasía, la memoria, las ilusiones y el pensamiento, reciben la dignidad de la poesía. Ya sea que a veces el hablante agudice el desorden de los sentidos para penetrar la apariencia del mundo y alcanzar esa realidad que está detrás de las cosas, o bien, que se deje arrastrar por los objetos, hasta quedar fuera de sí, fuera del hombre actual y por delante de él. En ambos casos los acontecimientos, las cosas, los sonidos, los decires, los espectáculos urbanos hacen signo al poeta, que por cierto, no les captura como un ojo electrónico o un micrófono secreto, sino que los incorpora a su propia vida y esta a su vez se proyecta sobre el mundo para absorberlo, cargada con su deseo, su memoria y sus pasiones marcados por el tiempo, por la historia y por la muerte”.

2.- Entrevista a Juan Cameron: “La poesía ese mal consejo…”

Desde el Hotel Verso en Valparaíso, acometo la entrevista a Juan Cameron, cual continuación de una primera aproximación esta vez a su obra, que se iniciara en el homenaje a Nicanor Parra realizado en 2018 y cuyo testimonio del poeta se recoge en mi columna “Valpoesía o la Piedra Feliz de nuestros queridos fantasmas”. Esta vez el poeta no desvela su alma poética, en un registro que a ratos suena a oleaje, a jazz de fondo, a notas de vino que acarician los cerros de Valparaíso, nuestro eterno puerto repleto de versos. Aquí sus palabras, donde no dejan de sorprender la gran cantidad de autores que cita y que han nutrido una obra que nos permite “percibir un modo personal de apropiarse de la indeterminación, lo que hace que sus textos permanezcan en un estado de desasosiego, en la tierra de nadie de lo decible y lo indecible, y así, nos salen al encuentro sorprendiendo nuestro propio desconcierto, suspendiendo nuestras certezas aparentes, porque innegablemente la poesía de Cameron tiene una vocación de encuentro”.

a.- ¿Qué es para usted la poesía como forma de vida?

Ese mal consejo, ese todo, repetido y sostenido a cada instante, en los sueños, en la ducha, al ir de compras, al observar los letreros o escuchar a las gentes, es una fijación, una enfermedad a la cual, a la postre te acostumbras como a la tinitus; eso es la poesía. La adquirí en casa, de tanto escuchar y escuchar recitar a mi abuela paterna, a mis tías, a mi padre quien insistía en las Coplas de Manrique y en Segundo Canto de Amor a Stalingrado, del Neruda esencial, y también de Gonzalo Rojas, de quien tempranamente releía en un ejemplar rayado y anotado de mi padre.

Uno se pregunta por la utilidad. Es esta nada más, la vida, los amores y desamores, las aventuras ciertas o inventadas. Llegado a un punto del camino uno se pregunta sobre el quehacer, sobre este extraño e insistente oficio por el que se jugó los días y se jugó el futuro. Al revisarlo y escudriñar surgen, con un sesgo de dolor tal vez, los términos arrogancia y extravagancia. El primero remite a su actitud frente a los demás. Reconoce en sí mismo una conciencia mayor frente a las palabras y las cosas por ellas denominadas -por cuanto juega a su amaño- en tanto el segundo apunta a las significaciones, y a las reales connotaciones -al menos probadas- que estos términos y su jugar con ellos implicaron a la existencia. El gran mexicano, Marco Antonio Campos, nos dice: Pero en serio, es una pregunta en serio para uno mismo o para cualquier poeta/ a cierta altura de la edad: ¿valió la pena el sacrificio, valió la pena abandonar/la apuesta de la acción para entregarle la vida a la inutilidad de la poesía?

Muchas veces iremos, sí, contra corriente y aunque uno se crea Dios sin siquiera ser la más triste copia, uno escribe poesía, lee poesía. Pero esta última afirmación utiliza en verdad una figura retórica y, por artilugio del autor, también poesía. He allí la magia.

Sí; hubo amistad y fue el oficio quien nos permitió tales placeres. Las mesas compartidas, las conversaciones, las a veces extenuantes lecturas y audiciones han sido parte de este goce de vivir. El vuelo es resultado de todo esto. Y al volar en la escritura se observa, se recoge, se segmenta, se relabora todo el vuelo. Y así como los instantes y el aire frente a nuestros ojos, rápidamente se diluyen, el tiempo absorbe y devuelve la imagen tal una pantalla. El poeta detiene y fija el tiempo; aún a riesgo de mantener como castigo la memoria punzante en nuestro hígado. Allí renacen los hermanos idos, los poetas, los amigos y el escenario como sustento de tales figuras. En definitiva, son las ausencias la causa de nuestro continuar hacia una eternidad dolorosa, única y solitaria; pero muy vital.

Por ello, a las dudas de los viejos poetas, yo respondo que sí, que valió la pena a pesar de tantos naufragios, de tantas bibliotecas y de tanta viuda dejada en el camino; que sí; que valió la pena. Y por eso nos ven aún sobre el escenario, sobre cubierta, sobre el molo de abrigo, mojados, jodidos dispuestos a embarcarnos, aunque sea a sotavento y contra marea; o en los más tristes restaurantes llenos de ruido y de furia.

El tema es motivo de escritura. Y yo lo he enfrentado varias veces; quizá todas las veces; pues la poesía es esa constante repetición.

b. ¿Cuáles son las influencias literarias o autores que han sido relevantes en su construcción como autor?

Son muchas y definitivas. Tales marcadores cambian día a día pero, así mismo, se instalan en lo inicial del camino. Ya nombré a Gonzalo Rojas; y junto a él, por supuesto, Parra, Cardenal, Teillier, Lihn, Maiakovsky, el inmenso Vallejo (Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y Capulí), Neruda a su determinante Maestranza de Noche antes que Canto General; y más atrás Gabriela y aún más, Andrés Bello. Y también esos horribles mamotretos que nuestra abuela declamaba en cama, rescatados quién sabe de oscuros cofres de la infancia.

Luego vinieron los viajes, Hungría a los bordes de Croacia, Suecia y sus bibliotecas que me permitieron leer en todos los idiomas románicos (salvo el rumano, que sólo interpretaba por deducción) y en inglés, noruego y danés, tan cercano al sueco maternal, tan mío como llamo a veces a ese español del alma.

Los encuentros internacionales de poesía, en Europa y en nuestro continente, me ofrecieron la amistad, más cercana a mesa de bar, de maestros semidioses en mi oficio. Ellos han influido en mis deseos de crear, de hacer bien las cosas. Seamus Heany, por ejemplo, a quien anuncié el Nobel tres años antes de su otorgamiento. Me equivoqué, le dije realmente dos; o Cisneros, con quien me descubro en Cuiabá comprando ropas para los nietos; o al gran Jotamario Arbeláez, quien luego de una botella de whisky me regala, a falta de un libro a mano, mi primer Viagra. Participo en el cumpleaños 60 de Voznesensky, en los 60 de Lasse Söderberg; en El Salvador me peleo (casi) con el pesadísimo y genial Evtuchenko. Hay una imagen donde nos bebemos el vino blanco hasta el exceso con Idea Vilariño (si tuviera treinta menos, no te me escapas, dijo) y nuestro gran Pepe Viñoles. En la imagen hay sol, es el Parque del Rey, en Malmö, al sur de Suecia, y las nubes pasan enormes sobre la catedral. Son registros de un libro no escrito, pero siempre presente. Esto me ha enseñado a escribir. Poesía y vida es una misma cosa.

c. ¿Cuál es su opinión del actual panorama de la poesía chilena?

Cuesta aceptarlo: pero la poesía chilena actual tiene un tufillo muy provinciano; principalmente en la actividad santiaguina. Desde la capital los nombres se entrelazan entre sí mismos como un palo de lluvia; y muchas veces como un simple juego de cacho. A nuestra poesía le falta lectura, le falta mundo, le falta ir y recorrer. Y sobre todo escuchar. Y hay varios factores determinantes. La ausencia total de crítica, digo de la seria, la de los periódicos; la obtusa visión de los académicos, quienes se casan con un solo nombre y trotan con él como visera de caballo. No ven el contorno, no miran el camino, no leen poesía o libros de poesía, sino solamente “papers”. Y esta suerte de ombliguismo lo aprovecha el más poeta del pueblo y repite su ejercicio. La autopublicidad incontrolable constructora de imágenes inexistentes, de verdaderos virreynatos nostálgicos del imperio, salta a la vista, molesta, deprime, contamina el ambiente.

Con todo, y como siempre por supuesto, aparece un autor nuevo, brillante, refrescante como el agüita del arroyo; y revientan poemas nuevos, fantásticos. Cualquier día te cruzas con un Cristian Cruz, con una Zuleta Vásquez o Marina Tapia, con un Juan Pablo Ibarra, o Leppe; o Vladmir Boroa, qué se yo. Ello da cuenta de un género que continúa, crece y se tradita. A su vez promete un mañana mejor, libre de tanto smog y leseras. Y así, como en tiempos de la Unidad Popular afloraron los movimientos en provincia -Trilce, Arúspice, Tebaida- para marcar la pauta creativa, hoy en los nombres más lejanos -Linares, Curicó, Nancahua, Santa Cruz o Caldera- ebulle y se refresca el aire poético nacional

Las antologías, por otra parte, contribuyen bastante para ampliar nuestro panorama. Desde Italia y desde Grecia, desde Francia o Estonia se nos india de tarde en tarde por dónde debe enfocarse el canon verdadero.

d.- ¿Cuál cree que es a su juicio el rol que en el actual contexto político y cultural deben desempeñar los artistas e intelectuales.

Con la mayor humildad (que no existe) u objetividad, nuestra labor es preservar el idioma así los frailes en la más oscura Edad Media. Nuestro rol continuará siendo el de leer y no el de comulgar con ruedas de carreta. Ya vio, la Artificial Inteligencia es sólo para imbéciles. Nos dicta la forma de sufragar, nos evita la odiosa tarea del pensamiento crítico, nos hace disciplinados y serviles: buenos ciudadanos. A éstos les recomiendo la simple tarea de leer Magnifica Humanitas, de León XIV, para aclarar un poco las cabecitas.

El Estado debe proteger a sus artistas. Guste o no, nosotros somos quienes aportamos día a día a la construcción del patrimonio cultural. Ya se perdió la sana costumbre de designarlos agregados culturales o becarlos. Por otro lado se perdió la sana costumbre de leer. Por el momento muy poco o casi nada podemos esperar. Cambalache se ha hecho carne y la sombra de don Quijote no es sino una tira cómica aparecida en la revista del no me acuerdo.

Hablamos de la caída, la vida misma es una caída, un salto al vacío. Cae un rayo, nos alcanza. Cae una granada desde un dron justo en nuestra trinchera, en ese trazo del destino, donde se nos ocurrió posar aquel instante En general ese es el tema de la escritura, de nuestra escritura como poetas. Otros querrán esquivar la sentencia y lo harán con cierto éxito y mucha pretensión sólo para llegar a un punto final. La escritura sigue siente el intento por robar el fuego a los dioses

El poeta es siempre señalado por una simbolización metonímica, por una reducción de imagen a cargo del mundo extra lingüístico, del administrador del discurso. Es más, los únicos intérpretes de la realidad actual son los filósofos y los poetas. Los filósofos a partir de un lenguaje más denotativo e inmediato y los poetas, por el uso de connotación y figuración. Ambos serán considerados visionarios, décadas después al ser leídos y difundidos por su peso específico; adelantados a la época. En verdad, apenas dan cuenta, al momento de escribir, de su contorno y de cuán difícil es avanzar en él.

Entonces, resulta más fácil al Estado eliminarlo que protegerlo. Y, sin duda, le resulta más útil.

3.- “La Inquietud Apacible” un hallazgo excepcional de un poeta que trasciende sus propios versos.

Al terminar al entrevista Juan Cameron me regala un ejemplar de “La Inquietud Apacible” (Ediciones Lugar de Palabras, 2026) su último libro publicado, donde crónica y poesía se entremezclan y nos prodigan una hermosa visión panorámica del autor, de su intensa vida que , como no podía ser de otro modo, ha marcado su obra poética y que seguramente se transformará en uno de los textos fundamentales donde el “fenómeno Cameron” se nos muestra con la sabiduría y oficio que sólo los grandes poetas son capaces de regalarnos .

Tal como escribe Jorge Boccanera sobre este maravilloso texto: “Lejos del poeta como “un pequeño Dios” de Huidobro, Cameron opta por el poeta mondo y lirondo. Un flaneur que deambula por los suburbios de las ciudades y arrastra sus pasos por baldíos, callejones, bares, estaciones de trenes y plazas. Un flaneur compelido, desde ya, porque sus textos llevan todos los sellos de inmigrante, el refugiado, el transterrado, el exiliado. Esta condición de errancia que subraya en el libro este epígrafe de Ekelöf: Yo soy un extranjero en esta tierra/pero esta tierra no es ninguna extraña dentro de mí”.

El contrapunto de estas palabras las encontramos en la maravillosa introducción escrita por Lila Calderón quien, casi como un susurro en el oído escribe: “Encontrarán aquí acontecimientos que, narrados o expresados poéticamente, se conectan a través de una columna vertebral que estructura este cuerpo de encuentros, sucesos curiosos, coincidencias memorables que asombran por su fluir expresivo. Donde hay horror, hay también humor, sorpresas, tiempos, paralelismos vitales. Hay amor, muerte, memoria, una vida entera que es el gran viraje, tránsito, peregrinación forzada, pasaje, registro. Sus narrativas, su arte poético. En ese registro, textos como “Sobre el Dolor” o “Calle Valparaíso 531” nos estremecen, nos muestran palabras elocuentes que Cameron, en tono poético, nos prodigan su esencia en estado puro: “Soy un tipo feliz; muy feliz. He sobrevivido y he llegado. Si quisiera exagerar podría presentarme como un sobreviviente del pabellón de los suicidas. Pero no es así. Me piden escribir sobre el dolor, mas éste no existe. Son instantes nada más, sensaciones producidas por un hecho exterior, por otros. Tampoco existe el arrepentimiento ni el perdón, pues ambos continúan ad eternum”.

Estas palabras conversan de manera fluida por ejemplo con el magnífico poema “Puesta la Escena” donde Juan Cameron nos declama:


“Mi familia era una obra shakespereana

años después conocí alguna tragedia

ciertos dramas a ratos confundidos

con el Círculo de Tiza Caucasiano

La casa de la infancia fue la mansión de Usher

Derrumbada en provincia por el fuego

Más de Poe no hubo reino en la ventana

Sino un cuervo o una rata junto al mar”.

O esta estrofa de una elocuencia prístina en el poema “Canción de Despedida” que nos muestra una disección del universo de Cameron:


“Encendí una vela en tu homenaje

roja como una amapola sobre la desbastada mesa florecía

Alguna vez sembré fuegos de día estanques en el patio

por gozar no más los elementos

Inútiles recuerdos

el agua vence al fuego y el tiempo a la memoria

Me hizo falta tu retrato”


4.- Epílogo en el Puerto

Termina de madrugada la intensa velada y sobre los tejados del Hotel Verso, despuntas los primeros trineos que anuncian el alba. El 4 de septiembre ha quedado atrás y con él su carga simbólica, más allá de balcones universitarios y caras de esperanza que hoy parecen desaparecer entre la bruma. Saco de mi bolso uno de los poemarios de Juan Cameron, recuerdo que tengo marcadas unas hojas. En medio del silencio de la habitación y mirando al horizonte aún adormecido recito:

“Desde lo alto los ciclistas migratorios avanzan a la estación terminal

Una bandada de hormigas signos

de otras edades abajo en el tablero

Mas desde la avenida no se aprecia el cortejo

ni las ovejas al crematorio

ni los suicidas al escenario

ni aquestas bestias al matadero

La orquesta de colores prosigue se persigue

se cruza en el espejo de los pájaros

uno toma la punta otro le continúa se renuevan

Ninguno parece circular en dirección opuesta

ni las ovejas al escenario

ni los suicidas al matadero

ni aquestas bestias al crematorio

La bandada pareciera continuar entre gritos o murmullos

Bien puede el paisaje confundirse con sus elementos

un mero montaje del ojo desde arriba

la vera invención de interpretar la imagen

vértigo de comprender los hechos

y estas ovejas al matadero

y estos suicidas al crematorio

y aquestas bestias al escenario”. (Poema Visión de los ciclistas).


Cameron for Ever…. Cambio y fuera.

(Rony Núñez Mesquida, escritor y columnista Le Monde Diplomatique)


Juan Cameron nació en Valparaíso, en 1947. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Chile y periodista colegiado en Suecia, donde estuvo exiliado tras el golpe de estado de Pinochet. Ha publicado, entre otros, los libros: Las manos enlazadas (1971); Perro de circo (1979); Cámara oscura (1985); Como un ave migratoria en la jaula de Fénix (1992); // í go back/ Si regreso (1993); Visión de los ciclistas y otros textos (1998); Jugar con la palabra (2000); Versos atribuidos al joven Francisco María Arouet y otros textos desclasificados (2000); Canción (2002); El bolero de los ángeles (2006); 50 poemas (2007); Treinta poemas para leer antes del próximo jueves (2007); Obra extranjera, 1989-2005 (2011); Last Night the War Ended (2011); Perro de circo (2011); Invocatios to Pincoya in the Country of Rain (2011); So We lost Paradise / Selected Poems (2013); Ciudadano discontinuado (2013); Bitácora y otras cuestiones (2014); Comme une bicyclette a l’air libre (2014); Fragmentos de un cuaderno con vista al mar (2015); Robert Burns y otros poemas (2015); Algunos poemas (2015); Poemas desde el andén (2016). Ha recibido los premios “Gabriela Mistral”, en 1982; “Revista de Libros”, del diario El Mercurio de Santiago, en 1996; “Consejo Nacional del Libro y la Lectura”, en 1999; Premio Internacional de Poesía Ciudad de Alajuela, en Costa Rica, 2004, y el Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero, del Ecuador, en 2014. Figura en una treintena de antologías de poesía chilena y latinoamericana

Ana María Matute en la sección "Indómitas y reflexivas".

Muy feliz de seguir con mi sección "Indómitas y reflexivas" en la revista Culturamas. En esta ocasión, abordo la poesía contenida en la obra "Paraíso inhabilitado" de Ana María Matute, gran mujer independiente y comprometida con la literatura. Muchísimas gracias a Jesús Cárdenas Sánchez, redactor jefe de la sección de poesía de esta revista, que siempre acoge con tanto mimo nuestro trabajo. ¡Espero que os guste y os anime a revisitar a una autora única!


ANA MARÍA MATUTE
Sep 30, 2026 | Indómitas y reflexivas

Por Marina Tapia.

La literatura acompaña esta soledad espinosa, esta necesidad de otros estratos de comunicación. Las que no queremos hablar sobre hechos insustanciales, ni hacer un recuento de nuestro día a día, ni posar la mirada sobre frases hechas y manidas sino, más bien, vagar entre sensaciones, ensueños y recuerdos difusos estamos destinadas al mundo de los libros. Tantas veces me he preguntado: ¿Con quién puedo contrastar estados internos que no tienen palabras definidas? ¿Con quién puedo ir acopiando revelaciones mínimas y sensoriales? ¿Con quién puedo comentar cómo cambia nuestro enfoque ante las circunstancias, cómo las nubes oscuras de los que te rodean sombrean los hechos, para ti, luminosos? Cuando no se quiere sentar cátedra y sólo se aspira a bucear en algo profundo, y a compartir un estado de observación, la mayoría de las veces solo encuentro a los libros. Ellos están ahí, ellos te acompañan en ese dialogar diferente, único y a destiempo. Siempre son interlocutores ecuánimes. En general, todo lo que busco vive entre sus páginas. Allí está la humanidad atrapada en sus historias, la emoción contenida en sus poemas. Custodian un precioso decantado de generaciones, saben a savia verdadera, van más allá de la argumentación o del deseo de llenar el vacío. Las descripciones ambientadas en la atmósfera de otra época calzan en la tuya porque todo cambia y nada cambia. Y una desea sumergirse en ese mar denso y a la vez cristalino, en ese medio más amplio y significativo que te presta voces de otras razas y espacios geográficos. Ser abducida unos días, unas semanas, largo tiempo. Ola luminosa que al final del proceso te devuelve a lo real con una sensación de nueva claridad.

Todas estas reflexiones nacieron leyendo «Paraíso inhabitado» de Ana María Matute. Me sentí hermanada con su voz, me sentí realmente en compañía. Mi niñez se abrazó a la niñez descrita por ella. A través del símbolo del unicornio que cobraba vida –excelente hilo conductor de la historia–, recompuso escenas olvidadas de mi pasado, apaciguó la necesidad de afectos duraderos, limpió la casa de mi memoria.

«Paraíso inhabitado», según mi opinión, es una obra de arte, no sólo por cómo describe con detalle y minuciosidad el paso de la niñez a la adultez, o por cómo construye, con una psicología profunda y verdadera, cada personaje de la trama (hasta los menos importantes en el engranaje), sino también por su lenguaje preciso y poético. Hay muchas capas en esta narración, es una obra que anima a la relectura. Se denuncia en ella la inmovilidad de las clases sociales y las normas relacionadas con los roles de género: «Los niños juegan con los niños, y las niñas, con las niñas». Hay, asimismo, una defensa de la individualidad, un mirada protectora hacia el ser humano diferente, el que se sale de la norma. Podemos comprender la vida de tantos niños y niñas desasistidos, que crecen en familias desestructuradas y que están a cargo de criadas, tatas, cocineras o cuidadores. Y entender cómo esos niños arman su propia ‘familia de elección’.

Es realmente un compendio extraordinario que me ha llevado a meditar acerca de la soledad, impuesta o buscada. Acerca de cómo construimos, en edades tempranas, un universo propio para alejarnos de lo establecido por los adultos y nos quedamos suspendidas eternamente en ese mundo de juegos, oralidad e imaginación sin límites. Este libro me ha ayudado a escuchar a la niña que soy –y a la que sigo siendo–, me ha acercado a la adolescente que fantaseó en exceso, y también me ha permitido atisbar los convulsos años treinta en España, la realidad de un país a punto de embarcarse en una guerra fraticida. Comparto un pasaje que describe deliciosamente las sensaciones vividas por Adriana, la protagonista, en el Cuarto Oscuro donde es encerrada: «Al principio, la oscuridad fue total, puesto que el único ventanuco, que daba al patio interior, estaba tapado por un armario. Luego, poco a poco, muy lentamente, fueron apareciendo distintas siluetas. Parecía que la oscuridad adquiría una luz propia, una luz diferente a la conocida: la luz de la oscuridad que luego, a través de los años, he llegado alguna vez a recordar. Me senté en el suelo, en un rincón, y estuve atenta a todo cuanto me rodeaba. Escuchaba y sentía una mezcla de curiosidad y desazón. Al poco, las siluetas de los armarios fueron tomando cuerpo en la oscuridad. No llegaban al techo y, unos más altos que otros, formaban algo parecido al contorno de una ciudad flotante que, en la oscuridad, adquiría una dimensión desconocida […] O mejor dicho, como si la misma oscuridad, cada vez más transparente, fuera una enorme lupa que aumentaba y a la vez aproximaba a mí cuanto me rodeaba: algo parecido a cuando, en soledad y silencio, poco a poco, me invadía otra oscuridad luminosa: aquella en la que me sumergía como cuando iba adentrándome en las páginas de un libro».

Gracias, Ana María, por conducirnos al mundo de la inocencia, de la amistad que se convierte en amor y en sincronía. Gracias por traernos el universo alegórico de los cuentos tradicionales, por enredarnos suavemente en tramas de apariencia sencilla (pero que encierran tanto). Gracias por tender un puente hacia la fábula –con sus arquetipos milenarios–, hacia lo simbólico y lo fantástico. Gracias por ser una escritora indomesticable que, a pesar de diversos episodios de censura, tuvo la audacia de trascender el realismo social imperante en su época, de poner el foco de atención en los marginados del mundo, de explorar a fondo y de combinar distintos géneros narrativos, de mantener su independencia y ser fiel a su tempo.

Sé que esta no es una reseña al uso, sino dejar constancia del vínculo que crea un libro con los lectores y lectoras. Es una invitación a lanzarse al camino de las lecturas capaces de marcarnos, la que contienen las gubias precisas que nos van cincelando. Leer: acto subversivo y nunca inocuo. Hay novelas que desatan un lenguaje milimétrico. Y qué fértil es charlar con Ana María Matute. Un abanico de imágenes florecen en esa primavera que sus textos despiertan. Su voz deja en nosotras sanación y un eco de instantáneas universales. Nos adormece su nana compuesta especialmente para acunar la pubertad. Restaura nuestra herida difusa con sus personajes vivos. Antes de «Paraíso inhabitado», había atesorado en mi biblioteca «Primera memoria», «Algunos muchachos», «El árbol de oro y otros cuentos» y «Los niños tontos». Toda su obra es un paraíso a recorrer, y ya me espera, promisorio, el vergel de «Olvidado rey Gudú».

La autora, en una de sus entrevistas, dijo: «A veces la infancia es más larga que la vida». Y al calor de sus letras una parece regresar a ese periodo donde lo que se buscaba era esconderse, correr a ese terrado que nadie visita, acampar en la oscuridad tras cortinas y biombos. Sentir la liberación que nos regalan los espacios ajenos a la mirada de los ‘Gigantes’. He aquí un delicioso y plástico fragmento en el que hace un guiño lorquiano y cervantino al mundo de los teatrillos de marionetas: «Empezaba haciendo funciones para la Tata e Isabel, con los brazos en alto y dos muñecos enfundados en mis manos de niña –aquellos puños pequeños y apretados–, y acababa siendo totalmente olvidada por las dos mujeres, hasta el punto de hacerme realmente invisible, como cada vez más me gustaba sentirme, Agazapada bajo el pequeño escenario, sentada en el suelo, con los muñecos a mi alrededor y a una suave penumbra atravesada por la luz rojiza que transparentaba el telón, pude escuchar infinidad de historias, sobre mi familia, sobre mí misma, sobre la familia de las Tatas, y sobre otras muchas cosas más. Fue mi nuevo refugio, y, aunque a ellas ahora sí conocían mi escondite, el saberlo las despreocupaba, y no me buscaban, ni me llamaban, ni me importunaban».

«Paraíso inhabitado» es un libro realmente revelador. No dejéis de leer a esta grandísima autora indómita y reflexiva.

Recital conjunto "Poesía de otoño" en el ciclo Con Voz Propia del Centro Artítico

Un verdadero placer haber compartido una tarde de poesía y amistad en el Centro Artístico. Gracias a Pilar Bueno Ferradas por esta cálida iniciativa que celebra la llegada del otoño con tan buena compañía.
Y gracias a Antonio Arneas por su completo reportaje en Ideal en Clase "Quince poetas dan la bienvenida al otoño en el Centro Artístico de Granada".






miércoles, 16 de septiembre de 2026

Presentación de "Nômade" en el Centro Artístico de Granada

Muchísimas gracias a mi querida Inmaculada López, escritora y bibliotecaria de la Biblioteca del Salón Mariluz Escribano, por tan completa e interesantísima presentación de "Nômade"; y al público amigo que generosamente nos acompañó en un día tan caluroso. Qué acierto la iniciativa de Francisco Acuyo que, además de acompañarnos en la mesa, grabó el acto para el programa de radio "La ciudad ilustrada". Muy contenta por la cálida acogida de mi trabajo: todos somos nómades, buscamos ese paraíso perdido que nos refleje. Gracias como siempre a Ángel Olgoso por sus fotos. ¡Una tarde maravillosa!











lunes, 14 de septiembre de 2026

Entrevista en el diario Ideal por José E. Cabrero

Muchísimas gracias a José E. Cabrero (del diario Ideal) por esta entrevista a propósito de "Nômade" (Entono Gráfico, 2023), poemario que se presentará este martes 15, a las 18:30 horas, en el Centro Artístico de Granada. Es un lujo contar con el apoyo, con la profesionalidad y la cercanía de José E. Cabrero. ¡Muy contenta con su entrevista!




sábado, 12 de septiembre de 2026

Mesa redonda con Jaime Siles, Premio Lorca 2026

Comparto con emoción esta crónica de la mesa redonda para homenajear a Jaime Siles. Espero que sirva de acercamiento a todas las personas que no pudieron acudir al Centro Lorca y que disfrutéis, tanto como yo, de las palabras del maestro y de los especialistas y amigos que lo acompañaron. Las fotografías que acompañan este resumen fueron tomadas por José Antonio Albornoz:



La Jornada de ayer miércoles, 9 de septiembre, dedicada a Jaime Siles, poeta ganador del XXII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada–Federico García Lorca, tuvo una gran acogida de público, que llenó la sala para acoger al poeta con admiración y entusiasmo.

El acto se abrió con unas palabras de bienvenida de Jesús Ortega, escritor y Focal Point de Granada Ciudad de Literatura Unesco. Se pasó luego a las intervenciones de la mesa redonda moderada por Remedios Sánchez, catedrática de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Granada, y compuesta por Jenaro Talens, escritor y catedrático emérito en las Universidades de Ginebra y Valencia, Sergio Arlandis, profesor titular de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Valencia y Sonia Fernández Hoyos, doctora en Literatura Española por la Universidad de Granada y profesora titular en la Universidad de Reims Champagne-Ardenne.

Remedios Sánchez comenzó su intervención exponiendo que Jaime Siles es uno de los poetas fundamentales de los últimos cincuenta años, además de un buen amigo. Destacó que en la mesa todos tenían ese vínculo de amistad, además de admiración hacia el escritor premiado. Lo definió como un intelectual completo: catedrático, crítico literario, filólogo, traductor pero, ante todo, un excepcional poeta: «Se le queda pequeño el término de novísimo, más que un culturalista es un transformador y renovador del lenguaje. Es admirable todo su trabajo, su concepto de poesía como reflexión lingüística –más sus estudios ontológicos con influencia de la tradición clásica y alemana e inglesa–, su conocimiento cosmopolita y profundo de la literatura que se evidencia en el ritmo y en la sintaxis, en los silencios y en las imágenes, en esa condensación verbal que resulta tan característica en su obra. Él tiene unos rasgos muy distintivos a los compañeros de generación». Remedios invitó y animó al público a darle un lugar preferente en cada biblioteca sentimental. Su análisis se detuvo especialmente en tres de sus libros: 'Música de agua', 'Semáforos, Semáforos' e 'Himnos tardíos', además de bucear en la esencia de su poética. «Jaime tiene voz propia. Explora el concepto de la soledad, convierte la vida y la experiencia individual en palabras precisas que sirven para interpretar la experiencia colectiva y social. Según mi parecer, en este autor el poema no es una vivencia directa, sino una elaboración reflexiva que desea ampliar su conocimiento de la realidad y que trasciende la emoción. Los clásicos en él conviven de una forma natural, son imagen y símbolo. El 'yo' es un modo de conciencia construido mediante el lenguaje. A partir de 1982 se ve claramente esa búsqueda de las palabras precisas, y el poeta evoluciona a la poética del silencio. Los poemas de Jaime funcionan a modo de fotografías empapadas de plenitud pero pasadas por el raciocinio, quedándose con la esencia. Es admirable como todos los títulos de sus libros tienen un gran valor simbólico, luce su arte para titular. Da voz a la comunidad, en su poesía el 'yo' es consciencia, es memoria. Él transita los limites de la comunicación porque busca ese espacio donde están los matices. Su poesía integra múltiples facetas: es un intelectual completo e imprescindible para entender la literatura del siglo XXI. Figura a la que debemos cuidar porque nos hace muchísima falta en estos tiempos complejos».


La siguiente intervención estuvo a cargo de Jenaro Talens, compañero de generación de Siles y con el que ha compartido gran cantidad de momentos y anécdotas en diversos enclaves del mundo (países, universidades, congresos, viajes...), una amistad de más de sesenta años. Con gran sentido del humor, dijo que en vez de poetas novísimos habría que aplicar el término de viejísimos. Y explicó que ese nombre dado a una generación era más bien el nombre de un libro que después se aplicó a un grupo: «En cualquier caso, somos la generación que podría llamarse del lenguaje». Genaro emocionó al público con la lectura de una semblanza que recorrió desde la época de su juventud hasta el presente, vertebrando su historia de amistad, encuentros, caminos y hallazgos comunes, comenzando su narración con un 'Érase una vez', y en la que Jaime Siles fue retratado como «un joven que parecía haber leído todos los libros del mundo y, por supuesto, todos los de poesía, además daba la impresión de sabérselos de memoria, citando versos en los momentos más variopintos y en los momentos oportunos», Genaro comentó que entre ellos intercambiaban poemas como si fueran cromos y que, junto a Guillermo Carnero, formaron el trío de amigos que ha sobrevivido a multitud de naufragios y que sigue vivo. «Jaime era el que parecía más asentado y con las ideas más claras sobre cuál sería su porvenir. A veces nos preguntábamos Guillermo y yo cuándo dormía este hombre. Su fama de empollón no le había caído del cielo, el podía sustituir al profesor porque sabía más que el profesor. Siles, además, siempre ha tenido un carácter mediador y diplomático, es una de las características de su espíritu. Estamos ahora en este extraño territorio llamado jubilación, pero la gente como él nunca se jubila. Jaime siempre está embarcado en proyectos. Quizá como decía el poeta de Isla Negra: 'Nosotros los que fuimos ya no somos los mismos', pero algunos me temo que sí, porque aunque él sea casi octogenario, yo sigo viendo en Jaime a ese joven que quería comerse el mundo y que no ha perdido en absoluto el apetito. Así que voy a terminar este relato con un 'colorín colorado este cuento no se ha acabado' ni tiene la menor intención de acabarse».

El siguiente ponente fue Sergio Arlandis, especialista en Siles y que ha hecho varias ediciones críticas de su obra. La exposición de Sergio se centró en su mirada como lector de su obra: «He tenido la fortuna de ser un lector asiduo de su creación, además de ser un crítico de ella. La huella de su poesía, al mismo tiempo que te acaricia, te deja importantes marcas, heridas de reflexión. Una de ellas la pondría en 'la paranoia del yo', las extraordinarias paradojas de ese yo. El yo en su trabajo es un agujero que encarna las voces de todos los que lo leemos. Cabe su experiencia y la nuestra. Eso me llevó a pensar ¿el lenguaje hasta qué punto nos identifica? Para llenar nuestra identidad elegimos el lenguaje. Su poesía nos lleva al límite de las posibilidades del lenguaje y también a su raíz. Construye su identidad desde dos conceptos: movimiento y quietud. Esto se puede apreciar en el título de dos de sus poemarios que muestran estos opuestos, por un lado 'Música de agua' y, por otro, 'Columnae'. De todas maneras, hablamos de un movimiento interior. A veces la poesía es inconsciente aunque el poema es consciente. Y esa dicotomía el autor la canaliza a través de la musicalidad. Muchos de sus textos tocan al lector a través del oído. Es un artista perfecto en esa técnica y en ese arte de la composición. Y otro debate que se abre en su mundo es la forma de la continuación y la forma de la fluidez del lenguaje. Cuando busca ser contenido lo es porque juega con el lenguaje y con el silencio según sea preciso. Al modo juanramoniano, su poesía intenta concentrar al máximo todo lo que las palabras pueden dar». Finalmente agradeció a las personas y a las instituciones que han tenido el acierto de darle el Premio Federico García Lorca a Jaime Siles, un reconocimiento más que merecido.


Posteriormente, Sonia Fernández Hoyos, encargada de la antología publicada por la editorial Comares y que contó con el apoyo del Ayuntamiento de Granada, se refirió a la condición del autor de vivir entre lenguas, destacando su faceta de traductor a más de nueve idiomas y de diversos géneros literarios: «Es una persona que está más allá del límite del humanista, su aproximación a las lenguas determina su manera de hacer poesía. Él mismo nos dice: "En algunas lenguas me gustaría vivir; en otras, sólo me limito a pensar. Cuál es mi lengua nunca lo sabré, pero el latín se aproxima bastante". En él está el sujeto nómade. Su carrera comienza en los años sesenta. Es un poeta que ha obtenido los premios más importantes. Ya desde sus primeras publicaciones, tuvo la atención de los críticos; ha sido un poeta estudiado aquí y en el extranjero; hay un aparato crítico sobre él muy importante». Sonia habló de las etapas fundamentales de su obra. La primera está formada por sus primeras plaquetes, por 'Canon', por 'Alegoría' y por 'Música de agua'. Fase que se caracteriza por devolver la pureza al lenguaje, a los orígenes. Se le ha elogiado mucho la atención a la estructura tan bien construida de sus poemarios; son concebidos como algo cerrado, pero que no ahoga el sentido. En su segunda etapa está marcada por un cambio de formalización. En ella se pueden identificar 'Columnae', 'Poemas al revés', 'Semáforos, Semáforos' y su libro de poesía infantil 'El Gliptodonte'. Aquí brilla la arquitectura del sonido a través de formas como la endecha, la elegía, la décima, el soneto, la lira. Hay juego en sus creaciones, también un punto de posmodernidad e ironía. La tercera etapa la conforman 'Himnos tardíos' y 'Pasos en la nieve'. Se produce un cambio de tono decididamente elegíaco, y se añade la reflexión sobre el paso del tiempo. En su última etapa que perdura hasta el último libro publicado el 2024, 'Desde el fondo del tiempo' es la más existencialista, vemos textos polimétricos, más reflexiones metafísicas. La antóloga contó a los asistentes que escogió, para esta antología, textos de todos los libros de poemas publicados, intentando dar preferencia a los que estuvieran menos recogidos en otros compendios: «El título de esta edición es un verso del poeta 'El lenguaje, el mundo, la palabra', enumeración de los núcleos de sentidos a partir de los cuales se ha sustentado su poética».


Y para finalizar el acto llegó el momento que todos esperábamos, ese broche de oro: la lectura del protagonista de esta jornada. Abrió su intervención agradeciendo a los asistentes y manifestando su alegría por el premio recibido. También elogió la labor inmejorable de la profesora Soria Fernández Hoyos. Su primer planteamiento fue toda una declaración de principios: «Yo sí creo en la tradición, incluso aquellos poetas que creen que escriben contra ella, eso ya es tradición también. Toda vanguardia se convierte en tradición. Esos dos polos tradición y vanguardia han sido la dialéctica que ha guiado mi escritura. El culturalismo fue en punto de partida, pero nos dimos cuenta de que el culturalismo era algo así como unos 'nuevos ricos' de la cultura. La cultura tenía que estar ya dentro del texto, absorbida por él. En mi época, a veces, los títulos eran más largos que el poema mismo. Y quiero contar una anécdota que me valió para pensar en ello. En la calle, vi un anuncio de calzoncillos cuyo eslogan decía: 'Nunca tan poco vistió tanto' y yo me dije: esa va a ser mi poética de ahora en adelante, decir lo máximo con lo mínimo. Cada generación debe limpiar el lenguaje, esa es la función de la poesía, es como una tienda de lavandería y tintorería que tienen que poner en marcha las nuevas generaciones. En las dictaduras se pervierte el lenguaje. Otro aspecto que quiero defender es que –para mí– el principal protagonista de la literatura es el lector. En Granada ser poeta tiene poco mérito, todo el que nace aquí viene con un poema en la boca». Posteriormente pasó al recitado de sus textos, comenzando con la 'Tragedia de los caballos locos', tan alabado por Vicente Alexaindre y uno de los más conocidos del autor y que lo puso en el punto de mira. Otros de las piezas leídas fueron: 'Biografía', 'Convento de las dueñas', 'Música de agua', 'La tierra de la noche', el soneto a la poesía titulado 'Propileo', 'Glosa a Gracián', 'Himno a Venus', la autoironía 'Acis y Galatea', 'El lugar del poema', un largo y sentido texto dedicado a su amigo Jenaro Talens 'De vita philologica', cerrando su luminoso recitado con 'La cuestión homérica: a vueltas con La Ilíada', poema en que se explica por qué existe la literatura. Jaime Siles iba introduciendo cada texto con muchas anécdotas, humor y dando deliciosas pistas del momento en que fueron gestados. Y desearía terminar esta crónica con los últimos versos leídos por el maestro:

«Nada muere en el verso: el ritmo del hexámetro
Con su ámbar protege el tiempo que no acaba
Nunca de suceder, pero el nuestro termina.
No: no mueren los héroes de 'La Iliada'
sino nosotros, sus lectores, que, a diferencia de ellos,
somos lo que somos pero sólo una vez.
Sólo como ficción el ser perdura. Pero nuestra epopeya
no es el combate en las playas de Troya
sino otro más humilde, condenado
a un oscuro y anónimo morir. Por eso mismo
siguen teniendo su sentido Héctor y Aquiles,
Patroclo, Príamo, Helena, Agamenón.
Ellos ni morirán ni han muerto, pero nosotros sí».



martes, 8 de septiembre de 2026

La poesía de Álvaro Cunqueiro en Horizonte Garnata

Gracias a la revista Horizonte Garnata por el espacio para reflejar mis impresiones de un gran autor, Álvaro Cunqueiro, conocido más bien por su narrativa que por sus poemas. ¡Espero que os guste este acercamiento!



Conocido especialmente por sus imaginativas y exuberantes novelas y por sus miles de artículos compilados temáticamente (viajes, gastronomía, leyendas, tradiciones populares, esoterismo, ruta jacobea, etc.), descubrir al poeta me ha permitido completar su polifacética figura, entrar en un cosmos fascinante donde una quisiera perderse en su umbría durante largas temporadas.

Este verano, mi compañero y yo tuvimos la ocasión de consultar los archivos de Cunqueiro que se encuentran en la Fundación Penzol de Vigo: numerosos documentos perfumaron nuestras manos, originales de sus libros, cartas, borradores de artículos, conferencias, pregones, guiones radiofónicos y poemas que desprendían un tibio aroma a pasado. Me quedé prendada de su lírica, escrita con letra pequeña e inclinada, o a máquina de escribir con tinta negra y roja. Creaciones delicadas apresando estampas naturales y amorosas, pero también textos desgarrados como el que tituló «Cobardías tristes de hombres y pueblos».

Me sorprendió ver la gran cantidad de borradores que se conservan y que, como he comprobado posteriormente, no están recogidos en antologías. Al leer los versos de Cunqueiro, sentí esa emoción que se desata al hallar algo único y vibrante. Tomé fotografías y transcribí a mano algunas de sus piezas. Luego, en su casa-museo de Mondoñedo –donde nació, vivió más tiempo y con más ardor fabuló su mundo–, pude leer otros poemas en diversos paneles expositivos donde se explicaba que sus primeros escritos y publicaciones fueron en verso. Lamentablemente no sé leer gallego, y la mayoría de lo expuesto estaba en esa dulce lengua.

De vuelta a Vigo, indagué en la biblioteca de Chapela algún poemario de Cunqueiro pero sólo disponían de una recopilación en su lengua materna. Pero al volver a casa, a Granada, mi compañero –que atesora toda su obra en prosa– encargó una de las pocas ediciones bilingües de su obra poética.

Publicada por Plaza & Janés en 1983, dentro de la colección Selecciones de Poesía Española, esta pequeña joya a cargo de César Antonio Molina nos regala, además, un amplísimo estudio inicial del compilador antes mencionado, y una bibliografía que agrupa los títulos de gran parte de lo publicado tanto en gallego como en castellano (en poesía, narrativa, ensayo y teatro); terminando el introito con una útil lista de artículos y ensayos sobre la obra de Cunqueiro.

Leyéndolo, no sólo nos enriqueceremos con palabras y expresiones gallegas tan hermosas como dorna, nao o luar, también con los encantadores giros y términos inventados por él; además nos nutrirán las citas e intertextos que incluye en sus poemas de varios idiomas (italiano, francés, latín…). Álvaro Cunqueiro fue un hombre culto y muy leído, un espíritu inquieto y sensitivo que se empapaba de todo lo que veía y escuchaba en tabernas, en boticas, en barberías, en mercados y puertos, en corrillos y fiestas de pueblos, en ambientes cultos y profanos.

Iba acopiando, en su morral de eterno peregrino compostelano y universal, todo aquello que podía dar un brillo particular, matizado y hasta mágico a la escritura.

A mí me conmueven este tipo de escritores inquietos, que no se quedan en su zona de confort, en lo romo y fácil (que puede acabar convirtiéndose en una mercancía complaciente). Me siento identificada con los que se interesan a la vez por las vanguardias y por núcleos olvidados, que revisan y vuelven al pasado para rescatar fórmulas sonoras, argumentos sustanciales, ángulos de mirada más amplios, en fin, lo que otros siglos dejaron sobre la mesa de los tiempos y hemos perdido, entre moda y moda, entre corriente y corriente. El anacronismo no siempre es un defecto; qué pronto se agotan los ‘ismos’ y lo nuevo, cómo se caen de las manos los libros que se sumaron a lo pasajero, aquellos que olvidaron la esencia de la poesía por ocupar un lugar en un panorama ávido de novedades. Con sus creaciones, Cunqueiro hizo florecer lo que Valle-Inclán llamaba «la flor del milagro».

La obra poética del autor está compuesta por cinco libros en gallego y uno en castellano, además de múltiples poemas sueltos publicados en revistas y periódicos. Esta antología bilingüe recoge una muestra de «Elegías y Canciones» (1940), «Poemas y cuatro prosas» (1951-1952), «Mar al norte» (1932), «Cantiga nueva que se llama ribera» (1933), «Poemas de sí y no» (1933), «Dama de cuerpo delicado» (1950), «Hierba aquí o allá» (1980), «Otros poemas no recopilados» (1950-1975) y fragmentos de «Crónica de la derrota de las naciones» (1954).

César Antonio Molina, en su estudio inicial, rescata las palabras de Álvaro contando sus primeras experiencias lectoras:

«Llegaba a veranear a Mondoñedo, desde Madrid, el fino poeta José Ramón Santeiro. Traía las novedades para mí, literalmente, una nueva luz: los libros de Alberti, Cernuda, Lorca, Guillén, Salinas… ¡Qué inmensa borrachera de poesía en el bosque de Silva, a la sombra de los plátanos, como en los diálogos platónicos». Esas lecturas primeras y constantes de libros de poesía se traslucen en el universo que fue creando. Es fácil advertir en los narradores esa textura que ha dejado en sus trabajos su vínculo primero con lo lírico.

Molina también nos aclara: «Tras el descubrimiento definitivo de los cancioneros galaico-portugueses en la edición de J.J. Nunes, nace el neotrovadorismo como movimiento verdaderamente autóctono. Fermín Bouza Brey lo iniciaría con el poemario «Nao senlleira», pero la posterior incorporación de Cunqueiro le dará su verdadero realce con «Cantiga nova que se chama ribeira». Y justamente esta obra mencionada guarda una belleza única que sigue maravillándonos y transportándonos a ese lenguaje claro, musical y cristalino de las Cantigas de amigo. Cuando tuve la fortuna de transitar muchos de los mismos paisajes del poeta, el Barrio de Os Muiños con su puente de Pasatempo y su río Valiñadares, la hermosa Catedral Arrodillada, La Fuente Vieja, todo el valle, una siente más hondo sus versos: «Otoño rápido de gaitas, / mocero de alegres lluvias», «Muñeira de cien aguas / nos enseñó a bailar», «Tiene un río de pájaros / que desemboca en canción», «Ésta es la noche de moler el grano del viento».

Serían tantísimas las cantigas de Cunqueiro que me gustaría compartir. Os dejo con uno de estos poemas neotrovadorescos como muestra, que fue musicalizado en 1975 por el cantautor Luís Emilio Batallán:

En el nido nuevo del viento
hay una paloma dorada,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla!

Canta al luar y al alba
en flauta de verde olivo.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

Tiene aires de flor reciente,
cosas de recién casada,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla!

También tiene sombra de sombra
y andar primero de río.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

Otro conjunto llamativo y sorprendente de esta antología es «Elegías y canciones»; en él brillan cuatro sensitivos poemas dedicados a animales: «Ruiseñor corazón», «Ciervo, ave feliz», «Paloma, tibia manzana» y «Alondra, voz que cantas». El poeta no sólo despliega su capacidad de describir con mínimos detalles las características de los pájaros, sino que es capaz de hacer una fusión armónica del mundo marino con el aéreo y el terrestre, capaz asimismo de reflejar en cada uno de ellos un estado de ánimo particular.

En el primero, la voz poética carga una fuente de silencio que añora un amor perdido. En el segundo, dialoga con el ciervo preguntándole por la sombra de su amada. En la tercera, la luz en los ojos de la paloma simboliza la esperanza en el amor que no muera. Y en la última composición, se pide que la alondra surque su cuerpo dando vida a su espíritu envuelto en desamparo.

Traigo a este pequeño artículo otra muestra estimulante de la lírica de Cunqueiro, extraída y transcrita de uno de los manuscritos albergados en sus archivos, y que no aparece en la antología:

COBARDÍAS TRISTES DE HOMBRES Y PUEBLOS

I
Hay pueblos que ríen……. pueblos que al reír, ríen llorando
¡Hay pueblos que ríen!…….. ríen carcajadas de dolor, histerismos
exóticos, mientras mueren…
Ríen carcajadas de dolor, porque riéndolas se engañan a sí mismos
Ríen….. ¡por cobardía!
Y hay hombres como pueblos….. y esos hombres como esos pueblos
ríen también…. ríen porque sufren; ríen porque mueren y ríen también…
¡por cobardía!

II
Hay pueblos que lloran… Pueblos que al llorar, lloran riendo
¡Hay pueblos que lloran!… ¡Lloran lágrimas de alegría, histerismos
exóticos, porque viven….
Y lloran lágrimas de alegría…. porque llorándolas se engañan a sí mismos….
Lloran…. ¡por cobardía!
Y hay hombres que son como pueblos…. Y esos hombres como esos pueblos,
lloran porque mueren, lloran porque viven y lloran también
¡por cobardía!

III

Ríen los primeros, para que los demás, no viéndolos o no creyéndoles
muertos, no los entierren…
Lloran los segundos, para que los demás, no viéndoles o no creyéndoles
pletóricos de vida no sientan ganas de matarlos
Yo les gritaría:
¡¡¡Cobardes!!!

En este poema, el juego con las variaciones a partir de dos palabras, llanto y risa, logra denunciar al ser humano que se acomoda y se refugia en sí mismo, en sus ritos y rutinas, en sus condicionamientos, sin prestar atención al resto de la humanidad. Creo que es un texto que sigue estando vigente.

En la mayoría de sus libros y artículos, se aprecia esa capacidad de Cunqueiro para retratar el ambiente y las personas, para envolver al lector con pocos elementos y trasladarnos (sobre una alfombra hechizada) a esa Galicia colorida a la vez que melancólica, a su Mondoñedo de brumas rumorosas y viejos molinos; al espíritu del Atlántico con sus faros, su «mar y viento duro»; sus rías mecidas por las algas; «desconocidas islas» y «veleros que se hunden en el horizonte»; «bueyes color tiempo» y «bosques perezosos».

No quiero dejar de destacar el gran número de composiciones dedicadas a otros creadores y a personajes de todos los tiempos como Hölderlin, Rilke, Pero Meogo, Antonio Noriega Varela, Ulrico von Hutten, Lord Dunsany, Edipo, Paltiel, Dánae, Feliciano Rolán, etc.

Para finalizar este acercamiento, traigo aquí un fragmento suyo que podría valer como autorretrato:

Ese alguien de mí que nunca vuelve
al agua de la infancia
sin saber salir del laberinto.
Ese que es otro hombre que yo llevo
derrumbado sobre mí
o como la hiedra que 90 robles abraza.
[…]
Pero el yo que vive y anda
resiste y no olvida nada,
despidiéndose harto de vida
cuando mi vida y la suya terminen.
Pero yo resucitaré que sólo vuelven
los que recuerdan, compañeros.

Deseo con intensidad que vuelva viva a vuestras lecturas la obra de Cunqueiro, quien dijo humildemente: «No he pretendido nunca ser un poeta inspirado y luminoso. Con mis propios poemas he intentado explicarme a mí mismo qué cosa es la poesía». Deseo que resurja aquel que promovió el milagro artístico, simbólico, humano, de que Galicia durase mil primaveras más, como él mismo anheló en su lápida.

Poemas en Casa Bukowski Internacional

Muchísimas gracias a la revista Fundación Casa Bukowski Internacional por recoger una muestra de mi trabajo. ¡¡Muy contenta de poder compartirlo!!



DICTADURA (Del libro «Corteza»)

Aunque en tu territorio pronunciase
mis primeras palabras,
tú
no me has parido.

Con un canto marcial nos arrullabas,
con rezos sin altura
y rondas en el patio de los miedos.

Me fugo del rencor que apacentaste,
del labio que no puede decir melancolía,
del muro levantado entre nosotros.

Hay básculas que pesan un tiempo que no vuelve.
Por eso es que rescato de mi fondo
la luz que sobrevive.

Y nada se parece ahora a la delicia
que es tamizar
el mundo.


REAFIRMACIÓN (Del libro «Corteza»)

Ya no me miro al modo de los hombres,
mis ojos ahora bailan sobre asuntos
tan altos como nimios.
Y el kit de mis sentidos es un compendio
de pura efervescencia.

Si el hábitat es rudo y me da caza,
yo escojo un adjetivo irreductible,
y presta
lo desarmo.

Soy ese continente que se busca,
que sabe deletrearse,
que se nutre
de palabras con rostro
y sentir.

No exprimiré la anécdota de ayer,

no voy a triturar mi biografía,
tan sólo quiero ampliar la voz de un grito,
pesar mi identidad, ser un conducto,
volcán donde resurge inacabable
el magma de la vida.
Acaso doctorarme en los tejados
junto a esa promoción de golondrinas.

Despertad,
despertad,
todo
vibra.


POEMA 12 (Del libro «Piedra que mengua»)

Cordilleras,
salientes emotivas,
locura de racimos para el vuelo.
Sois hálito ascendente,
o dedos de las diosas que, dormidas,
levantan sus pulgares y acarician
la pulpa de las nubes.
Exhausta buscaré vuestros pinares,
la quena de los vientos,
el silencio.

Afán sin dilación.

En vosotras me sé pequeña eternamente,
me nutro de nostalgia,
de vuestra maternal fosforescencia.
Soy esa bestia libre
que nunca ha de cazar la humanidad.

Sueño de piedra que soñamos,
piedras del mundo pastoreadas.

Abecé de mi canto,
que en cada roquedal se enreda.
Moldeadas del color de lo sencillo,
sois mesa de la casa,
sois cama,
sois tejado,
y aquel brazo fantasma que me lleva.

Mis sísmicas amantes,
no me dejéis
sin cuna de la infancia,
sin lápida que bese vuestro suelo.

No hay belleza más alta que los Andes.

No hay aridez más dulce que Atacama.
Y no hay dolor más hondo que Pisagua.



BOCETO SIN MODELO (Del libro «Islario»)

Valparaíso,
encima de esta grieta te recreo;
dibujo una ciudad idéntica a tus brazos,
un triste imaginario
de ritos sin deidad y crónicas borrosas.
Es nítida mi casa por las noches
(porque tu forma pierde los contornos),
es cálida en verano
(este calor del norte
sofoca los esbozos de mi marcha).

Como los cristaleros,
me alejo para ver si quedan huellas.

Regálame retratos de ti para encontrarme,
para saber que es nítido el ahora.

Yo quiero derrotar a la nostalgia,
a todos sus secuaces.

Es ciega esta plumilla que te busca,
olvida los olores, los matices,
la luz
que dibujaba tu perfil.



SONETO 1 (Del libro «Nómade»)

Este afán de vagar, este buscarse
en cada pueblo nuevo que recorro,
este ir y venir sin el socorro
de la quietud que ansía serenarse.

Este quererlo todo y nunca hallarse,
porque se siente el mundo como un corro.
Enciendo una ilusión que luego borro.
Mi miedo es la condena de secarse.

Este espíritu inquieto y anhelante
quizás fue concebido en la porfía
de mis antepasados vagabundos.

Fui nómada, lo sé, una emigrante
que recorrió la tierras que intuía
para volver a ser en otros mundos.