Ayer tuvimos una tarde fantástica en el taller de escritura de La Zubia. Muchísimas gracias a Teresa Gómez por su visita, sus comentarios, su lectura y la sabiduría que nos regaló. Todos hemos quedado encantados. Os dejó mis palabras de bienvenida.
PALABRAS PARA TERESA GÓMEZ
Es un gusto tener aquí, en nuestro taller de cada martes en La Zubia, a Teresa Gómez, una importantísima poeta que perteneció a un movimiento literario que nació felizmente en nuestra querida Granada: esta ciudad tan propicia a la poesía, quizá por el ensimismamiento que despiertan sus elementos naturales, o por esa riquísima mixtura resultado de las múltiples fuentes de las que ha bebido. Tenemos aquí, junto a nosotros, a una de las protagonistas con mayúsculas de La otra sentimentalidad, a una autora que compartió lecturas, conversaciones, actos, revistas y vivencias con poetas tan queridos y añorados como Javier Egea, y otros tan activos e impulsores de la cultura como Álvaro Salvador y Luis García Montero. Capitaneados por el magisterio de Juan Carlos Rodríguez, en especial por el sustento que proporcionó su libro ‘Teoría e historia de la producción ideológica’, esta corriente quiso renovar el panorama poético y traer, junto con la celebración de la democracia, otro lenguaje, otra mirada: comprometida, de concepción histórica, cercana con los lectores, consciente de que los parámetros cambian; quería fusionarse con la música, beber de su raíz popular, no por nada el lugar principal de reunión fue, como todos sabemos, La Tertulia. Ángeles Mora nos advierte de forma tan acertada en el prólogo de ‘La espalda de la violinista’, primer libro publicado por Teresa: «Nunca saldremos de la trampa ideológica en que vivimos si no rompemos las dicotomías que plantea la burguesía capitalista: privado/público, razón/sensibilidad».
Ser poeta, va más allá del número de poemarios publicados, de los galardones oficiales o de las fotografías en los medios. Ser poeta es seguir un oficio necesario, profundo y ser fieles al convencimiento que sólo a través de la poesía podemos dialogar realmente con la realidad. Ser poeta es esperar que un libro madure y que esté prieto y jugoso, para poder así recogerlo, sin prisa, en el tiempo indicado. Todo esto lo ha puesto en práctica Teresa Gómez, ella ha sido coherente con su camino íntimo, ella ha tenido siempre presente que la escritura es sobre todo trabajo y depuración, lenta mirada al mundo interior y al exterior, un encuentro verdadero con la palabra. Como confiesa, en calidad de amiga y compañera de escritura, Ángeles Mora: «Nunca he conocido a nadie que encarne tan bien a un cronopio de los que dibujó Cortázar. Por eso no es de extrañar que con ella ocurrieran cosas raras, como adquirir renombre por un libro que no se ha publicado… ‘Plaza de abastos’ ha circulado de mano en mano, como se divulgaban los manuscritos en el Siglo de Oro».
Ahora que las mujeres nos movemos a nuestras anchas por los terrenos de las lecturas y los encuentros literarios, quizá no se tenga tan presente −ni haya tanta conciencia− de las dificultades de ha sido ocupar un espacio junto a voces masculinas en otros siglos y generaciones. En la época de juventud de Teresa Gómez ya había más apertura y equidad pero, aún así, las mujeres han tenido que ‘demostrar’, más que los hombres su valía, han tenido diversos condicionantes −sutiles e invisibles− pero que estaban allí obstaculizando una fluidez de maniobra, tan diametralmente opuesta a los autores.
Por eso y porque la solidez de la obra de Teresa Gómez lo merece, quiero aprovechar de destacar la labor de apertura de puertas realizada por Ángeles Mora, Inmaculada Mengíbar y por nuestra querida autora que hoy nos acompaña. La Otra Sentimentalidad hubiera estado incompleta sin sus aportes y su compromiso.
Su mirada aguda y profunda, su sensibilidad nada complaciente y predecible, ese proceso de decantación que se aprecia claramente y que le ha valido a la autora ser finalista dos veces al Premio Andalucía de la Crítica, nos lleva a afirmar que es posible hablar de amor, de las relaciones humanas sin caer en tópicos e imágenes manidas. Un vocabulario preciso, plástico, que crea, en palabras de Juan Carlos Rodríguez: una auténtica metafísica del cuerpo.
Y como mis palabras no quiero que sean las protagonistas, y sólo deseo realizar una obertura luminosa, tal como lo son los poemarios de Teresa que hemos comentado en este grupo, os dejo con lo importante: la lectura en voz propia y en voz alta de sus textos.

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