Comparto algunas fotos del taller "Los recados de Gabriela Mistral", realizado en Albolote. Gracias a las personas asistentes (en especial a mis amig@s Juan Carlos Rodriguez Torres y Ana Burgos Alcaide), a mi compañero Ángel Olgoso por las fotos, y a la Concejalía de Igualdad de Albolote por apoyar la difusión de la obra escrita por mujeres.
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miércoles, 22 de octubre de 2025
martes, 27 de mayo de 2025
Los "recados" de Gabriela Mistral
Como algunos sabéis, he estado leyendo y dando a conocer los 'recados' de Gabriela Mistral. Un tipo de escritura particular que ella creó. Aquí os dejo con unas reflexiones personales y con un 'recado' escrito por ella (publicado en 1925 en el periódico El Mercurio). En él, la poeta reflexiona acerca de los dos animales del escudo de Chile. Espero que os gusten mis palabras y el texto mistraliano.
A PROPÓSITO DE LOS RECADOS DE GABRIELA MISTRAL
Leyendo los ‘recados’ de Gabriela, ese género o subgénero inventado por ella, entran ganas de estar más atenta a todo, de empaparse de lo más estimulante de la realidad para donarlo a los otros. Cómo deslumbra ese mundo vivo depurado por su pensamiento y por su escritura. Qué gorjeo de ideas, qué remanso de paz transmiten sus artículos, qué deleite sumergirse en sus cartas abiertas a dos continentes (América y Europa), que dirigió ella con tanta entrega y pasión a sus contemporáneos, pero también a generaciones venideras.
Sus recados son hoy más actuales que nunca. Justo ahora en que las columnas periodísticas están mediatizadas por el mercantilismo y los intereses de los grandes grupos editoriales, en que todo es rédito, ganancia y medro, el espíritu mistraliano sólo rendía cuenta al impulso -auténtico- de compendiar los dones y asombros que nos regalan el planeta, la naturaleza, los valores humanos y lo minúsculo, todo aquello importante que pasa inadvertido. Sus textos en prosa son generosidad hecha palabra, origen desprendido, idea que busca la escucha de otros: sólo desean llevar, a los que están más lejos -pero cerca en sus afectos-, maravillas que debían conocer. Cuánto ganaríamos si volviéramos a cultivar esa actitud que, de alguna manera, tiene que ver con el afán enciclopedista del siglo XVIII, con las misiones pedagógicas, con los naturalistas y aventureros que clasificaban plantas en herbarios para mostrarlos al mundo, con las bibliotecas ambulantes que recorrían los pueblos de la España rural, sí, tiene relación con todos los semilleros de saberes ofrecidos desinteresadamente, sin esperar un pago material.
Escapemos de los intereses espúreos de esta época que dibujan y acomodan todos nuestros afanes. Recuperemos la hoguera de conocimientos compartidos. Recordemos a Gabriela Mistral. Y no olvidemos que vivimos en la tierra mítica del Quijote, de los ideales.
viernes, 4 de abril de 2025
Comentario sobre el poema 12 de "Piedra que mengua", por Iván Contardo
COMENTARIO SOBRE EL POEMA 12 DE "PIEDRA QUE MENGUA".
El título del libro Piedra que mengua evoca referencias bíblicas profundas. La piedra, símbolo del discípulo Pedro, a quien Jesús llamó Petros, y el verbo menguar, que alude a la célebre frase del Bautista: Es necesario que yo mengüe para que él crezca. Estos elementos nos sitúan en un terreno de humildad y trascendencia, donde la poeta se asume como una piedra dentro de un edificio espiritual, un concepto cercano a la visión petrina. La poesía, en este contexto, es un espacio vasto y transparente, y la voz lírica reconoce su pequeñez ante la inmensidad de la existencia.
Relaciono este texto con las escrituras cristianas porque Marina Tapia, desde su infancia, recibió una fuerte influencia de esa espiritualidad, algo que se percibe en gran parte de su obra. Sin embargo, en el poema 12, emerge con fuerza otro aspecto de su identidad: su conexión con la tierra, con lo telúrico de su origen chileno, ese mismo que moldeó a Gabriela Mistral en los Andes. El poema comienza con una imagen poderosa:
"Cordilleras,
salientes emotivas.
Sois hálito ascendente,
o dedos de las diosas que, dormidas,
levantan sus pulgares y acarician
la pulpa de las nubes."
Desde estos versos iniciales, la poeta dibuja un paisaje donde las montañas son seres vivos, aliento, gesto, tacto. En su búsqueda incansable de la tierra natal, más allá del paisaje físico, parece invocar también la memoria de los ancestros:
"Exhausta buscaré vuestros pinares,
la quena de los vientos,
el silencio."
Aquí se oye la quena andina, el viento que la acompaña, y se percibe el silencio imprescindible para la creación poética. Marina Tapia –y esto lo afirmo con certeza– encuentra en los espacios elevados, en los pinares y en la quietud, el caldo de cultivo para su poesía.
Las cordilleras, las colinas de Valparaíso, los bosques y quebradas han sido su escenario de vida y de escritura desde la infancia hasta hoy, con un afán sin dilación. Esos paisajes son su alimento, la esencia de su ser poético. En ellos se siente pequeña, pero también nutrida por la energía maternal de la tierra:
"En vosotras me sé pequeña eternamente,
me nutro de nostalgia,
de vuestra maternal fosforescencia."
Así, la poeta se compara con una bestia libre, hábil para esquivar la captura, una criatura silvestre que resiste:
"Soy esa bestia libre
que nunca ha de cazar la humanidad."
Pero la piedra que mengua no es solo símbolo de humildad; también es testigo y archivo de la historia. En la voz lírica, las piedras son memoria, inscripciones antiguas, materia prima para altares y hogares, así como sílabas y palabras que construyen el poema:
"Abecé de mi canto,
que en cada roquedal se enreda.
Moldeadas del color de lo sencillo,
sois mesa de la casa,
sois cama,
sois tejado,
y aquel brazo fantasma que me lleva."
Así como el pescador ama sus redes, el carpintero sus herramientas y el soldado sus armas, la poeta reverencia sus piedras-palabras. Suplica que no la abandonen, pues su destino es cantar hasta el final, expresar la belleza más alta, la aridez más profunda y el dolor humano más hondo. En este cierre conmovedor, la poesía se erige como testimonio y legado:
"Mis sísmicas amantes,
no me dejéis
sin cuna de la infancia,
sin lápida que bese vuestro suelo.
No hay belleza más alta que los Andes.
No hay aridez más dulce que Atacama.
Y no hay dolor más hondo que Pisagua."
Iván Contardo
miércoles, 26 de octubre de 2022
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