martes, 8 de septiembre de 2026

La poesía de Álvaro Cunqueiro en Horizonte Garnata

Gracias a la revista Horizonte Garnata por el espacio para reflejar mis impresiones de un gran autor, Álvaro Cunqueiro, conocido más bien por su narrativa que por sus poemas. ¡Espero que os guste este acercamiento!



Conocido especialmente por sus imaginativas y exuberantes novelas y por sus miles de artículos compilados temáticamente (viajes, gastronomía, leyendas, tradiciones populares, esoterismo, ruta jacobea, etc.), descubrir al poeta me ha permitido completar su polifacética figura, entrar en un cosmos fascinante donde una quisiera perderse en su umbría durante largas temporadas.

Este verano, mi compañero y yo tuvimos la ocasión de consultar los archivos de Cunqueiro que se encuentran en la Fundación Penzol de Vigo: numerosos documentos perfumaron nuestras manos, originales de sus libros, cartas, borradores de artículos, conferencias, pregones, guiones radiofónicos y poemas que desprendían un tibio aroma a pasado. Me quedé prendada de su lírica, escrita con letra pequeña e inclinada, o a máquina de escribir con tinta negra y roja. Creaciones delicadas apresando estampas naturales y amorosas, pero también textos desgarrados como el que tituló «Cobardías tristes de hombres y pueblos».

Me sorprendió ver la gran cantidad de borradores que se conservan y que, como he comprobado posteriormente, no están recogidos en antologías. Al leer los versos de Cunqueiro, sentí esa emoción que se desata al hallar algo único y vibrante. Tomé fotografías y transcribí a mano algunas de sus piezas. Luego, en su casa-museo de Mondoñedo –donde nació, vivió más tiempo y con más ardor fabuló su mundo–, pude leer otros poemas en diversos paneles expositivos donde se explicaba que sus primeros escritos y publicaciones fueron en verso. Lamentablemente no sé leer gallego, y la mayoría de lo expuesto estaba en esa dulce lengua.

De vuelta a Vigo, indagué en la biblioteca de Chapela algún poemario de Cunqueiro pero sólo disponían de una recopilación en su lengua materna. Pero al volver a casa, a Granada, mi compañero –que atesora toda su obra en prosa– encargó una de las pocas ediciones bilingües de su obra poética.

Publicada por Plaza & Janés en 1983, dentro de la colección Selecciones de Poesía Española, esta pequeña joya a cargo de César Antonio Molina nos regala, además, un amplísimo estudio inicial del compilador antes mencionado, y una bibliografía que agrupa los títulos de gran parte de lo publicado tanto en gallego como en castellano (en poesía, narrativa, ensayo y teatro); terminando el introito con una útil lista de artículos y ensayos sobre la obra de Cunqueiro.

Leyéndolo, no sólo nos enriqueceremos con palabras y expresiones gallegas tan hermosas como dorna, nao o luar, también con los encantadores giros y términos inventados por él; además nos nutrirán las citas e intertextos que incluye en sus poemas de varios idiomas (italiano, francés, latín…). Álvaro Cunqueiro fue un hombre culto y muy leído, un espíritu inquieto y sensitivo que se empapaba de todo lo que veía y escuchaba en tabernas, en boticas, en barberías, en mercados y puertos, en corrillos y fiestas de pueblos, en ambientes cultos y profanos.

Iba acopiando, en su morral de eterno peregrino compostelano y universal, todo aquello que podía dar un brillo particular, matizado y hasta mágico a la escritura.

A mí me conmueven este tipo de escritores inquietos, que no se quedan en su zona de confort, en lo romo y fácil (que puede acabar convirtiéndose en una mercancía complaciente). Me siento identificada con los que se interesan a la vez por las vanguardias y por núcleos olvidados, que revisan y vuelven al pasado para rescatar fórmulas sonoras, argumentos sustanciales, ángulos de mirada más amplios, en fin, lo que otros siglos dejaron sobre la mesa de los tiempos y hemos perdido, entre moda y moda, entre corriente y corriente. El anacronismo no siempre es un defecto; qué pronto se agotan los ‘ismos’ y lo nuevo, cómo se caen de las manos los libros que se sumaron a lo pasajero, aquellos que olvidaron la esencia de la poesía por ocupar un lugar en un panorama ávido de novedades. Con sus creaciones, Cunqueiro hizo florecer lo que Valle-Inclán llamaba «la flor del milagro».

La obra poética del autor está compuesta por cinco libros en gallego y uno en castellano, además de múltiples poemas sueltos publicados en revistas y periódicos. Esta antología bilingüe recoge una muestra de «Elegías y Canciones» (1940), «Poemas y cuatro prosas» (1951-1952), «Mar al norte» (1932), «Cantiga nueva que se llama ribera» (1933), «Poemas de sí y no» (1933), «Dama de cuerpo delicado» (1950), «Hierba aquí o allá» (1980), «Otros poemas no recopilados» (1950-1975) y fragmentos de «Crónica de la derrota de las naciones» (1954).

César Antonio Molina, en su estudio inicial, rescata las palabras de Álvaro contando sus primeras experiencias lectoras:

«Llegaba a veranear a Mondoñedo, desde Madrid, el fino poeta José Ramón Santeiro. Traía las novedades para mí, literalmente, una nueva luz: los libros de Alberti, Cernuda, Lorca, Guillén, Salinas… ¡Qué inmensa borrachera de poesía en el bosque de Silva, a la sombra de los plátanos, como en los diálogos platónicos». Esas lecturas primeras y constantes de libros de poesía se traslucen en el universo que fue creando. Es fácil advertir en los narradores esa textura que ha dejado en sus trabajos su vínculo primero con lo lírico.

Molina también nos aclara: «Tras el descubrimiento definitivo de los cancioneros galaico-portugueses en la edición de J.J. Nunes, nace el neotrovadorismo como movimiento verdaderamente autóctono. Fermín Bouza Brey lo iniciaría con el poemario «Nao senlleira», pero la posterior incorporación de Cunqueiro le dará su verdadero realce con «Cantiga nova que se chama ribeira». Y justamente esta obra mencionada guarda una belleza única que sigue maravillándonos y transportándonos a ese lenguaje claro, musical y cristalino de las Cantigas de amigo. Cuando tuve la fortuna de transitar muchos de los mismos paisajes del poeta, el Barrio de Os Muiños con su puente de Pasatempo y su río Valiñadares, la hermosa Catedral Arrodillada, La Fuente Vieja, todo el valle, una siente más hondo sus versos: «Otoño rápido de gaitas, / mocero de alegres lluvias», «Muñeira de cien aguas / nos enseñó a bailar», «Tiene un río de pájaros / que desemboca en canción», «Ésta es la noche de moler el grano del viento».

Serían tantísimas las cantigas de Cunqueiro que me gustaría compartir. Os dejo con uno de estos poemas neotrovadorescos como muestra, que fue musicalizado en 1975 por el cantautor Luís Emilio Batallán:

En el nido nuevo del viento
hay una paloma dorada,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla!

Canta al luar y al alba
en flauta de verde olivo.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

Tiene aires de flor reciente,
cosas de recién casada,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla!

También tiene sombra de sombra
y andar primero de río.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

Otro conjunto llamativo y sorprendente de esta antología es «Elegías y canciones»; en él brillan cuatro sensitivos poemas dedicados a animales: «Ruiseñor corazón», «Ciervo, ave feliz», «Paloma, tibia manzana» y «Alondra, voz que cantas». El poeta no sólo despliega su capacidad de describir con mínimos detalles las características de los pájaros, sino que es capaz de hacer una fusión armónica del mundo marino con el aéreo y el terrestre, capaz asimismo de reflejar en cada uno de ellos un estado de ánimo particular.

En el primero, la voz poética carga una fuente de silencio que añora un amor perdido. En el segundo, dialoga con el ciervo preguntándole por la sombra de su amada. En la tercera, la luz en los ojos de la paloma simboliza la esperanza en el amor que no muera. Y en la última composición, se pide que la alondra surque su cuerpo dando vida a su espíritu envuelto en desamparo.

Traigo a este pequeño artículo otra muestra estimulante de la lírica de Cunqueiro, extraída y transcrita de uno de los manuscritos albergados en sus archivos, y que no aparece en la antología:

COBARDÍAS TRISTES DE HOMBRES Y PUEBLOS

I
Hay pueblos que ríen……. pueblos que al reír, ríen llorando
¡Hay pueblos que ríen!…….. ríen carcajadas de dolor, histerismos
exóticos, mientras mueren…
Ríen carcajadas de dolor, porque riéndolas se engañan a sí mismos
Ríen….. ¡por cobardía!
Y hay hombres como pueblos….. y esos hombres como esos pueblos
ríen también…. ríen porque sufren; ríen porque mueren y ríen también…
¡por cobardía!

II
Hay pueblos que lloran… Pueblos que al llorar, lloran riendo
¡Hay pueblos que lloran!… ¡Lloran lágrimas de alegría, histerismos
exóticos, porque viven….
Y lloran lágrimas de alegría…. porque llorándolas se engañan a sí mismos….
Lloran…. ¡por cobardía!
Y hay hombres que son como pueblos…. Y esos hombres como esos pueblos,
lloran porque mueren, lloran porque viven y lloran también
¡por cobardía!

III

Ríen los primeros, para que los demás, no viéndolos o no creyéndoles
muertos, no los entierren…
Lloran los segundos, para que los demás, no viéndoles o no creyéndoles
pletóricos de vida no sientan ganas de matarlos
Yo les gritaría:
¡¡¡Cobardes!!!

En este poema, el juego con las variaciones a partir de dos palabras, llanto y risa, logra denunciar al ser humano que se acomoda y se refugia en sí mismo, en sus ritos y rutinas, en sus condicionamientos, sin prestar atención al resto de la humanidad. Creo que es un texto que sigue estando vigente.

En la mayoría de sus libros y artículos, se aprecia esa capacidad de Cunqueiro para retratar el ambiente y las personas, para envolver al lector con pocos elementos y trasladarnos (sobre una alfombra hechizada) a esa Galicia colorida a la vez que melancólica, a su Mondoñedo de brumas rumorosas y viejos molinos; al espíritu del Atlántico con sus faros, su «mar y viento duro»; sus rías mecidas por las algas; «desconocidas islas» y «veleros que se hunden en el horizonte»; «bueyes color tiempo» y «bosques perezosos».

No quiero dejar de destacar el gran número de composiciones dedicadas a otros creadores y a personajes de todos los tiempos como Hölderlin, Rilke, Pero Meogo, Antonio Noriega Varela, Ulrico von Hutten, Lord Dunsany, Edipo, Paltiel, Dánae, Feliciano Rolán, etc.

Para finalizar este acercamiento, traigo aquí un fragmento suyo que podría valer como autorretrato:

Ese alguien de mí que nunca vuelve
al agua de la infancia
sin saber salir del laberinto.
Ese que es otro hombre que yo llevo
derrumbado sobre mí
o como la hiedra que 90 robles abraza.
[…]
Pero el yo que vive y anda
resiste y no olvida nada,
despidiéndose harto de vida
cuando mi vida y la suya terminen.
Pero yo resucitaré que sólo vuelven
los que recuerdan, compañeros.

Deseo con intensidad que vuelva viva a vuestras lecturas la obra de Cunqueiro, quien dijo humildemente: «No he pretendido nunca ser un poeta inspirado y luminoso. Con mis propios poemas he intentado explicarme a mí mismo qué cosa es la poesía». Deseo que resurja aquel que promovió el milagro artístico, simbólico, humano, de que Galicia durase mil primaveras más, como él mismo anheló en su lápida.

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