Mostrando entradas con la etiqueta Masticadores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Masticadores. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de enero de 2026

Mi reseña de "Niño y sombras" de Concha Méndez, en Masticadores

Comparto con ilusión mi mirada lectora a este fundamental poemario de Concha Méndez, "Niño y sombras". Una bellísima rendición de Tigres de papel en su colección Genialogías, que no debe faltar en nuestra biblioteca. En la revista Masticadores.

    Siempre he sentido por Concha Méndez una vinculación especial, una gran cercanía. Es como si hubiera una conexión invisible pero cierta entre nosotras. Algo de orden subjetivo y que va más allá de la admiración por la forma en la que enfrentó la vida, o por la obra literaria que construyó. Es de esas mujeres brújula, faro o norte, de esas que pertenecen a una constelación de estrellas, espejos en las que una quiere mirarse, es de esas guerreras −sin el componente bélico−, luchadoras en lides más auténticas y permanentes. Y me entristezco un poco cada vez que leo acerca de su tránsito por el mundo, de su soledad y del desarraigo del final de sus días, de cómo se desvaneció su círculo de amistades con la dura experiencia del exilio. Me conmueven  los múltiples reveses que tuvo que sortear: el ocultamiento por parte de Luis Buñuel de sus siete años de noviazgo, la oposición de su familia a su independencia, la pérdida de su primer hijo, el abandono de su marido por otra mujer, el fallecimiento de su madre de la cual no pudo despedirse…

    Y presiento que, además, lo que dejó una herida invisible pero profunda en ella y en otras mujeres amantes de la creación artística y literaria de su época, era tener que demostrar constantemente su valía, era tratar de construir un espacio de igualdad verdadero. Sus amigos poetas no siempre vieron o quisieron reconocer la calidad, la creatividad y la hondura de su trabajo. La Generación del 27, a la que ella pertenecía, tantas veces mostró su machismo. Aunque fueran compañeras que editaban (como es el caso de Concha) además de publicar, aunque comparecieran con ellos en las fotos de los periódicos, en cenas de homenaje, en diversas actividades divulgativas, actos, presentaciones, obras de teatro… estaban y no estaban, ya que las compilaciones y antologías de este perido les privaron del espacio que merecían. Pensar que ella ponía en su pasaporte como profesión: Poeta. Pero no fue incluida en la Antología realizada por Gerardo Diego ni el la primera ni en la segunda edición.

    Concha Méndez era una mujer más intrépida de lo normal. Un ser ingenioso, divertido y lleno de vida. Sabemos por sus emocionantes ‘Memorias habladas, memorias armadas’ −testimonio vital transcrito por su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre y con prólogo de María Zambrano− de sus múltiples movimientos por el mapa, de su arrojo en el trabajo, en los deportes y en el desarrollo de su escritura teatral y poética. Hay que recordar su espíritu emprendedor que le llevó a reunir un pequeño capital con el que, junto a su marido Manuel Altolaguirre, pudieron echar andar La Verónica, imprenta que puso en marcha las revistas más importantes de ese periodo, ‘Caballo verde para la poesía’ y ‘Héroe’.

    ‘Niño y sombras’, impecable reedición de la colección Genialogías (Tigres de papel, 2025), rescata este trabajo publicado por primera vez en 1936 y que es el último libro publicado por Concha Méndez antes de partir al exilio.  La nueva entrega de este poemario es una maravilla. No sólo por los intensos poemas que contiene −todos ellos girando en torno a una temática y un tono que sacude a los lectores de principio a fin– no sólo por el preciso prólogo de Isabel Miguel, o por la completísima entrevista que se incluye (realizada por Luisa Antolín a la nieta de Concha, Paloma Ulacia Altolaguirre), sino porque recupera una de las voces fundamentales de la Edad de Plata, una voz y una mirada que aún nos siguen interpelando y conmoviendo. Los versos de ‘Niño y sombras’  hablan con propiedad, sin dramatismo y con gran belleza estilística de algo a ocultar en los años treinta: el duelo neonatal. Recordemos que la validación de la mujer estaba vinculada a la fertilidad y al cuidado de una familia, a ser lo que se esperaba: un ángel del hogar. Pocas autoras se habían acercado, y menos aún en un libro completo, al dolor por la pérdida de un hijo.

    Quisiera rescatar un fragmento de la entrevista incluida en el conjunto: ‘‘Para mí, la principal lección que me enseñó mi abuela, que a mí me sirve y quizá pueda servir a todas las mujeres, es la importancia que tiene el tomarse en serio. Todavía vivimos en un mundo machista en el que no se toma en serio a las mujeres. Por eso, para mí, es tan importante este mensaje: hay que tomarse en serio a si misma, porque todo está construido para que te derrumben. Creo que hay un peso histórico que nos lleva a las mujeres a dudar de lo que creamos. Y cuando no se nos reconoce, le quitamos importancia: nos decimos que no importa. No importa, pero como mujer, como madre, tenemos otras prioridades interiorizadas, como la salud de los seres queridos…, prioridades que te protegen de ese ninguneo, de ese dejarte de lado, y te dices que no importa. Pero sí importa’’.

    El poemario, compuesto por 28 fascinantes textos, se abre con una pregunta: ‘‘¿Hacia qué cielo, niño, / pasaste por mi sombra / dejando en mis entrañas / en dolor, el recuerdo?’’ y termina con una reflexión que remata muy bien el camino de la voz poética en busca de respuestas: ‘‘porque las cosas pesan; / igual pesa un pasaje que un dolor, que una duda. / Y las horas se llenan de pesos y de sombras, / y las horas nos llevan con el peso, callando’’. Méndez comparte sus luminosos hallazgos con todas las mujeres que nos acercamos al calor de su maestría: ‘‘(La madre va siempre sola, / quien quiera que la acompañe; / el mundo es como un desierto / y el hijo en él un oasis). ‘‘De lo oscuro venimos y vamos’’, recordándonos de esta manera que ha sido un vientre materno el que nos ha refugiado en su cavidad interna, lejos de la luz y la interperie. Para ella, es el alma la que concibe al hijo, la sangre va después ‘a señalar con pulso preciso su contorno’.

    La poeta Isabel Miguel escribe en el prólogo: ‘‘¿Qué se siente cuando vuelves a casa con los brazos vacíos tras nueve meses de espera? Volver a ver la cuna en la que nadie dormirá, la ropa ilusionada sin cuerpo que vestir. Todo lo cubre el vacío, la incapacidad de comprender lo sucedido, un por qué eterno repicando constantemente en tu interior, la ausencia, el dolor y el pasmo’’. Y para eso está la poesía, para responder a aquellas preguntas que escuecen, para visibilizar las capas más sutiles de nuestro interior, para hermanarnos, para establecer un diálogo milenario con otras personas dolidas por las mismas realidades.

    Se nos prenderán como cardos al vestido de nuestra escucha, versos tan sonoros como estos: ‘‘Existe un más allá que nos separa’’, ‘‘voces me llaman de distintos cielos’’, ‘‘yo sé que el frío es blanco y el miedo es amarillo’’ o ‘‘la noche es el silencio que no quema’’.

    Nuestra poeta declara: ‘‘Yo soy la vida en lucha / de cada hora y de cada paso. / Yo soy la fuerza de mí misma, / la antena receptora del milagro’’. Y parece que todas nos levantamos para afirmar con ella lo que somos, tomando conciencia de nuestra valía.

    Y qué mejor que cerrar este sencillo acercamiento y esta invitación a la lectura del volumen, con uno de sus poemas:

Se desprendió mi sangre para formar tu cuerpo.
Se repartió mi alma para formar tu alma.
Y fueron nueve lunas y fue toda una angustia
de días sin reposo y noches desveladas.

Y fue en la hora de verte que te perdí sin verte.
¿De qué color tus ojos, tu cabello, tu sombra?
Mi corazón que es cuna que en secreto te guarda,
porque sabes que fuiste y te llevó en la vida,
te seguirá meciendo hasta el fin de mis horas.

Marina Tapia

jueves, 11 de septiembre de 2025

Mi reseña de "Estigia", de Ángel Olgoso, en Masticadores

Una gran alegría compartir mi mirada lectora acerca de "Estigia" un excelente y atrapante libro de Ángel Olgoso. Gracias a Masticadores, en especial a Felicitas Rebaque, por su publicación.




UN CARONTE GRANADINO

“Estigia”, el tercer volumen de la compilación de los cuentos completos de Ángel Olgoso, y que con un cuidado al mínimo detalle, publicado por Eolas, dentro de su colección “Las puertas de lo posible” (2025), viene una vez más a confirmarnos que nos encontramos con un verdadero maestro de la literatura. 

Aunque la muerte pueda parecer un tema sombrío o un eje vertebrador complejo y del que muchas veces nuestra sensibilidad desea huir, la manera magistral de abordarla, el abanico variado de historias y situaciones diversas (un centenar de relatos de calidad sostenida), nos ayuda a superar nuestra posible percepción estrecha de la muerte abriendo galaxias de posibilidades y nuevos ángulos de enfoque. 

Qué estimulante resulta adentrarse en las páginas de un libro con buenas citas. Las seleccionadas por Ángel, son todas lúcidas y precisas, y nos ayudan a entender más profundamente algunas ideas contenidas en sus relatos. Por ejemplo, el enfoque de Jules Renard, concluyendo que lo dulce de la muerte nos libera del pensamiento de la muerte, es genial. También la de Giuseppe Mazzini apuntando que no existe la muerte, sino el olvido. Como siempre, Olgoso escogerá para nosotros interesantes frases desbrozadas de sus numerosas lecturas y las entrelazará −con el nudo de su reflexión siempre en guardia− en los encabezamientos de su obra. Él siempre tendrá sus píldoras aromáticas de pensamientos para regalárnoslas en el momento justo, cuando empieza la tos. 

Los relatos que inician el conjunto abren inmejorablemente el apetito del lector. Textos como “Designaciones” o “Relámpagos” son piezas magistrales (uno se pregunta, de manera inevitable, por qué tras más de cuatro décadas de trabajo silencioso y de múltiples premios y traducciones, un autor de tan probada excelencia, todo un referente del relato en español, no brilla con la fuerza que merece en el lugar que le corresponde). 

Esta colección olgosiana en Eolas es un verdadero festín para sus lectores, a los que nos gusta tener en nuestra biblioteca, bien recopilados y a nuestro alcance, toda su creación −desde los textos breves a los más extensos−. Hoy en día, disfrutar la obra completa de alguien que ha participado en numerosas antologías y cuyo material se encuentra disperso o descatalogado, es un milagro. Cuántas veces he buscado en Internet un escritor o una poeta que me interesaba, y sólo he encontrado fragmentos, paja y neblina. Son muy de celebrar este tipo de compilaciones realizadas con elegancia y rigurosidad, que ponen a nuestro alcance las versiones definitivas, escogidas y agrupadas por el propio autor. También es una suerte este tipo de volúmenes temáticos que nos ayudará a localizar más fácilmente un relato en cuestión. Gracias a este trabajo editorial, podemos hacer una inmersión en el universo olgosiano sin ninguna cortapisa.

Volveremos a llorar con “La muerte desordena” porque, aunque se haya leído y se conozca su planteamiento, es un tejido de emociones palpitantes tan bien hilado que vuelve a conmover. Impresionante asimismo “La ciénaga”, descarnada visión del hermano que vuelve de la muerte con otra percepción: una narración inquietante, lóbrega, de sorprendente final, una acertada reescritura bíblica. Sentiremos la voz desalentada de la naturaleza en “Días felices”. El mundo rural nos acogerá en su fértil territorio para lo atávico con “Las huellas de los pájaros en el aire”, “Jueces del Valle de Josefat” o “Estorninos en la higuera”. Lo poético vendrá de la mano de “Los simunes del deseo”, “El papel” o “Armonía de las esferas”. El simbolismo trascendente de “Umbrales” o “Los despeñaderos” nos deslumbrará. El mundo de los afectos familiares palpita bellamente en “Suero” o en “Vínculos”. Nos extasiaremos con la belleza de “El pigmento de la creación”, “La piel en el rompiente”, “Mujeres desnudas bajo impermeables mojados” o “Diadema en tu cabello”. La presencia del cuerpo, con sus huesos, jugos y descomposiciones, con su deseos pujando más allá de la muerte, erizarán nuestra piel: el autor nos trae aquí por ejemplo “Manos que ven”, De masticatione mortuorum” o “Un introito para arpa de tendones humanos”. Y, como es habitual, Ángel nos transportará a la cultura del Japón que tanto ama y que no puede faltar en cada libro, esta vez con “Fantasmas de las Cuatro Suertes”. Hay espacio para lo oscuro, para la ironía, para lo metafísico, para lo imaginativo, para lo mítico, para lo erudito y lo fantástico. Este verano, acompañados de “Estigia”, se nos hará mucho más fresco y más corto gozando con esta colección tan heterogénea y excelsa.

Navegad, marineros en la laguna de sus letras, llegad a horizontes velados e infinitos. Porque, como dice Ana María Shua en el prólogo, nada es tan simple cuando nuestro Virgilio se llama Ángel Olgoso, que nos hace viajar en el tiempo y en el espacio, atormentándonos dulcemente mientras leemos y nadamos, con la cabeza apenas sobresaliendo de las negras aguas. 

Y, para terminar, y a modo de invitación, quiero dejaros con “El purgatorio”, relato con el que finaliza el libro:

“En la última página de su última obra, el autor escribió la palabra «Fin». Los empleados de la funeraria −que mostraban ya una cortés impaciencia− pudieron entonces asegurar la tapa del ataúd.”>>

miércoles, 11 de junio de 2025

Acerca de tres libros de la poeta argentina Nélida Cañas

Comparto mi reseña "Acerca de tres libros de la poeta argentina Nélida Cañas en la revista Masticadores:



ACERCA DE TRES LIBROS DE LA POETA ARGENTINA NÉLIDA CAÑAS



RESPIRO UN CAMPO DE LINO

Como ya nos tiene acostumbrados, Nélida Cañas, poeta de lo sutil y desatendido, vuelve a conmovernos con “Respiro un campo de lino”. Ella sabe captar con maestría lo mínimo, lo que en apariencia no reviste importancia, pero que −visto a la luz de las estaciones y de su mirada atenta− dibuja esas huella certera y sutil que emociona. Los movimientos de la naturaleza son perfilados minuciosamente y, a la vez, desde lo alto, desde la visión de un pájaro en vuelo.

Insinuación, apunte preciso, magia secreta de los espacios abiertos, campos propicios para reflexionar sobre la belleza. Esos elementos son los que nos dona Nélida con su poemario, esa suerte de trascendencia que habita en lo minúsculo.

Festejamos la calidez de nuevos significados. Aquel espíritu que nos acuna, cuando sabemos leer entre líneas. Tres versos como estos, “El viento/ se hace ovillo/ en los rastrojos”, traerán a nuestra sensibilidad una ráfaga de significados. En los rastrojos, aquello último y olvidado, es justamente donde el viento se entretiene y recrea. ¿Acaso en nuestra vida la verdad y la luz no se pasean más a sus anchas en aquello que descuidamos?

A veces, una imagen potente y muy vívida le vale a la escritora para definir un paisaje (“El huso de la noche/ hila sueños./ El día lo deshace”); otras, su planteamiento se desgrana y nos regala un conjunto más extenso de asombros (“La lluvia reverbera/ en la laguna./ Una garza/ se sostiene en la orilla/ en una sola pata”).

Adjetivos precisos que prestan textura y cuentan una historia con limitados recursos: “Una hojita leve/ y sola/ en la indigencia de la tarde”. Esa “indigencia” posee una gran carga simbólica en estos momentos en que hemos dejado a la naturaleza desprotegida y devastada. La autora sabe jugar con lo medido, con una baraja de pocas palabras gana la mente del lector.

Hermosísimos poemas nos dejarán un gusto de levedad, de extrañeza, de añoranza: “Entra un rayo de sol:/ tu ventana/ se sostiene/ en la pared ruinosa”.

Y quizá este texto sea el que mejor pueda definir el conjunto, su voluntad, sus pilares: “Escribir./ Escribir lo sublime/ como quien pinta el cielo/ o traza un círculo”. Porque queremos ese dibujo que Nélida Cañas hace de la vida, sus pasajes, su acontecer. Queremos estar imbuidas en su esperanza, en el cúmulo de sus deseos, en esa mirada puesta sobre lo amable y lo ínfimo. Necesitamos que la voz de la poesía nos arrastre por las facetas menos erosionadas de lo humano. Su voz cercana al aire.



EL LIBRO DE LAS FLORES

En este bello poemario que se compone de seis partes o momentos −en palabras de la autora− “Lenguaje”, “Danza”, “Ofrenda”, “Enunciación”, “Florecimiento” y “Habla”, Nélida Cañas destila, con un lenguaje preciso, colorido y profundo, un acercamiento al simbolismo contenido en las flores. El libro es una verdadera delicia para los sentidos. Lo plástico, la metáfora, acompasan una voz madura y medida, una voz que no necesita artificios para hablarnos sobre aquello escondido en realidades mínimas. Sirva de ejemplo el poema “Trigales”: “círculo amarillo/ en la memoria/ aro de fuego/ en el que ardo”. O en el excelente texto titulado “Rosa” en el que se compara a esta flor con un mandala en que abreva la luna.

Con citas muy bien escogidas, Nélida va guiándonos por un camino de sensaciones sutiles, va adentrándonos en su universo único, abanico de pureza léxica y de hallazgos. Quizás los versos “alcanza la belleza de lo que calla” o en “florecer/ florecer al fin/ en el silencio/ de lo leve” sean dos de los textos que mejor definan esta propuesta de la poeta.

El libro nos seducirá −también− por su vocabulario rico y acorde con lo contado: “inefable planicie/ de lo divino”, “hecho de ideogramas perfumados”, “para ofrecerle la secreta/ vinculación de sus jugos”.

Os invito a despertar vuestros sentidos en este jardín de encantamientos líricos, “como amantes enloquecidos” de las etéreas delicias de la vida.



SINFONÍA DE AGOSTO

Tal como nos cuenta Estela Sanlungo en el prólogo de “Sinfonía de agosto”, este poemario es como un libro de definiciones, una especie de diccionario personal donde la poeta nos traslada, de forma delicada y precisa, sus impresiones acerca de un abanico de conceptos que desea volver a revisar y definir. Para ello va allegando múltiples elementos del mundo natural con el que Nélida Cañas -tal como he visto en anteriores trabajos suyos- guarda una relación muy estrecha.

Y como si fuera un cuento lo que nos quisiera contar con cada poema-definición, la autora comienza sus textos con la palabra “cuando”, llevándonos así a ese tiempo pasado que ahora nuevamente se recrea.

Nélida se vale de lo conciso, de lo breve, hay un claro intento de apresar algo mínimo y describirlo también con las mínimas palabras. Porque no es necesario adjetivar demasiado cuando lo que se nombra contiene en sí mismo una carga simbólica y plástica. Esto lo sabe muy bien nuestra poeta. Ella nos dice (definiendo la escritura) “cuando abro/ mi libreta de notas/ y/ me dejo decir/ por el lenguaje”. Sí, dejarse decir es lo que busca su poesía, quizá ser un conducto o un canal en el que un lenguaje secreto y no tan evidente se manifieste.

Veremos en este conjunto que lo mágico, lo onírico, el mundo de la infancia, están muy presentes: “cuando encuentro/ entre las hojas de la hierbabuena/ la leve pluma/ del ángel de la guarda”. Nélida no le teme al diminutivo, a las palabras empapadas de ternura, porque sabe bien regalarles otras dimensiones, lograr que suenen a belleza y sinceridad en nuestros oídos.

La figura de Emily Dickinson sobrevuela las páginas de esta sinfonía: ambas escritoras cultivan el mundo íntimo de la naturaleza (“y al fin/ no se niega/ al lenguaje de la flor”, “cuando un pajarito/ leve y solo/ es un chisporroteo/ de agua clara”), rescatan el asombro por asuntos que, de tan cercanos, se tornan invisibles para nuestra contemplación.

Encontraremos también un diálogo bosquejado −a través de precisas pinceladas− con otras autoras y personajes de distintas épocas, que hacen más rico este original diccionario poético.

Dejad que los compases de estos versos vegetales y serenos, cargados de estaciones y de pequeños hallazgos se desgranen lentamente en el mantel de vuestra escucha.


Marina Tapia

sábado, 13 de julio de 2024

Poema en la revista Masticadores

Un placer colaborar con este poema inédito (perteneciente a "Piedra que mengua") en la revista Masticadores con una ilustración propia.




Madre Piedra que estás en la tierra,

santificada sea tu estirpe.

Vuelva a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad,

así en el magma como en el cosmos.

El agua nuestra de cada día

dánosla hoy

para lavar el cuerpo,

para lavar el alma.

Y perdona nuestras ofensas,

nuestra extracción voraz de tu materia,

ese eterno saqueo.

No nos dejes caer en la codicia.

Y líbranos de nosotros,

Piedra Madre.

(Poema incluido en el poemario inédito: Piedra que mengua)

Ilustración de Marina Tapia: En esta serie realizada en blanco y negro, a plumilla, he acercado mi mirada a la piedra como elemento potenciador de metáforas, y buscando posibilidades expresivas al ponerla en relación con otros de un entorno imaginario y sensitivo. Juego con los versos (las palabras) y con los espacios vacíos (el silencio). Esta pequeña propuesta fue elaborada durante mi residencia literaria en Óbidos, concedida por Granada Ciudad de Literatura UNESCO. He intentado que la sutileza del trazo, la geometría de las composiciones trasladen al lector a los orígenes de la poesía visual en los que las palabras y las imágenes dialogaban en estrecha armonía.


miércoles, 10 de julio de 2024

Reseña de "Diccionaria Una" en la revista Masticadores

Reseña de "Diccionaria Una" en la revista Masticadores.




Invitación a leer DICCIONARIA UNA

Transitar un libro tan luminoso, perderse y encontrarse entre las páginas de este delicioso diccionario, ha sido una de las experiencias más estimulantes y enriquecedoras de mi vida lectora, sobre todo en una época en la que se duda si las palabras pueden representar con exactitud nuestro trayecto como mujeres, nuestras sutiles o arrebatadoras sensaciones físicas, o aquella manera profunda y alambicada con que percibimos la realidad. Este volumen llega como un bálsamo reparador de las grietas y fisuras que dejan los que usan ásperamente el lenguaje, repitiendo con monotonía sus frases hechas, o sin revisión alguna; los que lo maltratan con frecuencia, los que no aprovechan su sabor ni las múltiples formas de abordarlo.

Este conjunto es un maravilloso regalo para todas −y todos−, casi una hazaña, una empresa audaz en la cual se ha embarcado un valiente grupo de poetas, un obsequio lingüístico que cosquillea y renueva nuestra psique.

¿Por qué no reapropiarnos del lenguaje? ¿Por qué no dar un nuevo valor a cada término ya desgastado, buscar un significado más hondo y verdadero a las palabras que entrelazan a los seres humanos? ¿Por qué no recuperar esa tibieza de los vocablos maternales o recoger su cualidad simbólica?

Si a comienzos del siglo XX algunos movimientos −como el creacionismo de Huidobro− se atrevieron a explorar la vertiente lúdica del lenguaje, lo hicieron partiendo desde el yo, desde el ego, guiados por un afán tanto de inventiva como de autoafirmación. En cambio, este es un volumen colectivo que parte de una premisa totalmente distinta: “Nace de la necesidad de recoger o crear palabras para experiencias femeninas que sentíamos que había que nombrar”, según versa en la introducción de esta primera entrega de DICCIONARIA, coordinada por Ana, Diana, Eva, Juana, Luz, Mara, Maribel, Nieves y Yaiza, y también por muchas otras mujeres de la Asociación Genialogías, que colaboraron de una u otra manera.

Algunas poetas de Genealogías. /Fotografía aportada por la autora

Los cinco sentidos, la poesía, la intuición, lo visionario, lo arcaico… son algunos de los elementos que conforman el territorio de este bellísimo compendio. En él está muy presente la infancia, dándole el valor que nuestras madres le otorgaron, recogiendo el “balsamar”, el “arrorró”, el “suatinar”, así como personajes de cuentos tradicionales, que prestan su cualidad más notable para volver a transitar nuestro mundo de adultas: “pulgarcía”, “luzhada”o “escobada”.

El perfil del humor, de la ironía y de la risa (que denuncia o revela alguna situación) está muy presente. Me he enamorado de términos como ‘Englorietá’: “Henchida por la lectura o escucha de un poema de Gloria Fuertes”; ‘Yermabuena’: “Por extensión, mujer sin criaturas que es dichosa, y por donde habla exhala olor a chicle de este aroma”; o ‘Matraquera’: “Presión social que martillea a las mujeres en sus decisiones sobre la maternidad”.

Y como las mismas compiladoras nos cuentan en el prólogo, “¡Cuántos nombres también para una amiga! Lucernaria, remedia, solera, ángela, balsarrama, asidera, madrina, comadre… ¡Qué escuela para nosotras! Es decir, qué alegría profunda de mujeres que nos reconocemos, en pie, aprendiendo juntas a vivir”.

Disfrutad de este libro, iluminaros con su hoguera viva, sentid la dulce sombra de María Moliner paseando por sus páginas, dad vuestra mano a la poeta Enheduana que, desde los albores de la escritura, compone sus himnos. Como los cánticos de esta sacerdotisa acadia, aspiremos a establecer un fuerte lazo con todo lo que nos rodea, buscando la precisión, la belleza del habla, que atrapa y libera al mismo tiempo la infinitud del mundo.

Marina Tapia

miércoles, 17 de abril de 2024

Poema en la revista Masticadores

La revista digital MasticadoresMasticadores ha tenido a bien publicar un poema inédito de mi libro Piedra que mengua:




¿Y si yo me reflejo
no en el mármol suntuoso,
no en el serio alabastro,
ni en cristales o gemas?

¿Y si mi cuerpo anida
mejor sobre pizarras,
y sobre la arenisca
deshace su canción?

¿Y si fuera perfecta
la caricia del canto que la mar ha pulido?

¿Y si soy para ti
un sencillo guijarro
en un nuevo comienzo?




Sobre la ilustración:

En esta serie realizada en blanco y negro, a plumilla, he acercado mi mirada a la piedra como elemento potenciador de metáforas, y buscando posibilidades expresivas al ponerla en relación con otros de un entorno imaginario y sensitivo. Juego con los versos (las palabras) y con los espacios vacíos (el silencio). Esta pequeña propuesta fue elaborada durante mi residencia literaria en Óbidos, concedida por Granada Ciudad de Literatura UNESCO. He intentado que la sutileza del trazo, la geometría de las composiciones trasladen al lector a los orígenes de la poesía visual en los que las palabras y las imágenes dialogaban en estrecha armonía. Los textos incluidos en estas ilustraciones pertenecen a mi libro inédito “Piedra que mengua”, os dejo con una muestra de mi trabajo.

sábado, 17 de febrero de 2024

Reseña de tres libros de Nélida Cañas en Masticadores

Muchísimas gracias a Felicitas Rebaque, de la revista digital "Masticadores", por incluir mi mirada lectora acerca de tres libros de la autora argentina Nélida Cañas. Espero que os gusten mis palabras y os animen a leerlos.


RESPIRO UN CAMPO DE LINO

            Como ya nos tiene acostumbrados, Nélida Cañas, poeta de lo sutil y desatendido, vuelve a conmovernos con “Respiro un campo de lino”. Ella sabe captar con maestría lo mínimo, lo que en apariencia no reviste importancia, pero que −visto a la luz de las estaciones y de su mirada atenta− dibuja esas huella certera y sutil que emociona. Los movimientos de la naturaleza son perfilados minuciosamente y, a la vez, desde lo alto, desde la visión de un pájaro en vuelo.

            Insinuación, apunte preciso, magia secreta de los espacios abiertos, campos propicios para reflexionar sobre la belleza. Esos elementos son los que nos dona Nélida con su poemario, esa suerte de trascendencia que habita en lo minúsculo.

            Festejamos la calidez de nuevos significados. Aquel espíritu que nos acuna, cuando sabemos leer entre líneas. Tres versos como estos, “El viento/ se hace ovillo/ en los rastrojos”, traerán a nuestra sensibilidad una ráfaga de significados. En los rastrojos, aquello último y olvidado, es justamente donde el viento se entretiene y recrea. ¿Acaso en nuestra vida la verdad y la luz no se pasean más a sus anchas en aquello que descuidamos?

            A veces, una imagen potente y muy vívida le vale a la escritora para definir un paisaje (“El huso de la noche/ hila sueños./ El día lo deshace”); otras, su planteamiento se desgrana y nos regala un conjunto más extenso de asombros (“La lluvia reverbera/ en la laguna./ Una garza/ se sostiene en la orilla/ en una sola pata”).

            Adjetivos precisos que prestan textura y cuentan una historia con limitados recursos: “Una hojita leve/ y sola/ en la indigencia de la tarde”. Esa “indigencia” posee una gran carga simbólica en estos momentos en que hemos dejado a la naturaleza desprotegida y devastada. La autora sabe jugar con lo medido, con una baraja de pocas palabras gana la mente del lector.

            Hermosísimos poemas nos dejarán un gusto de levedad, de extrañeza, de añoranza: “Entra un rayo de sol:/ tu ventana/ se sostiene/ en la pared ruinosa”.

            Y quizá este texto sea el que mejor pueda definir el conjunto, su voluntad, sus pilares: “Escribir./ Escribir lo sublime/ como quien pinta el cielo/ o traza un círculo”. Porque queremos ese dibujo que Nélida Cañas hace de la vida, sus pasajes, su acontecer. Queremos estar imbuidas en su esperanza, en el cúmulo de sus deseos, en esa mirada puesta sobre lo amable y lo ínfimo. Necesitamos que la voz de la poesía nos arrastre por las facetas menos erosionadas de lo humano. Su voz cercana al aire.


 EL LIBRO DE LAS FLORES

            En este bello poemario que se compone de seis partes o momentos −en palabras de la autora− “Lenguaje”, “Danza”, “Ofrenda”, “Enunciación”, “Florecimiento” y “Habla”, Nélida Cañas destila, con un lenguaje preciso, colorido y profundo, un acercamiento al simbolismo contenido en las flores. El libro es una verdadera delicia para los sentidos. Lo plástico, la metáfora, acompasan una voz madura y medida, una voz que no necesita artificios para hablarnos sobre aquello escondido en realidades mínimas. Sirva de ejemplo el poema “Trigales”: “círculo amarillo/ en la memoria/ aro de fuego/ en el que ardo”. O en el excelente texto titulado “Rosa” en el que se compara a esta flor con un mandala en que abreva la luna.

            Con citas muy bien escogidas, Nélida va guiándonos por un camino de sensaciones sutiles, va adentrándonos en su universo único, abanico de pureza léxica y de hallazgos. Quizás los versos “alcanza la belleza de lo que calla” o en “florecer/ florecer al fin/ en el silencio/ de lo leve” sean dos de los textos que mejor definan esta propuesta de la poeta.

            El libro nos seducirá −también− por su vocabulario rico y acorde con lo contado: “inefable planicie/ de lo divino”, “hecho de ideogramas perfumados”, “para ofrecerle la secreta/ vinculación de sus jugos”.

            Os invito a despertar vuestros sentidos en este jardín de encantamientos líricos, “como amantes enloquecidos” de las etéreas delicias de la vida.



SINFONÍA DE AGOSTO

            Tal como nos cuenta Estela Sanlungo en el prólogo de “Sinfonía de agosto”, este poemario es como un libro de definiciones, una especie de diccionario personal donde la poeta nos traslada, de forma delicada y precisa, sus impresiones acerca de un abanico de conceptos que desea volver a revisar y definir. Para ello va allegando múltiples elementos del mundo natural con el que Nélida Cañas -tal como he visto en anteriores trabajos suyos- guarda una relación muy estrecha.

            Y como si fuera un cuento lo que nos quisiera contar con cada poema-definición, la autora comienza sus textos con la palabra “cuando”, llevándonos así a ese tiempo pasado que ahora nuevamente se recrea.

            Nélida se vale de lo conciso, de lo breve, hay un claro intento de apresar algo mínimo y describirlo también con las mínimas palabras. Porque no es necesario adjetivar demasiado cuando lo que se nombra contiene en sí mismo una carga simbólica y plástica. Esto lo sabe muy bien nuestra poeta. Ella nos dice (definiendo la escritura) “cuando abro/ mi libreta de notas/ y/ me dejo decir/ por el lenguaje”. Sí, dejarse decir es lo que busca su poesía, quizá ser un conducto o un canal en el que un lenguaje secreto y no tan evidente se manifieste.

            Veremos en este conjunto que lo mágico, lo onírico, el mundo de la infancia, están muy presentes: “cuando encuentro/ entre las hojas de la hierbabuena/ la leve pluma/ del ángel de la guarda”. Nélida no le teme al diminutivo, a las palabras empapadas de ternura, porque sabe bien regalarles otras dimensiones, lograr que suenen a belleza y sinceridad en nuestros oídos.

            La figura de Emily Dickinson sobrevuela las páginas de esta sinfonía: ambas escritoras cultivan el mundo íntimo de la naturaleza (“y al fin/ no se niega/ al lenguaje de la flor”, “cuando un pajarito/ leve y solo/ es un chisporroteo/ de agua clara”), rescatan el asombro por asuntos que, de tan cercanos, se tornan invisibles para nuestra contemplación.

            Encontraremos también un diálogo bosquejado −a través de precisas pinceladas− con otras autoras y personajes de distintas épocas, que hacen más rico este original diccionario poético.

            Dejad que los compases de estos versos vegetales y serenos, cargados de estaciones y de pequeños hallazgos se desgranen lentamente en el mantel de vuestra escucha.

Marina Tapia

sábado, 11 de noviembre de 2023

Reseña de "Mnemosine", de Dionisia García

Todo un honor acercar mi mirada lectora a Mnemosine, este excelente libro de una maestra de la poesía, Dionisia García, en la revista digital Masticadores.






CARICIA DE RETORNO by Marina Tapia


A raíz del reciente Premio de la Crítica en lengua castellana este 2023 a “Clamor en la memoria” de Dionisia García, he vuelto a leer “Mnemosine”, el tercer poemario de la autora, y nuevamente me he maravillado con la destreza lingüística de su trabajo.

“Mnemosine”, publicado por la editorial Tigres de Papel dentro de la colección Genialogías en 2019, es una impecable reedición de este volumen fundamental en la carrera de la poeta, un libro destacado por la crítica y por los historiadores de la literatura (tal como lo explica Idoia Arbillaga en su completísimo prólogo). Como ya sabéis, la Asociación de poetas Genialogías favorece que las obras de grandes autoras puedan estar al alcance del público lector, por eso no podía faltar esta reedición de una creadora como Dionisia en su colección.

El libro es una ola que trae a nuestra orilla la idea del tiempo, de las estaciones, de ese pasado −con su universo de recuerdos y proyecciones− que vuelve una y otra vez hasta el presente para mezclarse con él. La cita de Henri Bergson que abre el conjunto es del todo esclarecedora respecto al hilo conductor que atraviesa esta obra: “Lo posible es el espejismo del presente en el pasado”. Y, para explicar este elemento, la autora se vale de los contrastes y fricciones entre dos épocas. En el poema “El tiempo de una espiga” podemos apreciarlo:

Sucumbirán al tedio los hijos de los hijos, / tendrán la piel ajada del reposo, / y en un horno del sol entibiarán sus cuerpos / para hacer el verano. / Nosotros ya seremos la espalda del olvido, / nuestro rostro sin luz / habrá doblado el tiempo de los ojos, / irá rozando espacios sin que nadie lo advierta”. Hay una mirada a lo colectivo realizada con hondura y plasticidad. La poeta no sólo refleja el paso de los años en su realidad y en su entorno, también dirige su mirada hacia la humanidad: “Varias generaciones marcadas por palabras”, “allí pereceremos en la duda, / campeadores mansos, sin destino, / cuando implacables ansias sin finales / nos acerquen sumisos a nosotros”, “somos marcados hitos, importancias del cosmos, / ángeles adheridos a una mancha plomiza.

Los poemas de “Mnemosine” son textos para degustarlos pausadamente, que permiten la relectura, el apunte de versos en la libreta, el recitado en voz alta. Con esta calma propicia que traen los veranos, os animo a entrar en los mundos particulares y únicos de Dionisia García. Aquí encontraremos poemas conceptuales pero sensitivos, con ecos de tradiciones y ritos antiguos, pero también pasajes circunscritos a la vida moderna, envueltos en corrientes de palabras en desuso (como zahón) y en términos modernos (como country). Hallaremos un lenguaje que armoniza y compendia la manera de expresarse de varias generaciones y que traen ese sabor de un pasado que aún nos interpela. El culturalismo de la autora se vuelve cercano, y vence la oposición inicial que podamos tener como lectores de este siglo (domesticados por una avalancha de lecturas fáciles y digeribles). Al adentrarnos en los sonidos y en las ideas tan estimulantes de esta autora, al cobijarnos bajo la bella complejidad de sus composiciones, sabemos en ese momento que ha sucedido algo cercano a la magia, que tenemos ante nosotros palabras empapadas de intención, ese lenguaje rico y vivo, con mayúsculas, que tanto escasea en la actualidad.

La poeta destaca sobre todo al perfilar emociones sutiles, sensaciones ambiguas en las que sabremos reconocernos (“cómo gime diciembre en esta tarde / y cómo lo inestable invade la esperanza” o “desazonaba el miedo abrochado a nosotros”).

En el bellísimo poema “Transcurrir”, Dionisia parece realizar un autorretrato de su vocación: “Soy lenta melodía, imborrable escritura, / mientras caen sin aviso las sobras de los cielos. / Te doy mis ojos húmedos de letras; / no tengo más haber que esta andadura / ni más bagaje que mis intenciones”.

“No podemos perder nuestro ritmo de azares; / nos espera otra prisa [...]”, expone la autora, y coreamos con ella el deseo de que nos espere otro apremio, otro acicate, de correr tras afanes más intensos y trascendentes −como los que han marcado el norte de su poesía−, de que otros afanes menos simplistas y planos se engarcen a la creación y a la comunicación.

“Mnemosine” también incluye una entrevista muy interesante, fresca e inteligente a Dionisia, realizada por Cristina Morano, y que nos lleva a adentrarnos aún más en el trabajo y en la carrera de esta murciana de adopción, mujer muy activa culturalmente e imprescindible dentro del panorama poético español. También disfrutaremos con el excelente prólogo, mostrándonos a la autora dentro de las generaciones y grupos con los que guarda relación y afinidades estéticas. Os invito a leer este poemario generoso y reposado como el buen vino, a celebrar la intensidad, las imágenes y la música de esta obra. A hacerle justicia a una autora −tal como se dice en la introducción− “cuyo reconocimiento es tardío y nunca equiparable al de tantos otros poetas varones coetáneos, que la igualan en talento muchos de ellos, desde luego, o que ni de lejos la alcanzan, tantos otros”. Celebremos el arte de leer activo, reflexivo, indagador, y que se deja traspasar por la buena poesía.


miércoles, 6 de septiembre de 2023

Reseña "La pasión según Dick Tracy", de Juan Cameron

Comparto la reseña "La pasión según Dick Tracy" del excelente poeta chileno Juan Cameron. En Masticadores. Espero que os gusten mis palabras.



            “La Pasión según Dick Tracy” del escritor chileno Juan Cameron (RIL Ediciones, AEREA, Carménère, 2017) es un libro con un espíritu inquieto, crítico, desvergonzado a la vez que lírico y profundo, que indaga acerca de nuestra identidad fraccionaria y errante, que late y se sitúa en diversos  referentes culturales.

            El poemario está dividido en tres partes: “La pasión según Dick Tracy”, “Cuadernos y otras” y “Multitud sentada frente a un muro”. En ellas el poeta desarrolla un estilo al que ya nos tiene acostumbrados pero que siempre nos sorprende, ese uso de la ironía, del comentario agudo y contestatario con la realidad, la agilidad para saltar a diferentes asuntos dentro de un texto sin perder la unidad compositiva, el planteamiento del ser humano reflejado en los medios audiovisuales y el acercamiento a la actualidad abordada desde un lenguaje rico y desde un pentagrama rítmico delicioso. Podemos decir sin equivocarnos que nos encontramos ante un poeta que ha asimilado muy bien la tradición, que maneja como ninguno la musicalidad y los alejandrinos sin perder esa frescura, agilidad y anclaje en lo contemporáneo.

            La mirada del refugiado, del aventurero y del que se aleja de un territorio para poder experimentar lo desconocido con propiedad, está también presente en este libro como en otros del autor: “Vivíamos como pájaros en vísperas de migración”. En nuestro paseo visual y emotivo por sus textos, nos encontraremos con museos, obras clásicas de la literatura, lugares perdidos en el mapa, fotogramas antiguos, taxis que cruzan la pantalla, diversos desplazamientos y exilios, oficios remotos; en resumen, el espíritu de un Marco Polo actual que acerca culturas, épocas de la historia y sensaciones olvidadas en donde siempre reina cierta extrañeza.

            En el conjunto se va alternando un lirismo clásico con toques ágiles y poco frecuentes en poesía, y el lector celebrará cómo el autor reflexiona acerca de la sinrazón del mundo, sin caer en dramatismos y haciendo uso de un sarcasmo exquisito y de la parodia: “Es hora de colgar al bufón de la corte / sus chistes ya cercaban peligrosamente / la política del reino / y envolvió con su mofa tratados comerciales […] pues humor y gobierno deben ir separados”.

            Sandokan, Dulcinea, Li Po, Lewis Carroll, Rancière o Piranesi pasean por las páginas de este volumen tan bien editado y de tan atractiva manufactura (con sus solapas y portada amarilla sobre interior celeste). Personajes que cumplen no solo la misión de llevarnos por el laberinto de nuestras referencias sino la de dejar un sabor nostálgico, que apela a la riqueza escondida y simbólica de diversas personas reales o de personajes de ficción.

            En el imaginario de este porteño se aprecia, asimismo, una predilección por trasladar al poema el dinamismo y la aceleración de estos tiempos; en sus composiciones no faltarán los taxis, los trenes, el metro, las estaciones, el Transiberiano... Palabras con su estampa cinética, como “raudo”, “recorrió”, “navegaciones”, “adiós”, retratan ese movimiento.

            Con un lenguaje muy cuidado y un amplio espectro de referencias cosmopolitas, Juan Cameron ampliará el horizonte de nuestra mirada, haciéndonos partícipes de su vuelo sobre el tiempo y el espacio.

            Os dejo con un pequeño pero representativo fragmento esperando que os estimule tanto como a mí y os invite a la lectura de “La Pasión según Dick Tracy”. No dejéis de leer a Cameron, un autor fundamental de la literatura chilena actual.

“Yo soy el ladrillero
hago ladrillos
toscos  duros   permanentes
con aquellos levantan las casas  las ciudades
una que otra cultura para observar los astros

Crecí sobre esta tierra
moldee un hornillo
mi mujer es de tierra  húmeda, cálida
con mis manos recorro su textura de greda

No sé hacer otra cosa
yo soy un ladrillero
soy casi elemental
las civilizaciones
pasaron sobre mí como la historia

Lento es mi paso
cuando sean las ideas por todos comprendidas
las mías serán un jeroglífico".