Mostrando entradas con la etiqueta reseña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reseña. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de julio de 2026

Reseña de "Nômade" por Mª Antonia Collado Luengo en CaoCultura

Muy feliz de compartir está reseña acerca de mi último trabajo "Nômade" (Entorno Gráfico, 2026), escrita por María Antonia Collado Luengo y publicada en CaoCultura. ¡Gracias por su lectura tan generosa!


<<PERDERSE PARA SER

... Algunos libros me dan compañía y alivio [...]. El último ha sido el reciente poemario de Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975), un libro que declara su intención de abrir puertas a espacios nuevos desde el mismo título, "Nȏmade".
Marina Tapia reconstruye en este libro un laberinto sustentado en espacios concretos y en las experiencias en ellos vividas. Poeta, artista plástica y divulgadora cultural, la escritora  conoce el desasosiego de sentirse extraña en tierra extraña y esa emoción perdura pese a estar firmemente asentada en un territorio con nombre concreto: Granada.
Se estructura el libro en dos partes bien diferenciadas que permiten al lector transitar espacios poéticos que, tras una primera lectura, pueden parecer divergentes, pero que, en  un segundo acercamiento, se revelan como complementarios.
En la primera sección del poemario, “Cuaderno portugués”, Tapia reúne un conjunto de poemas que nacen de su estancia en Óbidos. Son poemas melancólicos en los que el espacio y el tiempo se fusionan con la insistencia de un deseo por cumplir: el de fundirse con la cultura, con las personas, con el paisaje del país que la acoge.
En poemas como “Vivir”, Tapia reconstruye la extrañeza, otras veces vivida, de sentirse extranjera, una extrañeza que ahora se intensifica “en medio de otra lengua”, que “es como tener como casa el silencio” un silencio “tan plácido que escucho sin estorbo / mi música / interior”.
Este paisaje por descubrir remite sin embargo, con insistencia, a otra tierra conocida. En “Saudade”, la expresión tan fuertemente arraigada en la cultura portuguesa, intraducible fielmente a cualquier otro idioma, remite al  recuerdo de su abuela en el  lejano Chile. Muy significativo resulta el hermoso “Persistencia”, en el que la autora redescubre su amada ciudad natal en Caldas da Rainha: “Caldas de Rainha / es mi Valparaíso sin su puerto; con cafés económicos que rondan / hombres de pelo sucio, / con parque de eucaliptus, / con fachadas ardientes que sostienen la nada”.
Es significativo también este último poema del tono general de esta parte del libro, en la que el discurso poético está anclado a imágenes concretas, al descubrimiento del entorno a través de detalles relevantes. En “Lo que Óbidos pinta”, por ejemplo, la luz y los colores van trazando el retrato de una ciudad por descubrir: “Soy el ojo que indaga / cada rincón secreto”.
Destacan también poemas como “Diálogo secreto”, verdadera declaración de intenciones, a la vez que una suerte de poética, en la que Tapia defiende el poder de la palabra, pero también del silencio, y, sobre todo, el valor de lo pequeño. La poeta confiesa: “converso con objetos / con libros / y con fuerzas naturales. // Los hombres ya no saben escuchar / palabras diminutas / que van buscando espacios para arder / y luego / ser rescoldo ser ceniza”.
En la segunda parte del libro, “Errantía”, se incluye una colección de veintisiete sonetos que exploran el extrañamiento y la condición nómada de la autora. A través de esta forma poética cerrada, exigente y meticulosamente definida, Tapia nos conduce por el largo camino por ella transitado. Un camino de  libertad (“Rechazo enclave fijo, porque ansío / mecer mi identidad en un desnudo / que junto a dos amores permanezca” (25)), de desposesión (“¿Quién cambia lo seguro por la nada?” (17)); pero también de reconocimiento de pertenencia a una larga estirpe de mujeres poetas que, como ella, definieron su propio destino, como nos pone de manifiesto en el soneto 7.
Para Marina Tapia la poesía es en este libro instrumento que da soporte a las emociones, pero es también vehículo imprescindible para reconocerlas como propias, para explicarlas y darles sentido. "Nȏmade" propone así una identidad poética construida desde el desarraigo, que reconoce el don de la palabra para recomponer la propia historia. Explicarse para ser, perderse para ser, viajar para encontrarse>>.

Resña de "Piedra que mengua" por Lilian Cheruse

Muchísimas gracias a la escritora argentina Lilian Cheruse por esta magnífica aproximación a uno de mis últimos libros. Con emoción, la comparto con vosotr@s:



PIEDRA QUE MENGUA

<<“Piedra que mengua”, es un poemario homenaje a la tierra natal de Marina Tapia, a Chile y al basamento terrestre originario. Con sus versos, deslumbra y reluce la roca; la toma, la vuelve origen y la precipita en un presente menguante. El ritmo enjoya los orígenes de la masa mineral donde se asienta el hombre, el tiempo, lo mítico o religioso. El narrador, a veces, es exquisita piedra y otras, humano observador. El lector enmudece ante tanta belleza lírica, tanto vocablo enriquecedor, tanto conocimiento y comprensión que hacen del objeto un sujeto. El derrotero se inicia en lo cósmico, desde la lava y sigue con su constitución, las colisiones, la fundición de los metales. El poemario es piedra y cordillera. "Piedra que mengua", según expresa Marina, es "cadáver, polvo, sombra, nada", pero es también "voz agazapada en la materia" y ella sabe cómo transformarla en gema emocional para nuestra lectura de la palabra: el lugar indeleble del poema>>

martes, 2 de junio de 2026

"Holobionte": un intenso viaje a la esencia humana


Mi reseña de "Holobionte" (Eolas Ediciones) de Ángel Olgoso en la revista CaoCultura.


<<”HOLOBIONTE”: UN INTENSO VIAJE A LA ESENCIA HUMANA.

El prójimo puede ser encantador, pero también puede mostrarnos su cara más oscura. En un mundo donde todos colindamos, en este hormiguero, en este avispero, en este mar de cuerpos que chocan, es difícil no crear ciertas distancias, reparos, fobias, rechazos o antipatías hacia los otros. Pero la soledad absoluta tampoco es el antídoto. Necesitamos hermanos −para bien o para mal−, necesitamos ser piña, manada, rueda engrasada que hace girar el mundo. Necesitamos contacto físico, ser emisores y receptores: es parte de la herencia que nos han dejado generaciones anteriores. Nuestra fuerza como especie está en la comunidad. Sí, todos estos argumentos los sabemos y están sembrados profundamente en la tierra de nuestra educación, en los acuerdos tácitos y por escrito, y en diversos papelorios. Pero, el prójimo es una cruz, cargamos a los demás (que pesan como un muerto) sobre nuestra espalda a duras penas. Oídos, vista, olfato se resienten y erizan frente a la modulación de nuestros iguales. La resistencia interna, el mundo espiritual y el soliloquio no siempre forma una coraza. Somos débiles. Nos volvemos dependientes de familiares y compañeros, y queremos decir: "La libertad, Sancho…" pero caemos en los lazos y en las uniones, en el eslogan de las manos unidas y de las cadenas humanas ‘que todo pueden lograr’.

"Holobionte", de Ángel Olgoso (el cuarto volumen de ese anaquel de tesoros que son sus cuentos completos y que tenemos la fortuna de que esté publicando la editorial Eolas), muestra todo esto a la perfección, y refleja con excelencia la tirantez de esas órbitas en las que vive el hombre desde que nace. Este libro pone palabras a tantas emociones complejas y sutiles relacionadas con el edificio social. Nos sentiremos reflejados en él, nos reiremos de nosotros mismos gracias al delicioso e inteligente sarcasmo que el autor acuña. Encontraremos un relato y una expresión precisa para cada comportamiento humano. Es difícil no caer rendida ante todas las historias aquí planteadas, cuentos que son un muestrario amplísimo de situaciones, fieles retratos del Homo Sapiens. Un libro redondo como los anteriores volúmenes temáticos, "Bestiario", "Sideral" y "Estigia", más lúcido y necesario que nunca en estos días en los que amamos y aborrecemos a la humanidad casi por igual (inclinando la balanza, en numerosos momentos, hacia lo segundo).

"Holobionte" es un intenso viaje a la esencia humana. El libro se abre magistralmente con "Hispania I", relato que, con una ironía y maestría únicas, nos habla de las fricciones entre dos caracteres opuestos: el ser indolente que se deja llevar por sus impulsos primitivos y desenfrenados, frente al ser comedido y educado que intenta encajar recatadamente en la sociedad. Esa lucha de dos posturas, de dos fuerzas opuestas tan habituales, vale como acertada obertura de lo que encontraremos después. El narrador sigue avanzando por esta colección de piezas perfectas con relatos cortos unidos bajo la idea de la familia y de las distintas edades y etapas de la vida. Familia: ese primer espacio emocional donde experimentamos la colisión con los demás. Nos deleitarán "Perspectiva" (retratando la figura del padre), "La mujer transparente" (pintando los desvelos de una esposa), o "Reconciliación" (mostrando vivamente la soledad de una anciana). Ángel Olgoso es un maestro capaz de −en poquísimas líneas− mostrar arquetipos y patrones habituales. Pero también hay espacio en este libro para fundir lo humano con el mundo natural, como es el caso del bellísimo texto "Las nubes", con ese final tan potente: "disipándose en perezosos despojos de muselina, olvidadas, como nosotros". Entre sus páginas el autor da voz también a los afligidos, a los castigados por el egoísmo y la crueldad extrema de los otros, como en "La travesía", "El descanso de Sísifo", "El misántropo", "Caballeros de los puentes" o, sobre todo, "Perlas de Indra" que, doloroso y hermoso a la vez, da muestra de un terrible desgarro moral y luego, en otro plano dimensional, de una benéfica justicia poética. Y hay espacio para el sentimiento amoroso, por ejemplo en "Venablos", "Émula de la llama" (ópera pasional con distintas arias de erotismo explícito ordenadas alfabéticamente), "La fortaleza" o "El solipsista". Potentes narraciones, lejos del cliché del romanticismo fácil y almibarado. Quedan reflejados los habituales conflictos vecinales (que todos hemos sufrido por desgracia) de una forma dinámica, humorística o descarnada en relatos como "El tendedero", "El prójimo", "El misántropo" y "Huéspedes". Ángel se extiende a los de orden colectivo o mundial como en "Vidas privadas", "Anfiteatro", "El tabernáculo", "Hispania II", "La corporación" o "El mensaje". Interesantísimos textos epistolares "Las espuelas y la carne" y "Carta al hijo", texto que da voz al padre de Kafka, una genial vuelta de tuerca a la célebre misiva kafkiana y a la metamorfosis. En ella se muestra el el reverso paterno, ese sinsabor del progenitor al no ser comprendido por su hijo. También hallaremos la extrañeza ante un otro distinto, desconocido y amenazante ("Flores atroces") o el ser humano repetido como un patrón monótono hasta la saciedad ("El síndrome de Lugrís"). Y esa visión poética −unida a la extrañeza− tan frecuente en la obra de Olgoso, nos llevará a una especie de éxtasis sensorial, a un rapto, como cuando nos dice: "El tuétano de cada uno de mis huesos comenzaba a licuarse. La pura evidencia y el estupor me mantienen paralizado desde entonces. Solo sé que tengo ojos y veo. Y ayer me vi a mí mismo alejándome calle abajo". Maravilloso el texto "Okitsu", encarnando al hijo que ve a su padre en toda su dimensión, con una valoración tan desusada: "No soy más que mi propia, nimia y atolondrada creación floral. No soy más que la flor que brotó, para apartarse, del tronco seco de mi padre. No soy más que la imperfección voluntaria que requiere un jardín, la impureza exquisita de un paisaje, la limitación, lo inacabado".

Mención especial merece el relato más largo del volumen: "El síndrome de Lugrís", una portentosa y emocionante historia, la obra más extensa escrita por el autor entre sus setecientas piezas, y su preferida a juzgar por las declaraciones de Ángel. Canto a la amistad ungida del brillo esmerilado de palabras gallegas. Esa contraposición de la indefensión del personaje principal y de la sobreprotección de su amigo hiere como una estocada. La relación entre Manuel y Ramón nos dejará huella. El ‘demonio de la simetría’, de la repetición del molde humano, es el que desencadena el delirio. Y cómo no deleitarnos con la constelación de detalles, con la riqueza estilística de las enumeraciones y con las vivísimas caminatas a través de la geografía gallega. "No era miedo, insistía; como si se le hubiera activado una facultad desconocida, le dolía de golpe, y hasta la náusea, la concordancia general de los rostros de todos los hombres y mujeres más allá de épocas o razas, la sofocante proliferación de ese molde". "Siempre había tenido la certeza de que la vida estaba llena de imposturas, de miserias que ‘afogan e non matan’, de pequeñas vejaciones infligidas por el prójimo que se sucedían en vaivenes sin interrupción, en cúmulos de mayor o menor magnitud", "mientras siniestramente, por las galerías del edificio, por los caminos y ciudades del mundo, pululan y se propagan sombras provistas de cabezas, de cabezas todas iguales, de piernas y brazos iguales, sombras simétricas con las mismas extremidades duplicadas, el mismo paso alterno de las piernas y el mismo balanceo alterno de los brazos, huestes espectrales, dispersos ejércitos de insectos zancudos transportados de aquí para allá con feroz y marcial ansiedad". Es de celebrar que Olgoso haya inventado un síndrome nuevo, sustentado clínicamente de forma verosímil y que sienta un precedente acerca de este sofocador descenso a la locura (¿o a la lucidez?), de esta multiplicación clónica a la que cada vez estamos más abocados, de este futuro cada vez más estándar en todos los rincones del planeta.

El libro termina con un microrrelato brillante, "Cuento de horror", que en sólo dos líneas perfila y sintetiza el conjunto: "Vivía solo, despreocupado, feliz. Un buen día se le acercó otro ser humano". Y tal como destaca Raúl Brasca a esta visión crítica de la sociedad humana en su preciso prólogo: "Si algo caracteriza a ‘Holobionte’ es su exuberancia, en el mejor sentido. A todos los aspectos −temáticos, procedimentales, estéticos− puede aplicarse el término. Aplicado al lenguaje, hay que decir que tiene protagonismo, pero su frondosidad no es ornamental. Se trata de un lenguaje barroco y potente, capaz de alcanzar niveles expresivos muy altos, gracias a su precisión y belleza. Quiero decir que sirve bellamente a la historia que cuenta y, que aun siendo protagonista, nunca se pone por delante de ella". Sí, es el lenguaje en estado puro el culpable de esa fidelidad y de esa adicción nacida en los lectores que rápidamente nos volvemos ‘olgosianos’, el lenguaje con sus atmósferas y sus arpegios reconocibles en cuanto llegan a nuestros oídos, como ocurre con artistas como Miró o Remedios Varo.

Tras la relectura de este fabuloso libro, siento que se prende en mí la belleza, la indagación honesta, la búsqueda de la pulcritud y la justedad de las palabras, siento que puedo ver la humanidad transparentada. Todo lo que no encuentro en otros autores lo hallo en Olgoso: esa independencia, esa integridad, esa falta de complacencia, ese compromiso insobornable con el lenguaje. Ya se ha dicho tanto acerca de su escritura, que mis sencillas palabras son sólo un apunte entusiasta pero sincero. Seguro se perderán. Pero esta reseña ha nacido de la admiración y la gratitud hacia otro libro magnífico de Ángel.>>

sábado, 28 de febrero de 2026

Reseña de "Mixtura" en Culturamas, por Jesús Cárdenas

Muy feliz y muy agradecida por esta extraordinaria reseña de 'Mixtura' a cargo del escritor y crítico Jesús Cárdenas, aparecida en la revista Culturamas. Seguramente la más completa y profesional que he tenido la suerte de recibir acerca de mi antología personal.



''MIXTURA'' DE MARINA TAPIA

(Por Jesús Cárdenas)

Nos encontramos ante la figura de Marina Tapia, poeta, artista plástica y divulgadora cultural, nacida en Valparaíso y afincada en Granada, cuya trayectoria se despliega ahora con vocación de conjunto en 'Mixtura' (Averso), que, por cierto, también ilustra de forma radiante la cubierta. La antología reúne diez libros de poemas y dos textos publicados de forma exenta, presentados cronológicamente, y se ofrece al lector como un gran jardín orgánico en el que cada especie conserva su rareza y su estación. La obra de Tapia ha crecido en distintos territorios editoriales —muchos de ellos vinculados a premios municipales y ediciones no venales— que dificultaron su circulación. Resultaba, por tanto, necesario recoger esas flores dispersas y disponerlas en un espacio accesible que permitiera apreciar la continuidad de una voz. Esta compilación salda una deuda con los lectores y afirma, al mismo tiempo, la coherencia de un proyecto poético sostenido: el de sondear la palabra hasta rozar su misterio.

Cada poema funciona como ventana a un paisaje interior que no teme exhibir sus fisuras. La lectura se convierte así en tránsito entre lo íntimo y lo colectivo, entre la memoria privada y el eco de otras voces que comparten desarraigos y celebraciones. Si el jardín sugiere abundancia y diversidad, la casa implica refugio; ambas imágenes conviven en un libro que conjuga hospitalidad y extrañeza, arraigo y desplazamiento; palabras que adquieren una importancia vital en el volumen. El prólogo de Juan José Castro Martín acierta al definir a Tapia como «poeta de palabra vivida y significada, poeta de la tierra y el amor, poeta, en definitiva, de la vida y, por tanto, verdadera». En esas palabras finales se cifra una de las claves de 'Mixtura': la autenticidad de una experiencia transformada en lenguaje.

La selección, realizada por la propia autora con la colaboración de Ángel Olgoso, Susana Drangosch y Juan Cameron —según se indica en la nota inicial—, permite advertir una etapa de aprendizaje en los dos primeros libros, '50 mujeres desnudas' y 'El relámpago en la habitación', a la que siguen, en apenas seis años, publicaciones cada vez más depuradas y personales. Destaca la amplia representación de 'Marjales de interior' frente a la más breve de 'Un kilim de palabras', lo que sugiere una jerarquía interna dentro del propio corpus. Este recorrido revela una voz que gana en concisión y hondura sin perder la intensidad original.

Desde los primeros versos, Tapia interpela al lector con una declaración que es casi un desafío: «Probadme, mordisquead mis pensamientos». Extraída de «Derechos y deberes de la autora», el verso propone una ética de lectura activa. La poeta exige un lector partícipe que roce, cuestione y dialogue con la materia verbal. La desnudez invocada conlleva la exploración de una identidad múltiple y consciente de su vulnerabilidad. En adelante, se dirá que lo corpóreo y lo matérico forman parte consustancial en la lírica de la poeta chileno-española.

Uno de los ejes vertebradores del libro es la migración. «Para la migración / yo fui educada» y «Exiliarse fue un acto rotundo» condensan una experiencia que, aunque arraigada en lo biográfico, trasciende lo personal para convertirse en reflexión sobre la identidad contemporánea. Valparaíso y Granada operan como coordenadas simbólicas entre las que se tensa la escritura. En este punto, su voz dialoga con la tradición de la literatura del exilio latinoamericano, pero también con una conciencia contemporánea que entiende la identidad como proceso. Hay en estos versos una intuición que recuerda a la reflexión de María Zambrano sobre el destierro: la patria verdadera es, en realidad, la fidelidad a la propia voz. Tapia convierte la fractura en impulso creador, la distancia en perspectiva crítica. El desplazamiento es convertido en aprendizaje: una forma de mirar desde la distancia. Así, cuando afirma querer «derrotar a la nostalgia» a partir de un boceto de Valparaíso, la autora convierte la memoria en acto de resistencia frente al olvido. El paisaje deja de ser mero decorado para convertirse en conciencia histórica y emocional. En este uso simbólico del espacio se advierte una lección cercana a la de Antonio Machado. Tapia convierte cada enclave en un nodo de significaciones donde convergen pasado y presente.

Esta dimensión geográfica se amplía en composiciones como «Bajo las vidrieras de Chagall», donde «todas las voces que acallo la muerte, / y todas sus pisadas, / viven aquí, / colgando de este muro». El espacio se carga de memoria y arte; la contemplación deviene diálogo con lo ausente. Del mismo modo, el «volantín de aire» en Valparaíso o el paseo por Granada articulan un mapa afectivo que enlaza biografía y cultura. Cada enclave es un nodo de significaciones donde confluyen pasado y presente.

Sin embargo, 'Mixtura' no se repliega en la herida del exilio. Frente al riesgo elegíaco, emerge una sensualidad luminosa que celebra el cuerpo y el encuentro. «Llegas a mi sediento y luminoso, / nadie te ve en mi cuarto, / nadie ha visto / esa vía de luz / de tu esperma» nombra la intimidad sin veladuras retóricas. La experiencia amorosa adquiere una dimensión casi sagrada, sostenida por la intensidad de la imagen. Asimismo, en «Y no posar el labio, y no besarte, / y no guardar tu rizo de saliva, / no darle de mamar a tus suspiros, / qué pecado de amor, clavo y espina», la reiteración negativa subraya la tensión entre deseo y privación. Puede advertirse una afinidad con la poesía de Idea Vilariño, en el acto de valentía de asumir el deseo sin velos moralizantes. Tapia escribe el cuerpo desde el cuerpo, con una claridad que evita tanto la obscenidad gratuita como la idealización ingenua. El erotismo, lejos de la obscenidad gratuita o la idealización ingenua, se convierte en afirmación vital, en energía que atraviesa la palabra y la sostiene.

La riqueza sensorial atraviesa el conjunto. «Acércate al reinado del oído», «La luz será una colcha que te guarde», «Soy la miga de pan que retiene tu mano»: en estos versos el oído, la vista, el tacto y el gusto se erigen en vías de conocimiento. La verdad poética se alcanza a través de lo corpóreo; el mundo se entiende tocándolo, respirándolo, saboreándolo. Esta claridad sensorial no excluye la complejidad simbólica, sino que la encarna. La poeta rehúye el hermetismo autosuficiente y apuesta por una transparencia cargada de resonancias.

Junto a estos motivos, el libro despliega un sostenido tono metapoético. «He sido, soy, seré poeta. / […] Poeta precedida de otros vuelos / […] Elevación y hondura» constituye una declaración de identidad y de filiación. Tapia se reconoce heredera de una tradición y asume la escritura como destino. La exhortación «Escribamos poesía, / pero que sea sol, verdad rotunda, / como un deslumbramiento que acorrala» revela una concepción ética de la palabra: la poesía como iluminación y responsabilidad. Podría pensarse en la influencia de Gabriela Mistral, por la concepción de la poesía como destino y responsabilidad. No obstante, la autora no ignora los límites del lenguaje: «un puñado de versos no apaciguan el día». Esa conciencia de insuficiencia matiza cualquier tentación de grandilocuencia y devuelve la escritura a su dimensión humana.

En el tramo final del volumen emerge una zona más áspera: la confrontación con la familia y los límites de la comunicación. «Mi familia es un bloque / de cajones pequeños / que no pueden tocarse. / Y vuelan sobre hilos paralelos, / mas nunca formarán una madeja» ofrece una imagen de poderosa plasticidad. La familia aparece como estructura compartimentada, historias que conviven sin entrelazarse. La metáfora sugiere incomunicación, pero también una arquitectura inevitable que condiciona la identidad. Tapia examina el origen sin estridencias, con una lucidez que transforma la experiencia personal en reflexión universal sobre la dificultad de comprender al otro.

El penúltimo movimiento profundiza en esa tensión mediante la figura de la «Madre Piedra”, a quien dedica una oración. «Me bautizaste Piedra, / […] y ya no supe / ser otra que esta roca conmovida / —que entera— / te sostiene» condensa dureza y amparo, resistencia y cobijo. La piedra, símbolo de permanencia, dialoga con la condición migrante: frente al desplazamiento, una raíz; frente a la inestabilidad, un núcleo. La imagen sugiere que la fortaleza no excluye la conmoción, que el acto de sostener implica asimismo vulnerabilidad. Así, la poesía se convierte en espacio de reconciliación parcial entre herencia y elección.

En conjunto, 'Mixtura' se impone como una compilación coherente que articula memoria, deseo, territorio y reflexión crítica. Marina Tapia somete lo vivido a un proceso de decantación estética que confía en la potencia de la imagen y en la inteligencia del lector. Su lenguaje, claro sin ser simple y audaz sin caer en el exceso, construye un itinerario íntimo y compartido. Aceptar la invitación inicial a «mordisquear sus pensamientos» supone entrar en un territorio donde la palabra es acto de resistencia y de amor; y también, una poderosa revitalización del Carpe Diem. Entre el jardín y la casa, entre la migración y la piedra, Tapia traza un recorrido luminoso. El lector concluye la travesía con la sensación de haber habitado un espacio donde cada verso encuentra su lugar en un entramado orgánico que confirma la madurez y la verdad de una voz poética sostenida en el tiempo.

viernes, 27 de febrero de 2026

Reseña de "Piedra que mengua" en la revista En Sentido Figurado, por Ana Isabel Alvea

Una alegría y una sorpresa recibir la estupenda colaboración de la escritora, crítica literaria y profesora Ana Isabel Alvea. Su reseña de 'Piedra que mengua' en la revista En Sentido Figurado es magnífica y hace hincapié en esos sutiles, pero fundamentales, elementos de la cultura mapuche que están presentes en el libro. 



LO SAGRADO EN EL TEMPLO DE LA POESÍA
Por Ana Isabel Alvea Sánchez 


Por casualidad, leí que el poemario «Piedra que Mengua» fue ganador del XL Premio Ángel Martínez Baigorri, el mismo que yo obtuve en 2019 con «La pared del caracol». Esa hermandad propició que Marina y yo leyéramos nuestros respectivos libros, unidas por una complicidad y aquella entrañable experiencia.

Este libro, como la casa del ser o la morada de la vida, se construye sobre su metáfora y eje principal: la piedra. Su estructura se configura como un todo cohesionado, un río que sigue recto la corriente, aunque su hilo conductor —la piedra— se ramifique en afluentes de significados.

Se abre el poemario con una referencia al principio: la creación, como una génesis, con imágenes que evocan el origen del mundo, donde prevalece el magma de un amor de fuego. La voz —el ser, la mujer, la poesía— nace de esa colisión; la bautizan Piedra: ‘y me envolviste entera de firmeza’, ‘de claridades férreas’, para convertirse en palabra y poema.

Comienza entonces a rodar la piedra sólida y resiliente; no obstante, ‘Todo reduce el agua del vivir’, y se reconoce como una ‘Piedra que mengua’, consciente de que quedará en ‘cadáver, / polvo, / sombra, nada’. A partir de ahí, inicia la búsqueda de un fuego inextinguible que perdure frente al tiempo y las inclemencias.

Recorre un viaje en el que se pierde y se desorienta, pero logra hallar el milagro y parece que la fe, o bien el amor, o tal vez la poesía, o todo en su conjunto, le procura la dicha. Durante ese tránsito, siente la nostalgia por su país, se ve extranjera y errante.

Aparecen algunos poemas-caligramas en los que se define como roca y expresa un amor arrebatador, ‘cúspide de la dicha’. Apela al poder del amor para transformarnos, pues es el amor quien nos otorga tamaña energía, como si en nuestro interior creciera un sol radiante.

Extiende una mirada crítica al mundo actual y a nuestro modo de vivir: sin ilusión, con angustia y cansancio, en una constante búsqueda de lo eterno y lo perenne. Siente una íntima y profunda conexión con la tierra, Madre Piedra, a la que desea cuidar frente al poder destructor y la codicia de los humanos.

‘Escribes desde dentro de la tierra...con la memoria honda de tu especie’. Late en su voz un sentir primigenio y ancestral, se siente roca madre. Tal vez subyace la influencia de la cultura mapuche, “gente de la tierra”. Los mapuches conciben que todos llevamos dentro energía, fuerza vital y espíritu. Para ellos la piedra simboliza fuerza y permanencia. Parece que la autora contrasta esa cosmovisión con el pensamiento occidental. Y es a esa fuerza a la que apela, la que la sustenta y la impulsa en la creación.

Aflora en todo el poemario un sentir sagrado, una divinidad interior, la Piedra es una potencia que irradia dentro de cada uno de nosotros, nos da refugio y nos salva y puede constituirse gracias a la fe, al amor, a la creación.

Los últimos poemas se centran en la inspiración, piedra matriz, ‘única fuerza sobre la cual gravita mi poema’. Constituyen reflexiones metaliterarias, como la idea de que, para que la poesía exista, el poeta debe menguar. Afirma así su propósito: ¡Que mi canción minúscula transite / el ojo de una aguja, / para bordar por siempre / un manto enamorado de tu mundo’.

Poesía sembrada de referencias bíblicas, cuyo tono evoca el de los Testamentos: una voz sentenciosa, depurada y elegante, firme y potente que entabla un diálogo tanto con la tradición mística como con la poesía contemporánea. En sus poemas se dirige a un tú que podría ser Dios, el amor o el amado, la creación o la propia poesía. Un poemario que es en sí mismo un clamor y que se eleva como un canto inextinguible en el templo de la poesía.






jueves, 8 de enero de 2026

Reseña de "Mixtura", por Marga Mayordomo, en la revista Almiar

Muy agradecida a la poeta Marga Mayordomo por tan profunda y minuciosa reseña acerca de "Mixtura. Antología personal" (Averso, 2025), publicada en la revista Almiar. ¡Un gusto compartir su mirada!

Tiene Marina Tapia, poeta nacida en Valparaíso, Chile, y afincada en España desde el año 2000, la contundencia y el oficio de quien lleva a sus espaldas una larga trayectoria literaria. Esto se evidencia en los poemas seleccionados de los diez libros, más dos exentos, (entre 2013-2024), recogidos en la antología Mixtura (Aliar Ediciones, colección Averso, 2025). Unos poemas que transitan, entre lo íntimo y lo exterior, el dentro y el afuera, es decir entre el mundo de la experiencia y el mundo físico, a cual de mayor enjundia.

Aun cuando cada poemario tiene su trasunto y su parámetro estético, sí podemos observar un ecosistema atravesado por huellas y/o afinidades con algunos autores consagrados como García Lorca, Rubén Darío, Gabriela Mistral o Emily Dickinson, por mencionar solo algunos, así como por temas recurrentes como pueden ser la identidad femenina, el amor, el erotismo, la errantía, la libertad, la naturaleza, y la metapoesía.

Probadme, mordisquead mis pensamientos, // … Me doy / pero me guardo, / he ahí mi mercancía. / Dejadme que conserve / algún secreto / furioso / entre los dientes. // Por lo demás, leedme sin piedad.

De ese modo, en títulos como 50 mujeres desnudas, Relámpago en la habitación, El deleite, Corteza y en Exentos II-III, cobra preeminencia, grosso modo, el tema de la mujer: su revalidación como ser libre, dueña de su cuerpo, su sexualidad, su pensamiento; dueña de su acontecer vital, en definitiva. Estos presupuestos, que constituyen toda una «declaración de intenciones» de la poeta, los vamos a encontrar sobrevolando, a lo largo de toda la antología.

Almidoné mi cuerpo / y tenso se dispone a tu arrebato. // Escucha / la lujuria es santa

En otros libros como Marjales de interior, Jardín imposible, Islario, y Piedra que mengua, la prima donna ahora son los paisajes a un lado y otro del Atlántico y/o la naturaleza, bien de forma autónoma, o bien imbricada con el erotismo, y a veces con el recuerdo. Así nos escribe:

Cristalina, radiante marcharé hacia la costa / después de copular con el azul.

Finalmente, en enunciados como Bosque y silencio, Kilim de palabras y Exentos I, el centro de atención es la metapoesía, es decir, la preocupación de la autora por el lenguaje poético, por el proceso de escritura; preocupación que también es visible, en mayor o menor medida, en toda la obra.

En secreto lo alumbro / con dolor y placer, / conduzco a mi exterior / un hato de preguntas, / de mieles y quejidos / que llamo poesía.

En cuanto al estilo, observamos una escritura que se incardina en la línea clara, con finales conclusivos o aforísticos en algunas ocasiones. Aunque hay textos en prosa la mayoría adoptan la forma versal, conformada por un vocabulario accesible, sencillo, y con signos de puntuación. La sintaxis es limpia y sin rebuscamientos y tiene una lógica correcta. Una sintaxis que liga las palabras, que no busca la ruptura, sino la alianza; de hecho, llama la atención la fluidez del verbo, como si a Marina le manaran las letras sin esfuerzo. Por otra parte, existe una preferencia por la primera persona, (de hecho, la única voz es el yo poético), así como por el verso libre, con presencia de los clásicos heptasílabos, endecasílabos, y alejandrinos, aunque puntualmente se opta por otras medidas, lo que dota de buen ritmo y/o musicalidad al poema. Utiliza con soltura recursos retóricos como metáforas, metonimias, encabalgamientos, al igual que originales imágenes de bello impacto.

Espada del crear, / tormenta de ir vistiendo / de fuego las palabras, / de acometer al mundo, / de estremecer al lobo del silencio.

Si bien, lo dicho sobre el estilo se adapta a la mayoría de los epígrafes, en Jardín imposible y en El deleite la lengua se hace menos fresca menos contemporánea. Aquí el lenguaje discurre por caminos líricos de sesgos más románticos, donde destaca el virtuosismo técnico. Ahora se maneja un léxico de gusto, elevado, preciosista y sensual, que persigue el perfeccionismo y la belleza de la palabra; palabra que acostumbra a demorarse en el sentimiento, o en jardines exóticos de fontanas, hadas y deidades, entre otras cosas de ese cariz.

Ah, ¿cómo prohibir / al tímpano que guarde cada risa y ahogo, / cada voto y suspiro / que sale del arroyo de tu boca?

… yo calzo las sandalias que conducen / a la arboleda de los dones, / a las Ninfas del Atardecer.

Finalmente referirnos a la temperatura de la lengua. El tono que encontramos es habitualmente apasionado, vehemente y lleno de sentimientos; y al mismo tiempo armonioso, y amable, en donde siempre hay hueco a la esperanza y al optimismo. Es un tono exento de acidez, de aspereza, o de volteretas al vacío. No hay transgresión, ni sobresaltos, ni en la forma ni en la lógica. Tampoco dudas, o territorios inciertos, sino que hay seguridad del verbo en su plenitud poética.

Lucharé por tu cuerpo / de gamo iluminado en la tormenta. //… Yo te rescataré sobre mi lecho; / Tu alarido será / tan alto / tan espeso. / Nadie te raptará de mi jardín. / Ni siquiera / la vida.

En resumen, nos encontramos ante una poesía consolidada, de fuerte componente experiencial y alto lirismo, recorrida por una única voz rotunda, convencida del terreno que pisa; la voz de una mujer del presente, enamorada de la vida, segura de sí y de su pluma, que no es lluvia ácida sino belleza y armonía de la palabra escrita. Así lo manifiesta ella misma.

Esperando aumentar mi colección / de íntimos tesoros, recurrí con esmero; / a la lectura suave en tus oídos, / al verso que acorrala, / hechizos de la voz. // Debo confesar a mis lectores / que utilicé el poema / de señuelo.


jueves, 1 de enero de 2026

Mi reseña de "Niño y sombras" de Concha Méndez, en Masticadores

Comparto con ilusión mi mirada lectora a este fundamental poemario de Concha Méndez, "Niño y sombras". Una bellísima rendición de Tigres de papel en su colección Genialogías, que no debe faltar en nuestra biblioteca. En la revista Masticadores.

    Siempre he sentido por Concha Méndez una vinculación especial, una gran cercanía. Es como si hubiera una conexión invisible pero cierta entre nosotras. Algo de orden subjetivo y que va más allá de la admiración por la forma en la que enfrentó la vida, o por la obra literaria que construyó. Es de esas mujeres brújula, faro o norte, de esas que pertenecen a una constelación de estrellas, espejos en las que una quiere mirarse, es de esas guerreras −sin el componente bélico−, luchadoras en lides más auténticas y permanentes. Y me entristezco un poco cada vez que leo acerca de su tránsito por el mundo, de su soledad y del desarraigo del final de sus días, de cómo se desvaneció su círculo de amistades con la dura experiencia del exilio. Me conmueven  los múltiples reveses que tuvo que sortear: el ocultamiento por parte de Luis Buñuel de sus siete años de noviazgo, la oposición de su familia a su independencia, la pérdida de su primer hijo, el abandono de su marido por otra mujer, el fallecimiento de su madre de la cual no pudo despedirse…

    Y presiento que, además, lo que dejó una herida invisible pero profunda en ella y en otras mujeres amantes de la creación artística y literaria de su época, era tener que demostrar constantemente su valía, era tratar de construir un espacio de igualdad verdadero. Sus amigos poetas no siempre vieron o quisieron reconocer la calidad, la creatividad y la hondura de su trabajo. La Generación del 27, a la que ella pertenecía, tantas veces mostró su machismo. Aunque fueran compañeras que editaban (como es el caso de Concha) además de publicar, aunque comparecieran con ellos en las fotos de los periódicos, en cenas de homenaje, en diversas actividades divulgativas, actos, presentaciones, obras de teatro… estaban y no estaban, ya que las compilaciones y antologías de este perido les privaron del espacio que merecían. Pensar que ella ponía en su pasaporte como profesión: Poeta. Pero no fue incluida en la Antología realizada por Gerardo Diego ni el la primera ni en la segunda edición.

    Concha Méndez era una mujer más intrépida de lo normal. Un ser ingenioso, divertido y lleno de vida. Sabemos por sus emocionantes ‘Memorias habladas, memorias armadas’ −testimonio vital transcrito por su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre y con prólogo de María Zambrano− de sus múltiples movimientos por el mapa, de su arrojo en el trabajo, en los deportes y en el desarrollo de su escritura teatral y poética. Hay que recordar su espíritu emprendedor que le llevó a reunir un pequeño capital con el que, junto a su marido Manuel Altolaguirre, pudieron echar andar La Verónica, imprenta que puso en marcha las revistas más importantes de ese periodo, ‘Caballo verde para la poesía’ y ‘Héroe’.

    ‘Niño y sombras’, impecable reedición de la colección Genialogías (Tigres de papel, 2025), rescata este trabajo publicado por primera vez en 1936 y que es el último libro publicado por Concha Méndez antes de partir al exilio.  La nueva entrega de este poemario es una maravilla. No sólo por los intensos poemas que contiene −todos ellos girando en torno a una temática y un tono que sacude a los lectores de principio a fin– no sólo por el preciso prólogo de Isabel Miguel, o por la completísima entrevista que se incluye (realizada por Luisa Antolín a la nieta de Concha, Paloma Ulacia Altolaguirre), sino porque recupera una de las voces fundamentales de la Edad de Plata, una voz y una mirada que aún nos siguen interpelando y conmoviendo. Los versos de ‘Niño y sombras’  hablan con propiedad, sin dramatismo y con gran belleza estilística de algo a ocultar en los años treinta: el duelo neonatal. Recordemos que la validación de la mujer estaba vinculada a la fertilidad y al cuidado de una familia, a ser lo que se esperaba: un ángel del hogar. Pocas autoras se habían acercado, y menos aún en un libro completo, al dolor por la pérdida de un hijo.

    Quisiera rescatar un fragmento de la entrevista incluida en el conjunto: ‘‘Para mí, la principal lección que me enseñó mi abuela, que a mí me sirve y quizá pueda servir a todas las mujeres, es la importancia que tiene el tomarse en serio. Todavía vivimos en un mundo machista en el que no se toma en serio a las mujeres. Por eso, para mí, es tan importante este mensaje: hay que tomarse en serio a si misma, porque todo está construido para que te derrumben. Creo que hay un peso histórico que nos lleva a las mujeres a dudar de lo que creamos. Y cuando no se nos reconoce, le quitamos importancia: nos decimos que no importa. No importa, pero como mujer, como madre, tenemos otras prioridades interiorizadas, como la salud de los seres queridos…, prioridades que te protegen de ese ninguneo, de ese dejarte de lado, y te dices que no importa. Pero sí importa’’.

    El poemario, compuesto por 28 fascinantes textos, se abre con una pregunta: ‘‘¿Hacia qué cielo, niño, / pasaste por mi sombra / dejando en mis entrañas / en dolor, el recuerdo?’’ y termina con una reflexión que remata muy bien el camino de la voz poética en busca de respuestas: ‘‘porque las cosas pesan; / igual pesa un pasaje que un dolor, que una duda. / Y las horas se llenan de pesos y de sombras, / y las horas nos llevan con el peso, callando’’. Méndez comparte sus luminosos hallazgos con todas las mujeres que nos acercamos al calor de su maestría: ‘‘(La madre va siempre sola, / quien quiera que la acompañe; / el mundo es como un desierto / y el hijo en él un oasis). ‘‘De lo oscuro venimos y vamos’’, recordándonos de esta manera que ha sido un vientre materno el que nos ha refugiado en su cavidad interna, lejos de la luz y la interperie. Para ella, es el alma la que concibe al hijo, la sangre va después ‘a señalar con pulso preciso su contorno’.

    La poeta Isabel Miguel escribe en el prólogo: ‘‘¿Qué se siente cuando vuelves a casa con los brazos vacíos tras nueve meses de espera? Volver a ver la cuna en la que nadie dormirá, la ropa ilusionada sin cuerpo que vestir. Todo lo cubre el vacío, la incapacidad de comprender lo sucedido, un por qué eterno repicando constantemente en tu interior, la ausencia, el dolor y el pasmo’’. Y para eso está la poesía, para responder a aquellas preguntas que escuecen, para visibilizar las capas más sutiles de nuestro interior, para hermanarnos, para establecer un diálogo milenario con otras personas dolidas por las mismas realidades.

    Se nos prenderán como cardos al vestido de nuestra escucha, versos tan sonoros como estos: ‘‘Existe un más allá que nos separa’’, ‘‘voces me llaman de distintos cielos’’, ‘‘yo sé que el frío es blanco y el miedo es amarillo’’ o ‘‘la noche es el silencio que no quema’’.

    Nuestra poeta declara: ‘‘Yo soy la vida en lucha / de cada hora y de cada paso. / Yo soy la fuerza de mí misma, / la antena receptora del milagro’’. Y parece que todas nos levantamos para afirmar con ella lo que somos, tomando conciencia de nuestra valía.

    Y qué mejor que cerrar este sencillo acercamiento y esta invitación a la lectura del volumen, con uno de sus poemas:

Se desprendió mi sangre para formar tu cuerpo.
Se repartió mi alma para formar tu alma.
Y fueron nueve lunas y fue toda una angustia
de días sin reposo y noches desveladas.

Y fue en la hora de verte que te perdí sin verte.
¿De qué color tus ojos, tu cabello, tu sombra?
Mi corazón que es cuna que en secreto te guarda,
porque sabes que fuiste y te llevó en la vida,
te seguirá meciendo hasta el fin de mis horas.

Marina Tapia

martes, 16 de diciembre de 2025

Reseña de "Mixtura" por Custodio Tejada en Literatura.es

"Un viaje por el lenguaje de una voz poética llena de música y símbolos, de espacio íntimo y otredad. 'Mixtura' representa una transubstanciación de la vida y el alma de Marina Tapia que se hace lenguaje mistérico para regalarse a nosotros sus lectores". Con estas bellísimas palabras, cierra el poeta Custodio Tejada la detallada reseña de mi Antología personal publicada en la revista Todoliteratura.es. ¡Un millón de gracias, Custodio!





    "MIXTURA (Antología poética)" de Marina Tapia, poeta chilenoespañola, que nació en Valparaíso y vive en Granada. Aliar Ediciones, colección Averso. Diez libros más Exentos en diez años (2013-2024) que muestran toda una trayectoria poética, pero también existencial. 154 poemas y 250 páginas, más un gran prólogo que abre y desgrana las páginas en llamas de esta antología, firmado por el poeta Juan José Castro Martín, y después una “Nota inicial” de la misma autora que sirve de aviso y brújula para lectores navegantes. La ilustración de la portada es una pintura de la propia autora: un jarrón con un pájaro posado encima y que mira hacia atrás. La edición de Averso como siempre tan exquisita. Una poeta con una voz de tornaviaje, de ida y vuelta, de nexo entre dos orillas, de la otredad y el yo.

    Escribe Gilbert Durand que las imágenes no valen tanto por las raíces que ocultan, sino por las flores poéticas y míticas que revelan. Y eso es lo que muestra toda antología: una revelación. Para la poeta Dionisia García: “La poesía, cuando es verdadera, es arte sin paliativos.” “La poesía es muy caprichosa, es el género por excelencia. Te exige ir por la vida con los ojos muy abiertos, estar en medio de todo.” “Porque el poeta, si es poeta de verdad, no sabe lo que hace. Son los otros, los lectores, quienes pueden dar su opinión sobre lo leído.” (Entrevista realizada por Natalia Carbajosa, Jot Down). Y así es cómo la escritura, y especialmente la poesía seduce y embriaga, trayendo a nosotros la fragancia de esa consciencia universal que nos habita y que está en todas partes y también afuera, el poeta es solo un vehículo para manifestar su presencia.

    Sobre "Mixtura", de la poeta chilenoespañola Marina Tapia, escribe Jimy Ruíz Vega en su blog El Fescambre, en una reseña titulada "Digerir el mundo”: “Mixtura es una antología que pone al lector frente a una exposición de poemas en el que el yo lírico se deja ver en el tiempo, desde su estado de entusiasmo e inspiración, hasta de éxtasis y fervor por la naturaleza. (…) En Marina, la poesía está totalmente despojada de retórica, y la metáfora nunca impide ver la vida, antes bien, se pone a su disposición. Y Ángel Olgoso dice en la reseña “Mixtura de fuego”, en Moon Magazine (8-10-2025) que esta antología reúne sus diez “poemarios fundentes, hermosos, coherentes, insoslayables.” “Marina ha transmutado alquímicamente su vida, sus estados emocionales y los armónicos acordes de su voz poética en una decena exacta de volúmenes, de los cuales se recoge felizmente una amplia selección en esta mixtura”. “Un libro panorámico”, “un florilegio hermoso”, “una poeta verdadera e imprescindible”. ”En su poesía, todo está vivo y fresco, primoroso en sus proporciones y cadencia, pequeño y encantador pero sólido y profundo en vez de impresionante”. Y para Santos Domínguez Ramos la “Imaginación y sensibilidad se conjugan en la voz de Marina Tapia y en su mirada plástica hacia el misterio del mundo para desarrollar una concepción de la poesía como búsqueda.”

    El título, la palabra Mixtura significa: “mezcla, juntura o incorporación de varias cosas”, es por tanto la antesala de una simbiosis, una amalgama de sentidos, de memoria, de emociones y sentimientos, de lecturas, de palabras y nombres y lugares, de olvidos y silencios, de múltiples elementos que forman el cóctel lírico que es Marina Tapia; un conjunto de ingredientes que fusionan vida y literatura, magia y alquimia, esencia y consciencia. La Nota inicial y el Prólogo proporcionan la información necesaria para recorrer con éxito la lectura del mapa antológico. Leer a Marina es habitar un territorio, recorrer un camino de palabras que va de lo íntimo y lo próximo a lo más alejado, del prójimo a uno mismo, y de paso deambula como una náufraga por un magma lírico de imágenes y misterios. La antología tiene un hilo conductor sutil y delicado que es la propia sensibilidad y consciencia de la autora. A la vez que es una exploración de la poeta es también una exploración de su época, de un desarraigo o errancia biográfica, pero también de una ubicación en el mundo y en el tiempo: un legado escrito. Podría decirse que tiene una voz de nexo de esa alma hispana repartida en dos hemisferios, una sinergia lectora de encuentro, la ruta de los nombres al menos así lo manifiesta. Cuando un autor decide publicar una antología de todos sus libros es porque considera que ya ha recorrido un camino y un periodo vital, o porque considera que es el momento idóneo para hacer una fotosíntesis lectora de su obra, una forma de reescribirse y reinterpretarse con una mirada global y entregarse así de nuevo, igual y diferente, al lector. La selección de poemas y su disposición en la antología se resignifican y se expanden en su nuevo hábitat antológico. Por lo tanto, una antología tiene algo de ritual, de acto oficiante o eucarístico, pero también de hogar y descanso: el lenguaje convertido en vida disecada o en un museo de recuerdos sentipensantes. Es un mapa.

    Publicar una antología es una forma de hacer balance de una trayectoria y también la experiencia de haber conseguido una meta. Podríamos asegurar que un autor es el resultado de todo el imaginario que surge de su iconografía léxica. Y así Mixtura es un retablo lingüístico: 50 mujeres desnudas, El relámpago en la habitación, Marjales de interior, Jardín imposible, El deleite, Bosque y silencio, Un kilim de palabras, Islario, Corteza, Piedra que mengua y Exentos. Y con estas ventanas de su estancia la autora se entrega al lector, a través de esta precisa y panorámica mirada que nos habita en el itinerario simbólico. Y es precisamente esa semántica de imágenes las que nos da el ser y el sentir de la poética de Marina, de su epifanía cosmológica y existencial. Mixtura invita al misterio y a la curiosidad, a la intuición y a la sensorialidad, a asomarse a la consciencia. Vamos de la reivindicación femenina a la percepción más telúrica, de una simbiosis entre la naturaleza y la poeta, de la tierra y la poesía, de la ecología y el ser, del tiempo y del espacio. “Madre piedra que estás en la tierra,/ santificada sea tu extirpe./ Vuelva a nosotros tu reino./ Hágase tu voluntad,/” (Piedra que mengua, p. 237). O su poema Imagen: “Despojarme del peso de mi imagen,/ vivir sin piel,/ a nada estar sujeta,/ vestirme o desvestirme de mí misma.” (Corteza, p 212). Es la poética de Marina una poética de ida y vuelta, una voz de tornaviaje y encuentro. “Estoy aquí, Granada, ante tus cielos amplios, ansiosa,/ seca,/ náufraga./ He llegado/ con mi atril-ataúd” (Islario, p. 195).

    Y ahora os enunciaré y haré referencias a dedicatorias, citas, lugares, nombres y versos de su antología que alumbran y perfuman su poética y esta reseña, a modo de geocaches lectores. Las dedicatorias trazan una ruta directa al corazón de la autora: a su abuela María, a su madre, a su padre, a su hija Camila, a su hermana Gloria, a Ángel, a su amiga Margarita Osborn, a sus amigas del Laurel de la Azotea, a Sophia Halkidou, a Ana Mañeru Méndez, a Elena, paco y Eugenia, a Pamela, Daniel y Sofía, a José Manuel Darro, a Josefina Martos Peregrín, a Elena Martín Vivaldi, a Anna Ajmátova, a Emilia Pardo Bazán…

    Las citas que pueblan el libro también nos plantean un itinerario intertextual y lector a seguir, una herencia que también está repartida en dos hemisferios: Rubén Darío, Gabriela Mistral, Federico García Lorca, Antonio Carvajal, Jorge Teillier, Pablo de Rokha, Juana Castro, Gonzalo Rojo, Andrés González Andino, Eduardo Lizalde, Francisco Umbral, Clara Janés, Yayo Herrero, Rosalía de Castro, Rafael Guillén, Violeta Parra, Ángeles Mora, Raine María Rilke, Ángel Valente, Mariluz Escribano Pueo, Antonio Machado, Octavio Paz, Úrsula Kle Guin…

    Y os dejo aquí también una letanía casi hímnica de palabras y nombres, como vasos comunicantes que resuenan como gongs y que guían el viaje semántico y simbólico del libro, por la pintura, la poesía, el pensamiento, la mitología…: Goliat, Lilith, Pollock, Picasso, Yves Klein, Noé, Platón, Georgia O,Keeffe, Annie Dillard, Chagall, Penélope, Lord Byron, Mary Shelley, Rousseau, Emily Dickinson, Artemisa… Y también nos hace viajar por territorios y nombres que como mapas guardan tesoros y memoria: Granada (España), Valparaíso (Chile), Troya, Zujaira, Carmen de los Mártires, Machu Pichu, la Alhambra, Guadix, jardines de Daraixa, Fuente Vaqueros, Almuñécar, Jericó, Asgard, Valhalla, jardín de las Hespérides, Cartago, Iznajar, Rapa Nui, Mediterráneo, Vancouver Island, Baeza, Antequera, Petra…, pero también por la zarza ardiente y la fotosíntesis, la Madre Piedra y la lava, el canto y el grito, el beso y el semen.

    Y ahora, como un derviche lector que gira de página en página y de libro en libro, os voy a llevar a un conjunto de versos que actúan como portales interdimensionales a su antología, esa casa hecha de vida y de palabras a la que nos invita Marina. “Probadme, mordisquead mis pensamientos” (Derechos y deberes de la autora, p. 39, del libro 50 mujeres desnudas); “Para la migración/ yo fui educada,” (N.I.E. p. 41, 50 mujeres desnudas); “Exiliarse fue un acto rotundo” (Razón de la gaviota, p. 42, 50 mujeres desnudas); “Llegas a mi sediento y luminoso,/ nadie te ve en mi cuarto,/ nadie ha visto/ esa vida de luz/ de tu esperma,” (El relámpago en la habitación, p. 56, del libro del mismo título); “Ven, pueblo, congregación de voces y paisaje” (Ruta de las Fortalezas, p. 81, del libro Marjales de interior); “Allá en Valparaíso/ se eleva un volantín de aire” (Septiembre, p. 92, Marjales de interior); “Oculta en una cueva de Guadix/ maduro el silencio/ mis palabras” (Casa cueva, p. 91, Marjales de interior); “Estoy aquí, Granada, ante tus cielos amplios,/ ansiosa,/ seca,/ náufraga/ (Razón del desembargo, p. 195, del libro Islario); “Mis ojos se recrean en los charcos/ lo mismo que en los cielos.” (Oración de la orquídea, p. 125, del libro Jardín imposible); “Acércate al reinado del oído” (El oído, p 138, del libro El deleite); “La luz será una colcha que te guarde” (La vista, p.139. El deleite); “Soy la miga de pan que retiene tu mano,” (El tacto, p.140. El deleite); “He sido, soy, seré poeta… Poeta precedida de otros vuelos” (Vocación, p.163, del libro Bosque y silencio); “Mi espíritu de hoja/ zigzaguea en el aire,/ buscando su sentido/” (Y pese a todo, canto, p. 177, del libro Un kilim de palabras); “A mí solo me bastan los senderos que van hacia las olas/…/ los símbolos de un viaje hacia mí misma.” (Afirmación, p. 188, del libro Islario); “Valparaíso,/ encima de esta grieta te recreo/” (Boceto sin modelo, p.199, Islario); “Renace de un recuerdo/ guardado en mis esquinas.” (Voces, p.205, del libro Corteza) “Mi familia es un bloque/ de cajones pequeños/ que no pueden tocarse.” (La colmena dispersa, p. 210, Corteza); “Hoy voy a hablar de límites,/ del peso del pasado,/ de conquistas.” (Celebración, p.218, Corteza); “Antes de que tu aliento me llevara, / nosotras, las errantes/ (Guardianas de las tumbas)” 16, p.235, del libro La piedra que mengua); “Madre Piedra que estás en la Tierra,/ santificada sea tu estirpe. Vuelva a nosotros tu reino.” (22, p. 237, La piedra que mengua); “Soy de ella, de él/ de vosotros,/ de esa turbia moheda/ de culpas.” (Terceto de la luz negra, p. 246, Exentos.)

    Y para finalizar esta opinión lectora dejadme que os invite a leer a esta poeta verdadera rebosante de conocimiento y de consciencia. Una antología, Mixtura, que es un florilegio de vida y emociones, de poesía “elegante, sensorial y rítmica”. Un viaje por el lenguaje de una voz poética llena de música y símbolos, de espacio íntimo y otredad. Mixtura representa una transubstanciación de la vida y el alma de Marina Tapia que se hace lenguaje mistérico para regalarse a nosotros sus lectores.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Reseña de "Sin regreso", de María Ángeles Maeso


Un placer reseñar este espléndido poemario de María Ángeles Maeso en la revista CaoCultura.


Escritura que deja señales

Marina Tapia 



“Sin regreso”. María Ángeles Maeso. Colección Genialogías. Ediciones Tigres de Papel. Manresa, 2025. 136 pp.


Muchas veces los libros se transforman −mientras los leemos− en pinturas, en verdaderos cuadros, en mundos compactos cargados de símbolos y atmósferas densas, espacios donde reinan imágenes potentes y enigmáticas. Una va avanzando por su territorio sin que sea necesario un mensaje particular, una narración determinada para querer seguir, porque es la potencia de la voz poética la que sostiene el conjunto. Y celebro la poesía que aúna, con sutileza, otras formas de expresión artística. Pintar con la palabra, recrear las texturas que también son reflejo de nuestras rugosidades interiores, espejos acordes con un universo lingüístico amplio y rico. Me adentré por “Sin regreso”, de María Ángeles Maeso, uno de los últimos libros impecablemente reeditado en la colección Genialogías de Tigres de Papel, disolviendo mi yo y sus perspectivas, solamente guiada por la mano maestra de la autora. La primera edición de este poemario, salió a la luz en 1991 y fue ganadora del concurso de poesía Jorge Manrique, de la mano de José Hierro como jurado.

Tal como nos dice Amelia Sanz, catedrática de la Universidad Complutense de Madrid en su prólogo: «la poesía de Maeso es imperativa. Y es fundamental en tiempos como el nuestro, cuando importa tanto el estatuto mismo de la palabra». También nos sitúa diciéndonos: «No es una poeta-profeta, es una poeta (de)mostrativa que señala y vigila y vigilará a lo largo de toda su obra. Poeta-isla, no está en el realismo sucio ni en el culturalismo novísimo, tampoco es una reacción contra ambos. No hay desolación, ni movida, ni frivolidad, ni nihilismo. Conmoción existencial sí, pero sin desesperación, sin nostalgia, sin sospecha postmoderna».


El libro está dividido en tres partes «Sin regreso», «El serio ojo de las cosas» y «Tríptico epigonal». Cada segmento ahonda un poco más en la búsqueda de ese revés de diversos acontecimientos que la autora ha ido experimentando. Hay un camino evidente entre su páginas. El primer verso declara: «Quien busca regresar no es hacia el álbum / ni al árbol con edad’. Sí, Maeso regresa a ese remanso de la infancia hasta llegar a la idea central del último poema: ‘Todo se dejará mirar, / muda y serenamente, desde lejos».


Como un sendero de pistas, el río Duero va recorriendo el volumen; un río vivo y que es, de alguna forma, personaje, fuente de vida animal y vegetal, cargamento de evocaciones. La presencia de diversos árboles y elementos de la flora (espigas, girasol, olmos, lilas, zarzas, violetas, ciprés, nogales, castaños, sauces o musgo) forman ese telón de fondo rural y primigenio. El territorio natural late con fuerza, es el humus desde el que emergen las revelaciones.


Una querencia especial por los mitos se aprecia en María Ángeles, en el libro conviven Electra, Edipo, Ícaro, Eros, Orco, bifronte Jano, elfos, sirenas o ángeles. Emocionante es el texto «Extrema distinción» en el que se recrea un pasaje bíblico: «Esta hora es igual que la de ayer: / alta de recuerdo y de ceniza. […] Dentro de un arco de piedras / concéntricas al altar del sacrificio, / el mutismo del cordero es tal como cuenta El Libro […] Capas de agujas sobre agujas en el suelo del pinar, / pero el árbol se mira el tronco consignado / y el animal conoce la mirada de Isaac al padre / y la del padre al cielo».


Y queremos leer sin prisa, degustar la sonoridad y las resonancias que dejan versos como: «apacibles lenguas de senda láctea», «tal es la lentitud / con que el dulzor del vértigo se entrega», «la antigua raíz frutal / del árbol de la espera». Versos a los que deseamos asirnos para que también conformen nuestro cofre de voces interiores.


Siento este trabajo muy cercano a la poesía de Julieta Valero, Blanca Varela y Circe Maia. Pero nuestra creadora goza de una voz personalísima. En la entrevista incluida en este libro, realizada por Diana García Bujarrabal, comenta: «A mí me da fuerza escribir un verso a partir de la verdad. Y aunque se ponga quien se ponga por delante, tú tienes esa verdad. Tienes que estar en un grado de sensibilidad emocional lo suficientemente intenso para no mentirte ni crearte imágenes muy fantásticas. Para mí la imagen en el paraíso son esos 10 años en el pueblo. No hay vuelta atrás, por eso se llama “Sin regreso”».


En su poema «La ameba y el papel» la poeta entrelaza bellamente el arte de la escritura con lo minúsculo, en este caso, con los cilios de los protozoos que vibran. Maeso se fusiona y se transforma con el paisaje, se extiende, cae en él, en sus charcas, en las «frases que dejó el carbón al paso», en la «bravura de los cráteres», en los materiales concretos del territorio. Y una sensualidad vegetal imprime gran plasticidad al poemario.


Tal como declara la autora: «La poesía es del que la necesita». Y nosotros necesitamos estas voces iridiscentes, honestas, que no temen correr riesgos, que siguen su norte, para volver a la geoda de los hallazgos, a la reflexión y a ese campo de sueños que es el lenguaje.


Reseña de "Mixtura" en El Fescambre, por Jimy Ruiz Vega

Contentísima con esta reseña de "Mixtura. Antología personal" (Averso, 2025) de la mano de Jimy Ruiz Vega, crítico y perspicaz lector al que tanto admiro. Podéis leerla en la página El Fescambre.



Digerir el mundo
Jimy Ruiz Vega

El primer elemento con el que se encuentra un lector cuando empieza un poemario es la voz de quien habla, susurra o canta entre verso y verso. Esta voz nos va a acompañar desde el primer poema hasta el último que cierra el libro, y nosotros, los lectores, debemos reconocerla y creer en ella. Como mínimo, debería hacernos sentir algo que nos permita labrarnos una opinión concreta sobre su idiosincrasia y mundo simbólico. Son sus palabras, su ritmo y disposición las que nos van a aportar, de inmediato, detalles, imágenes y emociones sobre su creación poética; todo al unísono, bajo un conjuro, tal como ocurre cuando paseamos por la calle y alguien se pone de repente a contar batallitas de estados emocionales en una esquina.

Es fácil quedarse atrapado por la voz poética de Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975) de lo que evoca y vislumbra en sus versos sobre sus recuerdos de infancia, lugares habitados e identidad femenina. Todo ese mundo suyo de emociones y vivencias airean con sencillez y naturalidad una conciencia ética. Su poesía emerge desde la tensión experimentada, vista y sentida al propio tiempo que el poema inicia su viaje o descubrimiento: /Busco la voz que escale a lo callado/, dice la poeta en Cantaora, uno de los ciento cincuenta y cuatro poemas reunidos en Mixtura (Averso, 2025). Esta antología personal, editada con primor y mucho gusto, aparece como una vista panorámica de la trayectoria poética de Marina desde 2013 hasta 2024, un recuento de su trabajo creativo en el que despunta la naturaleza, el erotismo, el amor y el vínculo errante de vivir y estar en el mundo.

Mixtura es una antología que pone al lector frente a una exposición de poemas en el que el yo lírico se deja ver en el tiempo, desde su estado de entusiasmo e inspiración, hasta de éxtasis y fervor por la naturaleza. Esa actitud de asombro y señuelo ante la naturaleza está muy presente: /El bosque siempre guarda habitaciones/, sostiene el verso final de Salvaje; /He encontrado mi voz / en el murmullo amplio y colectivo / del río, del sendero / hacia los bosques./, confiesa en otro poema. En Marina, la poesía está totalmente despojada de retórica, y la metáfora nunca impide ver la vida, antes bien, se pone a su disposición.: Yo vine para esto, / para regocijarme en el avance, / para encontrar mi voz de nervadura, / para llegar un día / al lecho de la tierra que transforma.

No me olvido en resaltar la condición e identidad femenina que conforma el modo de vida propio de la poeta, así como su fascinante juego intelectual y erótico por el que transita con destreza lo dicho y lo callado de su poesía. En El relámpago en la habitación, quizá el poemario más espiritual, erótico y sensual de su producción, encontramos versos y cantos propicios que van no solo más allá de su significado aparente de realidad íntima, sino de realidad trascendida: Escucha, / la lujuria / es santa, / no te pierdas / el goce de saberte un animal. En El deleite, otro poemario que pone en alza los sentidos, el resurgir erótico de estos y su cartografía, como muestran estos versos de su poema El tacto, tan evocador y emotivo: Soy la miga de pan que retiene tu mano, / que dan forma tus dedos / (con un gesto aparente de calma) / y al ritmo sostenido del amor.

También está presente en la antología algunos de los poemas de Islario, un libro del que guardo una grata estancia lectora, que le valen a Marina para otear paisajes vívidos y razones para rememorar sus ecos y confluencias. Tiempo, amor, memoria, paraísos anhelados, destino, señales y vestigios, son temas recurrentes en su poesía, en la palabra como hacedora de mundos, como así refleja estos versos del poema Certeza: Soy el recorte vivo de un recuerdo que nunca sucedió. / Pertenezco a esa tierra que atrae / solamente a las voces perdidas. En esos encajes, entre palabras y estados de ánimo, se sustenta de alguna manera todo el sentido de lo que uno percibe de la poesía, y sucede, en verdad, cuando se tocan la vida reflejada de quien la escribe y de quien la lee. Marina es fundamentalmente una observadora del mundo que pisa, y de sí misma, una poeta encariñada con el paisaje y su memoria de donde, a su entender, parte todo.

La poesía de Marina Tapia, “de palabra vivida y significada, poeta de la tierra y el amor”, como recapitula Juan José Castro Martín en el prólogo del libro, transmite humanidad, ternura y arrobo. Su poesía no se aleja en ningún momento del pálpito de las palabras, del estremecimiento que suscitan y de sus significados. En estos encajes, entre palabras y estados de ánimo, diría que su poesía no hipnotiza, más bien despierta y busca instalarse dentro del lector: Me doy / pero me guardo, / he ahí mi mercancía. / Dejadme que conserve / algún secreto / furioso / entre los dientes. / Por lo demás, leedme sin piedad.

Esta antología personal atesora agudeza y un río de buenos poemas. Marina Tapia firma un jugoso compendio de su itinerario vital y creativo, ámbitos bien esparcidos a lo largo del volumen, como testimonio propio de su quehacer y de su pasión por la poesía. Solo me queda añadir que Mixtura despierta la sensibilidad que todos llevamos con nosotros mismos. Si la poesía importa no es por otra cosa que por saber que tiene algo distinto que ofrecer, algo tal vez más admirable, estético y sorprendente por desvelar e interiorizar, pero no por ello menos cierto o enigmático. Por eso nos gusta la poesía. Y nos seguirá complaciendo, sin tener que acudir a destacarlo con el énfasis artificioso de antaño.

viernes, 7 de noviembre de 2025

Reseña de "Mixtura" por Juan Carlos Rodríguez Torres

Muchísimas gracias a Juan Carlos Rodriguez Torres, por esta maravillosa reseña de "Mixtura. Antología personal" (Averso, 2025) en la revista Hojas sueltas. Sus palabras dan una bella visión panorámica del libro, resaltando elementos muy importantes para mí como la búsqueda de lo esencial, el viaje como camino y los lazos con la naturaleza.


UN VIAJE CIRCULAR A LA PUREZA

Suelen ser las antologías un compendio, una muestra de lo escrito por alguien durante un periodo de tiempo. Pero no debemos olvidar que una antología es un libro, y como tal tiene cuerpo propio, historia propia, una vida que funciona de forma independiente. Mixtura, de Marina Tapia, poeta chilena que ya pertenece al mundo, es un viaje circular que la propia autora realiza para encontrarse a sí misma y de esta manera ofrendarse al mundo con natural generosidad.

Mixtura está compuesto por diez libros en los que la autora recorre los distintos senderos que la conforman: la identidad, el exilio, el amor y la pasión, la naturaleza. Y los recorre en espiral, y a cada vuelta es más consciente, más humana, más persona.

Comienza este viaje atendiendo a su propia identidad, reivindicando su ser mujer y su ser humana libre, tomando conciencia de todos sus condicionantes, de aquello que la limita y de aquello que la hace fuerte con el único propósito de avanzar, de vivir. Aparece aquí la imagen de la mujer enjaulada en lo cotidiano, la mujer exiliada que necesita la acogida, el vértigo. Y va transformando poco a poco la piedra en escultura, en su afán de entregarse a los demás siempre en libertad. Los pájaros no deben seguir haciendo nido en las heridas.

La condición errante de la poeta convierte su vida en un viaje real, físico, doloroso. Pero trata de hacer también de este viaje una aventura, el misterio de la búsqueda y el encuentro, el sabor amargo y excitante de la incertidumbre, la necesidad de llegar a un lugar al que llamar mío. Todos tratamos de encontrar nuestro lugar en el mundo, y Marina Tapia va haciendo del mundo entero su lugar, transformando la tragedia de la huida en la oportunidad de ser de todos lados. Debo sentir la tierra como un todo, mirar a las ciudades desde el faro sensible del asombro.

Y qué sería de un viaje sin amor, un amor también físico, natural y salvaje. La poeta goza sin tapujos de su cuerpo (no te pierdas el goce de saberte un animal), usando tanto las metáforas naturales como el lenguaje explícito, y da rienda suelta a la pasión de forma natural, a la corpórea y a la espiritual, como en la vida misma. Y en este viaje, va vinculando el amor con lo sagrado, tratándolo desde todos los sentidos, un amor que va desde lo sencillo, desde lo real, desde todos los momentos, hasta el éxtasis. Una mujer que vive la pasión como ella elige y sigue lo que dictan sus latidos.

El paisaje, lo natural, es parte irremediable del camino, y sabernos parte de él puede ser sin duda la llegada. En el encuentro con paisajes nuevos que la acogen descubre la poeta una belleza deslumbrante, y siente que la ayudarán a limar las asperezas de su vida. Y poco a poco lo va sintiendo tan dentro que comienza a convertirse en el paisaje mismo. Y así, esta unión de poeta y paisaje se va enraizando a lo largo del libro, y en ese sentirse naturaleza, conversa con ella, con los árboles, con las flores, y también con otros seres humanos que descubre como parte de la misma. Y aquí, en este sentirse parte de lo natural, rechaza la existencia sin hondura. Me duele la simpleza de la vida que ahora se me anuncia, me espanta este vivir elemental.

Los viajes circulares terminan en el puerto de inicio, pero la persona ya no es la misma. Y este trayecto concluye como empezó, reivindicando a la persona, a la persona nueva, a la persona completada en el viaje, la persona que es historia, origen, emoción, cuerpo. La persona que grita soy persona, soy mujer. Un final del viaje que se muestra como una evolución temática de su poesía, una conclusión a la búsqueda para encontrarse a ella misma, la poeta pura que ha de entregar esta pureza a los demás. Tan solo quiero ampliar la voz de un grito, pesar mi identidad, ser un conducto.

Pero no nos engañemos, el final de un viaje es solo el comienzo de uno nuevo. De esta manera, cuando la poeta llega al final de su viaje personal, descubierta y asumida, sintiéndose parte de un todo, tiene ahora la capacidad de mirar al mundo natural con ojos nuevos, con neutral pureza, para descubrir el don que han recibido aquellos que han transitado este camino: ver la historia del mundo y la humanidad desde el sentimiento humilde de pertenencia, una especie de nirvana en la tierra que nos hace gozar de cada inspiración que llega a los pulmones. Hoy vuelvo a ser basalto, pizarra y arenisca, hoy vuelvo a ser mapuche, la hija de la tierra, serena como templo bajo el sol.

Es por tanto Mixtura un viaje que todos deberíamos realizar para ver el mundo con ojos nuevos, para sentirnos parte del mundo y así cuidarlo y disfrutarlo, para sentirnos parte de la humanidad y así cuidarla y disfrutarla, que nuestro viaje es corto y nos pasamos la mayor parte del tiempo sin mirar por la ventana.

(Juan Carlos Rodríguez Torres)