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jueves, 23 de julio de 2026

Reseña de "Nômade" por Mª Antonia Collado Luengo en CaoCultura

Muy feliz de compartir está reseña acerca de mi último trabajo "Nômade" (Entorno Gráfico, 2026), escrita por María Antonia Collado Luengo y publicada en CaoCultura. ¡Gracias por su lectura tan generosa!


<<PERDERSE PARA SER

... Algunos libros me dan compañía y alivio [...]. El último ha sido el reciente poemario de Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975), un libro que declara su intención de abrir puertas a espacios nuevos desde el mismo título, "Nȏmade".
Marina Tapia reconstruye en este libro un laberinto sustentado en espacios concretos y en las experiencias en ellos vividas. Poeta, artista plástica y divulgadora cultural, la escritora  conoce el desasosiego de sentirse extraña en tierra extraña y esa emoción perdura pese a estar firmemente asentada en un territorio con nombre concreto: Granada.
Se estructura el libro en dos partes bien diferenciadas que permiten al lector transitar espacios poéticos que, tras una primera lectura, pueden parecer divergentes, pero que, en  un segundo acercamiento, se revelan como complementarios.
En la primera sección del poemario, “Cuaderno portugués”, Tapia reúne un conjunto de poemas que nacen de su estancia en Óbidos. Son poemas melancólicos en los que el espacio y el tiempo se fusionan con la insistencia de un deseo por cumplir: el de fundirse con la cultura, con las personas, con el paisaje del país que la acoge.
En poemas como “Vivir”, Tapia reconstruye la extrañeza, otras veces vivida, de sentirse extranjera, una extrañeza que ahora se intensifica “en medio de otra lengua”, que “es como tener como casa el silencio” un silencio “tan plácido que escucho sin estorbo / mi música / interior”.
Este paisaje por descubrir remite sin embargo, con insistencia, a otra tierra conocida. En “Saudade”, la expresión tan fuertemente arraigada en la cultura portuguesa, intraducible fielmente a cualquier otro idioma, remite al  recuerdo de su abuela en el  lejano Chile. Muy significativo resulta el hermoso “Persistencia”, en el que la autora redescubre su amada ciudad natal en Caldas da Rainha: “Caldas de Rainha / es mi Valparaíso sin su puerto; con cafés económicos que rondan / hombres de pelo sucio, / con parque de eucaliptus, / con fachadas ardientes que sostienen la nada”.
Es significativo también este último poema del tono general de esta parte del libro, en la que el discurso poético está anclado a imágenes concretas, al descubrimiento del entorno a través de detalles relevantes. En “Lo que Óbidos pinta”, por ejemplo, la luz y los colores van trazando el retrato de una ciudad por descubrir: “Soy el ojo que indaga / cada rincón secreto”.
Destacan también poemas como “Diálogo secreto”, verdadera declaración de intenciones, a la vez que una suerte de poética, en la que Tapia defiende el poder de la palabra, pero también del silencio, y, sobre todo, el valor de lo pequeño. La poeta confiesa: “converso con objetos / con libros / y con fuerzas naturales. // Los hombres ya no saben escuchar / palabras diminutas / que van buscando espacios para arder / y luego / ser rescoldo ser ceniza”.
En la segunda parte del libro, “Errantía”, se incluye una colección de veintisiete sonetos que exploran el extrañamiento y la condición nómada de la autora. A través de esta forma poética cerrada, exigente y meticulosamente definida, Tapia nos conduce por el largo camino por ella transitado. Un camino de  libertad (“Rechazo enclave fijo, porque ansío / mecer mi identidad en un desnudo / que junto a dos amores permanezca” (25)), de desposesión (“¿Quién cambia lo seguro por la nada?” (17)); pero también de reconocimiento de pertenencia a una larga estirpe de mujeres poetas que, como ella, definieron su propio destino, como nos pone de manifiesto en el soneto 7.
Para Marina Tapia la poesía es en este libro instrumento que da soporte a las emociones, pero es también vehículo imprescindible para reconocerlas como propias, para explicarlas y darles sentido. "Nȏmade" propone así una identidad poética construida desde el desarraigo, que reconoce el don de la palabra para recomponer la propia historia. Explicarse para ser, perderse para ser, viajar para encontrarse>>.

viernes, 19 de junio de 2026

Presentación de "Arte: la vida en busca de sentido", de Francisco Acuyo

Muchas gracias a tod@s l@s que nos acompañasteis ayer en la interesante presentación zubiense de "Arte: la vida en busca de sentido" (Entorno Gráfico S.L.), escrito por Francisco Acuyo Donaire. Gracias a La Casa Con Libros, a Ángel Olgoso por sus palabras iniciales y por las fotografías. Os dejo con las palabras que escribí para arropar el libro, esperando que os motiven a tenerlo en vuestra biblioteca.



PRESENTACIÓN DEL LIBRO "ARTE: LA VIDA EN BUSCA DE SENTIDO".

Es un gusto estar aquí con vosotros, con vosotras, en este maravilloso espacio de cultura que es La Casa con Libros, para presentar "Arte: la vida en busca de sentido", del escritor y editor Francisco Acuyo. Este último trabajo suyo recoge una interesantísima colección de ensayos acerca del arte como vía de conocimiento, y también como una forma de acercarse a diversas realidades humanas. No es el primer conjunto en el que Francisco ha abordado el ensayo partiendo de una temática en particular, uno de los títulos que podemos citar es: "Fisiología de un espejismo", donde se acerca a la sinestesia, o "Elogio de la decepción", que lleva el esclarecedor subtítulo: ‘Y otras aproximaciones a los fenómenos del Dolor y la Belleza’; ambos publicados por Entorno Gráfico Ediciones. Todo ello nos muestra a un autor que divide su tiempo entre la investigación y el análisis y la creación de una obra personal centrada en la poesía.


En este libro se expone cuán beneficioso es el ejercicio del arte como terapia, como medio de canalizar frustraciones, preguntas, incógnitas y otros elementos en los que la medicina y la terapia convencional no llegan a acercarse de una forma adecuada. Francisco ahonda sus reflexiones en la necesidad de integrar el arte y lo lúdico para reforzar el proceso de curación y tratamiento, en problemáticas que no sólo se pueden tratar con fármacos o métodos convencionales. Haciendo gala de una amplia sustentación teórica y de sus propias experiencias, nos habla acerca de ese mítico inconsciente, de esos elementos cercanos a lo mágico y al conjuro que, desde tiempos antiguos, fueron tan importantes y acompañaron la búsqueda de una salud integral y de la armonía. Creatividad y ciencia han estado unidas desde el origen de nuestra civilización, siempre se han dado la mano y se han complementado, es algo que no debemos olvidar. Lo mágico terapéutico, el importante papel del “daimon” (ese concepto griego que hace referencia a una fuerza interna sobrenatural que advierte o disuade en la toma de decisiones), están en la bases de nuestra cultura y es interesante considerar la palabra poética como una terapia extraordinaria.


A título personal, en mi familia siempre ha habido gran interés por relacionar el arte y las diversidades funcionales: mi padre Ivan Contardo −pintor, poeta y educador de ciegos−, en su Fundación Casa Del-Pan de Valparaíso (Chile), sigue realizando actividades para canalizar las experiencias traumáticas, a través de las texturas, los modelados, los relieves, los ejercicios plásticos y otras artesanías.


Este libro de Francisco es también una suerte de viaje (órfico) a los infiernos del ser humano, con la intuición y la imaginación −y no sólo la facultad intelectiva− como timoneles. No olvidemos que hubo un momento en el que todo estuvo relacionado: magia, alquimia, astrología. Acuyo nos pregunta: ¿Qué mayor milagro que ser creativo? ¿Cómo podemos acordar estas evidentes discordancias entre saber, conocer y vivir? Y expone que el verdadero creador sabe que el acto de ver no es suficiente. Y nos recuerda que la poesía, como todo arte, busca lo invisible a través de lo visible, parte de la realidad para bucear en las zonas oscuras; por ello, es una inmejorable compañera en el camino del autoconocimiento y en el de la curación. Escucha atenta, contemplación: son formas de acercarse a ese mundo interior tan complejo que todos guardamos.


Francisco Acuyo plantea que, quizás, el alejamiento del hombre al arte ha sucedido -y cito sus palabras- "por querer estar por encima de la naturaleza, subordinado al tener, cosificando incluso lo más hondo de nuestra entidad psíquica, semejantes a dioses que contienen las maravillas del mundo, o creyéndonos arquetipos de los seres". Y asegura: "el arte es un acto de fe que va más allá de toda razón, de toda lógica, porque bebe de las fuentes intensas e inmensas de la simbología y de la potencia vivificadora del mito, de la intuición del espíritu conectado con el mundo".

Este libro es una mirada amplia al arte como elemento de crecimiento de nuestra especie. Y se centra en los terrenos de la mente, en su proceso de construcción y deconstrucción de la realidad. Porque lejos del ego en el que se sustenta la creación, el arte ofrece conciencia y libertad. El poeta es también “iatromantis”, un filósofo que refleja el íntimo tejido de la existencia.


Una colección de nueve ensayos conforman esta obra. Con un eje común muy definitivo, el autor finalmente declara, después de una larga trayectoria de experiencia utilizando al arte como elemento terapéutico y creativo: “Lo que he aprendido en el dominio del arte como terapia es que el ser humano no es en modo alguno una máquina aislada del mundo. Por el contrario, que todo movimiento de aquella supuesta mecánica racional se acaba volviendo al origen primigenio e irracional”.

Es de destacar la importancia que da Acuyo en este libro a los instrumentos trópicos como la analogía, la metáfora, la sinécdoque y la sinestesia, entre otras figuras literarias, para tratar de explicar fenómenos de la psique humana. Él se opone a la separación de mente-cuerpo, ya que, según sus propias reflexiones, los humanos somos algo más que biología e historia: somos también una transformación cósmica (como decía Panikkar).

Vuelvo al mensaje claro y contundente del autor cuando asegura que nadie nos instruye en el negocio singular de ser curioso, de no perder ese impulso de la infancia de hacer preguntas y querer investigarlo todo. Tampoco, en estos tiempos, nadie nos recuerda que es bello lo que es interiormente bello, como decía Kandinsky. Por eso, situar ambos discursos artísticos, poesía y pintura en un mismo espacio y tiempo, hará que se conviertan en el arte que transciende y transforma a los individuos de una sociedad. “Arte y vida en busca de sentido” es de esos ensayos necesarios para repensar la utilidad e interacción de esas actividades no lucrativas, de esas disciplinas minúsculas, de esas experiencias íntimas y alejadas de las cabecera de noticias importantes y del consumismo: un lugar de resistencia y exploración, hoy más necesario que nunca.


miércoles, 6 de mayo de 2026

"Nômade" (Entorno Gráfico)

 


CONTRAPORTADA

<<Es Nômade un libro bifronte compuesto por dos grupos, Cuaderno portugués, fruto de la estancia de la autora en Óbidos, y Errantía, un conjunto de 27 sonetos. Ambas partes asumen el carácter nómada de la poeta, que posee la independencia de los pájaros migratorios. Como Pessoa, Marina Tapia reconoce la pulsión vagabunda de su naturaleza (tal vez una condición heredada o una forma de rebeldía), su renuncia consciente a un hogar estable en busca siempre de sorpresas y hallazgos, descubre la geografía atlántica y el sonido de las palabras de otro idioma, “tan melodiosamente incomprensibles”. Tal y como apunta Virgilio Cara en su prólogo, si en Cuaderno portugués se confirma que el destino que espera a los errantes no es otro que el recuerdo, en Errantía inicia su propio viaje interior de Valparaíso a Granada, indaga en la idea de que los viajes son los viajeros, de que lo que vemos no es lo que vemos sino lo que somos. Esos sonetos suponen una revisión concentrada de los temas que ya aparecían en su obra anterior, un intento de recuperar, quizá, la inocencia primera desde el silencio, la soledad y la perseverancia en la creación artística. “¿Quién huye de una vida proyectada?”/ “¿Quién cambia lo seguro por la nada? / ¿Y quién acepta vida fronteriza…”>>.

Ilustración de portada: Marina Tapia


martes, 5 de mayo de 2026

Presentación de "Nômade"

Muchísimas gracias a Ángel Olgoso por sus maravillosas palabras y a tod@s l@s que abarrotasteis la Sala Zaida en la presentación de “Nômade” (Entorno Gráfico), durante la Feria del Libro de Granada 2026. Os dejo con el texto de Ángel y con algunas fotos:









<<Resulta fácil presentar cualquier libro de Marina, dada la calidad intrínseca de todos ellos. Y al mismo tiempo resulta muy difícil presentar a Marina dada su humildad, su deseo congénito de invisibilidad. Es como intentar atrapar a un humilde gorrión sin que se le parta a uno el alma; un gorrión que, a lo sumo, sólo quiere que nos fijemos en su vuelo y no en su condición de ave, de criatura aérea. Pero cómo hablar de la poesía de Marina sin decir que pertenece a ese linaje escaso de los poetas de nacimiento, que viven, respiran y transmiten poesía. Seguro que ahora mismo tiene el corazón saliéndose del pecho, azorada por las cosas que ando diciendo, pero cómo ocultar su singularidad, tan rara y valiosa sobre todo en un presente colonizado por vanidades, oropeles impostados y egos revueltos. Aunque a Marina le horroricen estas afirmaciones, somos afortunados de que su suculenta savia chilena esté renovando de nutrientes los vasos liberianos de la poesía granadina y española.

Tras ese hito en su trayectoria creativa que ha sido “Mixtura”, la antología personal en la que ha recopilado una buena muestra de sus diez primeros poemarios (algunos inencontrables al tratarse de ediciones debidas a diversos premios literarios), hoy nos entrega su nueva obra, “Nômade”, que Entorno Gráfico ha tenido el tino y buen gusto de publicar aquí, en Granada, el hogar desde hace trece años de una Marina ya no tan nómada. De alguna manera, “Nômade” entronca con “Islario”, una obra suya anterior donde peregrinaba con emoción contenida a numerosos lugares del mundo, ya que “Nômade” fue escrito en gran parte durante su residencia en Óbidos, becada por Granada Ciudad de Literatura Unesco. Digo en gran parte porque, además de contener “Cuaderno portugués”, con los poemas destilados y tamizados durante su estancia en aquella hermosa ciudad medieval, “Nômade” cuenta con un segundo grupo de poemas titulado “Errantía”, formado exclusivamente por sonetos. Piezas todas hermosísimas, en las que Marina retoma, se ciñe y revitaliza los temas de este molde clásico con una altura tal que uno parece estar leyendo por ejemplo a Sor Juana Inés de la Cruz. “Cuaderno portugués” es belleza sencilla, es azul, es melancolía, es bodega, es Atlántico, es muralla, es verdín, es tiempo desflecado, es dulzura, es nudo y salitre, es barca amarrada, es viento verde, es alfiletero de saudades. “Errantía”, en cambio, es verbo sonoro, espíritu inquieto, rima felina, destierro leve, nácar escarchado, es andadura, feliz ejercicio, vida renovada, pupila y bravura, es sol a manos llenas, es orbe de diamante.

Como dije en uno de los prólogos que tuve el privilegio de escribir a alguno de sus libros, los versos de Marina polinizan el alma. O, por decirlo al modo de Cunqueiro, la poesía de Marina es ambrosía, madre de levitaciones. Y Marina es a su vez, como todos los poetas auténticos, una médium verdaderamente modesta. Su humildad custodia la pureza que necesita, por encima de todo, el poeta. Pienso que Marina podría ser uno de aquellos ángeles que visitaron a Abraham, en pura misión de consolarnos en un mundo demasiado feo y bárbaro. Que Marina podría ser como esos médicos, como esos contados seres misericordiosos que tienen la seguridad de que con dulzura y consuelo se curan muchas enfermedades. O como esos místicos que pasan de puntillas por su tiempo, porque el ruido del mundo no deja oírlos, pero luego, aunque sea mucho tiempo después, acaban resonando como un fragor en el corazón de las gentes, que por fin pueden escucharlos. Porque tengo la certeza -como la tiene cualquier persona que se haya acercado a su poesía o la frecuente en el futuro- de que la lectura de los versos de Marina es realmente un descansadero, un lugar de quietud, un espacio calmante del alma donde se amortiguan los ruidos y se otea el mundo, con sus colores y misterios, como desde una particular y gratísima lontananza; donde los sentidos se expresan y glorifican mediante la razón y el ritmo interno; donde los apetitos, con sus batallas y cicatrices, se subliman, y se auscultan apaciblemente los afectos.

Quizá la sensación de transparencia que se respira en su obra provenga de que nuestra poeta no se deja atrapar por el paisaje, por las vivencias o los sentimientos, sino que los deglute y los fija para nosotros en planos mentales. Según Azorín, lo que da la medida de un artista es su sentido de la naturaleza: un escritor será tanto más artista cuanto mejor sepa interpretar la emoción del paisaje. No parece sino que Azorín se refiriera a Marina. Porque ella no habla acerca de las hojas de los árboles y de las ardillas y de la espuma y del musgo en las rocas y de las golondrinas, sino que habla en su nombre, sin intermediarios, impregnada la poeta de su gracia, de sus átomos, de su sustancia tangible, ataviada de pura luz, transmitiéndonos -con cordial belleza y frescura- un mundo natural vivo, soberano, inteligible, en primera persona. Marina, en su fragua infatigable, es capaz de explorar la frontera entre la palabra y el silencio, de sondear las entrañas tectónicas de la Tierra, de sentir apego por todos los seres, de atrapar epifanías en la pinaza de un bosque, de esculpir las fases del deseo, de atisbar el infinito tras los marcos azules de una ventana portuguesa, de celebrar la existencia como si fuera un centelleante trozo de ámbar, de agasajarla con versos, pinceles o títeres.

Como dice María Negroni, la poesía es la continuación de la infancia por otros medios. Y es que hay una afinidad entre las cajitas donde los niños guardan sus diminutos tesoros y los retazos de vida, los datos sedimentados del mundo que los poetas guardan en sus libros. Lo infantil, como lo poético, es una sublimación de la curiosidad y la memoria, una resistencia testaruda. Igual que el espacio mágico de la infancia, la poesía de Marina Tapia se habita más que se lee, es el arte del silencio inteligente y hermoso, del fervor asombrado, de las esquirlas de un yo que se preocupa por todos nosotros y cuyos temas giran alrededor de la poeta en una espiral armónica, como quería Sor Juana Inés de la Cruz.

Para Gertrude Stein, la poesía perfecta era como perfecta sabiduría y santidad, simplicidad y transparencia. La poesía de Marina Tapia, hasta este su último libro, “Nômade”, se acerca de manera extraordinaria a esa idea, a ese deleitoso ideal. Porque los poemas de Marina existen, no parecen haber sido fabricados sino que pertenecen al orden natural, como el lirio silvestre. Se encuentra uno muy a gusto respirando su aire puro, lleno de misteriosas fragancias, de brisas sensuales, de combinaciones armónicas, de exquisitas ósmosis. Sólo muy pocos autores nos acompañan muy profundamente, creadores que poseen un don donde se funde la gracia y la tersura expresiva con una lucidez especialísima, genuinos artistas que son esclavos del don que han recibido. Sólo muy pocas veces nos penetran palabras esenciales por su verdad o su belleza. Por lo general, y porque la sed no se apaga sino con agua de manantial, hay que cavar un pozo muy hondo para encontrar una veta pura. Y la poesía de Marina lo es, un don como la claridad del agua o de la luz. Un don que no se sabe de dónde viene, sólo se sabe que hay que cavar mucho y esperar mucho. Hasta hoy, en que tenemos la suerte de atesorarlo de nuevo en el cuenco de nuestras manos, en este pequeño volumen de una poeta destinada a ser un clásico, porque sus libros poseen la elegancia, la limpieza y la precisión de lo atemporal>>.

miércoles, 11 de junio de 2025

Presentación de "Cien inexactos movimientos", de Antonio Carbonell

He tenido el gusto de intervenir en la presentación de "Cien inexactos movimientos", un cuidado poemario de Antonio Carbonell Sanchez (Entorno Gráfico Ediciones), junto con el poeta y editor Francisco Acuyo. Os dejo con algunas fotos (tomadas gentilmente por Ángel Olgoso) del acto en la librería Picasso de Granada y con el texto que leí, esperando que os anime un poquito a haceros con el libro.




ESA FRECUENCIA ÍNTIMA

<<Presentar un libro con el cual nuestra escritura se siente cercana, hermana en el decir, en las búsquedas y en los parámetros creativos, es una delicia. Apoyar y difundir un trabajo que sabemos y constatamos que se ha hecho a conciencia, depurando al máximo cada poema, tratando de llegar a lo esencial, es estar en comunión con los valores atribuidos a la creación.

Antonio Carbonell, buen amigo, buena persona, es un poeta genuino, con una rutina entregada a la lectura y a la escritura, con una riqueza lingüística, un poeta que sabe allegar muy bien la potencia del símbolo, de lo sensorial y de la imagen a su quehacer. Un poeta, además, intuitivo, que busca en las sensaciones más nimias esa profundidad del lenguaje.

Todos los que nos hemos entregado a la construcción de un poemario, sabemos que no es una cuestión azarosa, que no basta con reunir un conjunto de poemas bajo un título sugerente. Y que tampoco se trata de agrupar el trabajo realizado dentro de unos años determinados, o de seleccionar los poemas más sonoros o llamativos, sino de construir un verdadero ecosistema con sus estratos, sus capas de significado, sus caminos sutiles a las preguntas que todos nos hacemos; es decir, de modelar una unidad que va más allá de lo temático y con una coherencia sostenida por el estilo. Es una armonización de lo que se dice y de lo que se calla, de los versos y del silencio, de la musicalidad y de lo disonante. Un pequeño mundo que reflejará el proceso creativo del autor, los hallazgos vitales de sus búsquedas, la andadura intelectual y emocional que ha dado como resultado un libro.

Y en estos “Cien inexactos movimientos” podemos encontrar voz, tiempo y meditación. Destellos que se hacen verso y estrofa. El vocabulario busca la exactitud, lo particular, no se queda en generalidades, hay una pulsión hacia lo conciso, hacia los términos que acoten la verdad vivenciada. Por eso, los lectores ya cansados de lugares comunes, del tono coloquial y sensiblero de la poesía actual, o del pintarrajeado de escenas tan comunes, agradecemos esta bruma sutil, este dibujo esencial que nos toca completar.

Antonio Carbonell apresa nostalgias y reflexiones: “quién volviera a chapotear en la alegría”, “todo cabe en lo diminuto”, “tras los puntos suspensivos / otra vez soy comienzo”, “lo que no encuentre de valor será lo relevante”, “con manos inocentes urdiremos la coartada del deseo”… Y todas estas perlas atesoraremos, porque la sustancia de su poesía está hecha de aguas profundas, lentas y silenciosas que, con cada nueva lectura, empaparán nuestra tierra.

Pero el poeta no sólo se queda en un yo introspectivo, en la indagación de las coordenadas y movimientos de su mundo, va también hacia la otredad, hacia el dolor humano, hacia lo existencial; medita sobre la historia de los hombres, sobre las huellas del pasado. Se conmueve. Inclina el tallo de su pensamiento hacia el exterior.

Os invito a leer con calma el último trabajo de este autor que ha pasado parte de su vida en Almería y que por fortuna para nosotros, sus amigos y lectores, se nos ha vuelto a afincar en tierras granadinas. Estos “Cien inexactos movimientos”, título que, dicho sea de paso, devela una voz humilde y conmovida, que no abandera la totalidad o se cree en posesión de la verdad absoluta. Él sabe que esa inexactitud comulga con la verdadera poesía, porque, al fin y al cabo, nuestra escritura no es sino un tanteo, una búsqueda inexacta, un movimiento tembloroso en pos de lo esencial>>.





sábado, 29 de abril de 2023

Presentación de "Un unicornio fuera de su tapiz" en la feria del Libro de Granada

Comparto la presentación que escribí para Un unicornio fuera de su tapiz, de Ángel Olgoso (Editorial Entorno Gráfico), libro presentado el domingo 23, Día del Libro, en la Feria del Libro de Granada.


Mi intervención voy a dividirla esta vez en dos partes, una dirigida a Ángel, y otra al público presente.

En este mundo literario con frecuencia turbio y agotador, la presencia de una persona generosa como tú, que ayuda a los demás sin esperar nada a cambio me reconcilia con la realidad. Tu apoyo limpio a otros letraheridos, a escritores jóvenes que comienzan ilusionados su camino logra siempre cambiar mi enfoque, relativizar los sinsabores de ese mundillo en ocasiones oportunista. Intentamos huir del alboroto de los “nombres y contactos” pero no de la maravilla de la lectura, del oficio invisible de escribir a solas puliendo cada línea.

Cada día te observo con admiración y me siento privilegiada por compartir la vida con una persona tan fiel a sí misma. Tu entrega para conseguir la excelencia en el lenguaje escrito, tu pasión al leer y anotar en libretitas (con hermosa caligrafía de hormiga barroca) el extracto de lo leído, tus destilados de citas que entregas a los amigos en cuanto sabes que están trabajando en tal o cual composición. Esa forma de ser que tienes: idealista y quijotesca, impresionable como el Principito, honesta como Momo, entusiasta como cualquier personaje de Dickens, esa manera irrepetible es la que amo.

Un compromiso interno con las palabras y el lenguaje, a cualquiera que lo vea desde afuera, pudiera parecerle desmedido o innecesario. Hay no sólo gusto y placer en la lectura, late un reconocer quiénes somos, quiénes han sido los que nos precedieron, y la proyección de la especie de cara al futuro. Hay una búsqueda intensa y necesaria cada vez que se abre un libro. Ojalá más personas como tú tuvieran el mismo brío lector, y abordaran cada libro con ese afán de indagación y reflexión, de llegar a la interrogación máxima, al alma del autor y de la humanidad. Cuántas horas de apuntes y subrayados, de perseguir la belleza de nuestra lengua, de compilar y reordenar los mejores fragmentos para luego entregarlos como un nutritivo manjar a otros que se aventuran por estos mismos senderos.

Es curioso que yo vea en ti (aunque te parezca inaudito por tu timidez), una pulsión didáctica, un deseo interno de enseñar, de vincularte a los demás a través de la comunión del aprendizaje. No en vano algunos te llaman “maestro”. Aunque no des clases, eres un maestro de las palabras, del estilo, de los relatos. Para mí, el ser humano más auténtico es el que deja una estela positiva en sus coetáneos, el que contagia a otros el arte, la poesía, la sed de cultura o la trasmisión de valores. Y es hermoso ver llameando la sabiduría en personas que no pretenden ser ejemplo para nadie, que no ansían dirigir ningún barco intelectual, que parten su alma como un pan de miga blanca, abierto por su propia densidad. Soy cómplice y testigo de esta dulce apertura, olorosa y veraz, que llena nuestra casa de amigos que te buscan.

Cuando te conocí, vi en un rápido fogonazo tu persona: esa mezcla de arrojo y humildad, de saber abierto y ocultación me atrajeron. Recuerdo cómo iniciamos nuestra relación epistolar de miles de páginas, cómo empezamos a cazar detalles intrascendentes en apariencia para poder luego entregarlos al amado, para forjar con el otro una lectura más honda. Cómo las palabras más simples recuperaban su calidad de sagradas, o adquirían otro peso.

No deberíamos abandonar ese lazo feliz de los vocablos con el símbolo. El verbo de los enamorados consigue exaltar lo más sensorial del lenguaje, devolverle su prestancia mística y alegórica, hacer tornasolada una simple descripción, acentuar los brillos de lo cotidiano, dejar pistas para seguir un camino en medio del desorden de las circunstancias. Eso es lo que consigue el arrebato de la comunicación amorosa: aventar palabras moduladas con la urgencia de un niño que pide el mundo con su boca, que no acepta un “no” ni prohibiciones.

Dirigiendo mi vista atrás, hacia tanto amor y tantos paseos y trabajos compartidos, hacia tanta devoción mutua, renuevo lazos. Ojalá no muera nunca este diálogo, esta manera antigua de alcanzarnos con el lenguaje.

Gracias, Ángel por este largo tiempo juntos, por ayudarme a construir un hogar donde vivir al ritmo pausado y contemplativo de los que escriben y leen, de los que se demoran en las conversaciones, de los que gustan detenerse en los pequeños detalles propicios para desplegar las velas de la creación.

Gracias por ser esa persona que tanto me apoya, me acompaña y me vale de ejemplo, por no dudar de mi vocación, por confiar completamente en mí. En tu mirada y en tus palabras hay verdad, y a la vez vive en ellas una seguridad y un misterio, un creer sin concesiones en la precisión y el perfilado del lenguaje, en la decantación de los vocablos, en la belleza de una frase o de un verso, en la benevolencia de los seres humanos.

***

Qué poco se puede decir cuando se ha leído la elaborada y deslumbrante prosa de Ángel Olgoso, qué ínfimo el aporte que puedo donar cuando se está presentando un nuevo libro de este narrador que tiene la imaginación ardiente y el pelo y los ojos claros de sus antepasados gallegos. Pero, aun así, junto con cierta osadía y el infinito cariño que siento por el autor, voy a lanzarme a esbozar unas sentidas palabras que acerquen su trabajo a los aquí presentes.

Si abordamos cada acto diario como una posibilidad para ser creativos y para desarrollar nuestras habilidades, gozaremos de una doble riqueza. Si esta máxima la aplicamos no sólo a la hora de escribir poesía, relato o textos personales, sino que la desplegamos en textos más formales o teóricos, estaremos aprovechando la oportunidad de transformar en arte lo sencillo o utilitario. Todo lo que hacemos puede tener nuestra impronta, el sello de nuestros principios, todo puede valernos para rendir tributo a nuestra lengua, para afirmar nuestros compromisos, para ser originales. Este enfoque es el que desarrolla Ángel Olgoso. No existe en él un cambio de actitud al escribir, sea cual fuere el texto realizado, no hay una diferenciación. En cada escrito que alumbra su pluma está el mismo compromiso sagrado con la palabra, la misma entrega y su visión creativa.

En este libro tan exquisitamente editado por Entorno Gráfico, celebraremos sus bellísimos textos de la más variada índole: prólogos, artículos, entrevistas, presentaciones, reseñas, conferencias, cartas, prefacios para exposiciones, poemas, y otras muestras literarias de la voz única de Olgoso, desde el acento de un verdadero creador −disidente y a contracorriente− con el que Granada cuenta por fortuna.

Y también, a través de las 200 páginas de “Un unicornio fuera de su tapiz”, conoceremos más profundamente al humanista resguardado tras el escritor, sus predilecciones, sus gustos y afinidades, sus fidelidades, su trayectoria, sus deseos y proyecciones. Pero, sobre todo, tendremos en nuestras manos un original compendio de la vida cultural granadina, la efervescencia de una ciudad donde lo creativo cobra un peso único. Ángel no sólo introduce libros narrativos, campo ampliamente desarrollado por él, sino que su mirada y su generosidad se vuelcan con los más singulares proyectos (como una presentación de “relatos carcelarios”, un “patchwork” de palabras de consuelo para un amigo, una reivindicación de la retórica o la noticia de un ejemplar de haikus culinarios).

En todos los comentarios del autor encontraremos su marca indeleble, esa precisión en la artesanía verbal, elegida por él para manifestarse contra un mundo complaciente y amante del realismo burdo y plano. Por eso, agradecemos su rebeldía mediante el preciosismo estilístico, en una época donde la libertad al escoger vocablos inusuales o en desuso es casi un sacrilegio que recluye y aparta. No nos engañemos, la península ibérica sigue prefiriendo el realismo y las experiencias en crudo.

Leamos este libro para ser partícipes de un espíritu fiel a sí mismo, leamos este volumen atentos a su vocación comprometida con el lenguaje: nos exorcizará de la monotonía de la realidad; dará alas a las posibilidades del detalle, con su puntillismo narrativo nos sentiremos inflamados y agradeceremos el vuelo poético de su obra.

La defensa del relato, del fantástico, de la imaginación, de la Patafísica, del arte oriental, de la cultura, de la amistad, son algunos de los pilares que Olgoso levanta en esta segunda miscelánea suya (tras “Tenue armamento”, publicado por Alhulia en su colección Mirto Acadamia). Múltiples argumentos en favor de la excelencia compositiva, textos que nos valdrán para afirmar nuestro ideario, nuestro gusto por la lectura.

Pero no solo veremos el “yo” del autor, también su red de afectos, su calidez para con otros escritores a los que siempre ha brindado un apoyo desinteresado. Lo social también está muy presente en el volumen. Nos emocionará, por ejemplo, su artículo acerca de “Perlas de Indra” y la violencia contra la infancia en la India, así como la conmovedora evocación de Cúllar Vega, pueblo natal de Ángel.

“A lo fácil por lo difícil”, a modo de consigna patafísica, quedará resonando en la mente. Y, a pesar de la dimensión estética de sus letras, no nos toparemos con un libro denso: hay una pujanza de claridad, de comunicar con exactitud, de compartir con otros sus hallazgos. Nos saldrá al encuentro un despliegue de ideas frescas y tintineantes que nos transmitirán vitalidad y hondura. Quizá todos estos textos sean verdaderos ejercicios teóricos de la belleza.

Tal como nos recomienda el autor, “necesitamos la literatura y el arte para no asumir el mundo con la mirada de los demás”. Ese anhelo de dar una impronta única y reinventada a la realidad se lleva a cabo felizmente en este libro de Ángel Olgoso: ironía, finura, reflexión, humor, elegancia, emoción destilada y serena. Regalos inspiradores. No os perdáis la oportunidad de entrar en este vasto y maravilloso universo.