miércoles, 25 de marzo de 2026

Ángel Olgoso en el Taller de Escritura de La Zubia

Fue un verdadero placer contar ayer con la visita de Ángel Olgoso en nuestro Taller de Escritura de La Zubia. Una tarde cálida, divertida e inolvidable, llena de exquisita literatura en torno al género híbrido (centrada en su última obra 'Madera de deriva'), a la pasión por el lenguaje y al respeto por la inteligencia del lector. El encuentro contó además con dos sorpresas, la visita de Ramón Melgarejo, amigo de su época estudiantil, y la lectura de un texto homenaje por parte de Carmen Moral Santaella creado especialmente para la ocasión. Gracias, querido compañero, por regalarnos tu larga experiencia creativa y tus fascinantes obras, que nos alientan a seguir en la búsqueda de la belleza y de nuestra propia voz. Os dejo con algunas fotos de Margarita Osborn Belt y Daniel Martin Peralta, y con mis palabras de bienvenida:



PALABRAS DE BIENVENIDA PARA ÁNGEL OLGOSO

Vivir con un grandísimo escritor como Ángel Olgoso deja una marca imborrable en tu forma de mirar el mundo y de entender la literatura. No sabéis cuánto le debo, aunque lo imagináis.

Vengo de una familia en la cual la escritura, la creación y la lectura siempre han estado presentes, pero, a pesar de mis orígenes y del ambiente artístico-cultural en el que crecí, os puedo asegurar que nunca antes había conocido a alguien con las características de Ángel: una persona que tuviera en exclusiva un cuaderno con un listado de posibles títulos (para sus creaciones, sí, pero también para regalárselos a otros escritores ‘necesitados’ de una buena palabra aglutinadora); una inmensa colección de citas repartida en decenas de libretas y recopiladas durante décadas; y menos aún, una verdadera máquina perfecta para la confección de prólogos, epílogos, reseñas, presentaciones, o nutridos comentarios (¡para enmarcar!) dedicados de una forma tan honesta y desinteresada a un centenar de creadores de diversos puntos de la geografía y de diversas épocas. Todos estos gestos y actitudes muestran claramente su vocación y su compromiso con la palabra justa, con el lenguaje bien cimentado, con la literatura que se toma en serio. Y también da fe de esto que comparto: su amplia correspondencia −y apoyo− con otras autoras y autores a lo largo de toda una vida, y su labor al frente del Institutum Pataphysicum Granatensis, sociedad puesta en marcha por él que oxigena y refresca las acartonadas maneras de los grupos literarios o académicos −en las que pueden caer− las ciudades de provincia. Y, a pesar de todo esto, uno podría imaginarse un Ángel Olgoso con aura de literato, con pose de intelectual y consciente de su valía. Una podría pensar que sus conversaciones giran en torno a sus procesos de escritura, a las corrientes actuales imprescindibles, o que saca a relucir el centenar de antologías en las que está incluido (como quien no quiere la cosa), o que asume sin rubor el término de ‘maestro’ que muchos le aplican. Pero no. El Ángel Olgoso que a diario se pasea por la casa en que vivimos, el que ordena notitas en el escritorio, el que toma apuntes con letra minúscula (esa que casi pide perdón por desplegarse), el que abre los ojos deslumbrado ante una palabra nueva que le regala un libro, el que se recuesta a leer buscando el tímido sol que entra por las ventanas es totalmente sencillo, es una persona tímida, un enhebrador de pensamientos dispersos y flotantes, un hombre predispuesto a lo cotidiano que ni repara siquiera en su excepcionalidad. Un creador sin aureola o marco dorado.

En este curso, en el que abrimos nuestro aprendizaje con el estudio del género híbrido y con una amplia muestra de algunos de sus exponentes, cómo no aprovechar esa ‘conexión’ estrecha que me une con el autor antes citado para invitarlo a nuestra aula, cómo no celebrar el hecho de tenerlo tan a mano y profundizar así en este tipo de escritura que él tan maravillosamente desarrolla. Nos hemos acercado a su deslumbrante ‘Madera de deriva’, y hemos tenido la suerte, además, de leer algunos inéditos de ‘Mirabilia’. Hoy es un día gozoso porque podemos avasallarlo con preguntas y observaciones, quizá no tanto para él a causa de su timidez. Hoy es un día de fiesta del lenguaje. Quién mejor que Ángel para motivarnos a no temer a usar todas las palabras del diccionario que necesitamos para ser más precisos; quién mejor que él, absoluto amante de los géneros que abordan el pensamiento y la reflexión (ensayo, diarios, literatura de viajes, textos misceláneos…) para inspirar nuestras búsquedas hacia nuevos puertos.

Te damos la bienvenida a este taller tan receptivo, y que tanto admira tu trabajo, querido Ángel. Este bello grupo humano en el que cultivamos el aprendizaje como forma de vida. Para ser buenos creadores y creadoras es siempre tan importante tener buenos modelos y espejos en los que mirarse, y tú eres uno de esos referentes: has conseguido crear un mundo y una obra sólida a pesar de tus circunstancias iniciales: un hogar en el que no había libros, crecer teniendo como marco un pueblo de la vega granadina sin grandes recursos educativos, en una época en que lo más apremiante era trabajar para subsistir. Gracias por crecer y siempre ser fiel a tu voz, por no plegarte a las demandas del mercado, por hacer de tu oficio un ejemplo para todos nosotros.

(Marina Tapia)










martes, 24 de marzo de 2026

"Poetas en construcción" en la revista Zenda

Gracias a la revista Zenda y, en especial, a Patricia Crespo, por esta completa reseña de "Poetas en construcción", libro tan bien cuidado y editado por Misael Ruiz. Un gusto formar parte de este proyecto que se acerca, de manera profunda y minuciosa, al acto de escribir, y un gusto estar en compañía de poetas tan interesantes.



¿Cómo se escribe un poema?

22 Mar 2026/Patricia Crespo  

Sin brújula ni mapa, aunque investido de un don o éxtasis divino, el poeta escribe. Bien lo sabían Homero y Hesíodo, cuyos poemas se abren con una invocación a las Musas. O tal vez no, y sea la escritura poética un acto mucho más prosaico. A lo largo del año 2024 en Barcelona el poeta Misael Ruiz conversó con quince poetas en un ciclo de entrevistas con el fin de indagar en sus procesos creativos. El resultado es este inspirador libro Poetas en construcción, publicado por Animal Sospechoso (2026), en el que los poetas Neus Aguado, José Ángel Cilleruelo, Laura Giordani, Cristina Grisolía, Rodolfo Häsler, Álvaro Hernando, Tere Irastortza, Antonio Méndez Rubio, Corina Oproae, Mónica Picorel, Miriam Reyes, Juan Pablo Roa, Misael Ruiz, Teresa Shaw y Marina Tapia revisan y observan la intimidad de su escritura, cómo se propicia el estado mental y físico del que emana el poema.

Poetas en construcción no es un manual de escritura poética ni un tratado teórico, tampoco una antología poética, sino un ejercicio de pensar la poesía desde la praxis de su origen, que documenta y registra la experiencia individual de cada uno de los poetas entrevistados en el silencio de la creación. Por ello, su testimonio deja al descubierto ese reverso oculto. Y, aunque no es una muestra exhaustiva de cómo convive el poeta con su escritura, es significativa dada la heterogeneidad de los poetas. La reflexión en torno al hecho poético no es destino cerrado y quizá aquí radique una de las aportaciones más necesarias de esta obra: la imposibilidad de acotar un proceso homogéneo que, sin embargo, trasluce conexiones sólo visibles en un volumen como éste. A pesar de partir de un diálogo, el planteamiento de la edición no ha sido el de una entrevista, al obviarse las preguntas, sino que, después del poema inicial que guía en cierta medida las reflexiones, cada poeta disecciona sus procesos. Esta articulación permite que, al no explicitarse las preguntas —aunque puedan inferirse—, el lector quede sin la directriz exacta de aquello a lo que responde el poeta. De este modo, toda la atención recae en su palabra y el lector se ve obligado a participar activamente en la conversación. Tras cada reflexión aparece una selección de poemas publicados o inéditos, algunos de temática metapoética, aunque no todos. Las notas biobibliográficas y la procedencia de los poemas quedan en conjunto al final para no interferir en la lectura.

Aún con la ausencia de esas preguntas, se pueden rastrear algunos de los ejes que este ciclo pretendía explorar, en concreto cómo, dónde y cuándo llega el poema, la existencia de la inspiración, la importancia de la oralidad y del ritmo, la organización del libro o la titulación de los poemas, los primeros lectores, influencias y el peso de la tradición, el proceso de corrección, la ficcionalización del yo, la metaescritura o el propio lenguaje poético, entre otros.

Entre todas estas cuestiones, algunas resultan cuanto menos curiosas, por ejemplo, la controvertida relación entre el acto poético y la manida inspiración. Al respecto Rodolfo Häsler afirma: “Inspiración me suena a algo incluso negativo, devalúa al poema (…). Veo más aceptable hablar de atención, lentitud, afinamiento de la emoción”; tampoco José Ángel Cilleruelo la defiende al asegurar que el poema es el resultado de un trabajo. No obstante, sí existe cierta unanimidad en que el poema de alguna manera llega. La descripción de este momento varía de unos a otros, aunque, en general, se manifiesta por medio de una palabra o imagen que, como simiente, convoca al poema; para Tere Irastortza sucede cuando una idea, una palabra, una ocurrencia la detiene en medio de cualquier tarea o para Cristina Grisolía: “En muchas ocasiones, mis poemas parten de una palabra, de su sonoridad, incluso de la extrañeza que esta me produce desnuda de contexto”, un poema que se escribe cuando quiere, según Neus Aguado, en una conexión con algo indefinible e inexplicable, en la que hay mucho de inconsciente, tal y como Laura Giordani señala. Este momento inicial no se describe únicamente en términos mentales o intuitivos, sino también corporales. Para Antonio Méndez Rubio la inspiración es “una cierta disponibilidad o espontaneidad que arranca de la situación cotidiana, parecida a la del aire que cruza porque sí el cuerpo (… es así como se forma un ritmo corporal”, y es que muchos de los poetas indican el indisoluble vínculo entre el poema, su pensamiento, y el cuerpo, pues parece residir en él antes de ser escrito: “Para mí hay algo casi físico en esto. Es una sensación contundente, una certeza de que ese texto, que antes no existía, ha cobrado vida, como si se tratase de dar a luz a una criatura”, asegura Corina Oproae y, en la misma línea, Cristina Grisolía: “La sensación de que el poema pasa por mi cuerpo, que las palabras son percibidas por él”; algo semejante ocurre para Marina Tapia, es lo corporal quien engendra lo poético: “Yo llego a la escritura a través de lo sensorial; es decir, al sentir los olores, al tocar distintas texturas…”. Sin embargo, un mismo poeta puede llegar al poema de distintas formas, así lo expone Teresa Shaw:

 “En cuanto a cómo nace el poema, no siempre es igual. Pero la mayor parte de las veces hay algo que me impele a escribir, quizás una imagen, incluso una palabra, pero casi nunca sé lo que saldrá de allí, el lenguaje, las palabras me guían y desvían casi siempre de la primera intención”.

En ese proceso de gestación la “observación y contemplación del mundo” es un trabajo que el poema refleja, así lo siente Álvaro Hernando; Miriam Reyes lo denomina “estado de atención” y Mónica Picorel “estado de observación de lo cotidiano” que provoca que la revelación o intuición pueda materializarse. Una manera de mirar con asombro. Para Rodolfo Häsler el poeta no es un ser especial, dotado de algún don —ni divino ni sobrenatural—, mas simplemente atento, “cultiva la mirada sobre lo que es humano, lo destaca y lo muestra a los demás para que ahí reconozcan algo”. Así sobreviene el poema. El impulso de escribir es descrito como una especie de “rapto”, una “sensación de inminencia”, una “vibración”, un “dictado”, en que el poeta la mayoría de las veces no sabe qué va a escribir, en este sentido Juan Pablo Roa asevera:

“Nunca sé exactamente lo que busco en el momento de la escritura, pero sí hay un modo, un sentido, un estado emocional o anímico en el que la expresión hace de antena parabólica que me ayuda, que habla desde mí para hilvanar un balbuceo casi ininteligible…”

En consecuencia, el poema sabe que habla, pero no de qué, como quien entra en un espacio desmesurado y desconocido para descubrirnos algo ignorado con la única orientación del lenguaje. Porque es el lenguaje y su tensión uno de los territorios donde el poema se revela en su desnudez. En este sentido, Misael Ruiz afirma: “Entiendo la poesía como un lenguaje extremo, un pensamiento sin límites”. Es en el lenguaje poético donde la lengua se libera de los corsés: “Al quebrar la sintaxis ordinaria, la poesía burla las aduanas identitarias para expandirnos”, expone Laura Giordani, y de modo similar Juan Pablo Roa describe:

“El poema es ante todo una gran protesta en contra de la lengua, pues en origen la lengua, la sintaxis, la gramática no están diseñadas para hacer un poema; escribimos poemas a pesar de la lengua, a pesar de nosotros mismos desde un malestar que nos lleva a dinamitar toda regla que antecede el poema.”

Cuando el poema llega a la lengua, ésta ha de sostenerlo. Ahora bien, para José Ángel Cilleruelo: “El lenguaje está implicado en la esencia misma del poema, pero no es su germen. Cuando el texto nace del lenguaje y se apodera de él por completo, el poema se resiente”, cuestionando la reflexión lingüística en el propio poema. En cualquier caso, como apunta Corina Oproae, la escritura misma revela los entresijos del propio proceso creativo.

Por todo ello, leer Poetas en construcción nos lleva a descubrir, a quienes escribimos (poesía), las conexiones o no en este proceso. Sólo destacaré, quizá por interés personal, la importancia de la intuición y del primer verso —así lo menciona Neus Aguado citando a Paul Valéry— en esta construcción poética. Así como las sugestivas aportaciones sobre la ficcionalización del ‘yo’ en la poesía, desdiciendo la siempre asentada idea de la poesía biográfica y aventurándose en otras propuestas para la presencia del poeta en su escritura. Desde este punto, Poetas en construcción nos desvela que las Musas son, cuanto menos, caprichosas. No tanto rituales y manías escriturales son recogidos, como los mecanismos conscientes (o no) que orientan este proceso, dejando expuestas las contradicciones entre lo que el poeta hace y lo que cree que hace. Aquí la inclusión de los poemas —y la consiguiente reflexión sobre alguno de ellos— viene a confirmar o desmentir, reflejados en la conclusión del poema, esos procedimientos, modos y estrategias.

Poetas en construcción es una obra original cuya capacidad para evocar, desvestir y desafiar la epifánica escritura poética es indiscutible. Es imposible simplificar la riqueza de matices aportada por cada una de estas voces en el complejo e íntimo acto de pensar ¿cómo se escribe un poema?

domingo, 22 de marzo de 2026

Día Mundial de la Poesía en el Centro Lorca

Ayer, 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, fue un día muy especial: una colorida jornada de amistad y poesía en el Centro Lorca. Muy feliz de haber estado en la coordinación de este evento, en la ciudad que tanto quiero y con un equipo humano tan valioso y profesional. Gracias, Jesús Ortega, por contar conmigo. Y gracias a Gerardo Rodriguez-Salas y a Rosa Ortega por las fotos que me habéis enviado. Me encantó, además, leer la traducción al español del poeta coreano Lim Kyoung-Seop, tan bien acompañada por mi amiga Alicia Choin Malagón. Gracias a todo el público que se acercó, a Granada Ciudad de Literatura Unesco, y a todas l@s escritor@s que nos regalaron sus creaciones.








martes, 10 de marzo de 2026

Proyecto "Volaron las palabras" por el taller de escritura de Huétor Vega

El diario Ideal se hace eco del proyecto "Volaron las palabras" del taller de escritura de Huétor Vega:


El taller de escritura de Huétor Vega juega a 'Volaron las palabras' con motivo del 8M

Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la Biblioteca Pública Municipal de Huétor Vega ha puesto en marcha el proyecto 'Volaron las palabras', con la selección de ocho poemas de autores contemporáneos sobre temática femenina. De esta forma, los catorce miembros del taller de escritura que se imparte los miércoles en la sala multicultural, coordinado por Marina Tapia, se han convertido en partícipes de la iniciativa. ¿El objetivo? Descubrir la belleza del lenguaje poético y encajar las palabras en los espacios en blanco de algunos versos.

Para ello, las bibliotecarias Silvia Martín y María Molina han diseñado una tarjetas, cada una con una palabra real del poema y otras inventadas. Metidos en un sobre con una numeración, los poemas han sido expuestos al final en un tablón de anuncios del edificio de la biblioteca, ubicada en el Carmen de San Rafael.

martes, 3 de marzo de 2026

"Las mujeres de Federico García Lorca" en Cúllar Vega

El próximo 9 de marzo daré la charla "La mujeres de Federico García Lorca" en la Casa de la Cultura de Cúllar Vega. Estáis todos invitados. AhoraGranada se hace eco de la programación municipal para el Día Internacional de las Mujeres que se extenderá durante todo marzo.


Charla "Las mujeres de Federico García Lorca" en La Zubia

Muchísimas gracias al Área de Igualdad de La Zubia, en especial a Cristina y Rebeca, al Ayuntamiento representado por Puri y Pablo, y a todas las amistades que nos acompañaron -y participaron- en la conferencia "Las mujeres de Federico García Lorca", con la que se inaugura el programa Marzo en La Zubia. Comparto algunas de las fotos que tomó Ángel Olgoso en esa tarde tan especial.


















sábado, 28 de febrero de 2026

Reseña de "Mixtura" en Culturamas, por Jesús Cárdenas

Muy feliz y muy agradecida por esta extraordinaria reseña de 'Mixtura' a cargo del escritor y crítico Jesús Cárdenas, aparecida en la revista Culturamas. Seguramente la más completa y profesional que he tenido la suerte de recibir acerca de mi antología personal.



''MIXTURA'' DE MARINA TAPIA

(Por Jesús Cárdenas)

Nos encontramos ante la figura de Marina Tapia, poeta, artista plástica y divulgadora cultural, nacida en Valparaíso y afincada en Granada, cuya trayectoria se despliega ahora con vocación de conjunto en 'Mixtura' (Averso), que, por cierto, también ilustra de forma radiante la cubierta. La antología reúne diez libros de poemas y dos textos publicados de forma exenta, presentados cronológicamente, y se ofrece al lector como un gran jardín orgánico en el que cada especie conserva su rareza y su estación. La obra de Tapia ha crecido en distintos territorios editoriales —muchos de ellos vinculados a premios municipales y ediciones no venales— que dificultaron su circulación. Resultaba, por tanto, necesario recoger esas flores dispersas y disponerlas en un espacio accesible que permitiera apreciar la continuidad de una voz. Esta compilación salda una deuda con los lectores y afirma, al mismo tiempo, la coherencia de un proyecto poético sostenido: el de sondear la palabra hasta rozar su misterio.

Cada poema funciona como ventana a un paisaje interior que no teme exhibir sus fisuras. La lectura se convierte así en tránsito entre lo íntimo y lo colectivo, entre la memoria privada y el eco de otras voces que comparten desarraigos y celebraciones. Si el jardín sugiere abundancia y diversidad, la casa implica refugio; ambas imágenes conviven en un libro que conjuga hospitalidad y extrañeza, arraigo y desplazamiento; palabras que adquieren una importancia vital en el volumen. El prólogo de Juan José Castro Martín acierta al definir a Tapia como «poeta de palabra vivida y significada, poeta de la tierra y el amor, poeta, en definitiva, de la vida y, por tanto, verdadera». En esas palabras finales se cifra una de las claves de 'Mixtura': la autenticidad de una experiencia transformada en lenguaje.

La selección, realizada por la propia autora con la colaboración de Ángel Olgoso, Susana Drangosch y Juan Cameron —según se indica en la nota inicial—, permite advertir una etapa de aprendizaje en los dos primeros libros, '50 mujeres desnudas' y 'El relámpago en la habitación', a la que siguen, en apenas seis años, publicaciones cada vez más depuradas y personales. Destaca la amplia representación de 'Marjales de interior' frente a la más breve de 'Un kilim de palabras', lo que sugiere una jerarquía interna dentro del propio corpus. Este recorrido revela una voz que gana en concisión y hondura sin perder la intensidad original.

Desde los primeros versos, Tapia interpela al lector con una declaración que es casi un desafío: «Probadme, mordisquead mis pensamientos». Extraída de «Derechos y deberes de la autora», el verso propone una ética de lectura activa. La poeta exige un lector partícipe que roce, cuestione y dialogue con la materia verbal. La desnudez invocada conlleva la exploración de una identidad múltiple y consciente de su vulnerabilidad. En adelante, se dirá que lo corpóreo y lo matérico forman parte consustancial en la lírica de la poeta chileno-española.

Uno de los ejes vertebradores del libro es la migración. «Para la migración / yo fui educada» y «Exiliarse fue un acto rotundo» condensan una experiencia que, aunque arraigada en lo biográfico, trasciende lo personal para convertirse en reflexión sobre la identidad contemporánea. Valparaíso y Granada operan como coordenadas simbólicas entre las que se tensa la escritura. En este punto, su voz dialoga con la tradición de la literatura del exilio latinoamericano, pero también con una conciencia contemporánea que entiende la identidad como proceso. Hay en estos versos una intuición que recuerda a la reflexión de María Zambrano sobre el destierro: la patria verdadera es, en realidad, la fidelidad a la propia voz. Tapia convierte la fractura en impulso creador, la distancia en perspectiva crítica. El desplazamiento es convertido en aprendizaje: una forma de mirar desde la distancia. Así, cuando afirma querer «derrotar a la nostalgia» a partir de un boceto de Valparaíso, la autora convierte la memoria en acto de resistencia frente al olvido. El paisaje deja de ser mero decorado para convertirse en conciencia histórica y emocional. En este uso simbólico del espacio se advierte una lección cercana a la de Antonio Machado. Tapia convierte cada enclave en un nodo de significaciones donde convergen pasado y presente.

Esta dimensión geográfica se amplía en composiciones como «Bajo las vidrieras de Chagall», donde «todas las voces que acallo la muerte, / y todas sus pisadas, / viven aquí, / colgando de este muro». El espacio se carga de memoria y arte; la contemplación deviene diálogo con lo ausente. Del mismo modo, el «volantín de aire» en Valparaíso o el paseo por Granada articulan un mapa afectivo que enlaza biografía y cultura. Cada enclave es un nodo de significaciones donde confluyen pasado y presente.

Sin embargo, 'Mixtura' no se repliega en la herida del exilio. Frente al riesgo elegíaco, emerge una sensualidad luminosa que celebra el cuerpo y el encuentro. «Llegas a mi sediento y luminoso, / nadie te ve en mi cuarto, / nadie ha visto / esa vía de luz / de tu esperma» nombra la intimidad sin veladuras retóricas. La experiencia amorosa adquiere una dimensión casi sagrada, sostenida por la intensidad de la imagen. Asimismo, en «Y no posar el labio, y no besarte, / y no guardar tu rizo de saliva, / no darle de mamar a tus suspiros, / qué pecado de amor, clavo y espina», la reiteración negativa subraya la tensión entre deseo y privación. Puede advertirse una afinidad con la poesía de Idea Vilariño, en el acto de valentía de asumir el deseo sin velos moralizantes. Tapia escribe el cuerpo desde el cuerpo, con una claridad que evita tanto la obscenidad gratuita como la idealización ingenua. El erotismo, lejos de la obscenidad gratuita o la idealización ingenua, se convierte en afirmación vital, en energía que atraviesa la palabra y la sostiene.

La riqueza sensorial atraviesa el conjunto. «Acércate al reinado del oído», «La luz será una colcha que te guarde», «Soy la miga de pan que retiene tu mano»: en estos versos el oído, la vista, el tacto y el gusto se erigen en vías de conocimiento. La verdad poética se alcanza a través de lo corpóreo; el mundo se entiende tocándolo, respirándolo, saboreándolo. Esta claridad sensorial no excluye la complejidad simbólica, sino que la encarna. La poeta rehúye el hermetismo autosuficiente y apuesta por una transparencia cargada de resonancias.

Junto a estos motivos, el libro despliega un sostenido tono metapoético. «He sido, soy, seré poeta. / […] Poeta precedida de otros vuelos / […] Elevación y hondura» constituye una declaración de identidad y de filiación. Tapia se reconoce heredera de una tradición y asume la escritura como destino. La exhortación «Escribamos poesía, / pero que sea sol, verdad rotunda, / como un deslumbramiento que acorrala» revela una concepción ética de la palabra: la poesía como iluminación y responsabilidad. Podría pensarse en la influencia de Gabriela Mistral, por la concepción de la poesía como destino y responsabilidad. No obstante, la autora no ignora los límites del lenguaje: «un puñado de versos no apaciguan el día». Esa conciencia de insuficiencia matiza cualquier tentación de grandilocuencia y devuelve la escritura a su dimensión humana.

En el tramo final del volumen emerge una zona más áspera: la confrontación con la familia y los límites de la comunicación. «Mi familia es un bloque / de cajones pequeños / que no pueden tocarse. / Y vuelan sobre hilos paralelos, / mas nunca formarán una madeja» ofrece una imagen de poderosa plasticidad. La familia aparece como estructura compartimentada, historias que conviven sin entrelazarse. La metáfora sugiere incomunicación, pero también una arquitectura inevitable que condiciona la identidad. Tapia examina el origen sin estridencias, con una lucidez que transforma la experiencia personal en reflexión universal sobre la dificultad de comprender al otro.

El penúltimo movimiento profundiza en esa tensión mediante la figura de la «Madre Piedra”, a quien dedica una oración. «Me bautizaste Piedra, / […] y ya no supe / ser otra que esta roca conmovida / —que entera— / te sostiene» condensa dureza y amparo, resistencia y cobijo. La piedra, símbolo de permanencia, dialoga con la condición migrante: frente al desplazamiento, una raíz; frente a la inestabilidad, un núcleo. La imagen sugiere que la fortaleza no excluye la conmoción, que el acto de sostener implica asimismo vulnerabilidad. Así, la poesía se convierte en espacio de reconciliación parcial entre herencia y elección.

En conjunto, 'Mixtura' se impone como una compilación coherente que articula memoria, deseo, territorio y reflexión crítica. Marina Tapia somete lo vivido a un proceso de decantación estética que confía en la potencia de la imagen y en la inteligencia del lector. Su lenguaje, claro sin ser simple y audaz sin caer en el exceso, construye un itinerario íntimo y compartido. Aceptar la invitación inicial a «mordisquear sus pensamientos» supone entrar en un territorio donde la palabra es acto de resistencia y de amor; y también, una poderosa revitalización del Carpe Diem. Entre el jardín y la casa, entre la migración y la piedra, Tapia traza un recorrido luminoso. El lector concluye la travesía con la sensación de haber habitado un espacio donde cada verso encuentra su lugar en un entramado orgánico que confirma la madurez y la verdad de una voz poética sostenida en el tiempo.

Escritores en la frontera, por Dori Delgado García

Gracias, querida Dori Delgado García, por tan interesante artículo! Pone de relieve cómo nos enriquece el mestizaje cultural y el intercambio.

ESCRITORES EN LA FRONTERA
Ideal 23.2.2026

Estamos en tiempos de radicalismos y catalogaciones cerradas en todos los ámbitos: los diez libros del siglo, los profesores estelares, los mejores coches, las películas imprescindibles… Todo esto sin entrar en encasillamientos políticos o ideológicos. Es imposible manifestar acuerdos o desacuerdos con distintas posturas sin el riesgo de ser etiquetado.

Y la literatura, aunque sea hermana pobre en el paraíso consumista, no escapa a esta moda clasificatoria: escritores de esta provincia o comunidad, premiados, no premiados, de esta corriente o de la otra… No tenemos más que ver las redes sociales. Más que a leer o a escribir, nos dedicamos a tildar y a hacer ruido. Y en medio de ese sucio ruido “sucede que me canso de ser hombre” como escribió Neruda.

Una servidora ha sido recientemente incluida entre los escritores de la comarca de Guadix y entre los de Valdepeñas de Jaén. Increíble, ¿verdad? Pues es posible. A ambos, manifiesto mi agradecimiento infinito y en ambas orillas se asienta mi vida y mi escritura. Y en el resto del planeta: “Mi única patria la mar”.

No soy partidaria de exclusiones, clasificaciones o rivalidades y son demasiado actuales las segregaciones geográficas de todo tipo. “Es de aquí o no es de aquí” es parecido a “es de los nuestros o es de fuera”.

Escritores de ayer y de hoy han viajado por el mundo sin necesidad de atarse a un lugar de origen o a una única influencia. Y más en estos años de globalización. ¿Qué habría sido de Shakespeare o Goethe sin la cultura grecolatina? No todos somos Delibes, Proust, Verne o Dickinson y su anclaje a un territorio. Algunos, por desgracia, tuvieron que ampliar horizontes de forma obligada debido al exilio.

En el ámbito más cercano, Granada ha atraído y atrapado a escritores de la Andalucía Oriental. Y ahí tenemos a la ubetense Mónica Doña o a la almeriense Carmen Canet. Podemos encontrar a jienenses en otras provincias como Francisco Morales Lomas, Carmen Camacho o Pedro Luis Casanova; y cordobeses de Cazorla como Manuel Molina González. Granadinos como Antonio Enrique tuvieron casa e inspiración en Úbeda o Antonio Praena que la sigue teniendo en Valencia. Y el gran oriolano de Quesada. Por no hablar de andaluces de Chile como Marina Tapia o errantes difusores de la cultura española por el mundo como Juan Vicente Piqueras. Y esto es solo por nombrar algunos ejemplos.

Esta libertad de movimiento, de orígenes e influencias mestizas es el mejor ejemplo que puede dar la literatura a un mundo gris, fanático y excluyente. La mirada es más libre si traspasa fronteras, si se enfrenta a la duda y abarca varios puntos de vista.

Frente a las batallas en el barro auspiciadas por demasiados tertulianos televisivos de mirada única o por el reloj roto de las redes sociales convertidas en vertederos inmisericordes, la literatura pone luz, belleza, cultura, moderación, empatía o mano tendida más allá de las fronteras. Creo que algo así es lo que cantamos los andaluces en nuestro himno estos días.

viernes, 27 de febrero de 2026

Teresa Gómez en el Taller de escritura de La Zubia

Ayer tuvimos una tarde fantástica en el taller de escritura de La Zubia. Muchísimas gracias a Teresa Gómez por su visita, sus comentarios, su lectura y la sabiduría que nos regaló. Todos hemos quedado encantados. Os dejó mis palabras de bienvenida.



PALABRAS PARA TERESA GÓMEZ

Es un gusto tener aquí, en nuestro taller de cada martes en La Zubia, a Teresa Gómez, una importantísima poeta que perteneció a un movimiento literario que nació felizmente en nuestra querida Granada: esta ciudad tan propicia a la poesía, quizá por el ensimismamiento que despiertan sus elementos naturales, o por esa riquísima mixtura resultado de las múltiples fuentes de las que ha bebido. Tenemos aquí, junto a nosotros, a una de las protagonistas con mayúsculas de La otra sentimentalidad, a una autora que compartió lecturas, conversaciones, actos, revistas y vivencias con poetas tan queridos y añorados como Javier Egea, y otros tan activos e impulsores de la cultura como Álvaro Salvador y Luis García Montero. Capitaneados por el magisterio de Juan Carlos Rodríguez, en especial por el sustento que proporcionó su libro ‘Teoría e historia de la producción ideológica’, esta corriente quiso renovar el panorama poético y traer, junto con la celebración de la democracia, otro lenguaje, otra mirada: comprometida, de concepción histórica, cercana con los lectores, consciente de que los parámetros cambian; quería fusionarse con la música, beber de su raíz popular, no por nada el lugar principal de reunión fue, como todos sabemos, La Tertulia. Ángeles Mora nos advierte de forma tan acertada en el prólogo de ‘La espalda de la violinista’, primer libro publicado por Teresa: «Nunca saldremos de la trampa ideológica en que vivimos si no rompemos las dicotomías que plantea la burguesía capitalista: privado/público, razón/sensibilidad».

Ser poeta, va más allá del número de poemarios publicados, de los galardones oficiales o de las fotografías en los medios. Ser poeta es seguir un oficio necesario, profundo y ser fieles al convencimiento que sólo a través de la poesía podemos dialogar realmente con la realidad. Ser poeta es esperar que un libro madure y que esté prieto y jugoso, para poder así recogerlo, sin prisa, en el tiempo indicado. Todo esto lo ha puesto en práctica Teresa Gómez, ella ha sido coherente con su camino íntimo, ella ha tenido siempre presente que la escritura es sobre todo trabajo y depuración, lenta mirada al mundo interior y al exterior, un encuentro verdadero con la palabra. Como confiesa, en calidad de amiga y compañera de escritura, Ángeles Mora: «Nunca he conocido a nadie que encarne tan bien a un cronopio de los que dibujó Cortázar. Por eso no es de extrañar que con ella ocurrieran cosas raras, como adquirir renombre por un libro que no se ha publicado… ‘Plaza de abastos’ ha circulado de mano en mano, como se divulgaban los manuscritos en el Siglo de Oro».

Ahora que las mujeres nos movemos a nuestras anchas por los terrenos de las lecturas y los encuentros literarios, quizá no se tenga tan presente −ni haya tanta conciencia− de las dificultades de ha sido ocupar un espacio junto a voces masculinas en otros siglos y generaciones. En la época de juventud de Teresa Gómez ya había más apertura y equidad pero, aún así, las mujeres han tenido que ‘demostrar’, más que los hombres su valía, han tenido diversos condicionantes −sutiles e invisibles− pero que estaban allí obstaculizando una fluidez de maniobra, tan diametralmente opuesta a los autores.

Por eso y porque la solidez de la obra de Teresa Gómez lo merece, quiero aprovechar de destacar la labor de apertura de puertas realizada por Ángeles Mora, Inmaculada Mengíbar y por nuestra querida autora que hoy nos acompaña. La Otra Sentimentalidad hubiera estado incompleta sin sus aportes y su compromiso.

Su mirada aguda y profunda, su sensibilidad nada complaciente y predecible, ese proceso de decantación que se aprecia claramente y que le ha valido a la autora ser finalista dos veces al Premio Andalucía de la Crítica, nos lleva a afirmar que es posible hablar de amor, de las relaciones humanas sin caer en tópicos e imágenes manidas. Un vocabulario preciso, plástico, que crea, en palabras de Juan Carlos Rodríguez: una auténtica metafísica del cuerpo.

Y como mis palabras no quiero que sean las protagonistas, y sólo deseo realizar una obertura luminosa, tal como lo son los poemarios de Teresa que hemos comentado en este grupo, os dejo con lo importante: la lectura en voz propia y en voz alta de sus textos.

Reseña de "Piedra que mengua" en la revista En Sentido Figurado, por Ana Isabel Alvea

Una alegría y una sorpresa recibir la estupenda colaboración de la escritora, crítica literaria y profesora Ana Isabel Alvea. Su reseña de 'Piedra que mengua' en la revista En Sentido Figurado es magnífica y hace hincapié en esos sutiles, pero fundamentales, elementos de la cultura mapuche que están presentes en el libro. 



LO SAGRADO EN EL TEMPLO DE LA POESÍA
Por Ana Isabel Alvea Sánchez 


Por casualidad, leí que el poemario «Piedra que Mengua» fue ganador del XL Premio Ángel Martínez Baigorri, el mismo que yo obtuve en 2019 con «La pared del caracol». Esa hermandad propició que Marina y yo leyéramos nuestros respectivos libros, unidas por una complicidad y aquella entrañable experiencia.

Este libro, como la casa del ser o la morada de la vida, se construye sobre su metáfora y eje principal: la piedra. Su estructura se configura como un todo cohesionado, un río que sigue recto la corriente, aunque su hilo conductor —la piedra— se ramifique en afluentes de significados.

Se abre el poemario con una referencia al principio: la creación, como una génesis, con imágenes que evocan el origen del mundo, donde prevalece el magma de un amor de fuego. La voz —el ser, la mujer, la poesía— nace de esa colisión; la bautizan Piedra: ‘y me envolviste entera de firmeza’, ‘de claridades férreas’, para convertirse en palabra y poema.

Comienza entonces a rodar la piedra sólida y resiliente; no obstante, ‘Todo reduce el agua del vivir’, y se reconoce como una ‘Piedra que mengua’, consciente de que quedará en ‘cadáver, / polvo, / sombra, nada’. A partir de ahí, inicia la búsqueda de un fuego inextinguible que perdure frente al tiempo y las inclemencias.

Recorre un viaje en el que se pierde y se desorienta, pero logra hallar el milagro y parece que la fe, o bien el amor, o tal vez la poesía, o todo en su conjunto, le procura la dicha. Durante ese tránsito, siente la nostalgia por su país, se ve extranjera y errante.

Aparecen algunos poemas-caligramas en los que se define como roca y expresa un amor arrebatador, ‘cúspide de la dicha’. Apela al poder del amor para transformarnos, pues es el amor quien nos otorga tamaña energía, como si en nuestro interior creciera un sol radiante.

Extiende una mirada crítica al mundo actual y a nuestro modo de vivir: sin ilusión, con angustia y cansancio, en una constante búsqueda de lo eterno y lo perenne. Siente una íntima y profunda conexión con la tierra, Madre Piedra, a la que desea cuidar frente al poder destructor y la codicia de los humanos.

‘Escribes desde dentro de la tierra...con la memoria honda de tu especie’. Late en su voz un sentir primigenio y ancestral, se siente roca madre. Tal vez subyace la influencia de la cultura mapuche, “gente de la tierra”. Los mapuches conciben que todos llevamos dentro energía, fuerza vital y espíritu. Para ellos la piedra simboliza fuerza y permanencia. Parece que la autora contrasta esa cosmovisión con el pensamiento occidental. Y es a esa fuerza a la que apela, la que la sustenta y la impulsa en la creación.

Aflora en todo el poemario un sentir sagrado, una divinidad interior, la Piedra es una potencia que irradia dentro de cada uno de nosotros, nos da refugio y nos salva y puede constituirse gracias a la fe, al amor, a la creación.

Los últimos poemas se centran en la inspiración, piedra matriz, ‘única fuerza sobre la cual gravita mi poema’. Constituyen reflexiones metaliterarias, como la idea de que, para que la poesía exista, el poeta debe menguar. Afirma así su propósito: ¡Que mi canción minúscula transite / el ojo de una aguja, / para bordar por siempre / un manto enamorado de tu mundo’.

Poesía sembrada de referencias bíblicas, cuyo tono evoca el de los Testamentos: una voz sentenciosa, depurada y elegante, firme y potente que entabla un diálogo tanto con la tradición mística como con la poesía contemporánea. En sus poemas se dirige a un tú que podría ser Dios, el amor o el amado, la creación o la propia poesía. Un poemario que es en sí mismo un clamor y que se eleva como un canto inextinguible en el templo de la poesía.






Prólogo para "Cronotopos", de Ángel Olgoso

Mi prólogo para “Cronotopos”, de Ángel Olgoso, libro de gran formato ilustrado a todo color por el maestro Antonio Madrigal y publicado por el Grupo Pandora con edición de Pedro Tabernero.




DOMESTICADOR DE RELÁMPAGOS

Jamás pensé, y menos aún en mi Chile natal, que un día conocería a un caballero de la Tabla Redonda: Ángel Olgoso es un Sir Galahad de la escritura, un caballero puro, fiel a sí mismo, a su insobornable independencia, al valor supremo de escribir con total libertad, a defender la belleza y riqueza del lenguaje así como la exigencia literaria y la inteligencia del lector, con plena entrega a su tarea. Un Don Quijote que ha cabalgado entre dos siglos hechizándonos con el fuego de su imaginación y con la intensidad de sus historias.

Recuerdo la primera vez que escuché una de sus historias, hace trece años, la leyó él mismo en el Aljibe del Rey, un mágico y alhambresco enclave. Su relato “La pequeña y arrogante oligarquía de los vivos” envolvió y conmovió a todos los presentes, fue como escuchar un texto que estaba más vivo aún que el mismo espacio natural que nos cobijaba. Hablaba de un mar compuesto de cuerpos muertos que se superponen formando las olas y que, cómo no, evocaba a nuestro Mediterráneo, tan enlutado por las pérdidas de vidas humanas a causa de las migraciones, pero también por la sucesión de los siglos y siglos que contiene. Ángel sabe arrastrar a los lectores a su terreno; por eso, cuando se le lee, uno se vuelve inevitablemente un ‘olgosiano’, desea con adicción habitar esos mundos que él convoca, vibrar con los acordes medidos de su narrativa. Entramos a ese habitáculo construido por él no sólo a través de la potencia de sus imágenes, de su lenguaje colorista y escogido con minuciosidad, accedemos a ese camarín mágico gracias a un despliegue intencionado que es capaz de poner en funcionamiento al mismo tiempo nuestros cinco sentidos: todo nuestro cuerpo y sensibilidad se despiertan, como de un sueño o un letargo, bajo la fascinación y el influjo de su escritura. Letras de fuego y letras empapadas sutilmente con el sello de su lugar de origen: el sur de la península, Granada. Letras mestizas, deliciosamente mixturadas. Letras que son taracea en movimiento, azulejos reflejando realidades paralelas, posibles e imposibles, abovedados que amplían los dictados de la imaginación. Así como Valparaíso ha donado a mi poesía su marca de inventiva, nostalgia o el azul rubeniano, la escritura de Ángel aviva y mantiene el empaque y la exquisitez de los reinos dorados del sur, siendo a la vez, universal y única.

Creador de un mundo propio, poético e inquietante (setecientos relatos, varios volúmenes misceláneos, un poemario de haikus y un centenar de collages), autor de una obra que trasciende los límites del género breve y de la literatura fantástica, soñador que hace viajar al lector por mil espacios distintos, y que cuenta historias que nos representan a cada uno en singular y a todos como especie. Los que lo leemos con asiduidad agradecemos: su variedad de temas y registros, las abundantes lecturas que se traslucen y que dan perspectiva y profundidad al texto, su búsqueda de un contar estético pero a la vez cercano en su plasticidad, su gusto por las citas y datos singulares que preserva para nosotros, su calidad en medio de tanta publicación comercial, su ironía revitalizadora. Ángel es capaz, con el simbolismo de sus relatos, de transfigurar la realidad y de resumir la condición del ser humano en una gota de rocío o de cifrarla en una galaxia, se ha mantenido siempre fiel a la divisa patafísica de su caballería: “Me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán”. Una ‘rara avis’, por así decirlo, un creador genuino, discreto en la vida real y aguerrido ante el folio en blanco. Los que hemos tenido la suerte de convivir y relacionarnos con él, sabemos cómo su timidez se vuelve arrojo para narrar, para desarrollar su vocación, para darse a los demás a través de palabras impresas e impregnadas de su dialogar interno.

Mi percepción es que el motor que mueve a Olgoso es la búsqueda de la belleza, de una especial, aquella que va más allá de lo definido. Belleza en el lenguaje, y en la mirada que acoge lo más auténtico e indestructible de los alimentos terrestres. Percibo ese impulso en él, ese afán por acoger, por compendiar los saberes y experiencias, por prenderse a la vida −real e imaginada− como grácil semilla. Un escritor de nacimiento, según mi parecer, ya trae la chispa inquieta del decir en sus ojos (también en los que se abren desde el interior). Observa, recorre lo que ve, intuye los estratos que forman cada elemento, cada hecho, sus capas de pasado, lo que ha quedado escondido, la luz y las sombras. Y de esa capacidad de observación hace gala Ángel, la trae en sus genes, es su cimiento, su viga maestra.

En el relato que viene a continuación, los lectores gozaremos de un mundo rebosante en el que se despliegan todas estas virtudes. En él encontraremos, además, personajes misteriosos y a la vez desenfadados, organizaciones secretas, diálogos filosóficos, nuevas posibilidades del tiempo y el espacio, horizontes que difícilmente antes imaginábamos. “Cronotopos” es una joya que engalanará nuestra biblioteca. Un libro plástico y conceptual, un libro para leer, releer y disfrutar visualmente. Un volumen de los que el autor tanto aprecia: arte con palabras y arte con pintura, ambos unidos en estrecho abrazo.

Dejémonos llevar por el lúcido fogonazo de este domesticador de relámpagos, de este caballero que no sólo no lucha contra los encantamientos sino que los provoca, dejémonos seducir por una literatura que deja huella.





"Mixtura" en el diario Ideal, por Antonio Arenas

Muchísimas gracias a nuestro querido Antonio Arenas por su artículo sobre "Mixtura" en el Ideal de ayer. Ilusiona mucho ver una muestra de tu trabajo "en los papeles". 



Entrega del Primer Premio Internacional de Poesía “Motril, Puerto de la Alhambra”

"A veces las cosas encajan: cuando la iniciativa privada y los organismos públicos aúnan fuerzas, la cultura se realza y cobra vida. Eso ocurrió el pasado viernes en el Edificio Azul del Puerto de Motril durante la entrega del Primer Premio Internacional de Poesía “Motril, Puerto de la Alhambra” al poeta Pablo Acevedo por su obra “Fulgor”, un poemario de intensidad lírica, potencia metafórica y mimo por la palabra, que se impuso al centenar de originales provenientes de distintos países. El jurado estuvo integrado por Antonio Chicharro Chamorro, Marina Tapia, Juan José Castro Martín, Joaquín Pérez Azaústre, Inmaculada Lergo, Juan Carlos Garvayo y José María Muñoz Quirós. El ‘alma mater’ del Premio es el incansable Gerardo Martín (dirige Puerta Granada Ediciones, el Aula de Pensamiento Francisco Javier de Burgos y el espacio poético Refugio de Versos), que lo ha coorganizado junto con la Autoridad Portuaria y el Ayuntamiento de Motril y contado con el patrocinio de varias empresas locales. Todos ellos están haciendo de Motril un espacio abierto, dinámico y comprometido con la creación literaria y, sin duda, consolidarán a este galardón como un referente en el ámbito de la poesía contemporánea"
(Ángel Olgoso)