SEGUNDO EVENTO DE LAS JORNADAS DEDICADAS A SAN JUAN DE LA CRUZ
Os dejo con algunos apuntes de la impresionante actuación que se llevó a cabo ayer, viernes 2 de octubre, con el deseo de que este texto os transporte a ese momento único que vivimos, donde la fusión de la música y la poesía maravilló al numeroso público asistente al concierto en la Casa de los Tiros.
La velada comenzó con unas palabras de bienvenida de Jesús Ortega, Director y Focal Point de Granada Ciudad de Literatura Unesco. Se hizo la presentación de los artistas invitados: Jesús Hernández, músico y compositor, y Sergio Gómez ‘El Colorao’, cantaor de flamenco.
Un patio sobrio y a la vez cálido acogió los textos de Juan de Yepes. La arquitectura, y cada material de la Casa de los Tiros, enmarcaba perfectamente esa tarde otoñal de trance colectivo: gran cortina de esparto, ventanas de madera oscura, techo abierto al cielo por el que pasaban –de pronto– bandadas de pájaros, suelo de empedrado granadino, columnas de mármol, paredes intensamente blancas y una discreta fuente central acogían la 'música callada’. El brillante lacado del piano reflejaba los rostros de los presentes como si se tratara de un espejo. Silencio y atención absoluta, entregados los cinco sentidos, quizá experimentábamos una especie de rapto o transporte místico, tal como hubiera querido el protagonista de la jornada.
Las dos primeras actuaciones recogieron fragmentos de su «Cántico espiritual»:
«Mi alma se ha empleado,
y todo mi caudal en su servicio;
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio.»
«Mi Amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos».
La tercera intervención, con aires de cantiñas, se centró especialmente en «Llama del amor viva», obra cumbre de la mística y de la literatura. Os dejo con dos de las estrofas interpretadas:
«¡Oh, regalada llaga!
¡Oh, mano blanda! ¡Oh, toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!;
matando, muerte en vida la has trocado».
«Del Verbo divino
la Virgen preñada
viene de camino.
¿Si le dais posada?»
El teclado del piano transmitía la fuerza de los versos. La voz vibrante y emocionada del cantaor llenaba el espacio. Piano y voz: dos instrumentos que dialogaban perfectamente.
En la cuarta parte de la velada, la obra de Lorca tomó la palabra. Esta vez brilló por colombianas el icónico poema:
«Cuando llegue la luna llena,
iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago
en un coche de aguas negras.
Iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera.
Iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüeña.
Iré a Santiago.
Y cuando quiere ser medusa el plátano.
Iré a Santiago».
En la quinta pieza ofrecida, el piano potente y rotundo de Jesús Hernández envolvió la voz de Sergio Gómez que nos hizo volar hasta el «Cante Jondo» de Lorca:
«Entre mariposas negras,
va una muchacha morena
junto a una blanca serpiente
de niebla.
Tierra de luz,
cielo de tierra.
Va encadenada al temblor
de un ritmo que nunca llega;
tiene el corazón de plata
y un puñal en la diestra.
¿Adónde vas, siguiriya,
con un ritmo sin cabeza?
¿Qué luna recogerá
tu dolor de cal y adelfa?
Tierra de luz,
cielo de tierra»
En la sexta interpretación se regresa a San Juan de la Cruz. El compás estaba marcado por un palo de granaína que iba acompasando el poema «Sin arrimo y con arrimo»:
«Y, aunque tinieblas padezco
en esta vida mortal,
no es tan crecido mi mal,
porque, si de luz carezco,
tengo vida celestial;
porque el amor da tal vida,
cuando más ciego va siendo,
que tiene al alma rendida,
sin luz y a oscuras viviendo».
Terminada esta pieza, los artistas comentaron que luego de la musicalización de dos de los grandes de la lengua castellana –Lorca y San Juan de la Cruz–, ahora pasarían a otro grande, a Cervantes, y que la composición estaría basada en la carta que el autor del Quijote escribió estando preso. También relucieron los emocionantes versos:
«Aunque pensáis que me alegro,
conmigo traigo el dolor.
Aunque mi rostro semeja
que de mi alma se aleja
la pena, y libre la deja,
sabed que es notorio error:
conmigo traigo el dolor.
Cúmpleme disimular
por acabar de acabar,
y porque el mal, con callar,
se hace mucho mayor,
conmigo traigo el dolor.»
Se finalizó con otro texto de Cervantes por jaleo extremeño:
«Madre, la mi madre,
guardas me ponéis;
que si yo no me guardo
no me guardaréis.
Dicen que está escrito,
y con gran razón,
ser la privación
causa de apetito;
crece en infinito
encerrado amor;
Por eso es mejor
que no os encerréis;
que si yo no me guardo
no me guardaréis».
Palmeo del cantaor, y fuertes palmas de ovación del público, que pidió una última actuación. Finalmente, el concierto fue rematado por una fusión de tientos a tangos.
Eventos así son necesarios porque acercan la poesía a todos, porque la sacan del marco –íntimo y solitario– de los libros, y la vuelven espacio común, lenguaje compartido. También porque hacen que los grandes autores y autoras sigan viviendo en otros siglos que necesitan de su profundidad y de su mirada sensible.
Gracias al Ayuntamiento de Granada, a través del programa Granada Ciudad Unesco de Literatura, y del Consorcio Granada Capital Europea de la Cultura 2031, por haber impulsado estas jornadas de recuperación de la memoria de San Juan de la Cruz en su relación con Granada.











