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miércoles, 24 de junio de 2026

Presentación de "Circunloquio de amapolas" de Sebastián Waldo

Un placer haber presentado junto con Ángel Olgoso el poeamrio "Circunloquio de amapolas" de Sebastián Waldo en la Biblioteca de Andalucía de Granada. Os dejo con mi texto:




PRESENTACIÓN DE «CIRCUNLOQUIO DE AMAPOLAS» DE SEBASTIÁN WALDO


Es un gusto presentar un libro de un buen amigo, en especial cuando compartes con él país de origen, cultura y lecturas similares. Encontrar otro chileno en Granada (sólo había conocido uno antes de Sebastián) y que, además, sea poeta es un feliz regalo de la vida. Esa ligereza que adopta el espíritu al tener un interlocutor con el que pasear por las letras y los mundos -desconocidos aquí generalmente- de Jorge Teillier, Floridor Pérez, Oscar Castro, Juvencio Valle, Julio Barrenechea, María Luisa María Bombal, Pedro Prado o Carlos Pezoa Véliz es una delicia. Pequeños, y grandes milagros a la vez, los que convoca la comunicación tiznada de la tierra de la infancia y la juventud, empapada de referencias nítidas y transparentes como burbujas. Porque el universo literario se alimenta de ecos entre montañas levantadas por las lecturas iniciales. Es un juego de sedimentos sobre la base de los libros que amamos en nuestro comienzo como lectores.

Por eso, siento una alegría especial al invitaros hoy a leer este «Circunloquio de amapolas». Un conjunto que se abre con una acertada cita del poeta lárico chileno Jorge Teiller: «Sabías que las ciudades son accidentes / que no prevalecerán frente a los árboles». Sebastián Waldo coge el testigo, vuelve siempre a Teiller para construir un espacio de acción en el cual la naturaleza dirija las pisadas y la mirada del poeta. La voz que se desenvuelve en este libro parte de las presencias sagradas de lo vivo, para luego recrearlo, intervenirlo y generar uno nuevo más cercano al ser humano. El poeta es una lupa nacida de la sensibilidad, es un faro encendido entre los automóviles y el pavimento mostrándonos los bosques.

Según mi apreciación personal, este poemario sigue el tono de «Jornadas neorrománticas» (Aliar Ediciones, 2024). También aquí, los elementos personificados cobran un protagonismo sustancial, hablando con audacia y soltura. Todo es símbolo y signo. La voz poética no dejará de recordarnos: «La materia ansía todas las formas». Y con versos como estos, sentimos más latente la relación de Sebastián Waldo con las escuelas de escritura de naturaleza norteamericanas, pero también con las corrientes de América del Sur, con sus pueblos originarios creadores de mitos y leyendas nacidos al calor de lo telúrico. Si nos remitimos al término con el que se bautizaron los pobladores del sur de Chile, los Mapuches, veremos que quiere decir “gente de la tierra”. Y ese “de” es muy significativo, remite a la pertenencia, a un lazo vital y originario indisoluble. Es interesante tener en cuenta desde dónde nace la voz que ha buscado comunicarse y ha construido o ha adopatado un idioma, una lengua o un dialecto; hay que prestar atención a esa trayectoria: porque es justamente en la poesía donde se evidenciarán nuestras raíces.

En este volumen de Waldo hay una parte más sintética y depurada en la que retrata el paisaje de Chile que -de alguna forma- es también el del sur de Andalucía: «Ahí me refugié entre yuyos silvestres / que erguían sus astas / bajo un sol desganado de diciembre, / ahí se escabullía el rumor del Pacífico / como el llamado de viejos navegantes, / y en lo alto de las dunas / el viento doblegaba los pinos». Vemos en el poeta una precisión para nombrar el universo natural minúsculo y sencillo. Y es muy destacable, en su trabajo, la conexión establecida con las formaciones rocosas que, como chilenos, tanto nos marcan y sostienen. Esas alturas minerales presentes en las obras de nuestros premios nobeles como Gabriela Mistral y Pablo Neruda, vuelven a demarcar el territorio levantado por el verso. La voz que se alza no teme a la especificidad, no tiene reparos en nombrar y utilizar palabras precisas como: ofiolitas, geosinclinal, riolita, por ejemplo. El cuerpo terráqueo cobra protagonismo y no es solo alimento para lo visual y lo conceptual, es materia alimenticia. En el libro también hay referencias sutiles a las efemérides de Chile: «y dieciocho es un día que para nosotros no termina, / rapsodas condenados a cantar siempre lo mismo».

En esta obra de Sebastián Waldo, también disfrutaremos del juego de siglas a través de tres poemas encabezados por las letras del abecedario: ADN. Un desarrollo intelectual y emocional con la predominancia de palabras que comienzan con estas letras nos plantea el vacío interior y la andadura del hombre entre centurias humanas.

Finalizando el conjunto encontraremos un grupo de poemas más cercanos a la denuncia, a modo de repudio de la relación actual del hombre con su hábitat. La voz poética acusa y reprende a nuestra especie que se sitúa lejos de la naturaleza, que es engullida por grandes ciudades que le roban lo esencial Y hace una defensa de la lentitud.

«Circunloquio de amapolas» realiza un dibujo del hombre muy preciso y siempre circunscribiéndolo a la atmósfera y al entorno, a esa identidad nómade e indefinida que estuvo en sus comienzos. Os leeré algunos versos muy destacables en los que se aprecia la columna vertebral del libro: «Hoy he decidido que la amapola es la flor más bella, / porque la vi radiante entre los jardines mustios», «Aromos y sauces arqueados sobre el río, como lo que aparece / porque sí, porque en la materia había espacio», «Te canto porque nadie más lo hace, pero sobre todo / porque tu displicente alegría no necesita reverencias», «¿A quién cantar en una tierra de sordos. / A nosotras, las amapolas que año tras año / aguardamos pacientemente para encender / las colinas con nuestro fuego olvidado».

Y, para terminar, quiero traer unos versos que reflejan la potencia que en el poemario tienen los elementos por encima de la mirada del autor, donde el paisaje se impone al ego: «El viento calculó toda la liviandad / y, borboteando, colmado de hidrógeno, / fluyó bajo el sol, / bullendo para volver otra vez al aire». Aquí vemos el gobierno de las fuerzas del planeta frente a la fragilidad de los seres humanos.

Dejémonos encantar por estas directrices, por este corpus nutricio de un poeta con los pies hundidos en el humus vital. Gracias, Sebastián Waldo, por mostrarnos un camino de redención con tu trabajo.



lunes, 4 de mayo de 2026

Recital Poetas Hispanoamericanos en Granada, en la Feria del Libro

Una tarde fantástica de poesía y amistad ayer en la Feria del libro, en la que trajimos un poquito de Argentina, Chile y Puerto Rico a nuestra querida Granada. Feliz de haber compartido lectura con Raul Alonso, Varo Huertas y Sebastián Núñez Torres. Gracias a todo el público que se acercó. Y gracias a Ángel Olgoso por la idea de este Recital de Poetas Hispanoamericanos en el Pabellón Andalucía y por las fotos.









miércoles, 11 de junio de 2025

Reseña de "Jornadas neorrománticas", de Sebastián Waldo en CaoCultura

Gracias por la publicación de mi mirada lectora al poemario "Jornadas neorrománticas", del poeta chileno Sebastián Waldo, a María Angeles Robles Morales, de CaoCultura. Espero que os gusten mis palabras. ¡Sigamos leyendo y compartiendo! 




NOSTALGIA, SUTILEZA Y ESTACIONES

Encontrarse con “Jornadas neorrománticas”, del poeta chileno afincado en Granada Sebastián Waldo, es volver al universo de la poesía de mi tierra natal, a los ecos de Jorge Teiller y su poesía lárica. Podemos decir que un Tellier contemporáneo vive entre sus páginas y nos invita a realizar un verdadero viaje a las brumas del territorio austral, a ese lugar perdido en la memoria, entre esteros, lámparas ciegas, casas en ruinas, con el raído rumor de las hojas y la guerra de lluvia en los tejados. Me hice con este libro la pasada Feria del Libro de Granada, en la caseta de Averso/Aliar, y en él he hallado un trozo vivo de mi pasado, un pozo donde confluyen sensaciones que había perdido: mundos que sólo pueden crecer en el territorio latente de la poesía chilena.

El poeta apresa impresiones muy leves, e intenta definir elementos atmosféricos a través de imágenes novedosas: “Sabes bien que el estío nace / de las más breves tinieblas”. O momentos concretos del día a través de la potencia y claridad de una imagen: “Apaga todas las luces / para que la noche descubra / su verdadero rostro.”, “los astros mueren cada noche / para nacer de nuevo en el canto de los gallos”.

Bajo la estructura de anáforas y repeticiones, que mantienen un ritmo sostenido en las estrofas, Sebastián Waldo levanta composiciones sólidas, de alta coherencia, con buenos finales, títulos precisos y musicalidad gustosa.

En el poemario encontramos palabras de origen mapuche o de árboles y plantas originarias de Chile que otorgan una prestancia colorista al libro (queltehues, aromos, imbunches…). En él los pueblos −no las grandes ciudades− y su nostalgia de historias están reflejados. Barcos extraviados, trenes que se marchan hacia pueblos de la memoria, espejos que ya no guardan el recuerdo de los rostros, fantasmas, chimeneas, caminos polvorientos y casas de piedra: símbolos muy contrarios al progreso, muy alejados del paisaje de prisa y rendimiento de la sociedad actual donde solemos movernos. Y es justamente por eso que agradecemos esta voz auténtica que nos transporta a su eternidad detenida, a ese paraje de vientos que dominan todo (hasta los reflejos, el mundo privado y las esperanzas), a un desfile de naturaleza casi anacrónica que es tan emocionante recuperar. Porque los escenarios de Waldo son, de alguna manera, los de esa juventud que todos hemos vivido, un espacio donde el amor deformaba la realidad, donde el tiempo y las horas estaban a merced de nuestra ensoñación, donde la capacidad para expandir un instante era moneda corriente y el verdadero tesoro de ese periodo. Leyendo estas “Jornadas neorrománticas” (Averso, colección Perversa, 2015), título que ya nos anuncia claramente la voluntad del autor por sumergirnos en una época pasada, los lectores sentiremos que no sólo se puede llegar a la contemplación del paisaje y a la reflexión acerca de la fugacidad de la vida a través de las corrientes orientalistas (tan de moda actualmente), sino también a través de estos ecos presentes en el universo lárico, en la pulposidad de la mirada y del decir de latinoamérica.

Invito a leer a este autor con voz propia, que trae a nuestro panorama una corriente fresca, magallánica y un imaginario nostálgico y reinventado.

Marina Tapia