sábado, 3 de octubre de 2026

Crónica de la jornada de San Juan de la Cruz en la Casa de los Tiros

SEGUNDO EVENTO DE LAS JORNADAS DEDICADAS A SAN JUAN DE LA CRUZ


Os dejo con algunos apuntes de la impresionante actuación que se llevó a cabo ayer, viernes 2 de octubre, con el deseo de que este texto os transporte a ese momento único que vivimos, donde la fusión de la música y la poesía maravilló al numeroso público asistente al concierto en la Casa de los Tiros.

La velada comenzó con unas palabras de bienvenida de Jesús Ortega, Director y Focal Point de Granada Ciudad de Literatura Unesco. Se hizo la presentación de los artistas invitados: Jesús Hernández, músico y compositor, y Sergio Gómez ‘El Colorao’, cantaor de flamenco.



Un patio sobrio y a la vez cálido acogió los textos de Juan de Yepes. La arquitectura, y cada material de la Casa de los Tiros, enmarcaba perfectamente esa tarde otoñal de trance colectivo: gran cortina de esparto, ventanas de madera oscura, techo abierto al cielo por el que pasaban –de pronto– bandadas de pájaros, suelo de empedrado granadino, columnas de mármol, paredes intensamente blancas y una discreta fuente central acogían la 'música callada’. El brillante lacado del piano reflejaba los rostros de los presentes como si se tratara de un espejo. Silencio y atención absoluta, entregados los cinco sentidos, quizá experimentábamos una especie de rapto o transporte místico, tal como hubiera querido el protagonista de la jornada.


Las dos primeras actuaciones recogieron fragmentos de su «Cántico espiritual»:

«Mi alma se ha empleado,

y todo mi caudal en su servicio;

ya no guardo ganado,

ni ya tengo otro oficio,

que ya sólo en amar es mi ejercicio.»

«Mi Amado, las montañas,

los valles solitarios nemorosos,

las ínsulas extrañas,

los ríos sonorosos,

el silbo de los aires amorosos».

La tercera intervención, con aires de cantiñas, se centró especialmente en «Llama del amor viva», obra cumbre de la mística y de la literatura. Os dejo con dos de las estrofas interpretadas:

«¡Oh, regalada llaga!

¡Oh, mano blanda! ¡Oh, toque delicado,

que a vida eterna sabe

y toda deuda paga!;

matando, muerte en vida la has trocado».

«Del Verbo divino

la Virgen preñada

viene de camino.

¿Si le dais posada?»




El teclado del piano transmitía la fuerza de los versos. La voz vibrante y emocionada del cantaor llenaba el espacio. Piano y voz: dos instrumentos que dialogaban perfectamente.

En la cuarta parte de la velada, la obra de Lorca tomó la palabra. Esta vez brilló por colombianas el icónico poema:

«Cuando llegue la luna llena,

iré a Santiago de Cuba,

iré a Santiago

en un coche de aguas negras.

Iré a Santiago.

Cantarán los techos de palmera.

Iré a Santiago.

Cuando la palma quiere ser cigüeña.

Iré a Santiago.

Y cuando quiere ser medusa el plátano.

Iré a Santiago».



En la quinta pieza ofrecida, el piano potente y rotundo de Jesús Hernández envolvió la voz de Sergio Gómez que nos hizo volar hasta el «Cante Jondo» de Lorca:

«Entre mariposas negras,

va una muchacha morena

junto a una blanca serpiente

de niebla.

Tierra de luz,

cielo de tierra.

Va encadenada al temblor

de un ritmo que nunca llega;

tiene el corazón de plata

y un puñal en la diestra.

¿Adónde vas, siguiriya,

con un ritmo sin cabeza?

¿Qué luna recogerá

tu dolor de cal y adelfa?

Tierra de luz,

cielo de tierra»

En la sexta interpretación se regresa a San Juan de la Cruz. El compás estaba marcado por un palo de granaína que iba acompasando el poema «Sin arrimo y con arrimo»:

«Y, aunque tinieblas padezco

en esta vida mortal,

no es tan crecido mi mal,

porque, si de luz carezco,

tengo vida celestial;

porque el amor da tal vida,

cuando más ciego va siendo,

que tiene al alma rendida,

sin luz y a oscuras viviendo».



Terminada esta pieza, los artistas comentaron que luego de la musicalización de dos de los grandes de la lengua castellana –Lorca y San Juan de la Cruz–, ahora pasarían a otro grande, a Cervantes, y que la composición estaría basada en la carta que el autor del Quijote escribió estando preso. También relucieron los emocionantes versos:

«Aunque pensáis que me alegro,

conmigo traigo el dolor.

Aunque mi rostro semeja

que de mi alma se aleja

la pena, y libre la deja,

sabed que es notorio error:

conmigo traigo el dolor.

Cúmpleme disimular

por acabar de acabar,

y porque el mal, con callar,

se hace mucho mayor,

conmigo traigo el dolor.»

Se finalizó con otro texto de Cervantes por jaleo extremeño:

«Madre, la mi madre,

guardas me ponéis;

que si yo no me guardo

no me guardaréis.

Dicen que está escrito,

y con gran razón,

ser la privación

causa de apetito;

crece en infinito

encerrado amor;

Por eso es mejor

que no os encerréis;

que si yo no me guardo

no me guardaréis».

Palmeo del cantaor, y fuertes palmas de ovación del público, que pidió una última actuación. Finalmente, el concierto fue rematado por una fusión de tientos a tangos.



Eventos así son necesarios porque acercan la poesía a todos, porque la sacan del marco –íntimo y solitario– de los libros, y la vuelven espacio común, lenguaje compartido. También porque hacen que los grandes autores y autoras sigan viviendo en otros siglos que necesitan de su profundidad y de su mirada sensible.

Gracias al Ayuntamiento de Granada, a través del programa Granada Ciudad Unesco de Literatura, y del Consorcio Granada Capital Europea de la Cultura 2031, por haber impulsado estas jornadas de recuperación de la memoria de San Juan de la Cruz en su relación con Granada.



viernes, 2 de octubre de 2026

Poetas andaluces en los márgenes

Comparto los dos poemas de Elena Martín Vivaldi que leí en el maravilloso acto ''Nombre propio: Poetas andaluces en los márgenes'', organizado por la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y celebrado en la Sala de Conferencias del Patronato de la Alhambra y el Generalife. Muy contenta de haber podido poner voz a esta inmensa poeta granadina. Agradezco la brillante iniciativa y la invitación de Remedios Sánchez, José Cabrera Martos y Ramón Martínez López. Gracias a Ángel Olgoso y a todos los amigos por las fotografías.

Enlace a la noticia en Granada Hoy






SONETOS EN AMARILLO

2

Mi voz quiero amarilla, quiero el oro

maduro en un verano de desvelo.

Mi dolor amarillo, y junto al cielo

azul de soledades. Poro a poro

quiero mi sangre trigo, y no le añoro

su más verde constancia, ni su anhelo

al perenne ciprés, que voy de vuelo

y en amarillo sauce ya me doro.

Aguardo en mí esa luz enternecida

y en las últimas hojas, dulcemente,

con un temblor de llama detenida

Ay, que por este instante, tan ganado

a golpes de más vida, ciegamente

me rindo al amarillo traspasado.

(Del libro 'Arco en desenlace'. Veleta al Sur, 1963)



SI ESTA NOCHE...

Si esta noche llueve,

yo suplicaría

fuera mi corazón rama de un árbol.

Si lloviera esta noche,

que mi sangre gritara

sobre los troncos,

tallos

y las hojas sumisas,

perforando el silencio,

alzándome, creciéndome,

hasta alcanzar, despiertas, las ventanas,

luces resplandecientes,

desveladas.

Si lloviera esta noche,

ser sonido quisiera,

repique del asfalto,

canto de los tejados,

rumor apaciguado, prisionero de sombras,

misiva

y su ternura hacia noches y amigos.

Si lloviera...

que mis labios gozaran del sabor de la tierra,

que mis ojos un ancho cauce de luces fueran,

mis manos los estanques que sus tallos le siembran,

mis oídos se alzaran, altas torres de asombro.

Si esta noche llueve,

si la lluvia llegara,

se abra su nombre gris en ramas amarillas,

me acoja y me dilate las venas y los nervios,

me hable y me responda con su boca enraizada,

humedezca mis huesos

y me encienda los sueños

en la aridez

nublados.

(Del libro 'Durante este tiempo'. El Bardo, 1972)

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Entrevista a Juan Cameron en Le Monde Diplomatique

Muy agradecido al poeta, paisano y amigo Juan Cameron por citarme en esta interesantísima entrevista paraLe Monde Diplomatique:
  


Juan Cameron: Homenaje a un imprescindible de la poesía más allá de las olas porteñas.

Por Rony Núñez Mesquida

16 de septiembre de 2026


1.- Un imprescindible sobre las olas de Valparaíso

Afirmar que Juan Cameron es uno de los mejores poetas de la historia contemporánea chilena no constituye ninguna exageración ni una lisonja infundada. Tal como señala certeramente Luis Eduardo García: “La poesía del chileno Juan Cameron convoca el concepto con la expresión directa y la cultura popular para lograr una poesía sorprendente y llena de revelaciones, al mismo tiempo que conmovedora. Me confieso un lector tardío de la poesía de Juan Cameron, lo cual desde luego no distorsiona mi entusiasmo y mi lectura crítica. La lectura más remota que realicé de sus trabajo es el poema «Asignaciones forzosas»: «Si muero/ repentinamente/ declaro/ que nada me debo/ que lo adeudado lo pagué con versos/ que no graven mi recuerdo/ con censos ni hipotecas/ por último/ de rematarme/ ofrezcan precio ilusorio/ para impedir ser adquirido nuevamente/ por el suscrito que firma a mano muerta/ y que ha vivido/ mano a mano/ en la sorda ilusión de cancelarse»”.

Para luego dar un paso más y concluir sobre la sorprendente obra de Cameron: “Una de las constantes en la poesía de Cameron es su condición de exiliado, de sujeto arrancado de su espacio natural y social, de ahí esas imágenes duras extraídas de la vida corriente: y otra es la del creador posmoderno, en el sentido de irracional, a contracorriente, contrario a la rigidez y el funcionalismo de la vida. El humor, entre otras cosas, abre espacios para que el poeta hable críticamente de sí mismo: «Se le dijo/ se le advirtió/ usted/ ama demasiado sus antiguos amores/ no se renueva/ usted/no conoce las Islas Esporádicas/ cree/ en utopías/ en la reconstrucción/ del Muro de Berlín/ habla con la boca llena de los miserables/ no baila al ritmo actual/ no se moderniza (….).”.

En otro registro pero no discordante con las citas anteriores, A. Bresky en su maravilloso texto introductorio “La poesía de Juan Cameron a la luz de la cámara oscura” (Prólogo de "Jugar con la palabra", LOM Ediciones, 2000”) asevera: “Creo que la vigencia y el interés que suscita la poesía de Juan Cameron están fuertemente ligados a una particular modalidad de relación entre la palabra y la realidad urbano-contemporánea. En efecto, su escritura poética afronta la plenitud de esa realidad, representándola, imaginando sus posibles e imposibles, haciendo conciencia de su indetenible e irrepetible curso, para articularse como cifra de una maravillada o angustiosa experiencia de existir, en que la creación artística es sentida como imaginación orientada fatalmente hacia ese encuentro, que reconduce siempre a lo real. En ese tránsito, la fantasía, la memoria, las ilusiones y el pensamiento, reciben la dignidad de la poesía. Ya sea que a veces el hablante agudice el desorden de los sentidos para penetrar la apariencia del mundo y alcanzar esa realidad que está detrás de las cosas, o bien, que se deje arrastrar por los objetos, hasta quedar fuera de sí, fuera del hombre actual y por delante de él. En ambos casos los acontecimientos, las cosas, los sonidos, los decires, los espectáculos urbanos hacen signo al poeta, que por cierto, no les captura como un ojo electrónico o un micrófono secreto, sino que los incorpora a su propia vida y esta a su vez se proyecta sobre el mundo para absorberlo, cargada con su deseo, su memoria y sus pasiones marcados por el tiempo, por la historia y por la muerte”.

2.- Entrevista a Juan Cameron: “La poesía ese mal consejo…”

Desde el Hotel Verso en Valparaíso, acometo la entrevista a Juan Cameron, cual continuación de una primera aproximación esta vez a su obra, que se iniciara en el homenaje a Nicanor Parra realizado en 2018 y cuyo testimonio del poeta se recoge en mi columna “Valpoesía o la Piedra Feliz de nuestros queridos fantasmas”. Esta vez el poeta no desvela su alma poética, en un registro que a ratos suena a oleaje, a jazz de fondo, a notas de vino que acarician los cerros de Valparaíso, nuestro eterno puerto repleto de versos. Aquí sus palabras, donde no dejan de sorprender la gran cantidad de autores que cita y que han nutrido una obra que nos permite “percibir un modo personal de apropiarse de la indeterminación, lo que hace que sus textos permanezcan en un estado de desasosiego, en la tierra de nadie de lo decible y lo indecible, y así, nos salen al encuentro sorprendiendo nuestro propio desconcierto, suspendiendo nuestras certezas aparentes, porque innegablemente la poesía de Cameron tiene una vocación de encuentro”.

a.- ¿Qué es para usted la poesía como forma de vida?

Ese mal consejo, ese todo, repetido y sostenido a cada instante, en los sueños, en la ducha, al ir de compras, al observar los letreros o escuchar a las gentes, es una fijación, una enfermedad a la cual, a la postre te acostumbras como a la tinitus; eso es la poesía. La adquirí en casa, de tanto escuchar y escuchar recitar a mi abuela paterna, a mis tías, a mi padre quien insistía en las Coplas de Manrique y en Segundo Canto de Amor a Stalingrado, del Neruda esencial, y también de Gonzalo Rojas, de quien tempranamente releía en un ejemplar rayado y anotado de mi padre.

Uno se pregunta por la utilidad. Es esta nada más, la vida, los amores y desamores, las aventuras ciertas o inventadas. Llegado a un punto del camino uno se pregunta sobre el quehacer, sobre este extraño e insistente oficio por el que se jugó los días y se jugó el futuro. Al revisarlo y escudriñar surgen, con un sesgo de dolor tal vez, los términos arrogancia y extravagancia. El primero remite a su actitud frente a los demás. Reconoce en sí mismo una conciencia mayor frente a las palabras y las cosas por ellas denominadas -por cuanto juega a su amaño- en tanto el segundo apunta a las significaciones, y a las reales connotaciones -al menos probadas- que estos términos y su jugar con ellos implicaron a la existencia. El gran mexicano, Marco Antonio Campos, nos dice: Pero en serio, es una pregunta en serio para uno mismo o para cualquier poeta/ a cierta altura de la edad: ¿valió la pena el sacrificio, valió la pena abandonar/la apuesta de la acción para entregarle la vida a la inutilidad de la poesía?

Muchas veces iremos, sí, contra corriente y aunque uno se crea Dios sin siquiera ser la más triste copia, uno escribe poesía, lee poesía. Pero esta última afirmación utiliza en verdad una figura retórica y, por artilugio del autor, también poesía. He allí la magia.

Sí; hubo amistad y fue el oficio quien nos permitió tales placeres. Las mesas compartidas, las conversaciones, las a veces extenuantes lecturas y audiciones han sido parte de este goce de vivir. El vuelo es resultado de todo esto. Y al volar en la escritura se observa, se recoge, se segmenta, se relabora todo el vuelo. Y así como los instantes y el aire frente a nuestros ojos, rápidamente se diluyen, el tiempo absorbe y devuelve la imagen tal una pantalla. El poeta detiene y fija el tiempo; aún a riesgo de mantener como castigo la memoria punzante en nuestro hígado. Allí renacen los hermanos idos, los poetas, los amigos y el escenario como sustento de tales figuras. En definitiva, son las ausencias la causa de nuestro continuar hacia una eternidad dolorosa, única y solitaria; pero muy vital.

Por ello, a las dudas de los viejos poetas, yo respondo que sí, que valió la pena a pesar de tantos naufragios, de tantas bibliotecas y de tanta viuda dejada en el camino; que sí; que valió la pena. Y por eso nos ven aún sobre el escenario, sobre cubierta, sobre el molo de abrigo, mojados, jodidos dispuestos a embarcarnos, aunque sea a sotavento y contra marea; o en los más tristes restaurantes llenos de ruido y de furia.

El tema es motivo de escritura. Y yo lo he enfrentado varias veces; quizá todas las veces; pues la poesía es esa constante repetición.

b. ¿Cuáles son las influencias literarias o autores que han sido relevantes en su construcción como autor?

Son muchas y definitivas. Tales marcadores cambian día a día pero, así mismo, se instalan en lo inicial del camino. Ya nombré a Gonzalo Rojas; y junto a él, por supuesto, Parra, Cardenal, Teillier, Lihn, Maiakovsky, el inmenso Vallejo (Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y Capulí), Neruda a su determinante Maestranza de Noche antes que Canto General; y más atrás Gabriela y aún más, Andrés Bello. Y también esos horribles mamotretos que nuestra abuela declamaba en cama, rescatados quién sabe de oscuros cofres de la infancia.

Luego vinieron los viajes, Hungría a los bordes de Croacia, Suecia y sus bibliotecas que me permitieron leer en todos los idiomas románicos (salvo el rumano, que sólo interpretaba por deducción) y en inglés, noruego y danés, tan cercano al sueco maternal, tan mío como llamo a veces a ese español del alma.

Los encuentros internacionales de poesía, en Europa y en nuestro continente, me ofrecieron la amistad, más cercana a mesa de bar, de maestros semidioses en mi oficio. Ellos han influido en mis deseos de crear, de hacer bien las cosas. Seamus Heany, por ejemplo, a quien anuncié el Nobel tres años antes de su otorgamiento. Me equivoqué, le dije realmente dos; o Cisneros, con quien me descubro en Cuiabá comprando ropas para los nietos; o al gran Jotamario Arbeláez, quien luego de una botella de whisky me regala, a falta de un libro a mano, mi primer Viagra. Participo en el cumpleaños 60 de Voznesensky, en los 60 de Lasse Söderberg; en El Salvador me peleo (casi) con el pesadísimo y genial Evtuchenko. Hay una imagen donde nos bebemos el vino blanco hasta el exceso con Idea Vilariño (si tuviera treinta menos, no te me escapas, dijo) y nuestro gran Pepe Viñoles. En la imagen hay sol, es el Parque del Rey, en Malmö, al sur de Suecia, y las nubes pasan enormes sobre la catedral. Son registros de un libro no escrito, pero siempre presente. Esto me ha enseñado a escribir. Poesía y vida es una misma cosa.

c. ¿Cuál es su opinión del actual panorama de la poesía chilena?

Cuesta aceptarlo: pero la poesía chilena actual tiene un tufillo muy provinciano; principalmente en la actividad santiaguina. Desde la capital los nombres se entrelazan entre sí mismos como un palo de lluvia; y muchas veces como un simple juego de cacho. A nuestra poesía le falta lectura, le falta mundo, le falta ir y recorrer. Y sobre todo escuchar. Y hay varios factores determinantes. La ausencia total de crítica, digo de la seria, la de los periódicos; la obtusa visión de los académicos, quienes se casan con un solo nombre y trotan con él como visera de caballo. No ven el contorno, no miran el camino, no leen poesía o libros de poesía, sino solamente “papers”. Y esta suerte de ombliguismo lo aprovecha el más poeta del pueblo y repite su ejercicio. La autopublicidad incontrolable constructora de imágenes inexistentes, de verdaderos virreynatos nostálgicos del imperio, salta a la vista, molesta, deprime, contamina el ambiente.

Con todo, y como siempre por supuesto, aparece un autor nuevo, brillante, refrescante como el agüita del arroyo; y revientan poemas nuevos, fantásticos. Cualquier día te cruzas con un Cristian Cruz, con una Zuleta Vásquez o Marina Tapia, con un Juan Pablo Ibarra, o Leppe; o Vladmir Boroa, qué se yo. Ello da cuenta de un género que continúa, crece y se tradita. A su vez promete un mañana mejor, libre de tanto smog y leseras. Y así, como en tiempos de la Unidad Popular afloraron los movimientos en provincia -Trilce, Arúspice, Tebaida- para marcar la pauta creativa, hoy en los nombres más lejanos -Linares, Curicó, Nancahua, Santa Cruz o Caldera- ebulle y se refresca el aire poético nacional

Las antologías, por otra parte, contribuyen bastante para ampliar nuestro panorama. Desde Italia y desde Grecia, desde Francia o Estonia se nos india de tarde en tarde por dónde debe enfocarse el canon verdadero.

d.- ¿Cuál cree que es a su juicio el rol que en el actual contexto político y cultural deben desempeñar los artistas e intelectuales.

Con la mayor humildad (que no existe) u objetividad, nuestra labor es preservar el idioma así los frailes en la más oscura Edad Media. Nuestro rol continuará siendo el de leer y no el de comulgar con ruedas de carreta. Ya vio, la Artificial Inteligencia es sólo para imbéciles. Nos dicta la forma de sufragar, nos evita la odiosa tarea del pensamiento crítico, nos hace disciplinados y serviles: buenos ciudadanos. A éstos les recomiendo la simple tarea de leer Magnifica Humanitas, de León XIV, para aclarar un poco las cabecitas.

El Estado debe proteger a sus artistas. Guste o no, nosotros somos quienes aportamos día a día a la construcción del patrimonio cultural. Ya se perdió la sana costumbre de designarlos agregados culturales o becarlos. Por otro lado se perdió la sana costumbre de leer. Por el momento muy poco o casi nada podemos esperar. Cambalache se ha hecho carne y la sombra de don Quijote no es sino una tira cómica aparecida en la revista del no me acuerdo.

Hablamos de la caída, la vida misma es una caída, un salto al vacío. Cae un rayo, nos alcanza. Cae una granada desde un dron justo en nuestra trinchera, en ese trazo del destino, donde se nos ocurrió posar aquel instante En general ese es el tema de la escritura, de nuestra escritura como poetas. Otros querrán esquivar la sentencia y lo harán con cierto éxito y mucha pretensión sólo para llegar a un punto final. La escritura sigue siente el intento por robar el fuego a los dioses

El poeta es siempre señalado por una simbolización metonímica, por una reducción de imagen a cargo del mundo extra lingüístico, del administrador del discurso. Es más, los únicos intérpretes de la realidad actual son los filósofos y los poetas. Los filósofos a partir de un lenguaje más denotativo e inmediato y los poetas, por el uso de connotación y figuración. Ambos serán considerados visionarios, décadas después al ser leídos y difundidos por su peso específico; adelantados a la época. En verdad, apenas dan cuenta, al momento de escribir, de su contorno y de cuán difícil es avanzar en él.

Entonces, resulta más fácil al Estado eliminarlo que protegerlo. Y, sin duda, le resulta más útil.

3.- “La Inquietud Apacible” un hallazgo excepcional de un poeta que trasciende sus propios versos.

Al terminar al entrevista Juan Cameron me regala un ejemplar de “La Inquietud Apacible” (Ediciones Lugar de Palabras, 2026) su último libro publicado, donde crónica y poesía se entremezclan y nos prodigan una hermosa visión panorámica del autor, de su intensa vida que , como no podía ser de otro modo, ha marcado su obra poética y que seguramente se transformará en uno de los textos fundamentales donde el “fenómeno Cameron” se nos muestra con la sabiduría y oficio que sólo los grandes poetas son capaces de regalarnos .

Tal como escribe Jorge Boccanera sobre este maravilloso texto: “Lejos del poeta como “un pequeño Dios” de Huidobro, Cameron opta por el poeta mondo y lirondo. Un flaneur que deambula por los suburbios de las ciudades y arrastra sus pasos por baldíos, callejones, bares, estaciones de trenes y plazas. Un flaneur compelido, desde ya, porque sus textos llevan todos los sellos de inmigrante, el refugiado, el transterrado, el exiliado. Esta condición de errancia que subraya en el libro este epígrafe de Ekelöf: Yo soy un extranjero en esta tierra/pero esta tierra no es ninguna extraña dentro de mí”.

El contrapunto de estas palabras las encontramos en la maravillosa introducción escrita por Lila Calderón quien, casi como un susurro en el oído escribe: “Encontrarán aquí acontecimientos que, narrados o expresados poéticamente, se conectan a través de una columna vertebral que estructura este cuerpo de encuentros, sucesos curiosos, coincidencias memorables que asombran por su fluir expresivo. Donde hay horror, hay también humor, sorpresas, tiempos, paralelismos vitales. Hay amor, muerte, memoria, una vida entera que es el gran viraje, tránsito, peregrinación forzada, pasaje, registro. Sus narrativas, su arte poético. En ese registro, textos como “Sobre el Dolor” o “Calle Valparaíso 531” nos estremecen, nos muestran palabras elocuentes que Cameron, en tono poético, nos prodigan su esencia en estado puro: “Soy un tipo feliz; muy feliz. He sobrevivido y he llegado. Si quisiera exagerar podría presentarme como un sobreviviente del pabellón de los suicidas. Pero no es así. Me piden escribir sobre el dolor, mas éste no existe. Son instantes nada más, sensaciones producidas por un hecho exterior, por otros. Tampoco existe el arrepentimiento ni el perdón, pues ambos continúan ad eternum”.

Estas palabras conversan de manera fluida por ejemplo con el magnífico poema “Puesta la Escena” donde Juan Cameron nos declama:


“Mi familia era una obra shakespereana

años después conocí alguna tragedia

ciertos dramas a ratos confundidos

con el Círculo de Tiza Caucasiano

La casa de la infancia fue la mansión de Usher

Derrumbada en provincia por el fuego

Más de Poe no hubo reino en la ventana

Sino un cuervo o una rata junto al mar”.

O esta estrofa de una elocuencia prístina en el poema “Canción de Despedida” que nos muestra una disección del universo de Cameron:


“Encendí una vela en tu homenaje

roja como una amapola sobre la desbastada mesa florecía

Alguna vez sembré fuegos de día estanques en el patio

por gozar no más los elementos

Inútiles recuerdos

el agua vence al fuego y el tiempo a la memoria

Me hizo falta tu retrato”


4.- Epílogo en el Puerto

Termina de madrugada la intensa velada y sobre los tejados del Hotel Verso, despuntas los primeros trineos que anuncian el alba. El 4 de septiembre ha quedado atrás y con él su carga simbólica, más allá de balcones universitarios y caras de esperanza que hoy parecen desaparecer entre la bruma. Saco de mi bolso uno de los poemarios de Juan Cameron, recuerdo que tengo marcadas unas hojas. En medio del silencio de la habitación y mirando al horizonte aún adormecido recito:

“Desde lo alto los ciclistas migratorios avanzan a la estación terminal

Una bandada de hormigas signos

de otras edades abajo en el tablero

Mas desde la avenida no se aprecia el cortejo

ni las ovejas al crematorio

ni los suicidas al escenario

ni aquestas bestias al matadero

La orquesta de colores prosigue se persigue

se cruza en el espejo de los pájaros

uno toma la punta otro le continúa se renuevan

Ninguno parece circular en dirección opuesta

ni las ovejas al escenario

ni los suicidas al matadero

ni aquestas bestias al crematorio

La bandada pareciera continuar entre gritos o murmullos

Bien puede el paisaje confundirse con sus elementos

un mero montaje del ojo desde arriba

la vera invención de interpretar la imagen

vértigo de comprender los hechos

y estas ovejas al matadero

y estos suicidas al crematorio

y aquestas bestias al escenario”. (Poema Visión de los ciclistas).


Cameron for Ever…. Cambio y fuera.

(Rony Núñez Mesquida, escritor y columnista Le Monde Diplomatique)


Juan Cameron nació en Valparaíso, en 1947. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Chile y periodista colegiado en Suecia, donde estuvo exiliado tras el golpe de estado de Pinochet. Ha publicado, entre otros, los libros: Las manos enlazadas (1971); Perro de circo (1979); Cámara oscura (1985); Como un ave migratoria en la jaula de Fénix (1992); // í go back/ Si regreso (1993); Visión de los ciclistas y otros textos (1998); Jugar con la palabra (2000); Versos atribuidos al joven Francisco María Arouet y otros textos desclasificados (2000); Canción (2002); El bolero de los ángeles (2006); 50 poemas (2007); Treinta poemas para leer antes del próximo jueves (2007); Obra extranjera, 1989-2005 (2011); Last Night the War Ended (2011); Perro de circo (2011); Invocatios to Pincoya in the Country of Rain (2011); So We lost Paradise / Selected Poems (2013); Ciudadano discontinuado (2013); Bitácora y otras cuestiones (2014); Comme une bicyclette a l’air libre (2014); Fragmentos de un cuaderno con vista al mar (2015); Robert Burns y otros poemas (2015); Algunos poemas (2015); Poemas desde el andén (2016). Ha recibido los premios “Gabriela Mistral”, en 1982; “Revista de Libros”, del diario El Mercurio de Santiago, en 1996; “Consejo Nacional del Libro y la Lectura”, en 1999; Premio Internacional de Poesía Ciudad de Alajuela, en Costa Rica, 2004, y el Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero, del Ecuador, en 2014. Figura en una treintena de antologías de poesía chilena y latinoamericana

Ana María Matute en la sección "Indómitas y reflexivas".

Muy feliz de seguir con mi sección "Indómitas y reflexivas" en la revista Culturamas. En esta ocasión, abordo la poesía contenida en la obra "Paraíso inhabilitado" de Ana María Matute, gran mujer independiente y comprometida con la literatura. Muchísimas gracias a Jesús Cárdenas Sánchez, redactor jefe de la sección de poesía de esta revista, que siempre acoge con tanto mimo nuestro trabajo. ¡Espero que os guste y os anime a revisitar a una autora única!


ANA MARÍA MATUTE
Sep 30, 2026 | Indómitas y reflexivas

Por Marina Tapia.

La literatura acompaña esta soledad espinosa, esta necesidad de otros estratos de comunicación. Las que no queremos hablar sobre hechos insustanciales, ni hacer un recuento de nuestro día a día, ni posar la mirada sobre frases hechas y manidas sino, más bien, vagar entre sensaciones, ensueños y recuerdos difusos estamos destinadas al mundo de los libros. Tantas veces me he preguntado: ¿Con quién puedo contrastar estados internos que no tienen palabras definidas? ¿Con quién puedo ir acopiando revelaciones mínimas y sensoriales? ¿Con quién puedo comentar cómo cambia nuestro enfoque ante las circunstancias, cómo las nubes oscuras de los que te rodean sombrean los hechos, para ti, luminosos? Cuando no se quiere sentar cátedra y sólo se aspira a bucear en algo profundo, y a compartir un estado de observación, la mayoría de las veces solo encuentro a los libros. Ellos están ahí, ellos te acompañan en ese dialogar diferente, único y a destiempo. Siempre son interlocutores ecuánimes. En general, todo lo que busco vive entre sus páginas. Allí está la humanidad atrapada en sus historias, la emoción contenida en sus poemas. Custodian un precioso decantado de generaciones, saben a savia verdadera, van más allá de la argumentación o del deseo de llenar el vacío. Las descripciones ambientadas en la atmósfera de otra época calzan en la tuya porque todo cambia y nada cambia. Y una desea sumergirse en ese mar denso y a la vez cristalino, en ese medio más amplio y significativo que te presta voces de otras razas y espacios geográficos. Ser abducida unos días, unas semanas, largo tiempo. Ola luminosa que al final del proceso te devuelve a lo real con una sensación de nueva claridad.

Todas estas reflexiones nacieron leyendo «Paraíso inhabitado» de Ana María Matute. Me sentí hermanada con su voz, me sentí realmente en compañía. Mi niñez se abrazó a la niñez descrita por ella. A través del símbolo del unicornio que cobraba vida –excelente hilo conductor de la historia–, recompuso escenas olvidadas de mi pasado, apaciguó la necesidad de afectos duraderos, limpió la casa de mi memoria.

«Paraíso inhabitado», según mi opinión, es una obra de arte, no sólo por cómo describe con detalle y minuciosidad el paso de la niñez a la adultez, o por cómo construye, con una psicología profunda y verdadera, cada personaje de la trama (hasta los menos importantes en el engranaje), sino también por su lenguaje preciso y poético. Hay muchas capas en esta narración, es una obra que anima a la relectura. Se denuncia en ella la inmovilidad de las clases sociales y las normas relacionadas con los roles de género: «Los niños juegan con los niños, y las niñas, con las niñas». Hay, asimismo, una defensa de la individualidad, un mirada protectora hacia el ser humano diferente, el que se sale de la norma. Podemos comprender la vida de tantos niños y niñas desasistidos, que crecen en familias desestructuradas y que están a cargo de criadas, tatas, cocineras o cuidadores. Y entender cómo esos niños arman su propia ‘familia de elección’.

Es realmente un compendio extraordinario que me ha llevado a meditar acerca de la soledad, impuesta o buscada. Acerca de cómo construimos, en edades tempranas, un universo propio para alejarnos de lo establecido por los adultos y nos quedamos suspendidas eternamente en ese mundo de juegos, oralidad e imaginación sin límites. Este libro me ha ayudado a escuchar a la niña que soy –y a la que sigo siendo–, me ha acercado a la adolescente que fantaseó en exceso, y también me ha permitido atisbar los convulsos años treinta en España, la realidad de un país a punto de embarcarse en una guerra fraticida. Comparto un pasaje que describe deliciosamente las sensaciones vividas por Adriana, la protagonista, en el Cuarto Oscuro donde es encerrada: «Al principio, la oscuridad fue total, puesto que el único ventanuco, que daba al patio interior, estaba tapado por un armario. Luego, poco a poco, muy lentamente, fueron apareciendo distintas siluetas. Parecía que la oscuridad adquiría una luz propia, una luz diferente a la conocida: la luz de la oscuridad que luego, a través de los años, he llegado alguna vez a recordar. Me senté en el suelo, en un rincón, y estuve atenta a todo cuanto me rodeaba. Escuchaba y sentía una mezcla de curiosidad y desazón. Al poco, las siluetas de los armarios fueron tomando cuerpo en la oscuridad. No llegaban al techo y, unos más altos que otros, formaban algo parecido al contorno de una ciudad flotante que, en la oscuridad, adquiría una dimensión desconocida […] O mejor dicho, como si la misma oscuridad, cada vez más transparente, fuera una enorme lupa que aumentaba y a la vez aproximaba a mí cuanto me rodeaba: algo parecido a cuando, en soledad y silencio, poco a poco, me invadía otra oscuridad luminosa: aquella en la que me sumergía como cuando iba adentrándome en las páginas de un libro».

Gracias, Ana María, por conducirnos al mundo de la inocencia, de la amistad que se convierte en amor y en sincronía. Gracias por traernos el universo alegórico de los cuentos tradicionales, por enredarnos suavemente en tramas de apariencia sencilla (pero que encierran tanto). Gracias por tender un puente hacia la fábula –con sus arquetipos milenarios–, hacia lo simbólico y lo fantástico. Gracias por ser una escritora indomesticable que, a pesar de diversos episodios de censura, tuvo la audacia de trascender el realismo social imperante en su época, de poner el foco de atención en los marginados del mundo, de explorar a fondo y de combinar distintos géneros narrativos, de mantener su independencia y ser fiel a su tempo.

Sé que esta no es una reseña al uso, sino dejar constancia del vínculo que crea un libro con los lectores y lectoras. Es una invitación a lanzarse al camino de las lecturas capaces de marcarnos, la que contienen las gubias precisas que nos van cincelando. Leer: acto subversivo y nunca inocuo. Hay novelas que desatan un lenguaje milimétrico. Y qué fértil es charlar con Ana María Matute. Un abanico de imágenes florecen en esa primavera que sus textos despiertan. Su voz deja en nosotras sanación y un eco de instantáneas universales. Nos adormece su nana compuesta especialmente para acunar la pubertad. Restaura nuestra herida difusa con sus personajes vivos. Antes de «Paraíso inhabitado», había atesorado en mi biblioteca «Primera memoria», «Algunos muchachos», «El árbol de oro y otros cuentos» y «Los niños tontos». Toda su obra es un paraíso a recorrer, y ya me espera, promisorio, el vergel de «Olvidado rey Gudú».

La autora, en una de sus entrevistas, dijo: «A veces la infancia es más larga que la vida». Y al calor de sus letras una parece regresar a ese periodo donde lo que se buscaba era esconderse, correr a ese terrado que nadie visita, acampar en la oscuridad tras cortinas y biombos. Sentir la liberación que nos regalan los espacios ajenos a la mirada de los ‘Gigantes’. He aquí un delicioso y plástico fragmento en el que hace un guiño lorquiano y cervantino al mundo de los teatrillos de marionetas: «Empezaba haciendo funciones para la Tata e Isabel, con los brazos en alto y dos muñecos enfundados en mis manos de niña –aquellos puños pequeños y apretados–, y acababa siendo totalmente olvidada por las dos mujeres, hasta el punto de hacerme realmente invisible, como cada vez más me gustaba sentirme, Agazapada bajo el pequeño escenario, sentada en el suelo, con los muñecos a mi alrededor y a una suave penumbra atravesada por la luz rojiza que transparentaba el telón, pude escuchar infinidad de historias, sobre mi familia, sobre mí misma, sobre la familia de las Tatas, y sobre otras muchas cosas más. Fue mi nuevo refugio, y, aunque a ellas ahora sí conocían mi escondite, el saberlo las despreocupaba, y no me buscaban, ni me llamaban, ni me importunaban».

«Paraíso inhabitado» es un libro realmente revelador. No dejéis de leer a esta grandísima autora indómita y reflexiva.

Recital conjunto "Poesía de otoño" en el ciclo Con Voz Propia del Centro Artítico

Un verdadero placer haber compartido una tarde de poesía y amistad en el Centro Artístico. Gracias a Pilar Bueno Ferradas por esta cálida iniciativa que celebra la llegada del otoño con tan buena compañía.
Y gracias a Antonio Arneas por su completo reportaje en Ideal en Clase "Quince poetas dan la bienvenida al otoño en el Centro Artístico de Granada".






miércoles, 16 de septiembre de 2026

Presentación de "Nômade" en el Centro Artístico de Granada

Muchísimas gracias a mi querida Inmaculada López, escritora y bibliotecaria de la Biblioteca del Salón Mariluz Escribano, por tan completa e interesantísima presentación de "Nômade"; y al público amigo que generosamente nos acompañó en un día tan caluroso. Qué acierto la iniciativa de Francisco Acuyo que, además de acompañarnos en la mesa, grabó el acto para el programa de radio "La ciudad ilustrada". Muy contenta por la cálida acogida de mi trabajo: todos somos nómades, buscamos ese paraíso perdido que nos refleje. Gracias como siempre a Ángel Olgoso por sus fotos. ¡Una tarde maravillosa!