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domingo, 17 de marzo de 2024

Reseña de "Corteza" en la revista Paraíso

Todo un placer recibir el regalo de esta reseña de “Corteza”en el número 22 de la revista Paraíso escrita por Álvaro Salvador, en la cual recoge y sintetiza maravillosamente la esencia del libro. Muchísimas gracias a este gran maestro y amigo.




“Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975) desde su llegada a España en el año 2000 se ha ido construyendo una sólida trayectoria como poeta y artista plástica. Pero ha sido sobre todo en esta su última etapa de residencia en Granada cuando se consolidó su voz más personal. Ha publicado hasta ahora una decena de libros de poemas y ha cosechado algunos de los premios más importantes que se convocan en esta disciplina. Uno de los tres últimos es esta magnífica ‘Corteza’ que nos disponemos a comentar ahora.

El concepto que la autora utiliza como título y como núcleo central de la argumentación que el poemario desarrolla, es un concepto muy querido por mí y que he utilizado en algún libro para intentar definir mi propia poética. En una primera acepción, el diccionario nos habla de la corteza como una piel vegetal y alimentaria, pero en seguida remite también a lo carnal e incluso a lo espiritual: «exterioridad de una cosa no material». La corteza, pues, se asemeja a una coraza que reviste, que protege, pero que también separa, e incluso oculta de las amenazas exteriores, lo más valioso o lo más débil. Así lo señala la autora en el poema del mismo título: «Te acostumbré / corteza, / cuerpo mío ,/ a ser enmudecido, / a la resignación, / al cerco / y, en la mesa, / dejar

que te engulleran / los chacales. / Marcada como res, / carnada para otros, / giraba sobre ruedas ya montadas. / Fui durmiendo a mi savia, su soltura, / aletargando el paso/ hacia mí misma».

El libro, introducido por un prólogo muy iluminador de Cristina Grisolía, se divide en dos partes: «Raíces hondas» y «Ramas altas». En la primera parte, el punto de partida creo que se señala en el poema «Nenúfar en el fango»: «En espacios ajenos, / en un cuerpo asignado, / de alquiler a la muerte / vivo // sin mí y en mí». La herida de la condición está señalada por el color rojo, tal y cómo se describe en el siguiente poema sin título: «Siento este rojo en el rostro / color de la vergüenza de mi especie… // que no existe un color que nos gobierna / que no existe la ira/ que no existe tortura». La causa parece estar en las «voces» del patriarcado, de los «didactas» y así lo señala la autora haciendo un recorrido por las distintas contradicciones de su educación, individual

y colectiva: las voces del sacerdote, del dictador, del padre, del compañero y, en definitiva, del varón: «Quiero romper su reino / de cruces y de culpa, / desatar lo que ayer fue sometido, / andar a tientas, sola / pero libre».

Desde ahí, la lógica del poema se despliega en busca de la identidad del personaje poético, «buscadora de espejos en un mundo de hombres». Y esa búsqueda exigirá riesgo, agotarse hasta el límite: «sabré quien soy al límite, en el filo», nos dice en el poema «Hierba que crece en el luto». Para desembocar inevitablemente en el fracaso del dolor: «Soy esa conjunción de mis dolores / el vuelo sobre el suelo del fracaso». En ese camino de perfección, o liberación, el primer paso consistirá en «despojarse del peso de la imagen», de la imagen adquirida en el espejo de los hombres: «vivir sin piel // vestirme o desvestirme de mí misma». A partir de ahí, la diferencia, la nueva imagen la marcará el cuerpo, el cuerpo de mujer: «Buscadme en el acero de mi cuerpo», dice

en el poema «Cabeza de tormenta». Y en ese camino, apoyada en uno de los tópicos más recurrentes de la poesía tradicional, el árbol, surge de nuevo la imagen de la corteza con un sentido nuevo y —por qué no— pleno, la corteza entendida como la piel, el revestimiento material, pero sobre todo la corteza entendida como una frontera espiritual, ideológica, política: «Definitivamente me apodero / de toda mi corteza / de todo el territorio de mi vida». No es de extrañar, por tanto que el siguiente poema, titulado muy significativamente «Reafirmación» comience diciendo que «ya no me miro al modo de los hombres».

La segunda parte, titulada «Ramas altas», integra una colección de ocho poemas dedicados a distintas figuras femeninas, esas guías que la autora buscaba en el poema «Encargo»: «Una voz semejante / una voz de mujer que nos guíe…» Y esas voces semejantes las componen un grupo de figuras literarias integrado por la Dickinson, la Pardo Bazán, María Zambrano, Gabriela Mistral, Adrienne Rich, pero también por otras más desconocidas como «las mujeres represaliadas», Ana Mañeru, Estela… en definitiva un coro de mujeres que la afirmen en esa nueva juventud que pervive en la garganta. En ese eco del discurso guía femenino que quiere ser, ella espera encontrar la «paz y la palabra» como afirma en el poema dedicado a Gabriela Mistral.

Y la epifanía, el logro final de ese camino de perfección y liberación, se materializa en los dos últimos poemas del libro, en «Celebración»: «Mi mente y su gobierno reverencian / a la mujer madura que conformo». Y, sobre todo, en el poema final «Verbo que sobrevive», en el que se asume la doble condición de la voz del poema, la de mujer y de escritora, doblemente creadora de vida: «Soy mujer / que pare con conciencia / criaturas que puedan / caminar por el mundo, / caerse, rebelarse, decidir».”

domingo, 7 de mayo de 2023

Palabras de Ivonne Sánchez-Barea

Agradezco de todo corazón a la artista y escritora Ivonne Sánchez-Barea estas hermosas palabras que dedica a "Corteza". ¡Muchas gracias, amiga!





“Me es imposible asistir a esta presentación por encontrarme fuera de Andalucía, por lo que hago llegar estas palabras dirigidas a Marina Tapia de su libro 'CORTEZA'.

Entre la corteza y el verde, hallamos las profundas raíces de una poética madura que busca su esencia en esa voz que se dice en sí misma.

Un resonar del tiempo, que la hace reconocerse y crecer hasta las alturas, y donde ve más allá, para quizás darse cuenta que el universo esta comprendido de personas semejantes y, de su mano, su pensamiento y experiencia, nos abre este libro que deshace nudos de su madera.

Como poeta y mujer, desde la consciencia que me acompaña desde niña, y desvistiendo inseguridades sembradas desde los primeros pasos, nos hacemos astillas o nos hundimos en fangos, para finalmente hallarnos en la imagen del agua, en ese espejo donde nos sabemos, nos hallamos y reafirmamos. Así me encuentro en tu libro: CORTEZA.

Esperamos muchas veces el alba, y en un pálpito de miedo, encogidas en la vigilia, con el temor de hundirnos en lo oscuro y solo, pero Marina Tapia, la autora de este poemario, nos rescata del exilio de los mundos y nos recuerda que más allá de las campanas, hay nuevos cosmos que esperan nuestras huellas.

Quizás somos parte de los pasos firmes de las poetas, y celebramos la vida, desde el verbo y la carne que nos crece y nos nace de la entraña con palabras.

Gracias Marina, amiga, por brindarme tu cariño, tu poesía y tus ramas altas para ver otros paisajes”.

Ivonne Sánchez- Barea


sábado, 17 de diciembre de 2022

Entrevista sobre "Corteza" en Secretolivo

Gracias a Javier Gilabert por esta entrevista en SecretOlivo, que me ha permitido hablar más a fondo sobre uno de los libros más intensos y personales que he escrito, "Corteza".


Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Marina Tapia: Con Corteza quería recoger diferentes impresiones de la etapa por la que atravieso, mi próxima entrada al medio siglo de vida; deseaba hacer una revisión del camino transitado, cuestionándome diversos aspectos de él, y compartir poemas escritos en diferentes momentos pero que mantenían una unidad: eran rotundos y no hacían concesiones al miedo, al dolor o al desarraigo. Quería hablar de la conciencia de nuestras limitaciones, de los condicionantes que —como ser humano y en especial como mujer— se experimentan. Y cómo se llega a ese punto en el que se acepta el cuerpo, lo que somos, nuestro pasado, para luego avanzar y elegir lo que queremos ser de ahora en adelante.

Este libro vuelve de alguna manera al espíritu de mi primer poemario, 50 mujeres desnudas, a bucear en la condición humana, en la identidad y el desdoblamiento; eso sí, esta vez estableciendo claramente dos partes: una donde los grises y las sombras del pasado se exponen sin autocensura, y otra en la que vemos cómo podemos elevarnos amparados en esas personas luminosas, o en una comunidad de gente valiente y creativa que nos da su apoyo (en general referentes literarios que siempre están allí para marcarnos el norte, como Emily Dickinson, Emilia Pardo Bazán, Adrienne Rich, Gabriela Mistral o amigas como Ana Mañeru).


¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Surge ordenando mis poemas de diversas etapas, incluso los de juventud (ya que comencé a escribir muy pronto y conservo bastantes cuadernos de mi infancia y adolescencia). Con este conjunto he querido volver a esa niña y a esa joven que fui, recoger sus temores, sus impresiones del entorno en el que creció (una familia de artistas, en medio de una dictadura que había cercenado la posibilidad de construir democráticamente un nuevo modelo de sociedad). He intentado cantar con voz de lluvia —y vestida con prendas empapadas de ayer— un canto de esperanza. Por eso el lector encontrará textos como “Siento este rojo en el rostro”, escrito a los 16 años, junto a otros como “Celebración” o “Encantamiento” alumbrados a finales de 2021.


¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Me gustaría que sintieran este libro como un espejo, un espacio donde se refleja algo colectivo: las marcas de una educación estricta que han recibido tantas generaciones, el peso de nuestra imagen física a causa de los volubles y mercantiles cánones de belleza que imponen los medios y la moda, o el sentimiento de culpa que siembra en nosotros una religión que, por lo general, celebra el dolor de la crucifixión más que la alegría de la resurrección. Aunque está escrito en voz de mujer y basado en mis vivencias, algunos amigos que lo han leído se han sentido identificados con la voz poética y con su caminar hacia un punto más luminoso. 

Mi intención es emprender, junto al lector, un viaje simbólico hacia la aceptación y la valoración de lo que somos, de todo lo que nos eleva y enriquece. Por ello el libro se divide en dos partes muy bien diferenciadas: “Raíces hondas” y “Ramas altas”. He utilizado los excelentes versos de una de mis poetas preferidas, Ángela Figuera Aymerich, (“Quiero raíces hondas, ramas altas,/ cauce y muralla, brújula y refugio./ Y soy una mujer. Apenas algo./ Carne desnuda, sola, desarmada.”) como imagen que representa a la perfección los dos bloques del libro. Los árboles, con sus dos partes opuestas, raíces y ramas que tienen como sustento el agua y el cielo, retratan muy bien la condición humana. Podríamos decir que estos versos de Ángela Figuera son la columna vertebral del volumen. 


¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Desearía que se vean reconocidos en sus textos, que sientan los poemas como propios, que den voz a sensaciones por desgracia habituales como el desarraigo, la violencia sexista, el enfrentamiento con el padre —o con la madre—, la rebelión contra los regímenes totalitarios que tanto España como Chile han sufrido, etc. Y quiero que disfruten también de las cualidades estéticas del poemario, lo bien que lo han editado las socias de ElEnvés, la calidad del papel, el tacto de la portada, su formato moderno, esas páginas de cortesía en color turquesa… Me gustaría que este libro los acompañe, que hagan suyos estos poemas-ofrenda. Escribo llena de entrega no sólo para mí, sino para los otros, para una colectividad afectiva. Y que los lectores puedan decir, como escribió Cristina Grisolía en el prólogo, «leer a Marina Tapia es hilvanar trozos de vida comunes a todas nosotras, es por lo tanto una lectura de reparación y completud».


¿En qué medida veremos en él —o no— a la Marina Tapia de tus anteriores obras?

Creo que la musicalidad y el ritmo de mi poesía siguen aquí presentes. También el deseo de utilizar los adjetivos justos y precisos, un lenguaje cuidado pero a la vez cercano, sin caer en lo coloquial o lo explicativo. Que en la página del poema acontezca todo, que haya un movimiento sostenido a través de los verbos, con  finales que cierren y rematen lo expuesto, ya que cada poema —en este libro en especial— es una unidad propia que no necesita imperiosamente del conjunto para comprenderse. Quizá, por su temática, me he alejado más de la abundancia retórica y la explosión celebrativa de Jardín imposible o El relámpago en la habitación. Trata un tema más duro y contenido, y necesitaba de un lenguaje más conciso, de versos más desnudos y despojados para transmitir con veracidad el proceso vital de una mujer que camina a la madurez.


Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Corteza’, ¿cuáles serían?

Me quedaría con “Celebración”, porque refleja muy bien el punto en el que estoy y la voz actual: la de una mujer que tiene que asumir sus límites, sus fuerzas, su cuerpo, la perspectiva de que los años por delante no son ya tan numerosos. También escogería el poema que aborda el concepto de la paz, “Aquello que florece bajo sombras”, en el que se aquilatan y se valoran la paz o la armonía que las mujeres hemos mantenido como llama encendida a lo largo de la historia. Y por último “Nueva Penélope”, un texto que describe a una mujer que se espera a sí misma, a ese otro nuevo y renovado ser que vendrá con la madurez que dan los años.

Y añadiría quizá estos tres versos que, de alguna manera, resumen el espíritu del libro: “Sabré quien soy al límite, en el filo,/ sabré de lo encontrado en lo perdido,/ con la distancia, acaso, podré verme”. Creo que ese “acaso” hace énfasis en algo muy cierto: buscamos conocernos pero no hay una definición exacta y nada es categórico, somos algo en constante cambio y la poesía está allí para retratar —y para recordarnos— esa corteza frágil y cambiante que tenemos. 


¿Han cambiado los temas que te interesan? ¿Sobre qué estás escribiendo ahora?

En general, intento realizar libros temáticos, con un asunto determinado, con un núcleo compacto (el erotismo, las cuatro estaciones en la Vega de Granada, la botánica fantástica, el silencio, los viajes, etc.), busco desarrollar una idea distinta en cada conjunto pero, por supuesto, en todo lo que he escrito predominan mis grandes amores: la naturaleza y la búsqueda de la hondura de la vida. Ahora estoy en una etapa en la cual no escribo poemas y la veo como un descanso necesario; eso sí, leo mucha poesía y escribo algunas impresiones lectoras. Me interesa repensar la poesía, buscar nuevas maneras de abordarla, teorizar un poco acerca de la creación desde un ángulo no académico. Quizá me asemejo en estos momentos a la Momo de Ende, que permanece sentada escuchando las voces de otros en ese círculo de piedra, en el anfiteatro del mundo. Gamoneda decía que la inspiración no es más que una tensión intelectual. El silencio y la escucha quizá tensen las ideas tarde o temprano.


Además de escribir eres artista plástica. ¿Cuánto de esta disciplina se refleja en tu poesía y viceversa?

Poesía y pintura se entrelazan en mí mediante hilos muy sutiles pero, con el paso del tiempo, van tejiendo una trama más firme. En muchas temporadas de mi vida he dejado aparcada a la pintura para centrarme en la escritura, pero cada vez resulta más frecuente y más intensa la necesidad de que ambas convivan, de que haya vasos comunicantes entre estas dos disciplinas. Quizá por eso, cuando presenté Islario, realicé una serie de ilustraciones alusivas al poemario. Y ahora he pintado un grupo de 40 láminas para Corteza que regalaré a los asistentes en la presentación, en la Biblioteca de Andalucía. Para mí el arte es una manera de escuchar y dialogar con la existencia, de apresar lo transitorio, de bucear en la grandeza de lo sencillo y cotidiano. En mi poesía —según opiniones— se aprecia que soy pintora, “pintas con las palabras” han comentado, “parece que estoy viendo un paisaje”. Y creo que en mis cuadros, en especial en las últimas series, abundan los versos escritos a mano, el juego de la metáfora o de la imagen poética. Quizá, después de todo, soy bilingüe de otra forma (aunque nunca se me han dado muy bien las lenguas extranjeras).


Por último, como lectora, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Me gustaría que invitarais a la excelente poeta y amiga argentina Cristina Grisolía, que ha tenido la gentileza de escribir el prólogo de Corteza. Seguro que estará encantada con tan interesante y agradable propuesta, como lo estoy yo, Javier, con esta entrevista.


TRES POEMAS DE ‘CORTEZA’ DE MARINA TAPIA


CELEBRACIÓN


Frente al altar cambiante de la edad,
rescato las palabras vigorosas
que guardé para mí.

Me digo:
la voz no se marchita,
la juventud persiste en la garganta
versando sus picantes saberes y delicias,
capaz de sujetar su floración.

Un sortilegio brota de mi gruta,
un aroma de cuerpo asentado,
y en este medio siglo que me ciñe
soy vaso de mujer,
mirada que equilibra
−así, serenamente−
lo adusto y lo carnal.

Hoy voy a hablar de límites, 
del peso del pasado, 
de conquistas.

Y yo te quiero, cuerpo,
vulnerable corteza,
te acojo en mi pupila, te sopeso.
En ti se estableció todo el reinado
del tiempo que irrumpía desde fuera,
del tiempo que horadaba desde dentro.

Caderas,
vientre,
pecho que decae,
puedo besaros, sí, puedo alabaros.

Mi mente y su gobierno reverencian
a la mujer madura que conformo.



AQUELLO QUE FLORECE BAJO SOMBRAS

Refrán y palabra no entienden,
mas luego se van a encontrar,
y cuando a los ojos se miren
el verse será adivinar”
     (Poema ‘Ronda de la paz’ de Gabriela Mistral)


Esta paz renovada 
que crece desde el centro de mis ojos,
este mar de quietudes 
                quiere volverse paso, 
                         salir desde su límite,
abarcar cada espacio que encuentra,
transmitir su armonía a los hombres.

Sólo tiene tres letras esta palabra mía,
que acompasa su ritmo con un dulce silencio.

En medio del dolor se nos presenta,
modesta, cotidiana pero alta
que el ojo ha de encontrar.

Acógela, abrázala, 
repite su canción de amanecer
que ensaya nuevas formas de nombrarse.
Proclama con sus manos la alegría, 
despiértala en tu boca.

Paz. No sólo aquél antónimo de guerra.
Paz de mujer. Trozo de pan 
que siempre ha sido nuestro.

Colmena que en la mente
transforma cada celda del pensar.



NUEVA PENÉLOPE

Para Ana Mañeru Méndez


En el tiempo esencial de la espera, 
boceto los latidos,
imagino el temblor,
perfilo el aura.
Ensayo las palabras, la venia, la sonrisa
con la que aguardaré a la prometida, 
que llegará mañana hasta mi hogar. 

Aquella seré yo.        

¿Qué silueta tendré bajo la luz
¿Cómo se expandirá el amor 
desde mi centro?

Buscaré nuevos retos acordes a mi fuerza.
Quizá mi porte sea el del bambú,
tan recio, tan sutil.

Quiero dormir cuidada por tu voz,
hermana del albor,
en este espacio fértil de la espera.


domingo, 11 de diciembre de 2022

Muchísimas gracias a Francisco Onieva por esta profunda y plástica reseña publicada en Cuadernos del Sur Del Diario de Córdoba.






“Bajo la corteza, Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975) busca la savia que nutre todo el árbol que es ella. A partir de este eje vertebra su último poemario, ‘Corteza’, editado por la editorial granadina Elenvés, dentro de su recién nacida colección Innana Poesía. Se trata de treinta y un poemas divididos en dos partes asimétricas, «Raíces hondas» y «Ramas altas», ambos títulos tomados del poema «Desarmada», de Ángela Figueras Aymerich, cuya cita inicial es toda una declaración de intenciones y marca el itinerario propuesto por la poeta. Entre ambas secciones existe una cuidada red de vasos liberianos y leñosos cuya capilaridad va dejando poemas sutiles que, partiendo de la memoria, abordan un irrenunciable proceso de aprendizaje sobre la propia identidad, que lleva a la aceptación del yo, con sus grietas y contradicciones.


En los veintidós poemas-raíz Tapia evoca todos los yoes que ha sido y revisa los miedos y las certezas, las dudas y las huellas, las culpas y el propio cuerpo, en un intento de despojarse de todo lo accesorio, hasta llegar a la nervadura identitaria. A continuación, en los nueve poemas-rama, establecido ese anclaje vital, el yo poético se reconoce en otras voces de mujeres con las que comparte horizontes y grietas, a las que homenajea y a las que siente parte de una misma genealogía, de la que se considera eslabón.


Todo esto con un verso que nace de lo cotidiano y que, a través de una cadencia elegante, hilvana momentos comunes ofrecidos al lector con un gesto de entrega y gratitud, como el del árbol que se sabe parte de un paisaje porque existe una persona que apoya su mano sobre su tronco y percibe el bombeo exacto de la savia”.

(Francisco Onieva)

domingo, 20 de noviembre de 2022

Presentación de "Corteza" en la Biblioteca de Andalucía

    Buenas tardes, amigas y amigos. Muchísimas gracias por estar aquí acompañándonos en la presentación de Corteza, este libro tan personal que ha tenido la suerte de contar con el apoyo de las editoras del Envés, Concha Badía, Almudena Rubio, Pepa Merlo y Conchi Molina. Gracias también a la Biblioteca de Andalucía y, en especial, a Álvaro Salvador, prestigioso poeta al que me une nuestra mutua admiración por Rubén Darío y el haber compartido gratas conversaciones y eventos. Una vez más, como en la mayoría de las presentaciones, no tengo la suerte de contar con el apoyo de mi familia o con los amigos de mi infancia o juventud, ni con compañeros de estudios que me arropen, ni siquiera con conocidos de Chile. Toda mi familia vive o está lejos... vosotros, los amigos que tan gentilmente me acompañáis ahora, sois en realidad mi familia. Ser una extranjera que ha vivido además en varios lugares de España (Salamanca, Madrid, Granada) y que dentro de esta última ciudad -la que ya me atrevo a considerar mía- se ha arraigado en diferentes barrios y pueblos (Albaycín, Fuente Vaqueros, La Zubia), me ha llevado a experimentar una sensación continua de provisionalidad, de volver a formar un nido, de esforzarme mucho más que otros por cultivar una de las relaciones humanas que considero de las más hermosas: la amistad. Por ello, muchísimas gracias por acogerme, por mostrarme vuestro afecto, por estar conmigo hoy. Publicar y presentar un libro es muy importante para los que escribimos, es como un parto y un bautizo a la vez, es mostrar algo íntimo, exponerlo y regalarlo con la ilusión de que sea bien acogido.

Como os decía, este poemario es uno de los más personales y confesionales que he escrito. En él repaso de forma  concisa y simbólica, varios condicionantes de mi vida, de mi pasado. Pero tengo la confianza de que podréis sentiros reflejados en estos espejos-poemas que comparto con vosotros, ya que todos hemos vivido −de una u otra forma− la opresión ejercida por la sociedad de diversas maneras, todas y todos hemos buscado nuestra identidad, nuestra fuerza interior y hemos querido decir: “definitivamente me apodero/ de toda mi corteza,/de todo el territorio de mi vida”, o “incendiaré el terreno de los miedos/ y aquella languidez que ha descompuesto/ mi máquina de Hacer,/ su caldera de fuego y valor”.

Los textos de este libro, son menos dulces y mucho más duros que los de libros anteriores. La naturaleza, uno de los temas a los que más recurro e indago, aquí sólo está presente como sostén alegórico: el ser humano es ese árbol con una corteza vulnerable que busca elevarse, busca el sol y la luz, pero que inevitablemente está enraizado a una tierra que a veces siente áspera y ajena. La palabra ha buscado ser astilla, “puñalitos” como diría Lorca, dardo que se dirige a la diana de nuestros sentimientos de culpa, inconformismo, soledad o dolor. En ‘Corteza’, en su primera parte, se dibuja con decisión la figura de un padre simbólico (que puede ser la represión de la dictadura en la que crecí o crecisteis, pero también las estrictas observancias religiosas o simplemente el patriarcado). Ésta figura encarna la tutela asfixiante de la sociedad. Y, justamente, la transformación vendrá no sólo del interior y del deseo de romper lazos, llegará de la mano de nuestras hermanas o hermanos existenciales, de esos referentes luminosos que nos muestran el norte o nos dan su apoyo. Nuestra transformación puede nacer de esa misma sociedad en la que vivimos, no apartados de ella. Por eso, el poema que cierra el conjunto es un canto a las luchas colectivas, “estamos conectadas como una red de aljibes”, nos dice la voz poética. “Y así seguimos juntas repartiendo/ nuestra octavilla blanca de paloma/ y nuestra libertad de enredadera/ sobre este mudo asfalto”, recalca.

Y los referentes literarios que planean en el conjunto son las poetas y narradoras Gabriela Mistral, Adrienne Rich, Emilia Pardo Bazán, Ángela Figuera Aymerich, Emily Dickinson y dos buenas amigas escritoras, Ana Mañeru y María García Zambrano, a las que le dedico sendas piezas. Ellas, pero también otros autores, sirven de sustento, ya que la poesía no se construye desde el ensimismamiento, desde el yo como punto de partida, no, nace en el rico contexto de la tradición, de todo lo que otras y otros nos han legado. La poesía bebe de la genealogía.

No quiero dejar de agradecer −en este momento tan bonito y especial para mí− el amoroso e incondicional apoyo y la escucha atenta de mi pareja, Ángel Olgoso, que me ha acompañado en este tiempo de “ramas altas”, en esta segunda parte de mi vida (mucho más luminosa, pacífica y fructífera literariamente), así como a sus hermanas Carmen y Nieves que hoy están aquí.

Y con este poema, que retrata a una mujer, a Penélope, que ya no espera a otro sino a sí misma, os agradezco nuevamente vuestra presencia y atención, antes de dar paso a  Nahed Al Satli que nos deleitará con su música, que acompañará el recitado de algunos de mis poemas.


NUEVA PENÉLOPE

En el tiempo esencial de la espera, 

boceto los latidos,

imagino el temblor,

perfilo el aura.

Ensayo las palabras, la venia, la sonrisa

con la que aguardaré a la prometida, 

que llegará mañana hasta mi hogar. 


Aquella seré yo.        


¿Qué silueta tendré bajo la luz?

¿Cómo se expandirá el amor 

desde mi centro?


Buscaré nuevos retos acordes a mi fuerza.

Quizá mi porte sea el del bambú,

tan recio, tan sutil.


Quiero dormir cuidada por tu voz,

hermana del albor,

en este espacio fértil de la espera.











domingo, 28 de agosto de 2022

Dos poemas de "Corteza" en Youtube

Qué alegría encontrase con este vídeo en Youtube de dos poemas de "Corteza", ElEnvés Editoras ("Aquello que florece bajo sombras" y "Celebración") maravillosamente leídos por el poeta José Luis Rico. Espero que lo disfrutéis tanto como yo. ¡Muchas gracias, J.L.Rico!



sábado, 30 de julio de 2022

Reseña de "Corteza" por Miguel Arnas

Agradezco de corazón al querido amigo Miguel Arnas su excelente reseña de mi libro "Bosque y silencio", aparecida en la sección cultural de Ideal 'La página de los libros' el pasado 23 de julio.
 
 

viernes, 29 de julio de 2022

Corteza en la revista Zenda

Comparto con gusto esta selección de poemas de "Corteza" (ElEnvés Editoras) que ha publicado la revista Zenda.



sábado, 9 de julio de 2022

Presentación en Almuñécar

La noche del jueves 7 de julio presentamos en el parque El Majuelo de Almuñécar "Corteza". Estuve gratamente acompañada por Almudena Rubio, una de las editoras de El Envés, y de Alberto Manuel García Gilabert, concejal de Cultura. Lamentablemente, Álvaro Salvador no pudo acompañarnos como estaba previsto, debido a motivos de salud. Os dejo con imágenes del evento.