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sábado, 30 de mayo de 2026

"Poetas en construcción" en Cuadernos del Sur



‘Poetas en construcción’
El poeta Misael Ruiz recoge testimonios sobre el proceso creativo de 15 poetas de distintas ciudades y países.
Concha García

Cuadernos del Sur Diario Córdoba 30 MAY 2026 

Estamos en un sistema editorial que generó, según el Ministerio de Cultura, más de 91.000 títulos de libros en 2025, de los cuales solo un porcentaje muy pequeño logra vender más de 2.000 ejemplares, incluyendo libros de historia, catálogos de arte, novela negra, etcétera.

Hay dos grandes grupos, como Planeta, con más de 70 sellos, y Penguin Random House, que copan prácticamente el mercado de la poesía y la narrativa. Para sobrevivir a estos grandes emporios, las editoriales independientes tienen un papel fundamental a la hora de generar libros de calidad que no estén bendecidos por el mercado. En Barcelona, uno de esos sellos es Animal sospechoso.

Poetas en construcción es un libro de entrevistas y poemas seleccionado por el poeta Misael Ruiz, en el que se recoge el testimonio de 15 poetas sobre el proceso creativo. Lo particular de esta propuesta es que se pide a los autores que hablen del proceso mental antes de que aparezca el poema. En dicha selección encontramos ocho poetas residentes en Barcelona, procedentes de otros países o ciudades españolas, que a su vez eligieron a otros poetas bajo la misma idea. El cuadro que forma este libro es muy interesante porque se trata de un mestizaje cultural que se genera, sobre todo, en grandes ciudades como Chicago o Barcelona, comentaba el poeta Álvaro Hernando Fraile.

La Barcelona de ahora no es la misma que la de hace unos años. La mayor parte de sus poetas en lengua castellana fueron silenciados al no promocionarse sus obras a partir del año 2010. Ese silencio todavía late desde que la ciudad dejó de ser cuna de culturas diversas que irradiaban la luz de la modernidad, retrotrayéndose hasta alcanzar cotas de invisibilidad cuando, paradójicamente, se están generando mestizajes culturales muy interesantes y alentadores.

La editorial Animal sospechoso, al cuidado del incansable poeta de origen colombiano Juan Pablo Roa, logró crear con su sello una especie de canon poético de diferentes generaciones y tendencias para dar cuenta de lo que realmente está sucediendo en la Ciudad Condal, cuya brecha lingüística hizo borrón y cuenta nueva con la irrupción de las políticas lingüísticas prioritarias.

¿Qué encontraremos en esta antología?

Interesantes aportaciones a modo de sondeo sobre los modos de inspiración, no solo de creación. La mayoría de los poetas coincide en que debe existir inspiración y que, cuando llega, hay que atenderla. ¿Cómo llega? Con una palabra, un sueño, un sonido, siempre con cierta dosis de extrañamiento aderezado con el asombro, dando relevancia no tanto a cómo se hace un poema, sino a cómo se propicia.

Se habla también de la traducción, de la corrección del poema, así como de las fuentes que inspiran a los creadores.

Un idioma muy compartido

Juan Pablo Roa hace referencia a su fascinación por el español como lengua. Señala que somos más de veinte países los que empleamos un mismo idioma y que en cada uno encontramos modalidades de expresión diferentes. No en vano, se está generando un canon de poetas sudamericanas como Ida Vitale, Piedad Bonnett, Blanca Varela o Rosario Castellanos.


Llama la atención que, ante la pregunta de las influencias literarias, casi ninguno se sienta vinculado a un solo poeta de Barcelona, ni en catalán ni en castellano; únicamente aparece una mención a Jaime Gil de Biedma.

Protagonistas

Varios de los poetas residen en dicha ciudad desde hace años, como Rodolfo Häsler, Neus Aguado, José Ángel Cilleruelo, Teresa Shaw, Misael Ruiz, Corina Oproae, Cristina Grisolia, Miriam Reyes o Mónica Picorel, quienes eligieron a otro poeta con el que sienten afinidad: Laura Giordani, Álvaro Hernando, Tere Irastortza, Antonio Méndez Rubio y Marina Tapia.

Concluyamos que la inspiración mantiene un papel importante en el trabajo de todos. Les fascina buscar la etimología de cada palabra, saber de qué estamos hablando y nombrando, aunque el poema nunca debe escribirse pensando exclusivamente en ello: el resultado nunca se sabe.

Una excelente propuesta que podría ampliarse para sacar a la poesía de los ámbitos regionales y proponer nuevas miradas acerca del sujeto poético. Quizá debería comprometerse más con el tiempo que estamos viviendo, como dice Teresa Shaw: «Ver lo que somos, comprender el horror, mirarlo de frente».

Tal vez ese sea un camino que desvíe la atención de la poesía basada únicamente en la subjetividad del poeta que se pone una venda en los ojos. No cabe duda de que algo está cambiando desde hace mucho tiempo, y quizá haya llegado el momento de ponerlo en práctica sin ahorrar la complejidad que ofrece cada poema, dejando al lector la tarea de desvelarlo.


‘Poetas en construcción’.
Autor: Edición de Misael Ruiz.

sábado, 25 de febrero de 2023

Entrevista en Cuadernos de Sur

Feliz por esta entrevista en el suplemento Cuadernos del Sur del Diario de Córdoba. Un millón de gracias a Francisco Antonio Carrasco por su interés y por sus sagaces preguntas. Os dejo aquí con el contenido y el enlace. Espero que os guste.


MARINA TAPIA

Francisco Antonio Carrasco


¿Casualidad? ¿Excitación poética? ¿Alineamiento astral? El caso es que en 2022 consiguió un hecho insólito: la publicación de cuatro libros de poesía el mismo año.

Viajera infatigable, Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975) fijó su residencia en España en el año 2000 y desde 2013 vive en Granada. Ya en nuestro país, ha desarrollado una intensa actividad como poeta, artista plástica y divulgadora cultural. Entre sus premios literarios destacan Ciudad de Baena (2018), Joaquín Lobato (2020) y Águila de poesía (2022). El pasado año publicó cuatro libros: ‘Corteza’, ‘Un kilim de palabras’, ‘Bosque y silencio’ e ‘Islario’. ¿Alguien dijo que es difícil publicar en España?

-¡Cuatro libros en un año! Creo que esto merece una explicación. ¿Qué ha pasado?
Pienso como tú, Francisco, yo no buscaba eso pero ha venido así: ‘Un kilim de palabras’ lo envié a El sastre de Apollinaire, sello independiente que me encanta porque escoge muy bien lo que edita. Pasó el tiempo y me olvidé de ello. Fue una gran sorpresa cuando recibí, tras la pandemia, un correo del editor diciéndome que le había encantado el libro. En ese momento también se falló el Premio Águila de Poesía y resultó ganador ‘Bosque y silencio’. Además, acababa de salir ‘Corteza’ con El Envés. Y el remate de ese 2022 tan fructífero fue ‘Islario’, otro “sí” de la editorial Amargord. Lo bueno es que cada libro aborda diferentes temáticas y tiene distinto tono. Se han ido presentado dándoles a cada uno su espacio. Como ves, a veces son las circunstancias las que mandan.

-‘Corteza’ es una toma de conciencia, una liberación personal. ¿Cuánto cuesta plantarse ante la vida, rebelarse a todos sus dictados y decir ahora voy a tirar yo para adelante “…a tientas, sola, pero libre”, como expresa en su primer poema?
En ‘Corteza’ busqué fijar mi camino vital y sus aprendizajes, recoger múltiples fragmentos del pasado. Hay textos escritos en mi adolescencia y otros de mi etapa en Madrid: con su experiencia de la extranjería y la toma de conciencia de los obstáculos que tenemos como mujeres. Veo en su primera parte, ciertos paralelismos con la poesía de Maria-Mercè Marçal, un intento de acercarse a lo profundo, en donde la imagen y el concepto tienen gran protagonismo. Son poemas cortos y concisos. He preferido la precisión, adjetivar poco y encarar lo que me ha marcado. Hay una especie de redención con el pasado a través de la lírica.

-Adiós al padre, a sus normas (“Huyeron como Judas / tu credo y sus lecciones”); a la dictadura chilena (“Me fugo del rencor que apacentaste / del muro levantado entre nosotros”); a las imposiciones sociales (“Quiero plantar estrellas en mi cielo/ desvestir cada sombra / de este pecho lisiado”). Debe ser doloroso asumir todo ese engaño y emprender una nueva vida.
La figura del padre es simbólica, y va más allá del patriarcado, remite a lo asignado, a lo que se espera de nosotras, a los parámetros de nuestra valía. Poner sobre el papel las luchas internas contra los modelos sociales es un ejercicio de paz (como ya hice en ‘50 mujeres desnudas’). Dijo mi paisano Jorge Teillier: “La poesía es respirar en paz/ para que los demás respiren”. Pretendía reconciliarme con las aristas de la memoria.

-Sin embargo, ese miedo es difícil de desterrar, permanece aunque tomes conciencia de él: “Me sorprendo sintiendo temor ante un hombre, / bajando la vista, / pidiendo perdón”.
No hay mayor elemento de paralización que el miedo. Bajo su influjo, no siempre se puede reaccionar. Deseaba retratar esos momentos de parálisis que muchas mujeres hemos experimentado. Que algo tan simple como caminar por una calle de noche implique riesgo, es un reflejo de un mundo no tan igualitario como se proclama.

-En esa sensación vital que describe, la duda es uno de sus temas fundamentales: “Qué fértil es el charco de las dudas, / qué cierto lo que oscila, / lo que tiembla”.
Aunque en mí predomina la celebración, la vitalidad y el asombro (como en mis libros ‘El relámpago en la habitación’, ‘Jardín imposible’ o ‘El deleite’), en ‘Corteza’ me he adentrado en zonas más turbias y oscilantes. La duda guarda una semilla de humildad y de deseo de superación. No hay nada más arrogante que la seguridad.

-Quiero resaltar también, porque está muy presente en su obra, el reconocimiento a las mujeres poetas que la han precedido, de las que se siente herederas. Mujeres como Emily Dickinson.
Crecí bajo la figura de Gabriela Mistral, su voz estaba muy presente en la educación chilena, y desde muy joven leí a Alfonsina Storni y Juana de Ibarbouru o escuché a Violeta Parra. Antes de vivir en España, no fui consciente de este bello matriarcado poético que había heredado. En Madrid reparé en que el canon literario español apenas incluía autoras. Gracias a mi amistad con Ana Mañeru (traductora de Emiliy Dickinson al español) fui conociendo a inmensas poetas como Ángela Figuera, Juana Castro o María Victoria Atencia que, lamentablemente, no tienen toda la visibilidad que se merecen. Ahora me precio de ser socia de “Genialogías”, grupo de mujeres poetas que tiene como principal objetivo publicar los grandes libros de estas creadoras.

-También hay poemas en los que se abandona al paisaje, al silencio, a la luz y los murmullos de la naturaleza. “Quiero ser el rumor que convoca la vida, que sostiene el deseo”, asegura en ‘Bosque y silencio’.
El binomio palabra-silencio y la relación del ser humano con el paisaje son elementos constantes en mi poesía. Me interesa la intimidad con la naturaleza, no desde los tópicos o desde la mirada del romanticismo (distante, contemplativa y con los hombres como seres dominantes); suscitar en las lectoras, en los lectores esa canción profunda de los elementos, por muy modestos que sean, barro, troncos, estratos, todo lo que guarda el paso de las eras. Si una poeta tiene el don de ver belleza en lo mínimo ¿cómo no compartirlo? Como decía Jules Renard, no puedo contemplar la hoja de un árbol sin sentirme anonadado por el universo.

-Entiendo que la poesía para usted es muy importante. “Poesía, / quiero tocarte, / que dejes de ser una abstracción, / la suma de supuestos que persigo”, escribe en ‘Un kilim de palabras’. O asegura rotunda: “Si alguien me pregunta por mi oficio / ¿Qué diré? / Responderé segura soy poeta”.
Estoy en deuda con ella, me ha acompañado siempre. Desde los 6 años memoricé y declamé poemas que fueron la música de fondo de mi educación. He hecho grandes amistades a través de poesía, he conocido a mi compañero el escritor Ángel Olgoso en un acto literario. Y la lectura de poemarios incendiarios, imaginativos, reveladores me ha dado cobijo en tantos momentos. Son muchos años de una estrecha relación con la escritura y la lectura. Me ha abierto un universo de sensaciones, ha ampliado mi mirada, me ha brindado soledades luminosas.

-‘Islario’ muestra su espíritu viajero, la búsqueda de un lugar donde asentarse, el desarraigo quizá de no vivir en su país. “… este cuerpo, que anhela recorrer la tierra entera, / se busca sin respiro en el paisaje”. ¿Ha encontrado por fin su sitio en España?
En mi familia siempre ha habido una pulsión viajera (mi hermano vive en Berlín, mi hermana en París y mi hija en Vigo). Quizá buscamos una parte desconocida de nosotros reflejada en otro lugar, completar ese mapa de afectos dispersos en distintos enclaves.
No sé si mi ciudad definitiva sea Granada, sé que ahora quiero estar allí con mi pareja. Y aunque Dickinson cerraba la puerta de su cuarto con un “aquí, querida, está la libertad”, y entiendo esa postura de saborear el vasto espacio de la intimidad, reconozco que en mí late una fuerza centrípeta que anhela recopilar las maravillas dispersas por el mundo, para entregarlas como una ofrenda en forma de escritos.



domingo, 11 de diciembre de 2022

Muchísimas gracias a Francisco Onieva por esta profunda y plástica reseña publicada en Cuadernos del Sur Del Diario de Córdoba.






“Bajo la corteza, Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975) busca la savia que nutre todo el árbol que es ella. A partir de este eje vertebra su último poemario, ‘Corteza’, editado por la editorial granadina Elenvés, dentro de su recién nacida colección Innana Poesía. Se trata de treinta y un poemas divididos en dos partes asimétricas, «Raíces hondas» y «Ramas altas», ambos títulos tomados del poema «Desarmada», de Ángela Figueras Aymerich, cuya cita inicial es toda una declaración de intenciones y marca el itinerario propuesto por la poeta. Entre ambas secciones existe una cuidada red de vasos liberianos y leñosos cuya capilaridad va dejando poemas sutiles que, partiendo de la memoria, abordan un irrenunciable proceso de aprendizaje sobre la propia identidad, que lleva a la aceptación del yo, con sus grietas y contradicciones.


En los veintidós poemas-raíz Tapia evoca todos los yoes que ha sido y revisa los miedos y las certezas, las dudas y las huellas, las culpas y el propio cuerpo, en un intento de despojarse de todo lo accesorio, hasta llegar a la nervadura identitaria. A continuación, en los nueve poemas-rama, establecido ese anclaje vital, el yo poético se reconoce en otras voces de mujeres con las que comparte horizontes y grietas, a las que homenajea y a las que siente parte de una misma genealogía, de la que se considera eslabón.


Todo esto con un verso que nace de lo cotidiano y que, a través de una cadencia elegante, hilvana momentos comunes ofrecidos al lector con un gesto de entrega y gratitud, como el del árbol que se sabe parte de un paisaje porque existe una persona que apoya su mano sobre su tronco y percibe el bombeo exacto de la savia”.

(Francisco Onieva)