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martes, 5 de mayo de 2026

Presentación de "Nômade"

Muchísimas gracias a Ángel Olgoso por sus maravillosas palabras y a tod@s l@s que abarrotasteis la Sala Zaida en la presentación de “Nômade” (Entorno Gráfico), durante la Feria del Libro de Granada 2026. Os dejo con el texto de Ángel y con algunas fotos:









<<Resulta fácil presentar cualquier libro de Marina, dada la calidad intrínseca de todos ellos. Y al mismo tiempo resulta muy difícil presentar a Marina dada su humildad, su deseo congénito de invisibilidad. Es como intentar atrapar a un humilde gorrión sin que se le parta a uno el alma; un gorrión que, a lo sumo, sólo quiere que nos fijemos en su vuelo y no en su condición de ave, de criatura aérea. Pero cómo hablar de la poesía de Marina sin decir que pertenece a ese linaje escaso de los poetas de nacimiento, que viven, respiran y transmiten poesía. Seguro que ahora mismo tiene el corazón saliéndose del pecho, azorada por las cosas que ando diciendo, pero cómo ocultar su singularidad, tan rara y valiosa sobre todo en un presente colonizado por vanidades, oropeles impostados y egos revueltos. Aunque a Marina le horroricen estas afirmaciones, somos afortunados de que su suculenta savia chilena esté renovando de nutrientes los vasos liberianos de la poesía granadina y española.

Tras ese hito en su trayectoria creativa que ha sido “Mixtura”, la antología personal en la que ha recopilado una buena muestra de sus diez primeros poemarios (algunos inencontrables al tratarse de ediciones debidas a diversos premios literarios), hoy nos entrega su nueva obra, “Nômade”, que Entorno Gráfico ha tenido el tino y buen gusto de publicar aquí, en Granada, el hogar desde hace trece años de una Marina ya no tan nómada. De alguna manera, “Nômade” entronca con “Islario”, una obra suya anterior donde peregrinaba con emoción contenida a numerosos lugares del mundo, ya que “Nômade” fue escrito en gran parte durante su residencia en Óbidos, becada por Granada Ciudad de Literatura Unesco. Digo en gran parte porque, además de contener “Cuaderno portugués”, con los poemas destilados y tamizados durante su estancia en aquella hermosa ciudad medieval, “Nômade” cuenta con un segundo grupo de poemas titulado “Errantía”, formado exclusivamente por sonetos. Piezas todas hermosísimas, en las que Marina retoma, se ciñe y revitaliza los temas de este molde clásico con una altura tal que uno parece estar leyendo por ejemplo a Sor Juana Inés de la Cruz. “Cuaderno portugués” es belleza sencilla, es azul, es melancolía, es bodega, es Atlántico, es muralla, es verdín, es tiempo desflecado, es dulzura, es nudo y salitre, es barca amarrada, es viento verde, es alfiletero de saudades. “Errantía”, en cambio, es verbo sonoro, espíritu inquieto, rima felina, destierro leve, nácar escarchado, es andadura, feliz ejercicio, vida renovada, pupila y bravura, es sol a manos llenas, es orbe de diamante.

Como dije en uno de los prólogos que tuve el privilegio de escribir a alguno de sus libros, los versos de Marina polinizan el alma. O, por decirlo al modo de Cunqueiro, la poesía de Marina es ambrosía, madre de levitaciones. Y Marina es a su vez, como todos los poetas auténticos, una médium verdaderamente modesta. Su humildad custodia la pureza que necesita, por encima de todo, el poeta. Pienso que Marina podría ser uno de aquellos ángeles que visitaron a Abraham, en pura misión de consolarnos en un mundo demasiado feo y bárbaro. Que Marina podría ser como esos médicos, como esos contados seres misericordiosos que tienen la seguridad de que con dulzura y consuelo se curan muchas enfermedades. O como esos místicos que pasan de puntillas por su tiempo, porque el ruido del mundo no deja oírlos, pero luego, aunque sea mucho tiempo después, acaban resonando como un fragor en el corazón de las gentes, que por fin pueden escucharlos. Porque tengo la certeza -como la tiene cualquier persona que se haya acercado a su poesía o la frecuente en el futuro- de que la lectura de los versos de Marina es realmente un descansadero, un lugar de quietud, un espacio calmante del alma donde se amortiguan los ruidos y se otea el mundo, con sus colores y misterios, como desde una particular y gratísima lontananza; donde los sentidos se expresan y glorifican mediante la razón y el ritmo interno; donde los apetitos, con sus batallas y cicatrices, se subliman, y se auscultan apaciblemente los afectos.

Quizá la sensación de transparencia que se respira en su obra provenga de que nuestra poeta no se deja atrapar por el paisaje, por las vivencias o los sentimientos, sino que los deglute y los fija para nosotros en planos mentales. Según Azorín, lo que da la medida de un artista es su sentido de la naturaleza: un escritor será tanto más artista cuanto mejor sepa interpretar la emoción del paisaje. No parece sino que Azorín se refiriera a Marina. Porque ella no habla acerca de las hojas de los árboles y de las ardillas y de la espuma y del musgo en las rocas y de las golondrinas, sino que habla en su nombre, sin intermediarios, impregnada la poeta de su gracia, de sus átomos, de su sustancia tangible, ataviada de pura luz, transmitiéndonos -con cordial belleza y frescura- un mundo natural vivo, soberano, inteligible, en primera persona. Marina, en su fragua infatigable, es capaz de explorar la frontera entre la palabra y el silencio, de sondear las entrañas tectónicas de la Tierra, de sentir apego por todos los seres, de atrapar epifanías en la pinaza de un bosque, de esculpir las fases del deseo, de atisbar el infinito tras los marcos azules de una ventana portuguesa, de celebrar la existencia como si fuera un centelleante trozo de ámbar, de agasajarla con versos, pinceles o títeres.

Como dice María Negroni, la poesía es la continuación de la infancia por otros medios. Y es que hay una afinidad entre las cajitas donde los niños guardan sus diminutos tesoros y los retazos de vida, los datos sedimentados del mundo que los poetas guardan en sus libros. Lo infantil, como lo poético, es una sublimación de la curiosidad y la memoria, una resistencia testaruda. Igual que el espacio mágico de la infancia, la poesía de Marina Tapia se habita más que se lee, es el arte del silencio inteligente y hermoso, del fervor asombrado, de las esquirlas de un yo que se preocupa por todos nosotros y cuyos temas giran alrededor de la poeta en una espiral armónica, como quería Sor Juana Inés de la Cruz.

Para Gertrude Stein, la poesía perfecta era como perfecta sabiduría y santidad, simplicidad y transparencia. La poesía de Marina Tapia, hasta este su último libro, “Nômade”, se acerca de manera extraordinaria a esa idea, a ese deleitoso ideal. Porque los poemas de Marina existen, no parecen haber sido fabricados sino que pertenecen al orden natural, como el lirio silvestre. Se encuentra uno muy a gusto respirando su aire puro, lleno de misteriosas fragancias, de brisas sensuales, de combinaciones armónicas, de exquisitas ósmosis. Sólo muy pocos autores nos acompañan muy profundamente, creadores que poseen un don donde se funde la gracia y la tersura expresiva con una lucidez especialísima, genuinos artistas que son esclavos del don que han recibido. Sólo muy pocas veces nos penetran palabras esenciales por su verdad o su belleza. Por lo general, y porque la sed no se apaga sino con agua de manantial, hay que cavar un pozo muy hondo para encontrar una veta pura. Y la poesía de Marina lo es, un don como la claridad del agua o de la luz. Un don que no se sabe de dónde viene, sólo se sabe que hay que cavar mucho y esperar mucho. Hasta hoy, en que tenemos la suerte de atesorarlo de nuevo en el cuenco de nuestras manos, en este pequeño volumen de una poeta destinada a ser un clásico, porque sus libros poseen la elegancia, la limpieza y la precisión de lo atemporal>>.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Ángel Olgoso en el Taller de Escritura de La Zubia

Fue un verdadero placer contar ayer con la visita de Ángel Olgoso en nuestro Taller de Escritura de La Zubia. Una tarde cálida, divertida e inolvidable, llena de exquisita literatura en torno al género híbrido (centrada en su última obra 'Madera de deriva'), a la pasión por el lenguaje y al respeto por la inteligencia del lector. El encuentro contó además con dos sorpresas, la visita de Ramón Melgarejo, amigo de su época estudiantil, y la lectura de un texto homenaje por parte de Carmen Moral Santaella creado especialmente para la ocasión. Gracias, querido compañero, por regalarnos tu larga experiencia creativa y tus fascinantes obras, que nos alientan a seguir en la búsqueda de la belleza y de nuestra propia voz. Os dejo con algunas fotos de Margarita Osborn Belt y Daniel Martin Peralta, y con mis palabras de bienvenida:



PALABRAS DE BIENVENIDA PARA ÁNGEL OLGOSO

Vivir con un grandísimo escritor como Ángel Olgoso deja una marca imborrable en tu forma de mirar el mundo y de entender la literatura. No sabéis cuánto le debo, aunque lo imagináis.

Vengo de una familia en la cual la escritura, la creación y la lectura siempre han estado presentes, pero, a pesar de mis orígenes y del ambiente artístico-cultural en el que crecí, os puedo asegurar que nunca antes había conocido a alguien con las características de Ángel: una persona que tuviera en exclusiva un cuaderno con un listado de posibles títulos (para sus creaciones, sí, pero también para regalárselos a otros escritores ‘necesitados’ de una buena palabra aglutinadora); una inmensa colección de citas repartida en decenas de libretas y recopiladas durante décadas; y menos aún, una verdadera máquina perfecta para la confección de prólogos, epílogos, reseñas, presentaciones, o nutridos comentarios (¡para enmarcar!) dedicados de una forma tan honesta y desinteresada a un centenar de creadores de diversos puntos de la geografía y de diversas épocas. Todos estos gestos y actitudes muestran claramente su vocación y su compromiso con la palabra justa, con el lenguaje bien cimentado, con la literatura que se toma en serio. Y también da fe de esto que comparto: su amplia correspondencia −y apoyo− con otras autoras y autores a lo largo de toda una vida, y su labor al frente del Institutum Pataphysicum Granatensis, sociedad puesta en marcha por él que oxigena y refresca las acartonadas maneras de los grupos literarios o académicos −en las que pueden caer− las ciudades de provincia. Y, a pesar de todo esto, uno podría imaginarse un Ángel Olgoso con aura de literato, con pose de intelectual y consciente de su valía. Una podría pensar que sus conversaciones giran en torno a sus procesos de escritura, a las corrientes actuales imprescindibles, o que saca a relucir el centenar de antologías en las que está incluido (como quien no quiere la cosa), o que asume sin rubor el término de ‘maestro’ que muchos le aplican. Pero no. El Ángel Olgoso que a diario se pasea por la casa en que vivimos, el que ordena notitas en el escritorio, el que toma apuntes con letra minúscula (esa que casi pide perdón por desplegarse), el que abre los ojos deslumbrado ante una palabra nueva que le regala un libro, el que se recuesta a leer buscando el tímido sol que entra por las ventanas es totalmente sencillo, es una persona tímida, un enhebrador de pensamientos dispersos y flotantes, un hombre predispuesto a lo cotidiano que ni repara siquiera en su excepcionalidad. Un creador sin aureola o marco dorado.

En este curso, en el que abrimos nuestro aprendizaje con el estudio del género híbrido y con una amplia muestra de algunos de sus exponentes, cómo no aprovechar esa ‘conexión’ estrecha que me une con el autor antes citado para invitarlo a nuestra aula, cómo no celebrar el hecho de tenerlo tan a mano y profundizar así en este tipo de escritura que él tan maravillosamente desarrolla. Nos hemos acercado a su deslumbrante ‘Madera de deriva’, y hemos tenido la suerte, además, de leer algunos inéditos de ‘Mirabilia’. Hoy es un día gozoso porque podemos avasallarlo con preguntas y observaciones, quizá no tanto para él a causa de su timidez. Hoy es un día de fiesta del lenguaje. Quién mejor que Ángel para motivarnos a no temer a usar todas las palabras del diccionario que necesitamos para ser más precisos; quién mejor que él, absoluto amante de los géneros que abordan el pensamiento y la reflexión (ensayo, diarios, literatura de viajes, textos misceláneos…) para inspirar nuestras búsquedas hacia nuevos puertos.

Te damos la bienvenida a este taller tan receptivo, y que tanto admira tu trabajo, querido Ángel. Este bello grupo humano en el que cultivamos el aprendizaje como forma de vida. Para ser buenos creadores y creadoras es siempre tan importante tener buenos modelos y espejos en los que mirarse, y tú eres uno de esos referentes: has conseguido crear un mundo y una obra sólida a pesar de tus circunstancias iniciales: un hogar en el que no había libros, crecer teniendo como marco un pueblo de la vega granadina sin grandes recursos educativos, en una época en que lo más apremiante era trabajar para subsistir. Gracias por crecer y siempre ser fiel a tu voz, por no plegarte a las demandas del mercado, por hacer de tu oficio un ejemplo para todos nosotros.

(Marina Tapia)










viernes, 27 de febrero de 2026

Prólogo para "Cronotopos", de Ángel Olgoso

Mi prólogo para “Cronotopos”, de Ángel Olgoso, libro de gran formato ilustrado a todo color por el maestro Antonio Madrigal y publicado por el Grupo Pandora con edición de Pedro Tabernero.




DOMESTICADOR DE RELÁMPAGOS

Jamás pensé, y menos aún en mi Chile natal, que un día conocería a un caballero de la Tabla Redonda: Ángel Olgoso es un Sir Galahad de la escritura, un caballero puro, fiel a sí mismo, a su insobornable independencia, al valor supremo de escribir con total libertad, a defender la belleza y riqueza del lenguaje así como la exigencia literaria y la inteligencia del lector, con plena entrega a su tarea. Un Don Quijote que ha cabalgado entre dos siglos hechizándonos con el fuego de su imaginación y con la intensidad de sus historias.

Recuerdo la primera vez que escuché una de sus historias, hace trece años, la leyó él mismo en el Aljibe del Rey, un mágico y alhambresco enclave. Su relato “La pequeña y arrogante oligarquía de los vivos” envolvió y conmovió a todos los presentes, fue como escuchar un texto que estaba más vivo aún que el mismo espacio natural que nos cobijaba. Hablaba de un mar compuesto de cuerpos muertos que se superponen formando las olas y que, cómo no, evocaba a nuestro Mediterráneo, tan enlutado por las pérdidas de vidas humanas a causa de las migraciones, pero también por la sucesión de los siglos y siglos que contiene. Ángel sabe arrastrar a los lectores a su terreno; por eso, cuando se le lee, uno se vuelve inevitablemente un ‘olgosiano’, desea con adicción habitar esos mundos que él convoca, vibrar con los acordes medidos de su narrativa. Entramos a ese habitáculo construido por él no sólo a través de la potencia de sus imágenes, de su lenguaje colorista y escogido con minuciosidad, accedemos a ese camarín mágico gracias a un despliegue intencionado que es capaz de poner en funcionamiento al mismo tiempo nuestros cinco sentidos: todo nuestro cuerpo y sensibilidad se despiertan, como de un sueño o un letargo, bajo la fascinación y el influjo de su escritura. Letras de fuego y letras empapadas sutilmente con el sello de su lugar de origen: el sur de la península, Granada. Letras mestizas, deliciosamente mixturadas. Letras que son taracea en movimiento, azulejos reflejando realidades paralelas, posibles e imposibles, abovedados que amplían los dictados de la imaginación. Así como Valparaíso ha donado a mi poesía su marca de inventiva, nostalgia o el azul rubeniano, la escritura de Ángel aviva y mantiene el empaque y la exquisitez de los reinos dorados del sur, siendo a la vez, universal y única.

Creador de un mundo propio, poético e inquietante (setecientos relatos, varios volúmenes misceláneos, un poemario de haikus y un centenar de collages), autor de una obra que trasciende los límites del género breve y de la literatura fantástica, soñador que hace viajar al lector por mil espacios distintos, y que cuenta historias que nos representan a cada uno en singular y a todos como especie. Los que lo leemos con asiduidad agradecemos: su variedad de temas y registros, las abundantes lecturas que se traslucen y que dan perspectiva y profundidad al texto, su búsqueda de un contar estético pero a la vez cercano en su plasticidad, su gusto por las citas y datos singulares que preserva para nosotros, su calidad en medio de tanta publicación comercial, su ironía revitalizadora. Ángel es capaz, con el simbolismo de sus relatos, de transfigurar la realidad y de resumir la condición del ser humano en una gota de rocío o de cifrarla en una galaxia, se ha mantenido siempre fiel a la divisa patafísica de su caballería: “Me esfuerzo de buena gana en pensar cosas en las que pienso que los demás no pensarán”. Una ‘rara avis’, por así decirlo, un creador genuino, discreto en la vida real y aguerrido ante el folio en blanco. Los que hemos tenido la suerte de convivir y relacionarnos con él, sabemos cómo su timidez se vuelve arrojo para narrar, para desarrollar su vocación, para darse a los demás a través de palabras impresas e impregnadas de su dialogar interno.

Mi percepción es que el motor que mueve a Olgoso es la búsqueda de la belleza, de una especial, aquella que va más allá de lo definido. Belleza en el lenguaje, y en la mirada que acoge lo más auténtico e indestructible de los alimentos terrestres. Percibo ese impulso en él, ese afán por acoger, por compendiar los saberes y experiencias, por prenderse a la vida −real e imaginada− como grácil semilla. Un escritor de nacimiento, según mi parecer, ya trae la chispa inquieta del decir en sus ojos (también en los que se abren desde el interior). Observa, recorre lo que ve, intuye los estratos que forman cada elemento, cada hecho, sus capas de pasado, lo que ha quedado escondido, la luz y las sombras. Y de esa capacidad de observación hace gala Ángel, la trae en sus genes, es su cimiento, su viga maestra.

En el relato que viene a continuación, los lectores gozaremos de un mundo rebosante en el que se despliegan todas estas virtudes. En él encontraremos, además, personajes misteriosos y a la vez desenfadados, organizaciones secretas, diálogos filosóficos, nuevas posibilidades del tiempo y el espacio, horizontes que difícilmente antes imaginábamos. “Cronotopos” es una joya que engalanará nuestra biblioteca. Un libro plástico y conceptual, un libro para leer, releer y disfrutar visualmente. Un volumen de los que el autor tanto aprecia: arte con palabras y arte con pintura, ambos unidos en estrecho abrazo.

Dejémonos llevar por el lúcido fogonazo de este domesticador de relámpagos, de este caballero que no sólo no lucha contra los encantamientos sino que los provoca, dejémonos seducir por una literatura que deja huella.





lunes, 2 de febrero de 2026

Presentación de "Mixtura" en la Biblioteca de Andalucía

Muchísimas gracias a todas las amistades que se acercaron el pasado viernes a la presentación de 'Mixtura', también a mi querida Rosa Morillas Sanchez por su cálida y completísima presentación, a la Biblioteca Provincial de Granada por el espacio, a Ángel Olgoso por las fotografías, y a Sebastián Núñez Torres por su apoyo logístico. ¡Muy emocionada por vuestro cariño!









jueves, 11 de septiembre de 2025

Mi reseña de "Estigia", de Ángel Olgoso, en Masticadores

Una gran alegría compartir mi mirada lectora acerca de "Estigia" un excelente y atrapante libro de Ángel Olgoso. Gracias a Masticadores, en especial a Felicitas Rebaque, por su publicación.




UN CARONTE GRANADINO

“Estigia”, el tercer volumen de la compilación de los cuentos completos de Ángel Olgoso, y que con un cuidado al mínimo detalle, publicado por Eolas, dentro de su colección “Las puertas de lo posible” (2025), viene una vez más a confirmarnos que nos encontramos con un verdadero maestro de la literatura. 

Aunque la muerte pueda parecer un tema sombrío o un eje vertebrador complejo y del que muchas veces nuestra sensibilidad desea huir, la manera magistral de abordarla, el abanico variado de historias y situaciones diversas (un centenar de relatos de calidad sostenida), nos ayuda a superar nuestra posible percepción estrecha de la muerte abriendo galaxias de posibilidades y nuevos ángulos de enfoque. 

Qué estimulante resulta adentrarse en las páginas de un libro con buenas citas. Las seleccionadas por Ángel, son todas lúcidas y precisas, y nos ayudan a entender más profundamente algunas ideas contenidas en sus relatos. Por ejemplo, el enfoque de Jules Renard, concluyendo que lo dulce de la muerte nos libera del pensamiento de la muerte, es genial. También la de Giuseppe Mazzini apuntando que no existe la muerte, sino el olvido. Como siempre, Olgoso escogerá para nosotros interesantes frases desbrozadas de sus numerosas lecturas y las entrelazará −con el nudo de su reflexión siempre en guardia− en los encabezamientos de su obra. Él siempre tendrá sus píldoras aromáticas de pensamientos para regalárnoslas en el momento justo, cuando empieza la tos. 

Los relatos que inician el conjunto abren inmejorablemente el apetito del lector. Textos como “Designaciones” o “Relámpagos” son piezas magistrales (uno se pregunta, de manera inevitable, por qué tras más de cuatro décadas de trabajo silencioso y de múltiples premios y traducciones, un autor de tan probada excelencia, todo un referente del relato en español, no brilla con la fuerza que merece en el lugar que le corresponde). 

Esta colección olgosiana en Eolas es un verdadero festín para sus lectores, a los que nos gusta tener en nuestra biblioteca, bien recopilados y a nuestro alcance, toda su creación −desde los textos breves a los más extensos−. Hoy en día, disfrutar la obra completa de alguien que ha participado en numerosas antologías y cuyo material se encuentra disperso o descatalogado, es un milagro. Cuántas veces he buscado en Internet un escritor o una poeta que me interesaba, y sólo he encontrado fragmentos, paja y neblina. Son muy de celebrar este tipo de compilaciones realizadas con elegancia y rigurosidad, que ponen a nuestro alcance las versiones definitivas, escogidas y agrupadas por el propio autor. También es una suerte este tipo de volúmenes temáticos que nos ayudará a localizar más fácilmente un relato en cuestión. Gracias a este trabajo editorial, podemos hacer una inmersión en el universo olgosiano sin ninguna cortapisa.

Volveremos a llorar con “La muerte desordena” porque, aunque se haya leído y se conozca su planteamiento, es un tejido de emociones palpitantes tan bien hilado que vuelve a conmover. Impresionante asimismo “La ciénaga”, descarnada visión del hermano que vuelve de la muerte con otra percepción: una narración inquietante, lóbrega, de sorprendente final, una acertada reescritura bíblica. Sentiremos la voz desalentada de la naturaleza en “Días felices”. El mundo rural nos acogerá en su fértil territorio para lo atávico con “Las huellas de los pájaros en el aire”, “Jueces del Valle de Josefat” o “Estorninos en la higuera”. Lo poético vendrá de la mano de “Los simunes del deseo”, “El papel” o “Armonía de las esferas”. El simbolismo trascendente de “Umbrales” o “Los despeñaderos” nos deslumbrará. El mundo de los afectos familiares palpita bellamente en “Suero” o en “Vínculos”. Nos extasiaremos con la belleza de “El pigmento de la creación”, “La piel en el rompiente”, “Mujeres desnudas bajo impermeables mojados” o “Diadema en tu cabello”. La presencia del cuerpo, con sus huesos, jugos y descomposiciones, con su deseos pujando más allá de la muerte, erizarán nuestra piel: el autor nos trae aquí por ejemplo “Manos que ven”, De masticatione mortuorum” o “Un introito para arpa de tendones humanos”. Y, como es habitual, Ángel nos transportará a la cultura del Japón que tanto ama y que no puede faltar en cada libro, esta vez con “Fantasmas de las Cuatro Suertes”. Hay espacio para lo oscuro, para la ironía, para lo metafísico, para lo imaginativo, para lo mítico, para lo erudito y lo fantástico. Este verano, acompañados de “Estigia”, se nos hará mucho más fresco y más corto gozando con esta colección tan heterogénea y excelsa.

Navegad, marineros en la laguna de sus letras, llegad a horizontes velados e infinitos. Porque, como dice Ana María Shua en el prólogo, nada es tan simple cuando nuestro Virgilio se llama Ángel Olgoso, que nos hace viajar en el tiempo y en el espacio, atormentándonos dulcemente mientras leemos y nadamos, con la cabeza apenas sobresaliendo de las negras aguas. 

Y, para terminar, y a modo de invitación, quiero dejaros con “El purgatorio”, relato con el que finaliza el libro:

“En la última página de su última obra, el autor escribió la palabra «Fin». Los empleados de la funeraria −que mostraban ya una cortés impaciencia− pudieron entonces asegurar la tapa del ataúd.”>>

domingo, 29 de junio de 2025

Recital de poesía arábigo andalusí

Muchísimas gracias a tod@s l@s amig@s que nos acompañasteis ayer en el recital arábigo andalusí en el convento de San Luis el Real, y a tod@s l@s participantes del Círculo Literario de La Zubia, y a l@s que prestaron su voz en árabe y sus delicados instrumentos. Fue un delicioso viaje en el tiempo a través de la poesía y la música bajo el Laurel de la Reina. Gracias a Margarita Osborn por sus fotos del dúo Pimpinela y también a Rosa Ortega.

















miércoles, 11 de junio de 2025

Elogio a la lectura

En este día lorquiano, 5 de junio, quiero recordarlo rescatando el espíritu de sus "alocuciones". Espero que os guste este sencillo homenaje a la lectura. Perdonad la juventud de este texto sin tanto reposo. Lo escribí ayer.





ELOGIO A LA LECTURA

Para Ángel Olgoso, lector tenaz.

I

Hay un libro que quisiera reseñar. Abre un mundo dentro de este mundo, desata en mi interior una palpitación distinta a los latidos del corazón. Arrastra un impulso que me desvela. Y, de madrugada, el lápiz busca retratar lo inmaterial que se asienta, busca realizar una estructura, una construcción, un esqueleto para contener lo que destilo de sus páginas. ¿Dónde en realidad vive mi libro?, ¿en qué lugar? Su esencia se ha desplazado de su continente de cartón y papel hasta un punto inexacto, que no está necesariamente en mi pensamiento, que vive también en el campo de las sensaciones físicas, en la fricción de su recuerdo con la realidad que transito. ¿Cuándo podré alumbrar aquella conclusión que yo llamo ‘reseña’, aquel remate, aquel cierre capaz de controlar al animal que ruge sus improntas.

Intuyo que este libro ya existía dentro de mí mucho antes de leerlo. Su apuesta por valores tan perdidos y anacrónicos −como el honor−, sus empolvados brillos, los limos que se extienden por sus páginas, su catálogo exacto de la humanidad, me perseguían antes de tenerlo entre mis manos. Pero esta vez es mío en lo carnal, no se escapará. Al extractarlo, al fijar con apuntes y citas su volatilidad, al retratarlo con palabras concretas al fin descansaré, poniéndole candado a mi tesoro.

Este libro es bisagra entre el pensamiento y la emoción. Es un hilo musical que apacigua mis días. Un objeto simbólico, un tótem que organiza ideas salvajes con otras meditadas. Me habla de lo incorruptible, de aquella eternidad contenida en el lenguaje. Tiene algo de piel, de tejido y de sangre, de músculo y mecánica. Es un alegato colectivo contra el tiempo. Es un clamor sin lengua, es universal. Confío en él. Confío en terminar una humilde reseña, sencilla pero ardiente.

Ya caí del caballo en medio de mi loca carrera hacia la nada. Fui de Damasco. Pude escuchar. Me deslumbró el asombro. Ahora vendrá otra música, la que yo module. Por fin seré respuesta, conclusión y podré dibujar mi torpe escrito por siempre enamorado de los libros, y del sagrado acto de leer.

II

Vine a este cruce, a esta esquina en la que me prometió un encuentro. Vine a esperarlo, a dialogar con él en esta cita a ciegas. Vine porque siempre ha sido necesario para mí un amante de palabras impresas pero vivas. Encontrar un corazón con pulso de acentos internos musicales, con armonía de sílabas átonas y tónicas en su caudal de sangre. Deseo enamorarme de esa figura ardiente y radical que forma un libro en el espacio de mi pensamiento. Vivo en la locura del Quijote, en su hacienda del deslumbramiento, en ese espacio amplísimo que un puñado de versos o narraciones ha levantado.

Vine a esta esquina de mi biblioteca, desde la cual un tomo aguarda mis manos y mis ojos. Para dejar su mutismo y su frigidez, su contractura de cubiertas duras que lo encajonan, para volverse en mí pura plástica, soltura, descompresión. Para ser otra vez un migajón vivaz entre mis dedos.

III

Siento mi cuerpo contrito, viejo, lleno de dolores. Siento el peso del tiempo en mi engranaje. No le hago caso. Paso de largo como quien da vuelta una página de un periódico. Pero, ¡qué ligereza!, ¡qué juventud sin anulación, qué campos de verde naciente florecen en mí al caminar por las páginas de un libro! Contracturas, trombos, hernias discales, descalcificaciones óseas, cojinetes desplazados, todo, todo lo que declina y mengua en este esqueleto viejo vuelve a ser pluma suspendida, esperanza sutil, pura fruta golosa sobre un frutero ajado.

Ven, juventud lectora. Ven, burbujeo de historias, de reflexiones esponjosas, de azucarados zumos. Venid a mí, orgías del lenguaje. Yo puedo atestiguar cómo revienta el alma de un tumor ante el disparo cierto de las letras. Cómo la fronteriza música −del verso que se cruza con la prosa− resucita el espíritu que tendía a la muerte. Ven, carisma, fuego sagrado del decir. Que todo, los hombres, hemos destruido, que todo hemos vendido y mancillado, pero un poema vivo y verdadero aún puede curar nuestras heridas del tiempo sobre el cuerpo. Aún nos resucita la palabra.

Marina Tapia

domingo, 11 de mayo de 2025

Presentación de "Viajes y otros desatinos" en la FLG

El sábado 10 de mayo, con gran alegría e ilusión, presentamos en la Feria del Libro Granada "Viajes y otros desatinos", un proyecto en el que hemos estado trabajando Maria Angeles Barrionuevo, Carmen Bedmar, Ana Burgos Alcaide, Elvira CámaraAguilera, Isabel Martos, Luciana Montemezzo, Ana Morilla, Rosario Perez Blanco, Alicia Ruiz López y quien les habla. En este libro de relatos en torno al viaje, en palabras de Ángel Olgoso: "sorprende la calidad sostenida de todas las piezas narrativas, así como su versatilidad; todo ello hará del lector un nómada dichoso y entregado". Os dejo con algunas fotos de la presentación en la que intervino Mar Delgado García (editora de Támesis), Ángel Olgoso (prologuista) y Isabel Martos (presentadora).