Muy agradecida a la poeta Marga Mayordomo por tan profunda y minuciosa reseña acerca de "Mixtura. Antología personal" (Averso, 2025), publicada en la revista Almiar. ¡Un gusto compartir su mirada!
Tiene Marina Tapia, poeta nacida en Valparaíso, Chile, y afincada en España desde el año 2000, la contundencia y el oficio de quien lleva a sus espaldas una larga trayectoria literaria. Esto se evidencia en los poemas seleccionados de los diez libros, más dos exentos, (entre 2013-2024), recogidos en la antología Mixtura (Aliar Ediciones, colección Averso, 2025). Unos poemas que transitan, entre lo íntimo y lo exterior, el dentro y el afuera, es decir entre el mundo de la experiencia y el mundo físico, a cual de mayor enjundia.
Aun cuando cada poemario tiene su trasunto y su parámetro estético, sí podemos observar un ecosistema atravesado por huellas y/o afinidades con algunos autores consagrados como García Lorca, Rubén Darío, Gabriela Mistral o Emily Dickinson, por mencionar solo algunos, así como por temas recurrentes como pueden ser la identidad femenina, el amor, el erotismo, la errantía, la libertad, la naturaleza, y la metapoesía.
Probadme, mordisquead mis pensamientos, // … Me doy / pero me guardo, / he ahí mi mercancía. / Dejadme que conserve / algún secreto / furioso / entre los dientes. // Por lo demás, leedme sin piedad.
De ese modo, en títulos como 50 mujeres desnudas, Relámpago en la habitación, El deleite, Corteza y en Exentos II-III, cobra preeminencia, grosso modo, el tema de la mujer: su revalidación como ser libre, dueña de su cuerpo, su sexualidad, su pensamiento; dueña de su acontecer vital, en definitiva. Estos presupuestos, que constituyen toda una «declaración de intenciones» de la poeta, los vamos a encontrar sobrevolando, a lo largo de toda la antología.
Almidoné mi cuerpo / y tenso se dispone a tu arrebato. // Escucha / la lujuria es santa
En otros libros como Marjales de interior, Jardín imposible, Islario, y Piedra que mengua, la prima donna ahora son los paisajes a un lado y otro del Atlántico y/o la naturaleza, bien de forma autónoma, o bien imbricada con el erotismo, y a veces con el recuerdo. Así nos escribe:
Cristalina, radiante marcharé hacia la costa / después de copular con el azul.
Finalmente, en enunciados como Bosque y silencio, Kilim de palabras y Exentos I, el centro de atención es la metapoesía, es decir, la preocupación de la autora por el lenguaje poético, por el proceso de escritura; preocupación que también es visible, en mayor o menor medida, en toda la obra.
En secreto lo alumbro / con dolor y placer, / conduzco a mi exterior / un hato de preguntas, / de mieles y quejidos / que llamo poesía.
En cuanto al estilo, observamos una escritura que se incardina en la línea clara, con finales conclusivos o aforísticos en algunas ocasiones. Aunque hay textos en prosa la mayoría adoptan la forma versal, conformada por un vocabulario accesible, sencillo, y con signos de puntuación. La sintaxis es limpia y sin rebuscamientos y tiene una lógica correcta. Una sintaxis que liga las palabras, que no busca la ruptura, sino la alianza; de hecho, llama la atención la fluidez del verbo, como si a Marina le manaran las letras sin esfuerzo. Por otra parte, existe una preferencia por la primera persona, (de hecho, la única voz es el yo poético), así como por el verso libre, con presencia de los clásicos heptasílabos, endecasílabos, y alejandrinos, aunque puntualmente se opta por otras medidas, lo que dota de buen ritmo y/o musicalidad al poema. Utiliza con soltura recursos retóricos como metáforas, metonimias, encabalgamientos, al igual que originales imágenes de bello impacto.
Espada del crear, / tormenta de ir vistiendo / de fuego las palabras, / de acometer al mundo, / de estremecer al lobo del silencio.
Si bien, lo dicho sobre el estilo se adapta a la mayoría de los epígrafes, en Jardín imposible y en El deleite la lengua se hace menos fresca menos contemporánea. Aquí el lenguaje discurre por caminos líricos de sesgos más románticos, donde destaca el virtuosismo técnico. Ahora se maneja un léxico de gusto, elevado, preciosista y sensual, que persigue el perfeccionismo y la belleza de la palabra; palabra que acostumbra a demorarse en el sentimiento, o en jardines exóticos de fontanas, hadas y deidades, entre otras cosas de ese cariz.
Ah, ¿cómo prohibir / al tímpano que guarde cada risa y ahogo, / cada voto y suspiro / que sale del arroyo de tu boca?
… yo calzo las sandalias que conducen / a la arboleda de los dones, / a las Ninfas del Atardecer.
Finalmente referirnos a la temperatura de la lengua. El tono que encontramos es habitualmente apasionado, vehemente y lleno de sentimientos; y al mismo tiempo armonioso, y amable, en donde siempre hay hueco a la esperanza y al optimismo. Es un tono exento de acidez, de aspereza, o de volteretas al vacío. No hay transgresión, ni sobresaltos, ni en la forma ni en la lógica. Tampoco dudas, o territorios inciertos, sino que hay seguridad del verbo en su plenitud poética.
Lucharé por tu cuerpo / de gamo iluminado en la tormenta. //… Yo te rescataré sobre mi lecho; / Tu alarido será / tan alto / tan espeso. / Nadie te raptará de mi jardín. / Ni siquiera / la vida.
En resumen, nos encontramos ante una poesía consolidada, de fuerte componente experiencial y alto lirismo, recorrida por una única voz rotunda, convencida del terreno que pisa; la voz de una mujer del presente, enamorada de la vida, segura de sí y de su pluma, que no es lluvia ácida sino belleza y armonía de la palabra escrita. Así lo manifiesta ella misma.
Esperando aumentar mi colección / de íntimos tesoros, recurrí con esmero; / a la lectura suave en tus oídos, / al verso que acorrala, / hechizos de la voz. // Debo confesar a mis lectores / que utilicé el poema / de señuelo.

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