martes, 8 de septiembre de 2026

La poesía de Álvaro Cunqueiro en Horizonte Garnata

Gracias a la revista Horizonte Garnata por el espacio para reflejar mis impresiones de un gran autor, Álvaro Cunqueiro, conocido más bien por su narrativa que por sus poemas. ¡Espero que os guste este acercamiento!



Conocido especialmente por sus imaginativas y exuberantes novelas y por sus miles de artículos compilados temáticamente (viajes, gastronomía, leyendas, tradiciones populares, esoterismo, ruta jacobea, etc.), descubrir al poeta me ha permitido completar su polifacética figura, entrar en un cosmos fascinante donde una quisiera perderse en su umbría durante largas temporadas.

Este verano, mi compañero y yo tuvimos la ocasión de consultar los archivos de Cunqueiro que se encuentran en la Fundación Penzol de Vigo: numerosos documentos perfumaron nuestras manos, originales de sus libros, cartas, borradores de artículos, conferencias, pregones, guiones radiofónicos y poemas que desprendían un tibio aroma a pasado. Me quedé prendada de su lírica, escrita con letra pequeña e inclinada, o a máquina de escribir con tinta negra y roja. Creaciones delicadas apresando estampas naturales y amorosas, pero también textos desgarrados como el que tituló «Cobardías tristes de hombres y pueblos».

Me sorprendió ver la gran cantidad de borradores que se conservan y que, como he comprobado posteriormente, no están recogidos en antologías. Al leer los versos de Cunqueiro, sentí esa emoción que se desata al hallar algo único y vibrante. Tomé fotografías y transcribí a mano algunas de sus piezas. Luego, en su casa-museo de Mondoñedo –donde nació, vivió más tiempo y con más ardor fabuló su mundo–, pude leer otros poemas en diversos paneles expositivos donde se explicaba que sus primeros escritos y publicaciones fueron en verso. Lamentablemente no sé leer gallego, y la mayoría de lo expuesto estaba en esa dulce lengua.

De vuelta a Vigo, indagué en la biblioteca de Chapela algún poemario de Cunqueiro pero sólo disponían de una recopilación en su lengua materna. Pero al volver a casa, a Granada, mi compañero –que atesora toda su obra en prosa– encargó una de las pocas ediciones bilingües de su obra poética.

Publicada por Plaza & Janés en 1983, dentro de la colección Selecciones de Poesía Española, esta pequeña joya a cargo de César Antonio Molina nos regala, además, un amplísimo estudio inicial del compilador antes mencionado, y una bibliografía que agrupa los títulos de gran parte de lo publicado tanto en gallego como en castellano (en poesía, narrativa, ensayo y teatro); terminando el introito con una útil lista de artículos y ensayos sobre la obra de Cunqueiro.

Leyéndolo, no sólo nos enriqueceremos con palabras y expresiones gallegas tan hermosas como dorna, nao o luar, también con los encantadores giros y términos inventados por él; además nos nutrirán las citas e intertextos que incluye en sus poemas de varios idiomas (italiano, francés, latín…). Álvaro Cunqueiro fue un hombre culto y muy leído, un espíritu inquieto y sensitivo que se empapaba de todo lo que veía y escuchaba en tabernas, en boticas, en barberías, en mercados y puertos, en corrillos y fiestas de pueblos, en ambientes cultos y profanos.

Iba acopiando, en su morral de eterno peregrino compostelano y universal, todo aquello que podía dar un brillo particular, matizado y hasta mágico a la escritura.

A mí me conmueven este tipo de escritores inquietos, que no se quedan en su zona de confort, en lo romo y fácil (que puede acabar convirtiéndose en una mercancía complaciente). Me siento identificada con los que se interesan a la vez por las vanguardias y por núcleos olvidados, que revisan y vuelven al pasado para rescatar fórmulas sonoras, argumentos sustanciales, ángulos de mirada más amplios, en fin, lo que otros siglos dejaron sobre la mesa de los tiempos y hemos perdido, entre moda y moda, entre corriente y corriente. El anacronismo no siempre es un defecto; qué pronto se agotan los ‘ismos’ y lo nuevo, cómo se caen de las manos los libros que se sumaron a lo pasajero, aquellos que olvidaron la esencia de la poesía por ocupar un lugar en un panorama ávido de novedades. Con sus creaciones, Cunqueiro hizo florecer lo que Valle-Inclán llamaba «la flor del milagro».

La obra poética del autor está compuesta por cinco libros en gallego y uno en castellano, además de múltiples poemas sueltos publicados en revistas y periódicos. Esta antología bilingüe recoge una muestra de «Elegías y Canciones» (1940), «Poemas y cuatro prosas» (1951-1952), «Mar al norte» (1932), «Cantiga nueva que se llama ribera» (1933), «Poemas de sí y no» (1933), «Dama de cuerpo delicado» (1950), «Hierba aquí o allá» (1980), «Otros poemas no recopilados» (1950-1975) y fragmentos de «Crónica de la derrota de las naciones» (1954).

César Antonio Molina, en su estudio inicial, rescata las palabras de Álvaro contando sus primeras experiencias lectoras:

«Llegaba a veranear a Mondoñedo, desde Madrid, el fino poeta José Ramón Santeiro. Traía las novedades para mí, literalmente, una nueva luz: los libros de Alberti, Cernuda, Lorca, Guillén, Salinas… ¡Qué inmensa borrachera de poesía en el bosque de Silva, a la sombra de los plátanos, como en los diálogos platónicos». Esas lecturas primeras y constantes de libros de poesía se traslucen en el universo que fue creando. Es fácil advertir en los narradores esa textura que ha dejado en sus trabajos su vínculo primero con lo lírico.

Molina también nos aclara: «Tras el descubrimiento definitivo de los cancioneros galaico-portugueses en la edición de J.J. Nunes, nace el neotrovadorismo como movimiento verdaderamente autóctono. Fermín Bouza Brey lo iniciaría con el poemario «Nao senlleira», pero la posterior incorporación de Cunqueiro le dará su verdadero realce con «Cantiga nova que se chama ribeira». Y justamente esta obra mencionada guarda una belleza única que sigue maravillándonos y transportándonos a ese lenguaje claro, musical y cristalino de las Cantigas de amigo. Cuando tuve la fortuna de transitar muchos de los mismos paisajes del poeta, el Barrio de Os Muiños con su puente de Pasatempo y su río Valiñadares, la hermosa Catedral Arrodillada, La Fuente Vieja, todo el valle, una siente más hondo sus versos: «Otoño rápido de gaitas, / mocero de alegres lluvias», «Muñeira de cien aguas / nos enseñó a bailar», «Tiene un río de pájaros / que desemboca en canción», «Ésta es la noche de moler el grano del viento».

Serían tantísimas las cantigas de Cunqueiro que me gustaría compartir. Os dejo con uno de estos poemas neotrovadorescos como muestra, que fue musicalizado en 1975 por el cantautor Luís Emilio Batallán:

En el nido nuevo del viento
hay una paloma dorada,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla!

Canta al luar y al alba
en flauta de verde olivo.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

Tiene aires de flor reciente,
cosas de recién casada,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla!

También tiene sombra de sombra
y andar primero de río.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

Otro conjunto llamativo y sorprendente de esta antología es «Elegías y canciones»; en él brillan cuatro sensitivos poemas dedicados a animales: «Ruiseñor corazón», «Ciervo, ave feliz», «Paloma, tibia manzana» y «Alondra, voz que cantas». El poeta no sólo despliega su capacidad de describir con mínimos detalles las características de los pájaros, sino que es capaz de hacer una fusión armónica del mundo marino con el aéreo y el terrestre, capaz asimismo de reflejar en cada uno de ellos un estado de ánimo particular.

En el primero, la voz poética carga una fuente de silencio que añora un amor perdido. En el segundo, dialoga con el ciervo preguntándole por la sombra de su amada. En la tercera, la luz en los ojos de la paloma simboliza la esperanza en el amor que no muera. Y en la última composición, se pide que la alondra surque su cuerpo dando vida a su espíritu envuelto en desamparo.

Traigo a este pequeño artículo otra muestra estimulante de la lírica de Cunqueiro, extraída y transcrita de uno de los manuscritos albergados en sus archivos, y que no aparece en la antología:

COBARDÍAS TRISTES DE HOMBRES Y PUEBLOS

I
Hay pueblos que ríen……. pueblos que al reír, ríen llorando
¡Hay pueblos que ríen!…….. ríen carcajadas de dolor, histerismos
exóticos, mientras mueren…
Ríen carcajadas de dolor, porque riéndolas se engañan a sí mismos
Ríen….. ¡por cobardía!
Y hay hombres como pueblos….. y esos hombres como esos pueblos
ríen también…. ríen porque sufren; ríen porque mueren y ríen también…
¡por cobardía!

II
Hay pueblos que lloran… Pueblos que al llorar, lloran riendo
¡Hay pueblos que lloran!… ¡Lloran lágrimas de alegría, histerismos
exóticos, porque viven….
Y lloran lágrimas de alegría…. porque llorándolas se engañan a sí mismos….
Lloran…. ¡por cobardía!
Y hay hombres que son como pueblos…. Y esos hombres como esos pueblos,
lloran porque mueren, lloran porque viven y lloran también
¡por cobardía!

III

Ríen los primeros, para que los demás, no viéndolos o no creyéndoles
muertos, no los entierren…
Lloran los segundos, para que los demás, no viéndoles o no creyéndoles
pletóricos de vida no sientan ganas de matarlos
Yo les gritaría:
¡¡¡Cobardes!!!

En este poema, el juego con las variaciones a partir de dos palabras, llanto y risa, logra denunciar al ser humano que se acomoda y se refugia en sí mismo, en sus ritos y rutinas, en sus condicionamientos, sin prestar atención al resto de la humanidad. Creo que es un texto que sigue estando vigente.

En la mayoría de sus libros y artículos, se aprecia esa capacidad de Cunqueiro para retratar el ambiente y las personas, para envolver al lector con pocos elementos y trasladarnos (sobre una alfombra hechizada) a esa Galicia colorida a la vez que melancólica, a su Mondoñedo de brumas rumorosas y viejos molinos; al espíritu del Atlántico con sus faros, su «mar y viento duro»; sus rías mecidas por las algas; «desconocidas islas» y «veleros que se hunden en el horizonte»; «bueyes color tiempo» y «bosques perezosos».

No quiero dejar de destacar el gran número de composiciones dedicadas a otros creadores y a personajes de todos los tiempos como Hölderlin, Rilke, Pero Meogo, Antonio Noriega Varela, Ulrico von Hutten, Lord Dunsany, Edipo, Paltiel, Dánae, Feliciano Rolán, etc.

Para finalizar este acercamiento, traigo aquí un fragmento suyo que podría valer como autorretrato:

Ese alguien de mí que nunca vuelve
al agua de la infancia
sin saber salir del laberinto.
Ese que es otro hombre que yo llevo
derrumbado sobre mí
o como la hiedra que 90 robles abraza.
[…]
Pero el yo que vive y anda
resiste y no olvida nada,
despidiéndose harto de vida
cuando mi vida y la suya terminen.
Pero yo resucitaré que sólo vuelven
los que recuerdan, compañeros.

Deseo con intensidad que vuelva viva a vuestras lecturas la obra de Cunqueiro, quien dijo humildemente: «No he pretendido nunca ser un poeta inspirado y luminoso. Con mis propios poemas he intentado explicarme a mí mismo qué cosa es la poesía». Deseo que resurja aquel que promovió el milagro artístico, simbólico, humano, de que Galicia durase mil primaveras más, como él mismo anheló en su lápida.

Poemas en Casa Bukowski Internacional

Muchísimas gracias a la revista Fundación Casa Bukowski Internacional por recoger una muestra de mi trabajo. ¡¡Muy contenta de poder compartirlo!!



DICTADURA (Del libro «Corteza»)

Aunque en tu territorio pronunciase
mis primeras palabras,
no me has parido.

Con un canto marcial nos arrullabas,
con rezos sin altura
y rondas en el patio de los miedos.

Me fugo del rencor que apacentaste,
del labio que no puede decir melancolía,
del muro levantado entre nosotros.

Hay básculas que pesan un tiempo que no vuelve.
Por eso es que rescato de mi fondo
la luz que sobrevive.

Y nada se parece ahora a la delicia
que es tamizar
el mundo.


REAFIRMACIÓN (Del libro «Corteza»)

Ya no me miro al modo de los hombres,
mis ojos ahora bailan sobre asuntos
tan altos como nimios.
Y el kit de mis sentidos es un compendio
de pura efervescencia.

Si el hábitat es rudo y me da caza,
yo escojo un adjetivo irreductible,
y presta
lo desarmo.

Soy ese continente que se busca,
que sabe deletrearse,
que se nutre
de palabras con rostro
y sentir.

No exprimiré la anécdota de ayer,

no voy a triturar mi biografía,
tan sólo quiero ampliar la voz de un grito,
pesar mi identidad, ser un conducto,
volcán donde resurge inacabable
el magma de la vida.
Acaso doctorarme en los tejados
junto a esa promoción de golondrinas.

Despertad,
despertad,
todo
vibra.


POEMA 12 (Del libro «Piedra que mengua»)

Cordilleras,
salientes emotivas,
locura de racimos para el vuelo.
Sois hálito ascendente,
o dedos de las diosas que, dormidas,
levantan sus pulgares y acarician
la pulpa de las nubes.
Exhausta buscaré vuestros pinares,
la quena de los vientos,
el silencio.

Afán sin dilación.

En vosotras me sé pequeña eternamente,
me nutro de nostalgia,
de vuestra maternal fosforescencia.
Soy esa bestia libre
que nunca ha de cazar la humanidad.

Sueño de piedra que soñamos,
piedras del mundo pastoreadas.

Abecé de mi canto,
que en cada roquedal se enreda.
Moldeadas del color de lo sencillo,
sois mesa de la casa,
sois cama,
sois tejado,
y aquel brazo fantasma que me lleva.

Mis sísmicas amantes,
no me dejéis
sin cuna de la infancia,
sin lápida que bese vuestro suelo.

No hay belleza más alta que los Andes.

No hay aridez más dulce que Atacama.
Y no hay dolor más hondo que Pisagua.



BOCETO SIN MODELO (Del libro «Islario»)

Valparaíso,
encima de esta grieta te recreo;
dibujo una ciudad idéntica a tus brazos,
un triste imaginario
de ritos sin deidad y crónicas borrosas.
Es nítida mi casa por las noches
(porque tu forma pierde los contornos),
es cálida en verano
(este calor del norte
sofoca los esbozos de mi marcha).

Como los cristaleros,
me alejo para ver si quedan huellas.

Regálame retratos de ti para encontrarme,
para saber que es nítido el ahora.

Yo quiero derrotar a la nostalgia,
a todos sus secuaces.

Es ciega esta plumilla que te busca,
olvida los olores, los matices,
la luz
que dibujaba tu perfil.



SONETO 1 (Del libro «Nómade»)

Este afán de vagar, este buscarse
en cada pueblo nuevo que recorro,
este ir y venir sin el socorro
de la quietud que ansía serenarse.

Este quererlo todo y nunca hallarse,
porque se siente el mundo como un corro.
Enciendo una ilusión que luego borro.
Mi miedo es la condena de secarse.

Este espíritu inquieto y anhelante
quizás fue concebido en la porfía
de mis antepasados vagabundos.

Fui nómada, lo sé, una emigrante
que recorrió la tierras que intuía
para volver a ser en otros mundos.

jueves, 23 de julio de 2026

"Graná, tierra de poesía (Ocho voces de poetas contemporáneas)"

Muchas gracias al escritor @lordcinefild por incluirme en su publicación "Graná, tierra de poesía (Ocho voces de poetas contemporáneas)". Es un honor estar tan bien acompañada.




Reseña de "Nômade" por Mª Antonia Collado Luengo en CaoCultura

Muy feliz de compartir está reseña acerca de mi último trabajo "Nômade" (Entorno Gráfico, 2026), escrita por María Antonia Collado Luengo y publicada en CaoCultura. ¡Gracias por su lectura tan generosa!


<<PERDERSE PARA SER

... Algunos libros me dan compañía y alivio [...]. El último ha sido el reciente poemario de Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975), un libro que declara su intención de abrir puertas a espacios nuevos desde el mismo título, "Nȏmade".
Marina Tapia reconstruye en este libro un laberinto sustentado en espacios concretos y en las experiencias en ellos vividas. Poeta, artista plástica y divulgadora cultural, la escritora  conoce el desasosiego de sentirse extraña en tierra extraña y esa emoción perdura pese a estar firmemente asentada en un territorio con nombre concreto: Granada.
Se estructura el libro en dos partes bien diferenciadas que permiten al lector transitar espacios poéticos que, tras una primera lectura, pueden parecer divergentes, pero que, en  un segundo acercamiento, se revelan como complementarios.
En la primera sección del poemario, “Cuaderno portugués”, Tapia reúne un conjunto de poemas que nacen de su estancia en Óbidos. Son poemas melancólicos en los que el espacio y el tiempo se fusionan con la insistencia de un deseo por cumplir: el de fundirse con la cultura, con las personas, con el paisaje del país que la acoge.
En poemas como “Vivir”, Tapia reconstruye la extrañeza, otras veces vivida, de sentirse extranjera, una extrañeza que ahora se intensifica “en medio de otra lengua”, que “es como tener como casa el silencio” un silencio “tan plácido que escucho sin estorbo / mi música / interior”.
Este paisaje por descubrir remite sin embargo, con insistencia, a otra tierra conocida. En “Saudade”, la expresión tan fuertemente arraigada en la cultura portuguesa, intraducible fielmente a cualquier otro idioma, remite al  recuerdo de su abuela en el  lejano Chile. Muy significativo resulta el hermoso “Persistencia”, en el que la autora redescubre su amada ciudad natal en Caldas da Rainha: “Caldas de Rainha / es mi Valparaíso sin su puerto; con cafés económicos que rondan / hombres de pelo sucio, / con parque de eucaliptus, / con fachadas ardientes que sostienen la nada”.
Es significativo también este último poema del tono general de esta parte del libro, en la que el discurso poético está anclado a imágenes concretas, al descubrimiento del entorno a través de detalles relevantes. En “Lo que Óbidos pinta”, por ejemplo, la luz y los colores van trazando el retrato de una ciudad por descubrir: “Soy el ojo que indaga / cada rincón secreto”.
Destacan también poemas como “Diálogo secreto”, verdadera declaración de intenciones, a la vez que una suerte de poética, en la que Tapia defiende el poder de la palabra, pero también del silencio, y, sobre todo, el valor de lo pequeño. La poeta confiesa: “converso con objetos / con libros / y con fuerzas naturales. // Los hombres ya no saben escuchar / palabras diminutas / que van buscando espacios para arder / y luego / ser rescoldo ser ceniza”.
En la segunda parte del libro, “Errantía”, se incluye una colección de veintisiete sonetos que exploran el extrañamiento y la condición nómada de la autora. A través de esta forma poética cerrada, exigente y meticulosamente definida, Tapia nos conduce por el largo camino por ella transitado. Un camino de  libertad (“Rechazo enclave fijo, porque ansío / mecer mi identidad en un desnudo / que junto a dos amores permanezca” (25)), de desposesión (“¿Quién cambia lo seguro por la nada?” (17)); pero también de reconocimiento de pertenencia a una larga estirpe de mujeres poetas que, como ella, definieron su propio destino, como nos pone de manifiesto en el soneto 7.
Para Marina Tapia la poesía es en este libro instrumento que da soporte a las emociones, pero es también vehículo imprescindible para reconocerlas como propias, para explicarlas y darles sentido. "Nȏmade" propone así una identidad poética construida desde el desarraigo, que reconoce el don de la palabra para recomponer la propia historia. Explicarse para ser, perderse para ser, viajar para encontrarse>>.

Resña de "Piedra que mengua" por Lilian Cheruse

Muchísimas gracias a la escritora argentina Lilian Cheruse por esta magnífica aproximación a uno de mis últimos libros. Con emoción, la comparto con vosotr@s:



PIEDRA QUE MENGUA

<<“Piedra que mengua”, es un poemario homenaje a la tierra natal de Marina Tapia, a Chile y al basamento terrestre originario. Con sus versos, deslumbra y reluce la roca; la toma, la vuelve origen y la precipita en un presente menguante. El ritmo enjoya los orígenes de la masa mineral donde se asienta el hombre, el tiempo, lo mítico o religioso. El narrador, a veces, es exquisita piedra y otras, humano observador. El lector enmudece ante tanta belleza lírica, tanto vocablo enriquecedor, tanto conocimiento y comprensión que hacen del objeto un sujeto. El derrotero se inicia en lo cósmico, desde la lava y sigue con su constitución, las colisiones, la fundición de los metales. El poemario es piedra y cordillera. "Piedra que mengua", según expresa Marina, es "cadáver, polvo, sombra, nada", pero es también "voz agazapada en la materia" y ella sabe cómo transformarla en gema emocional para nuestra lectura de la palabra: el lugar indeleble del poema>>

miércoles, 24 de junio de 2026

Presentación de "Circunloquio de amapolas" de Sebastián Waldo

Un placer haber presentado junto con Ángel Olgoso el poeamrio "Circunloquio de amapolas" de Sebastián Waldo en la Biblioteca de Andalucía de Granada. Os dejo con mi texto:




PRESENTACIÓN DE «CIRCUNLOQUIO DE AMAPOLAS» DE SEBASTIÁN WALDO


Es un gusto presentar un libro de un buen amigo, en especial cuando compartes con él país de origen, cultura y lecturas similares. Encontrar otro chileno en Granada (sólo había conocido uno antes de Sebastián) y que, además, sea poeta es un feliz regalo de la vida. Esa ligereza que adopta el espíritu al tener un interlocutor con el que pasear por las letras y los mundos -desconocidos aquí generalmente- de Jorge Teillier, Floridor Pérez, Oscar Castro, Juvencio Valle, Julio Barrenechea, María Luisa María Bombal, Pedro Prado o Carlos Pezoa Véliz es una delicia. Pequeños, y grandes milagros a la vez, los que convoca la comunicación tiznada de la tierra de la infancia y la juventud, empapada de referencias nítidas y transparentes como burbujas. Porque el universo literario se alimenta de ecos entre montañas levantadas por las lecturas iniciales. Es un juego de sedimentos sobre la base de los libros que amamos en nuestro comienzo como lectores.

Por eso, siento una alegría especial al invitaros hoy a leer este «Circunloquio de amapolas». Un conjunto que se abre con una acertada cita del poeta lárico chileno Jorge Teiller: «Sabías que las ciudades son accidentes / que no prevalecerán frente a los árboles». Sebastián Waldo coge el testigo, vuelve siempre a Teiller para construir un espacio de acción en el cual la naturaleza dirija las pisadas y la mirada del poeta. La voz que se desenvuelve en este libro parte de las presencias sagradas de lo vivo, para luego recrearlo, intervenirlo y generar uno nuevo más cercano al ser humano. El poeta es una lupa nacida de la sensibilidad, es un faro encendido entre los automóviles y el pavimento mostrándonos los bosques.

Según mi apreciación personal, este poemario sigue el tono de «Jornadas neorrománticas» (Aliar Ediciones, 2024). También aquí, los elementos personificados cobran un protagonismo sustancial, hablando con audacia y soltura. Todo es símbolo y signo. La voz poética no dejará de recordarnos: «La materia ansía todas las formas». Y con versos como estos, sentimos más latente la relación de Sebastián Waldo con las escuelas de escritura de naturaleza norteamericanas, pero también con las corrientes de América del Sur, con sus pueblos originarios creadores de mitos y leyendas nacidos al calor de lo telúrico. Si nos remitimos al término con el que se bautizaron los pobladores del sur de Chile, los Mapuches, veremos que quiere decir “gente de la tierra”. Y ese “de” es muy significativo, remite a la pertenencia, a un lazo vital y originario indisoluble. Es interesante tener en cuenta desde dónde nace la voz que ha buscado comunicarse y ha construido o ha adopatado un idioma, una lengua o un dialecto; hay que prestar atención a esa trayectoria: porque es justamente en la poesía donde se evidenciarán nuestras raíces.

En este volumen de Waldo hay una parte más sintética y depurada en la que retrata el paisaje de Chile que -de alguna forma- es también el del sur de Andalucía: «Ahí me refugié entre yuyos silvestres / que erguían sus astas / bajo un sol desganado de diciembre, / ahí se escabullía el rumor del Pacífico / como el llamado de viejos navegantes, / y en lo alto de las dunas / el viento doblegaba los pinos». Vemos en el poeta una precisión para nombrar el universo natural minúsculo y sencillo. Y es muy destacable, en su trabajo, la conexión establecida con las formaciones rocosas que, como chilenos, tanto nos marcan y sostienen. Esas alturas minerales presentes en las obras de nuestros premios nobeles como Gabriela Mistral y Pablo Neruda, vuelven a demarcar el territorio levantado por el verso. La voz que se alza no teme a la especificidad, no tiene reparos en nombrar y utilizar palabras precisas como: ofiolitas, geosinclinal, riolita, por ejemplo. El cuerpo terráqueo cobra protagonismo y no es solo alimento para lo visual y lo conceptual, es materia alimenticia. En el libro también hay referencias sutiles a las efemérides de Chile: «y dieciocho es un día que para nosotros no termina, / rapsodas condenados a cantar siempre lo mismo».

En esta obra de Sebastián Waldo, también disfrutaremos del juego de siglas a través de tres poemas encabezados por las letras del abecedario: ADN. Un desarrollo intelectual y emocional con la predominancia de palabras que comienzan con estas letras nos plantea el vacío interior y la andadura del hombre entre centurias humanas.

Finalizando el conjunto encontraremos un grupo de poemas más cercanos a la denuncia, a modo de repudio de la relación actual del hombre con su hábitat. La voz poética acusa y reprende a nuestra especie que se sitúa lejos de la naturaleza, que es engullida por grandes ciudades que le roban lo esencial Y hace una defensa de la lentitud.

«Circunloquio de amapolas» realiza un dibujo del hombre muy preciso y siempre circunscribiéndolo a la atmósfera y al entorno, a esa identidad nómade e indefinida que estuvo en sus comienzos. Os leeré algunos versos muy destacables en los que se aprecia la columna vertebral del libro: «Hoy he decidido que la amapola es la flor más bella, / porque la vi radiante entre los jardines mustios», «Aromos y sauces arqueados sobre el río, como lo que aparece / porque sí, porque en la materia había espacio», «Te canto porque nadie más lo hace, pero sobre todo / porque tu displicente alegría no necesita reverencias», «¿A quién cantar en una tierra de sordos. / A nosotras, las amapolas que año tras año / aguardamos pacientemente para encender / las colinas con nuestro fuego olvidado».

Y, para terminar, quiero traer unos versos que reflejan la potencia que en el poemario tienen los elementos por encima de la mirada del autor, donde el paisaje se impone al ego: «El viento calculó toda la liviandad / y, borboteando, colmado de hidrógeno, / fluyó bajo el sol, / bullendo para volver otra vez al aire». Aquí vemos el gobierno de las fuerzas del planeta frente a la fragilidad de los seres humanos.

Dejémonos encantar por estas directrices, por este corpus nutricio de un poeta con los pies hundidos en el humus vital. Gracias, Sebastián Waldo, por mostrarnos un camino de redención con tu trabajo.



Margaret Atwood en Granada

Os dejo con los apuntes que, maravillada, tomé en el acto dedicado a la imprescindible Margaret Atwood. Espero que acerquen, un poquito, lo esencial de sus respuestas y del conversatorio. ¡Todo un regalo para nuestra ciudad!


«El acto empezó con unas palabras de Laura García-Lorca de los Ríos agradeciendo la visita de esta gran escritora al Centro Federico García Lorca y a nuestra ciudad. A continuación, Ana Gallego, unas de las coordinadoras de esta segunda edición del Festival CulturALH, calificó a Granada como una ciudad de poesía, memoria e historia, y recordó que este año el Festival estará dedicado a la figura de Averroes. También se comentó de la investidura de Margaret Atwood como doctora ‘honoris causa’ por la UGR. Se dio paso a la entrevista a cargo de Mercedes Díaz Dueñas. Esta destacó la generosidad de la autora e inició una cadena de preguntas que comenzaban con la conjunción "Y si..."

Margaret contó que la escritura de "El cuento de la criada" se desarrolló en Berlín, y si tuviera que escribir algo en Granada sería claramente poesía. Lamentó haber nacido en una época en la que le tocó estudiar algo llamado 'economía doméstica' porque ella hubiera preferido aprender a escribir a máquina adecuadamente. Cada respuesta de nuestra admirada escritora estaba llena de fina ironía y agudeza, haciendo las delicias del público y provocando risas y aplausos.

Confesó −con gran franqueza y humildad− que se sentía contenta de no haber publicado todo lo escrito: "Mis trabajos iniciales eran, en muchos sentidos, los de una joven promesa". Díaz Dueñas rescató una interesante elección de la autora −hecha años atrás− al escoger la supervivencia como símbolo para definir Canadá, y le preguntó si en este momento seleccionaría otro. Margaret respondió que optaría por el mismo ya que es un país que se mueve entre la amenaza de Estados Unidos y Rusia: "Muchos canadienses, a la hora de planificar sus vacaciones, prefieren −en este momento− ir antes a México que a Florida a raíz de ese estado de tensión. También volvería a escoger la canoa como elemento, no hay nada como un largo viaje en canoa rodeado de obstáculos para poner a prueba a una pareja. Si reman juntos, la relación pervivirá". Comentó, asimismo, que aconsejaría a su ‘yo’ más joven no ser tan temeroso, y habló del interés en la relectura de libros ya que las sensaciones y los gustos cambian con la edad: lo que parecía fantástico en una época en otra no lo es y viceversa. "Cuando yo enseñaba literatura victoriana, por ejemplo, había libros que a los jóvenes les parecían malísimos, en cambio a los mayores les parecían fantásticos, porque se sentían reflejados. Sigo volviendo a esas novelas de aventuras que me marcaron, siguen siendo igual de buenas para mí como cuando las leí a los quince años. Y si tuviera que dar un consejo a los jóvenes escritores les recordaría este dicho inuit: ‘Nunca des consejos a menos que te los pidan’. Eso sí, les haría ver que cada escrito que das a los demás es un regalo; tener la actitud de estar haciendo un intercambio es fundamental, no todo son transacciones comerciales. Si a una persona lo que has escrito le dice algo, ya ha valido la pena. Frente al ‘valle de la sombra del dinero’, la economía del regalo. Y no hay que preocuparse por las malas críticas. Para alentarlos, he estado tentada muchas veces de publicar una colección de malas reseñas acerca de mis obras, críticas ridículas o severas. No siempre lo que se dice de tus libros es positivo pero hay que seguir".


"Al mirar atrás veo distintas épocas: los sesenta con su segunda ola de liberación de la mujer, los setenta con el feminismo aún más fuerte pero, lamentablemente, llegan los ochenta y empieza Estados Unidos a transformar los escritos religiosos en algo activista. Entonces me pregunté: ¿Si Estados Unidos se convirtiera en una dictadura qué haría? ‘El cuento de la criada’, es el resultado a esa pregunta. Ahora hay un fuerte ascenso de la derecha religiosa y están muy ocupados en demoler todo lo construido, quieren que las mujeres estemos en casa. El libro apareció en 1985, todavía no había caído el muro de Berlín, una mitad se preguntó: ¿Cuánto tiempo tenemos para que se haga concreta esa realidad planteada? Y ya está aquí la respuesta... me da pena porque creo en las capacidades de los norteamericanos, en su parte positiva. Os cuento que en Estados Unidos ha habido censura de mi trabajo, han sacado mis libros del programa educativo. No es una censura total, es una represión gubernamental, no se ha llegado a la quema pero, justamente esa prohibición, los hace más atractivos a muchas personas. Cuando salió elegido Trump, un joven dijo: ¡Esto es lo peor que nos ha pasado! Pero se pueden poner peor las cosas... En la parte final de ‘El cuento de la criada’ hay una serie de preguntas planteadas como desafíos para el lector. Es curioso lo de las prohibiciones; en los cincuenta, en Canadá, había novelas que no se permitían o no se recomendaban como el ‘Ulises’ de Joyce, pero se consiguió el efecto contrario y toda nuestra generación lo leyó con ansia e interés. La escena literaria canadiense está impregnada de cierto miedo, esto es generalizado, en este mundo se juzga acusando ya con el dedo. Debemos recordar que todo es cíclico. El arte debe ser valorado por su excelencia y no por el grupo que lo produce. En estos momentos, en los cuales lo privado es público a través de las redes sociales, abogo por la comunicación directa, de persona a persona".

Respondiendo a la pregunta de qué libro de ella aconsejaría a sus lectores, afirmó que no se puede aconsejar: "No hay lectores homogéneos, cada uno es un mundo, un ser individual con gustos diferentes". Luego Margaret rememoró sus once años, cuando ella decía que iba a ser diseñadora de moda y dibujaba a mujeres libres fumando cigarros con largas boquillas. Le interesaba lo estético del vestuario, pero también su parte social, lo que refleja de un individuo o de un grupo. La autora ha diseñado e intervenido en las portadas de sus libros, le parece importante este aspecto. Contó que después de la caída del muro y del régimen comunista, la literatura pornográfica invadió la escena del mundo literario (había estado prohibida); de hecho, en una portada de un libro suyo aparece una mujer con los pechos enormes y tiesos: "Lo que quiero decir es que no se siempre se puede controlar la imagen de un trabajo, cuanto más lejos estés del país en que se publica, menos control tienes sobre ella".

Atwood rescata la idea de que la novela y los poemas son cuevas oscuras: "Cada vez que se entra en una es una exploración. En un libro no ves todo desde el principio, muchas veces hay que escribir desde el final. Virginia Woolf dice que escribir es como entrar en una habitación oscura. Yo tengo límites en mi camino hacia lo velado, no puedo ni estoy dotada para la novela negra, es mejor moverse en los campos en los que una se siente más cómoda". La entrevistadora le corrige: "¡Pero eres buena en tantos campos así que te perdonamos!" Y los aplausos rompieron en toda la sala reconociendo la maestría de esta autora y su gran legado. Para terminar, nuestra querida invitada dijo que recordará el resto de su vida esta visita a Granada, que ha sido muy feliz aquí y que ha cumplido un sueño.»


viernes, 19 de junio de 2026

Clausura del Taller de Escritura Creativa de la Biblioteca del Salón Mariluz Escribano

Una gran alegría la invitación de Inmaculada López a participar en la clausura de este curso del Taller de Escritura Creativa de la Biblioteca del Salón Mariluz Escribano. Se leyeron unos hermosos, sorprendentes y trabajados textos escritos en torno al espacio de la biblioteca (ese lugar mítico). Ana Morilla aportó su sabiduría literaria, y yo colaboré realizando un taller acerca Ana Morilla, de los cinco sentidos en la escritura. Gracias a todo este grupo tan acogedor y, cómo no, a Inma que realiza una labor excepcional por la cultura de Granada.




Inauguración de "El arte sin edad" en Huétor Vega


Bonita tarde en la inauguración de "El arte sin edad", una exposición de pintura al óleo en las Salas del Molino del Carmen de San Rafael, en Huétor Vega. Tal como comentaron los profesores del taller, Carmen y Salvador, esta muestra heterogénea pretende mostrar el valor terapéutico del arte, también su importancia en el desarrollo personal y su capacidad de diálogo intergeneracional. Me gustó disfrutar los cuadros expuestos por dos amigas: Herminia y Amalia, y compartir un rato tan ameno.









Miriam Reyes en Sábado en Armas

Comparto mis apuntes del último "Sábado en Armas" con la poeta Miriam Reyes para los que no pudisteis acercaros. Espero que os gusten y os trasladen un poquito a ese momento tan especial del pasado 13 de junio.



<<La poeta María Elena Higueruelo, en nombre de la Asociación Diente de Oro, comenzó el acto haciendo un balance del ciclo aprovechando el cierre de este curso. Recordó que es una propuesta que viene realizándose desde el 2022, y en la que han tenido cabida tanto poetas consagrados como emergentes. "Sábado en Armas" hace un guiño a los versos de Javier Egea: "Pequeño pueblo en armas contra la soledad". Se dio las gracias a todas las personas y entidades que lo han hecho posible: a Granada Ciudad de Literatura Unesco (a cargo de Jesús Ortega con el apoyo de Alicia Choin Malagón y Marina Tapia), al Centro Federico García Lorca y, por supuesto, al público que −fiel al ciclo− ha asistido a cada sesión con gran interés. Luego, la escritora Rosa Berbel realizó una semblanza de la poeta invitada, Miriam Reyes, y un análisis profundo y sintético de su trabajo, hablando acerca de su trayectoria con publicaciones como "Espejo negro" (DVD, 2001), "Bella Durmiente" (Hiperión, 2004), "Haz lo que te digo" (Bartleby, 2015) o "Prensado en frío" (Malasangre, 2016), y explicando que el conversatorio se centraría especialmente en su último poemario "Con" (La Bella Varsovia, 2024) que obtuvo el Premio Nacional de Poesía el 2025, año en el que sale también su primera novela.

Se comenzó reflexionando sobre ese estar ‘con’ el otro. La invitada aclaró que hay una estética y una ética en el término usado como título de su obra, que le interesan esos modos y maneras de cómo interactuamos con los demás: "La palabra ‘con’ refleja la relación, y es un tema que aflora en todos mis escritos. Hay que pensar al otro, asumiendo su carácter de extraño, de extranjero". Berbel citó un texto del libro "La Bella Durmiente" que dialoga muy bien con unos versos de este último poemario: “Todo cuanto puedo llamar mío / este cuerpo que habla y gesticula”. Y comentó la importancia que da la poeta al cuerpo, y a las dimensiones de su poesía: visual y sonora, oral y corporal. Además, apuntó que ve en su quehacer una poética con cualidad performativa. Se pasó a leer un esclarecedor fragmento de la contraportada del libro: "Con, inmensa partícula mínima de lenguaje, apela a la importancia del vínculo, pero también a las circunstancias en las que algo sucede y a cómo reaccionamos ante ellas. En estos poemas el lenguaje nos interroga, se muestra como espejo y se disloca; la sintaxis se violenta y se vacía. Así este libro espera ser definido y multiplicado con la persona que lee".

La conversación se centró luego en el proceso creativo y sus variaciones en el tiempo. "La poesía tiene una manera de estar viva, quizá, por eso cuando reuní mis primeros libros en un volumen lo titulé ‘Extraña manera de estar viva’. Y el movimiento del cambio es fundamental, siempre está presente. Mi poética se basa en el asombro ante esos movimientos −externos e internos− de nuestro ser. Con los años la poesía se va volviendo una manera de pensar en la cual aflora lo no racional y subterráneo. En general, ha habido un giro estético en mi escritura, apuntando hacia cierta abstracción".

Berbel la interrogó posteriormente acerca de cómo se materializó "Con". Miriam explicó que tardó varios años en escribirlo. Sus primeros poemas son del 2015, y el conjunto fue transformándose y abordando nuevos puntos de vista. Y contó asimismo acerca de su experiencia con la migración, de la pérdida de un tipo de vida, de la pronta creación de un pasado, y de la desorientación de la lengua que produce otra manera de ver: "Se toma prestado de otras lenguas su traducción de la realidad". Para ejemplificar esa mirada, recitó un poema escrito en Jordania, en el desierto. Contó, además, su vinculación al teatro y cómo, para ella, era importante ser vehículo de las palabras, encarnarlas en otros, en otras, por eso prefiere ‘decir’ en alto un poema en vez de leerlo. Su interés por la poesía sonora, por la idea del ruido como música (pero sin prescindir en ningún momento de lo semántico), además de la importancia del cuerpo son los ejes de su creación. Citó uno de los versos que siempre tiene presentes, del escritor argentino Héctor Viel Temperley: "Voy hacia lo que menos conocí en mi vida: voy hacia mi cuerpo". Finalmente se pasó al recitado de varios poemas, deleitando al público con la fluidez de la oralidad.>>

Otra mañana más al calor del diálogo y de la escritura, que agradecemos y que nos nutre. 

"Esbozo de Peniche" en El Poema del Día, sección de José Manuel Benítez Ariza

Muy agradecida al gran poeta José Manuel Benítez Ariza por traer "Esbozo de Peniche", poema de "Nômade" (Entorno Gráfico), a su sección El Poema del Día.



<<EL POEMA DEL DÍA (269). Éste de la poeta chilena afincada en Granada Marina Tapia me trae a la memoria mi reciente estancia en Peniche, a donde fui de la mano de Carlos José Oliveira Ramos y su Encontro de Poesia Peninsular. Y sí, el poema clava la impresión visual: más allá de las playas inmensas frecuentadas por surfistas, lo que se queda en la pupila es "el amarillo intenso de una casa" poniendo su nota alegre en la melancolía que suelen tener las ciudades un poco abrumadas por el mar>>.

Presentación de "Arte: la vida en busca de sentido", de Francisco Acuyo

Muchas gracias a tod@s l@s que nos acompañasteis ayer en la interesante presentación zubiense de "Arte: la vida en busca de sentido" (Entorno Gráfico S.L.), escrito por Francisco Acuyo Donaire. Gracias a La Casa Con Libros, a Ángel Olgoso por sus palabras iniciales y por las fotografías. Os dejo con las palabras que escribí para arropar el libro, esperando que os motiven a tenerlo en vuestra biblioteca.



PRESENTACIÓN DEL LIBRO "ARTE: LA VIDA EN BUSCA DE SENTIDO".

Es un gusto estar aquí con vosotros, con vosotras, en este maravilloso espacio de cultura que es La Casa con Libros, para presentar "Arte: la vida en busca de sentido", del escritor y editor Francisco Acuyo. Este último trabajo suyo recoge una interesantísima colección de ensayos acerca del arte como vía de conocimiento, y también como una forma de acercarse a diversas realidades humanas. No es el primer conjunto en el que Francisco ha abordado el ensayo partiendo de una temática en particular, uno de los títulos que podemos citar es: "Fisiología de un espejismo", donde se acerca a la sinestesia, o "Elogio de la decepción", que lleva el esclarecedor subtítulo: ‘Y otras aproximaciones a los fenómenos del Dolor y la Belleza’; ambos publicados por Entorno Gráfico Ediciones. Todo ello nos muestra a un autor que divide su tiempo entre la investigación y el análisis y la creación de una obra personal centrada en la poesía.


En este libro se expone cuán beneficioso es el ejercicio del arte como terapia, como medio de canalizar frustraciones, preguntas, incógnitas y otros elementos en los que la medicina y la terapia convencional no llegan a acercarse de una forma adecuada. Francisco ahonda sus reflexiones en la necesidad de integrar el arte y lo lúdico para reforzar el proceso de curación y tratamiento, en problemáticas que no sólo se pueden tratar con fármacos o métodos convencionales. Haciendo gala de una amplia sustentación teórica y de sus propias experiencias, nos habla acerca de ese mítico inconsciente, de esos elementos cercanos a lo mágico y al conjuro que, desde tiempos antiguos, fueron tan importantes y acompañaron la búsqueda de una salud integral y de la armonía. Creatividad y ciencia han estado unidas desde el origen de nuestra civilización, siempre se han dado la mano y se han complementado, es algo que no debemos olvidar. Lo mágico terapéutico, el importante papel del “daimon” (ese concepto griego que hace referencia a una fuerza interna sobrenatural que advierte o disuade en la toma de decisiones), están en la bases de nuestra cultura y es interesante considerar la palabra poética como una terapia extraordinaria.


A título personal, en mi familia siempre ha habido gran interés por relacionar el arte y las diversidades funcionales: mi padre Ivan Contardo −pintor, poeta y educador de ciegos−, en su Fundación Casa Del-Pan de Valparaíso (Chile), sigue realizando actividades para canalizar las experiencias traumáticas, a través de las texturas, los modelados, los relieves, los ejercicios plásticos y otras artesanías.


Este libro de Francisco es también una suerte de viaje (órfico) a los infiernos del ser humano, con la intuición y la imaginación −y no sólo la facultad intelectiva− como timoneles. No olvidemos que hubo un momento en el que todo estuvo relacionado: magia, alquimia, astrología. Acuyo nos pregunta: ¿Qué mayor milagro que ser creativo? ¿Cómo podemos acordar estas evidentes discordancias entre saber, conocer y vivir? Y expone que el verdadero creador sabe que el acto de ver no es suficiente. Y nos recuerda que la poesía, como todo arte, busca lo invisible a través de lo visible, parte de la realidad para bucear en las zonas oscuras; por ello, es una inmejorable compañera en el camino del autoconocimiento y en el de la curación. Escucha atenta, contemplación: son formas de acercarse a ese mundo interior tan complejo que todos guardamos.


Francisco Acuyo plantea que, quizás, el alejamiento del hombre al arte ha sucedido -y cito sus palabras- "por querer estar por encima de la naturaleza, subordinado al tener, cosificando incluso lo más hondo de nuestra entidad psíquica, semejantes a dioses que contienen las maravillas del mundo, o creyéndonos arquetipos de los seres". Y asegura: "el arte es un acto de fe que va más allá de toda razón, de toda lógica, porque bebe de las fuentes intensas e inmensas de la simbología y de la potencia vivificadora del mito, de la intuición del espíritu conectado con el mundo".

Este libro es una mirada amplia al arte como elemento de crecimiento de nuestra especie. Y se centra en los terrenos de la mente, en su proceso de construcción y deconstrucción de la realidad. Porque lejos del ego en el que se sustenta la creación, el arte ofrece conciencia y libertad. El poeta es también “iatromantis”, un filósofo que refleja el íntimo tejido de la existencia.


Una colección de nueve ensayos conforman esta obra. Con un eje común muy definitivo, el autor finalmente declara, después de una larga trayectoria de experiencia utilizando al arte como elemento terapéutico y creativo: “Lo que he aprendido en el dominio del arte como terapia es que el ser humano no es en modo alguno una máquina aislada del mundo. Por el contrario, que todo movimiento de aquella supuesta mecánica racional se acaba volviendo al origen primigenio e irracional”.

Es de destacar la importancia que da Acuyo en este libro a los instrumentos trópicos como la analogía, la metáfora, la sinécdoque y la sinestesia, entre otras figuras literarias, para tratar de explicar fenómenos de la psique humana. Él se opone a la separación de mente-cuerpo, ya que, según sus propias reflexiones, los humanos somos algo más que biología e historia: somos también una transformación cósmica (como decía Panikkar).

Vuelvo al mensaje claro y contundente del autor cuando asegura que nadie nos instruye en el negocio singular de ser curioso, de no perder ese impulso de la infancia de hacer preguntas y querer investigarlo todo. Tampoco, en estos tiempos, nadie nos recuerda que es bello lo que es interiormente bello, como decía Kandinsky. Por eso, situar ambos discursos artísticos, poesía y pintura en un mismo espacio y tiempo, hará que se conviertan en el arte que transciende y transforma a los individuos de una sociedad. “Arte y vida en busca de sentido” es de esos ensayos necesarios para repensar la utilidad e interacción de esas actividades no lucrativas, de esas disciplinas minúsculas, de esas experiencias íntimas y alejadas de las cabecera de noticias importantes y del consumismo: un lugar de resistencia y exploración, hoy más necesario que nunca.


martes, 2 de junio de 2026

"Holobionte": un intenso viaje a la esencia humana


Mi reseña de "Holobionte" (Eolas Ediciones) de Ángel Olgoso en la revista CaoCultura.


<<”HOLOBIONTE”: UN INTENSO VIAJE A LA ESENCIA HUMANA.

El prójimo puede ser encantador, pero también puede mostrarnos su cara más oscura. En un mundo donde todos colindamos, en este hormiguero, en este avispero, en este mar de cuerpos que chocan, es difícil no crear ciertas distancias, reparos, fobias, rechazos o antipatías hacia los otros. Pero la soledad absoluta tampoco es el antídoto. Necesitamos hermanos −para bien o para mal−, necesitamos ser piña, manada, rueda engrasada que hace girar el mundo. Necesitamos contacto físico, ser emisores y receptores: es parte de la herencia que nos han dejado generaciones anteriores. Nuestra fuerza como especie está en la comunidad. Sí, todos estos argumentos los sabemos y están sembrados profundamente en la tierra de nuestra educación, en los acuerdos tácitos y por escrito, y en diversos papelorios. Pero, el prójimo es una cruz, cargamos a los demás (que pesan como un muerto) sobre nuestra espalda a duras penas. Oídos, vista, olfato se resienten y erizan frente a la modulación de nuestros iguales. La resistencia interna, el mundo espiritual y el soliloquio no siempre forma una coraza. Somos débiles. Nos volvemos dependientes de familiares y compañeros, y queremos decir: "La libertad, Sancho…" pero caemos en los lazos y en las uniones, en el eslogan de las manos unidas y de las cadenas humanas ‘que todo pueden lograr’.

"Holobionte", de Ángel Olgoso (el cuarto volumen de ese anaquel de tesoros que son sus cuentos completos y que tenemos la fortuna de que esté publicando la editorial Eolas), muestra todo esto a la perfección, y refleja con excelencia la tirantez de esas órbitas en las que vive el hombre desde que nace. Este libro pone palabras a tantas emociones complejas y sutiles relacionadas con el edificio social. Nos sentiremos reflejados en él, nos reiremos de nosotros mismos gracias al delicioso e inteligente sarcasmo que el autor acuña. Encontraremos un relato y una expresión precisa para cada comportamiento humano. Es difícil no caer rendida ante todas las historias aquí planteadas, cuentos que son un muestrario amplísimo de situaciones, fieles retratos del Homo Sapiens. Un libro redondo como los anteriores volúmenes temáticos, "Bestiario", "Sideral" y "Estigia", más lúcido y necesario que nunca en estos días en los que amamos y aborrecemos a la humanidad casi por igual (inclinando la balanza, en numerosos momentos, hacia lo segundo).

"Holobionte" es un intenso viaje a la esencia humana. El libro se abre magistralmente con "Hispania I", relato que, con una ironía y maestría únicas, nos habla de las fricciones entre dos caracteres opuestos: el ser indolente que se deja llevar por sus impulsos primitivos y desenfrenados, frente al ser comedido y educado que intenta encajar recatadamente en la sociedad. Esa lucha de dos posturas, de dos fuerzas opuestas tan habituales, vale como acertada obertura de lo que encontraremos después. El narrador sigue avanzando por esta colección de piezas perfectas con relatos cortos unidos bajo la idea de la familia y de las distintas edades y etapas de la vida. Familia: ese primer espacio emocional donde experimentamos la colisión con los demás. Nos deleitarán "Perspectiva" (retratando la figura del padre), "La mujer transparente" (pintando los desvelos de una esposa), o "Reconciliación" (mostrando vivamente la soledad de una anciana). Ángel Olgoso es un maestro capaz de −en poquísimas líneas− mostrar arquetipos y patrones habituales. Pero también hay espacio en este libro para fundir lo humano con el mundo natural, como es el caso del bellísimo texto "Las nubes", con ese final tan potente: "disipándose en perezosos despojos de muselina, olvidadas, como nosotros". Entre sus páginas el autor da voz también a los afligidos, a los castigados por el egoísmo y la crueldad extrema de los otros, como en "La travesía", "El descanso de Sísifo", "El misántropo", "Caballeros de los puentes" o, sobre todo, "Perlas de Indra" que, doloroso y hermoso a la vez, da muestra de un terrible desgarro moral y luego, en otro plano dimensional, de una benéfica justicia poética. Y hay espacio para el sentimiento amoroso, por ejemplo en "Venablos", "Émula de la llama" (ópera pasional con distintas arias de erotismo explícito ordenadas alfabéticamente), "La fortaleza" o "El solipsista". Potentes narraciones, lejos del cliché del romanticismo fácil y almibarado. Quedan reflejados los habituales conflictos vecinales (que todos hemos sufrido por desgracia) de una forma dinámica, humorística o descarnada en relatos como "El tendedero", "El prójimo", "El misántropo" y "Huéspedes". Ángel se extiende a los de orden colectivo o mundial como en "Vidas privadas", "Anfiteatro", "El tabernáculo", "Hispania II", "La corporación" o "El mensaje". Interesantísimos textos epistolares "Las espuelas y la carne" y "Carta al hijo", texto que da voz al padre de Kafka, una genial vuelta de tuerca a la célebre misiva kafkiana y a la metamorfosis. En ella se muestra el el reverso paterno, ese sinsabor del progenitor al no ser comprendido por su hijo. También hallaremos la extrañeza ante un otro distinto, desconocido y amenazante ("Flores atroces") o el ser humano repetido como un patrón monótono hasta la saciedad ("El síndrome de Lugrís"). Y esa visión poética −unida a la extrañeza− tan frecuente en la obra de Olgoso, nos llevará a una especie de éxtasis sensorial, a un rapto, como cuando nos dice: "El tuétano de cada uno de mis huesos comenzaba a licuarse. La pura evidencia y el estupor me mantienen paralizado desde entonces. Solo sé que tengo ojos y veo. Y ayer me vi a mí mismo alejándome calle abajo". Maravilloso el texto "Okitsu", encarnando al hijo que ve a su padre en toda su dimensión, con una valoración tan desusada: "No soy más que mi propia, nimia y atolondrada creación floral. No soy más que la flor que brotó, para apartarse, del tronco seco de mi padre. No soy más que la imperfección voluntaria que requiere un jardín, la impureza exquisita de un paisaje, la limitación, lo inacabado".

Mención especial merece el relato más largo del volumen: "El síndrome de Lugrís", una portentosa y emocionante historia, la obra más extensa escrita por el autor entre sus setecientas piezas, y su preferida a juzgar por las declaraciones de Ángel. Canto a la amistad ungida del brillo esmerilado de palabras gallegas. Esa contraposición de la indefensión del personaje principal y de la sobreprotección de su amigo hiere como una estocada. La relación entre Manuel y Ramón nos dejará huella. El ‘demonio de la simetría’, de la repetición del molde humano, es el que desencadena el delirio. Y cómo no deleitarnos con la constelación de detalles, con la riqueza estilística de las enumeraciones y con las vivísimas caminatas a través de la geografía gallega. "No era miedo, insistía; como si se le hubiera activado una facultad desconocida, le dolía de golpe, y hasta la náusea, la concordancia general de los rostros de todos los hombres y mujeres más allá de épocas o razas, la sofocante proliferación de ese molde". "Siempre había tenido la certeza de que la vida estaba llena de imposturas, de miserias que ‘afogan e non matan’, de pequeñas vejaciones infligidas por el prójimo que se sucedían en vaivenes sin interrupción, en cúmulos de mayor o menor magnitud", "mientras siniestramente, por las galerías del edificio, por los caminos y ciudades del mundo, pululan y se propagan sombras provistas de cabezas, de cabezas todas iguales, de piernas y brazos iguales, sombras simétricas con las mismas extremidades duplicadas, el mismo paso alterno de las piernas y el mismo balanceo alterno de los brazos, huestes espectrales, dispersos ejércitos de insectos zancudos transportados de aquí para allá con feroz y marcial ansiedad". Es de celebrar que Olgoso haya inventado un síndrome nuevo, sustentado clínicamente de forma verosímil y que sienta un precedente acerca de este sofocador descenso a la locura (¿o a la lucidez?), de esta multiplicación clónica a la que cada vez estamos más abocados, de este futuro cada vez más estándar en todos los rincones del planeta.

El libro termina con un microrrelato brillante, "Cuento de horror", que en sólo dos líneas perfila y sintetiza el conjunto: "Vivía solo, despreocupado, feliz. Un buen día se le acercó otro ser humano". Y tal como destaca Raúl Brasca a esta visión crítica de la sociedad humana en su preciso prólogo: "Si algo caracteriza a ‘Holobionte’ es su exuberancia, en el mejor sentido. A todos los aspectos −temáticos, procedimentales, estéticos− puede aplicarse el término. Aplicado al lenguaje, hay que decir que tiene protagonismo, pero su frondosidad no es ornamental. Se trata de un lenguaje barroco y potente, capaz de alcanzar niveles expresivos muy altos, gracias a su precisión y belleza. Quiero decir que sirve bellamente a la historia que cuenta y, que aun siendo protagonista, nunca se pone por delante de ella". Sí, es el lenguaje en estado puro el culpable de esa fidelidad y de esa adicción nacida en los lectores que rápidamente nos volvemos ‘olgosianos’, el lenguaje con sus atmósferas y sus arpegios reconocibles en cuanto llegan a nuestros oídos, como ocurre con artistas como Miró o Remedios Varo.

Tras la relectura de este fabuloso libro, siento que se prende en mí la belleza, la indagación honesta, la búsqueda de la pulcritud y la justedad de las palabras, siento que puedo ver la humanidad transparentada. Todo lo que no encuentro en otros autores lo hallo en Olgoso: esa independencia, esa integridad, esa falta de complacencia, ese compromiso insobornable con el lenguaje. Ya se ha dicho tanto acerca de su escritura, que mis sencillas palabras son sólo un apunte entusiasta pero sincero. Seguro se perderán. Pero esta reseña ha nacido de la admiración y la gratitud hacia otro libro magnífico de Ángel.>>