Comparto con emoción esta crónica de la mesa redonda para homenajear a Jaime Siles. Espero que sirva de acercamiento a todas las personas que no pudieron acudir al Centro Lorca y que disfrutéis, tanto como yo, de las palabras del maestro y de los especialistas y amigos que lo acompañaron. Las fotografías que acompañan este resumen fueron tomadas por José Antonio Albornoz:
La Jornada de ayer miércoles, 9 de septiembre, dedicada a Jaime Siles, poeta ganador del XXII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada–Federico García Lorca, tuvo una gran acogida de público, que llenó la sala para acoger al poeta con admiración y entusiasmo.
El acto se abrió con unas palabras de bienvenida de Jesús Ortega, escritor y Focal Point de Granada Ciudad de Literatura Unesco. Se pasó luego a las intervenciones de la mesa redonda moderada por Remedios Sánchez, catedrática de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Granada, y compuesta por Jenaro Talens, escritor y catedrático emérito en las Universidades de Ginebra y Valencia, Sergio Arlandis, profesor titular de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Valencia y Sonia Fernández Hoyos, doctora en Literatura Española por la Universidad de Granada y profesora titular en la Universidad de Reims Champagne-Ardenne.
Remedios Sánchez comenzó su intervención exponiendo que Jaime Siles es uno de los poetas fundamentales de los últimos cincuenta años, además de un buen amigo. Destacó que en la mesa todos tenían ese vínculo de amistad, además de admiración hacia el escritor premiado. Lo definió como un intelectual completo: catedrático, crítico literario, filólogo, traductor pero, ante todo, un excepcional poeta: «Se le queda pequeño el término de novísimo, más que un culturalista es un transformador y renovador del lenguaje. Es admirable todo su trabajo, su concepto de poesía como reflexión lingüística –más sus estudios ontológicos con influencia de la tradición clásica y alemana e inglesa–, su conocimiento cosmopolita y profundo de la literatura que se evidencia en el ritmo y en la sintaxis, en los silencios y en las imágenes, en esa condensación verbal que resulta tan característica en su obra. Él tiene unos rasgos muy distintivos a los compañeros de generación». Remedios invitó y animó al público a darle un lugar preferente en cada biblioteca sentimental. Su análisis se detuvo especialmente en tres de sus libros: 'Música de agua', 'Semáforos, Semáforos' e 'Himnos tardíos', además de bucear en la esencia de su poética. «Jaime tiene voz propia. Explora el concepto de la soledad, convierte la vida y la experiencia individual en palabras precisas que sirven para interpretar la experiencia colectiva y social. Según mi parecer, en este autor el poema no es una vivencia directa, sino una elaboración reflexiva que desea ampliar su conocimiento de la realidad y que trasciende la emoción. Los clásicos en él conviven de una forma natural, son imagen y símbolo. El 'yo' es un modo de conciencia construido mediante el lenguaje. A partir de 1982 se ve claramente esa búsqueda de las palabras precisas, y el poeta evoluciona a la poética del silencio. Los poemas de Jaime funcionan a modo de fotografías empapadas de plenitud pero pasadas por el raciocinio, quedándose con la esencia. Es admirable como todos los títulos de sus libros tienen un gran valor simbólico, luce su arte para titular. Da voz a la comunidad, en su poesía el 'yo' es consciencia, es memoria. Él transita los limites de la comunicación porque busca ese espacio donde están los matices. Su poesía integra múltiples facetas: es un intelectual completo e imprescindible para entender la literatura del siglo XXI. Figura a la que debemos cuidar porque nos hace muchísima falta en estos tiempos complejos».
La siguiente intervención estuvo a cargo de Jenaro Talens, compañero de generación de Siles y con el que ha compartido gran cantidad de momentos y anécdotas en diversos enclaves del mundo (países, universidades, congresos, viajes...), una amistad de más de sesenta años. Con gran sentido del humor, dijo que en vez de poetas novísimos habría que aplicar el término de viejísimos. Y explicó que ese nombre dado a una generación era más bien el nombre de un libro que después se aplicó a un grupo: «En cualquier caso, somos la generación que podría llamarse del lenguaje». Genaro emocionó al público con la lectura de una semblanza que recorrió desde la época de su juventud hasta el presente, vertebrando su historia de amistad, encuentros, caminos y hallazgos comunes, comenzando su narración con un 'Érase una vez', y en la que Jaime Siles fue retratado como «un joven que parecía haber leído todos los libros del mundo y, por supuesto, todos los de poesía, además daba la impresión de sabérselos de memoria, citando versos en los momentos más variopintos y en los momentos oportunos», Genaro comentó que entre ellos intercambiaban poemas como si fueran cromos y que, junto a Guillermo Carnero, formaron el trío de amigos que ha sobrevivido a multitud de naufragios y que sigue vivo. «Jaime era el que parecía más asentado y con las ideas más claras sobre cuál sería su porvenir. A veces nos preguntábamos Guillermo y yo cuándo dormía este hombre. Su fama de empollón no le había caído del cielo, el podía sustituir al profesor porque sabía más que el profesor. Siles, además, siempre ha tenido un carácter mediador y diplomático, es una de las características de su espíritu. Estamos ahora en este extraño territorio llamado jubilación, pero la gente como él nunca se jubila. Jaime siempre está embarcado en proyectos. Quizá como decía el poeta de Isla Negra: 'Nosotros los que fuimos ya no somos los mismos', pero algunos me temo que sí, porque aunque él sea casi octogenario, yo sigo viendo en Jaime a ese joven que quería comerse el mundo y que no ha perdido en absoluto el apetito. Así que voy a terminar este relato con un 'colorín colorado este cuento no se ha acabado' ni tiene la menor intención de acabarse».
El siguiente ponente fue Sergio Arlandis, especialista en Siles y que ha hecho varias ediciones críticas de su obra. La exposición de Sergio se centró en su mirada como lector de su obra: «He tenido la fortuna de ser un lector asiduo de su creación, además de ser un crítico de ella. La huella de su poesía, al mismo tiempo que te acaricia, te deja importantes marcas, heridas de reflexión. Una de ellas la pondría en 'la paranoia del yo', las extraordinarias paradojas de ese yo. El yo en su trabajo es un agujero que encarna las voces de todos los que lo leemos. Cabe su experiencia y la nuestra. Eso me llevó a pensar ¿el lenguaje hasta qué punto nos identifica? Para llenar nuestra identidad elegimos el lenguaje. Su poesía nos lleva al límite de las posibilidades del lenguaje y también a su raíz. Construye su identidad desde dos conceptos: movimiento y quietud. Esto se puede apreciar en el título de dos de sus poemarios que muestran estos opuestos, por un lado 'Música de agua' y, por otro, 'Columnae'. De todas maneras, hablamos de un movimiento interior. A veces la poesía es inconsciente aunque el poema es consciente. Y esa dicotomía el autor la canaliza a través de la musicalidad. Muchos de sus textos tocan al lector a través del oído. Es un artista perfecto en esa técnica y en ese arte de la composición. Y otro debate que se abre en su mundo es la forma de la continuación y la forma de la fluidez del lenguaje. Cuando busca ser contenido lo es porque juega con el lenguaje y con el silencio según sea preciso. Al modo juanramoniano, su poesía intenta concentrar al máximo todo lo que las palabras pueden dar». Finalmente agradeció a las personas y a las instituciones que han tenido el acierto de darle el Premio Federico García Lorca a Jaime Siles, un reconocimiento más que merecido.
Posteriormente, Sonia Fernández Hoyos, encargada de la antología publicada por la editorial Comares y que contó con el apoyo del Ayuntamiento de Granada, se refirió a la condición del autor de vivir entre lenguas, destacando su faceta de traductor a más de nueve idiomas y de diversos géneros literarios: «Es una persona que está más allá del límite del humanista, su aproximación a las lenguas determina su manera de hacer poesía. Él mismo nos dice: "En algunas lenguas me gustaría vivir; en otras, sólo me limito a pensar. Cuál es mi lengua nunca lo sabré, pero el latín se aproxima bastante". En él está el sujeto nómade. Su carrera comienza en los años sesenta. Es un poeta que ha obtenido los premios más importantes. Ya desde sus primeras publicaciones, tuvo la atención de los críticos; ha sido un poeta estudiado aquí y en el extranjero; hay un aparato crítico sobre él muy importante». Sonia habló de las etapas fundamentales de su obra. La primera está formada por sus primeras plaquetes, por 'Canon', por 'Alegoría' y por 'Música de agua'. Fase que se caracteriza por devolver la pureza al lenguaje, a los orígenes. Se le ha elogiado mucho la atención a la estructura tan bien construida de sus poemarios; son concebidos como algo cerrado, pero que no ahoga el sentido. En su segunda etapa está marcada por un cambio de formalización. En ella se pueden identificar 'Columnae', 'Poemas al revés', 'Semáforos, Semáforos' y su libro de poesía infantil 'El Gliptodonte'. Aquí brilla la arquitectura del sonido a través de formas como la endecha, la elegía, la décima, el soneto, la lira. Hay juego en sus creaciones, también un punto de posmodernidad e ironía. La tercera etapa la conforman 'Himnos tardíos' y 'Pasos en la nieve'. Se produce un cambio de tono decididamente elegíaco, y se añade la reflexión sobre el paso del tiempo. En su última etapa que perdura hasta el último libro publicado el 2024, 'Desde el fondo del tiempo' es la más existencialista, vemos textos polimétricos, más reflexiones metafísicas. La antóloga contó a los asistentes que escogió, para esta antología, textos de todos los libros de poemas publicados, intentando dar preferencia a los que estuvieran menos recogidos en otros compendios: «El título de esta edición es un verso del poeta 'El lenguaje, el mundo, la palabra', enumeración de los núcleos de sentidos a partir de los cuales se ha sustentado su poética».
Y para finalizar el acto llegó el momento que todos esperábamos, ese broche de oro: la lectura del protagonista de esta jornada. Abrió su intervención agradeciendo a los asistentes y manifestando su alegría por el premio recibido. También elogió la labor inmejorable de la profesora Soria Fernández Hoyos. Su primer planteamiento fue toda una declaración de principios: «Yo sí creo en la tradición, incluso aquellos poetas que creen que escriben contra ella, eso ya es tradición también. Toda vanguardia se convierte en tradición. Esos dos polos tradición y vanguardia han sido la dialéctica que ha guiado mi escritura. El culturalismo fue en punto de partida, pero nos dimos cuenta de que el culturalismo era algo así como unos 'nuevos ricos' de la cultura. La cultura tenía que estar ya dentro del texto, absorbida por él. En mi época, a veces, los títulos eran más largos que el poema mismo. Y quiero contar una anécdota que me valió para pensar en ello. En la calle, vi un anuncio de calzoncillos cuyo eslogan decía: 'Nunca tan poco vistió tanto' y yo me dije: esa va a ser mi poética de ahora en adelante, decir lo máximo con lo mínimo. Cada generación debe limpiar el lenguaje, esa es la función de la poesía, es como una tienda de lavandería y tintorería que tienen que poner en marcha las nuevas generaciones. En las dictaduras se pervierte el lenguaje. Otro aspecto que quiero defender es que –para mí– el principal protagonista de la literatura es el lector. En Granada ser poeta tiene poco mérito, todo el que nace aquí viene con un poema en la boca». Posteriormente pasó al recitado de sus textos, comenzando con la 'Tragedia de los caballos locos', tan alabado por Vicente Alexaindre y uno de los más conocidos del autor y que lo puso en el punto de mira. Otros de las piezas leídas fueron: 'Biografía', 'Convento de las dueñas', 'Música de agua', 'La tierra de la noche', el soneto a la poesía titulado 'Propileo', 'Glosa a Gracián', 'Himno a Venus', la autoironía 'Acis y Galatea', 'El lugar del poema', un largo y sentido texto dedicado a su amigo Jenaro Talens 'De vita philologica', cerrando su luminoso recitado con 'La cuestión homérica: a vueltas con La Ilíada', poema en que se explica por qué existe la literatura. Jaime Siles iba introduciendo cada texto con muchas anécdotas, humor y dando deliciosas pistas del momento en que fueron gestados. Y desearía terminar esta crónica con los últimos versos leídos por el maestro:
«Nada muere en el verso: el ritmo del hexámetro
Con su ámbar protege el tiempo que no acaba
Nunca de suceder, pero el nuestro termina.
No: no mueren los héroes de 'La Iliada'
sino nosotros, sus lectores, que, a diferencia de ellos,
somos lo que somos pero sólo una vez.
Sólo como ficción el ser perdura. Pero nuestra epopeya
no es el combate en las playas de Troya
sino otro más humilde, condenado
a un oscuro y anónimo morir. Por eso mismo
siguen teniendo su sentido Héctor y Aquiles,
Patroclo, Príamo, Helena, Agamenón.
Ellos ni morirán ni han muerto, pero nosotros sí».





No hay comentarios:
Publicar un comentario