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sábado, 28 de febrero de 2026

Reseña de "Mixtura" en Culturamas, por Jesús Cárdenas

Muy feliz y muy agradecida por esta extraordinaria reseña de 'Mixtura' a cargo del escritor y crítico Jesús Cárdenas, aparecida en la revista Culturamas. Seguramente la más completa y profesional que he tenido la suerte de recibir acerca de mi antología personal.



''MIXTURA'' DE MARINA TAPIA

(Por Jesús Cárdenas)

Nos encontramos ante la figura de Marina Tapia, poeta, artista plástica y divulgadora cultural, nacida en Valparaíso y afincada en Granada, cuya trayectoria se despliega ahora con vocación de conjunto en 'Mixtura' (Averso), que, por cierto, también ilustra de forma radiante la cubierta. La antología reúne diez libros de poemas y dos textos publicados de forma exenta, presentados cronológicamente, y se ofrece al lector como un gran jardín orgánico en el que cada especie conserva su rareza y su estación. La obra de Tapia ha crecido en distintos territorios editoriales —muchos de ellos vinculados a premios municipales y ediciones no venales— que dificultaron su circulación. Resultaba, por tanto, necesario recoger esas flores dispersas y disponerlas en un espacio accesible que permitiera apreciar la continuidad de una voz. Esta compilación salda una deuda con los lectores y afirma, al mismo tiempo, la coherencia de un proyecto poético sostenido: el de sondear la palabra hasta rozar su misterio.

Cada poema funciona como ventana a un paisaje interior que no teme exhibir sus fisuras. La lectura se convierte así en tránsito entre lo íntimo y lo colectivo, entre la memoria privada y el eco de otras voces que comparten desarraigos y celebraciones. Si el jardín sugiere abundancia y diversidad, la casa implica refugio; ambas imágenes conviven en un libro que conjuga hospitalidad y extrañeza, arraigo y desplazamiento; palabras que adquieren una importancia vital en el volumen. El prólogo de Juan José Castro Martín acierta al definir a Tapia como «poeta de palabra vivida y significada, poeta de la tierra y el amor, poeta, en definitiva, de la vida y, por tanto, verdadera». En esas palabras finales se cifra una de las claves de 'Mixtura': la autenticidad de una experiencia transformada en lenguaje.

La selección, realizada por la propia autora con la colaboración de Ángel Olgoso, Susana Drangosch y Juan Cameron —según se indica en la nota inicial—, permite advertir una etapa de aprendizaje en los dos primeros libros, '50 mujeres desnudas' y 'El relámpago en la habitación', a la que siguen, en apenas seis años, publicaciones cada vez más depuradas y personales. Destaca la amplia representación de 'Marjales de interior' frente a la más breve de 'Un kilim de palabras', lo que sugiere una jerarquía interna dentro del propio corpus. Este recorrido revela una voz que gana en concisión y hondura sin perder la intensidad original.

Desde los primeros versos, Tapia interpela al lector con una declaración que es casi un desafío: «Probadme, mordisquead mis pensamientos». Extraída de «Derechos y deberes de la autora», el verso propone una ética de lectura activa. La poeta exige un lector partícipe que roce, cuestione y dialogue con la materia verbal. La desnudez invocada conlleva la exploración de una identidad múltiple y consciente de su vulnerabilidad. En adelante, se dirá que lo corpóreo y lo matérico forman parte consustancial en la lírica de la poeta chileno-española.

Uno de los ejes vertebradores del libro es la migración. «Para la migración / yo fui educada» y «Exiliarse fue un acto rotundo» condensan una experiencia que, aunque arraigada en lo biográfico, trasciende lo personal para convertirse en reflexión sobre la identidad contemporánea. Valparaíso y Granada operan como coordenadas simbólicas entre las que se tensa la escritura. En este punto, su voz dialoga con la tradición de la literatura del exilio latinoamericano, pero también con una conciencia contemporánea que entiende la identidad como proceso. Hay en estos versos una intuición que recuerda a la reflexión de María Zambrano sobre el destierro: la patria verdadera es, en realidad, la fidelidad a la propia voz. Tapia convierte la fractura en impulso creador, la distancia en perspectiva crítica. El desplazamiento es convertido en aprendizaje: una forma de mirar desde la distancia. Así, cuando afirma querer «derrotar a la nostalgia» a partir de un boceto de Valparaíso, la autora convierte la memoria en acto de resistencia frente al olvido. El paisaje deja de ser mero decorado para convertirse en conciencia histórica y emocional. En este uso simbólico del espacio se advierte una lección cercana a la de Antonio Machado. Tapia convierte cada enclave en un nodo de significaciones donde convergen pasado y presente.

Esta dimensión geográfica se amplía en composiciones como «Bajo las vidrieras de Chagall», donde «todas las voces que acallo la muerte, / y todas sus pisadas, / viven aquí, / colgando de este muro». El espacio se carga de memoria y arte; la contemplación deviene diálogo con lo ausente. Del mismo modo, el «volantín de aire» en Valparaíso o el paseo por Granada articulan un mapa afectivo que enlaza biografía y cultura. Cada enclave es un nodo de significaciones donde confluyen pasado y presente.

Sin embargo, 'Mixtura' no se repliega en la herida del exilio. Frente al riesgo elegíaco, emerge una sensualidad luminosa que celebra el cuerpo y el encuentro. «Llegas a mi sediento y luminoso, / nadie te ve en mi cuarto, / nadie ha visto / esa vía de luz / de tu esperma» nombra la intimidad sin veladuras retóricas. La experiencia amorosa adquiere una dimensión casi sagrada, sostenida por la intensidad de la imagen. Asimismo, en «Y no posar el labio, y no besarte, / y no guardar tu rizo de saliva, / no darle de mamar a tus suspiros, / qué pecado de amor, clavo y espina», la reiteración negativa subraya la tensión entre deseo y privación. Puede advertirse una afinidad con la poesía de Idea Vilariño, en el acto de valentía de asumir el deseo sin velos moralizantes. Tapia escribe el cuerpo desde el cuerpo, con una claridad que evita tanto la obscenidad gratuita como la idealización ingenua. El erotismo, lejos de la obscenidad gratuita o la idealización ingenua, se convierte en afirmación vital, en energía que atraviesa la palabra y la sostiene.

La riqueza sensorial atraviesa el conjunto. «Acércate al reinado del oído», «La luz será una colcha que te guarde», «Soy la miga de pan que retiene tu mano»: en estos versos el oído, la vista, el tacto y el gusto se erigen en vías de conocimiento. La verdad poética se alcanza a través de lo corpóreo; el mundo se entiende tocándolo, respirándolo, saboreándolo. Esta claridad sensorial no excluye la complejidad simbólica, sino que la encarna. La poeta rehúye el hermetismo autosuficiente y apuesta por una transparencia cargada de resonancias.

Junto a estos motivos, el libro despliega un sostenido tono metapoético. «He sido, soy, seré poeta. / […] Poeta precedida de otros vuelos / […] Elevación y hondura» constituye una declaración de identidad y de filiación. Tapia se reconoce heredera de una tradición y asume la escritura como destino. La exhortación «Escribamos poesía, / pero que sea sol, verdad rotunda, / como un deslumbramiento que acorrala» revela una concepción ética de la palabra: la poesía como iluminación y responsabilidad. Podría pensarse en la influencia de Gabriela Mistral, por la concepción de la poesía como destino y responsabilidad. No obstante, la autora no ignora los límites del lenguaje: «un puñado de versos no apaciguan el día». Esa conciencia de insuficiencia matiza cualquier tentación de grandilocuencia y devuelve la escritura a su dimensión humana.

En el tramo final del volumen emerge una zona más áspera: la confrontación con la familia y los límites de la comunicación. «Mi familia es un bloque / de cajones pequeños / que no pueden tocarse. / Y vuelan sobre hilos paralelos, / mas nunca formarán una madeja» ofrece una imagen de poderosa plasticidad. La familia aparece como estructura compartimentada, historias que conviven sin entrelazarse. La metáfora sugiere incomunicación, pero también una arquitectura inevitable que condiciona la identidad. Tapia examina el origen sin estridencias, con una lucidez que transforma la experiencia personal en reflexión universal sobre la dificultad de comprender al otro.

El penúltimo movimiento profundiza en esa tensión mediante la figura de la «Madre Piedra”, a quien dedica una oración. «Me bautizaste Piedra, / […] y ya no supe / ser otra que esta roca conmovida / —que entera— / te sostiene» condensa dureza y amparo, resistencia y cobijo. La piedra, símbolo de permanencia, dialoga con la condición migrante: frente al desplazamiento, una raíz; frente a la inestabilidad, un núcleo. La imagen sugiere que la fortaleza no excluye la conmoción, que el acto de sostener implica asimismo vulnerabilidad. Así, la poesía se convierte en espacio de reconciliación parcial entre herencia y elección.

En conjunto, 'Mixtura' se impone como una compilación coherente que articula memoria, deseo, territorio y reflexión crítica. Marina Tapia somete lo vivido a un proceso de decantación estética que confía en la potencia de la imagen y en la inteligencia del lector. Su lenguaje, claro sin ser simple y audaz sin caer en el exceso, construye un itinerario íntimo y compartido. Aceptar la invitación inicial a «mordisquear sus pensamientos» supone entrar en un territorio donde la palabra es acto de resistencia y de amor; y también, una poderosa revitalización del Carpe Diem. Entre el jardín y la casa, entre la migración y la piedra, Tapia traza un recorrido luminoso. El lector concluye la travesía con la sensación de haber habitado un espacio donde cada verso encuentra su lugar en un entramado orgánico que confirma la madurez y la verdad de una voz poética sostenida en el tiempo.

viernes, 13 de febrero de 2026

"Indómitas y reflexivas: Mary Oliver" en Culturamas

Muy contenta de iniciar la sección "Indómitas y reflexivas" en Culturamas. Espero que os guste esta primera autora que os traigo. El artículo ha sido editado con mimo por el redactor jefe de la sección de poesía, nuestro querido Jesús Cárdenas Sánchez. Gracias a esta revista por apoyar siempre la difusión cultural.



MARY OLIVER
Feb 13, 2026 | Dossier, Indómitas y reflexivas, Poesía
Por Marina Tapia.

Frente al sonido persistente de la lluvia, frente a la manifestación de los elementos en la ventana una se pregunta: dentro de este engranaje amplio y maravilloso ¿quién soy?, ¿lato en consonancia con mi naturaleza?, ¿vibro acorde a lo que guardo en mi interior?, ¿tengo siempre presente que pertenezco a un todo? Y es gustoso buscar estas respuestas dialogando secretamente con Mary Oliver, llegar a nuestro propio camino de su mano, seguirla imaginariamente en sus incursiones al bosque, estar atenta a la mirada de esta gran autora, de esta persona que fue fiel a su empuje sustancial. A través de tres de sus libros que han venido acompañándome en este periodo, Horas de invierno, La escritura indómita, y Vita Longa, voy aprendiendo otra manera de mirar el entorno.

Ser un eslabón de una cadena, ser parte de algo más extenso en vez de ejecutoras siempre: al hombre y a la mujer nos viene bien no ser el centro, nos viene bien sentirnos colectividad. Mary nos recuerda: «Ningún poema trata sobre uno −o algunos− de nosotros, sino sobre todos nosotros. El poema forma parte de un largo documento sobre la especie».

Esta lluvia copiosa que no deja de caer en Granada, pone el foco en las imponentes fuerzas primordiales de nuestro planeta, abre un espacio de reflexión, crea recintos nuevos en los que afirmar con Oliver: «En las vastas esferas de lo eterno, todo lo material y lo temporal languidecerá, incluida la presencia del ser humano. En este universo se nos conceden dos regalos, la capacidad de amar y la capacidad de hacer preguntas, que son, a un tiempo, las llamas que nos calientan y las llamas que nos abrasan». Y al recitar estas frases soy parte, con ella y con todas las que me acompañan, de un sonido arcano, de una música antigua pero nueva, de un olor a tiempo, de la plasticidad de los elementos que hilvanan −a la vez− el pensamiento y el agua que percibimos. Cuando se sale del habitáculo íntimo, y se amplía la visión hacia otras esferas, la contemplación suele brindarnos respuestas.

La lluvia en los secanos es una bendición, tiene aura de milagro y de necesidad. Callo para unirme a los conciertos de las nubes, acompaso mi escucha a la maravilla de un solo sonido repetido (ploc ploc) una y mil veces sobre la tierra. Agua con fuerza de expresión. Agua meditabunda, agua-diana disparando con su arco sobre nuestros sentidos y, también, a esa región interna. Escribo junto a Mary Oliver, mi latir se une al suyo celebrando los elementos indomables:

«Camino y percibo. Soy sensual para ser espiritual. Lo evalúo todo sin diseccionar nada», «el ser humano que no conoce la naturaleza, que no camina bajo las hojas como bajo su propio techo, es parcial y está herido», «bajo los árboles, por las pálidas laderas de arena, camino en un vínculo creciente con el éxtasis, que celebro con palabras. Veo y amo con locura lo manifiesto».

Martillemos con ella, a un mismo compás, el clavo en la madera para la construcción de la casa del lenguaje (ella vivió la experiencia de construir enteramente una casa con sus manos, ella indagó en los propósitos de la poesía). Aprendamos de su impulso. Salgamos cada día a recorrer el mundo del que somos parte, dispuestas a dejarnos deslumbrar por lo pequeño y escondido, aquello que guarda señales y sutiles mensajes, contemplemos el salto de una rana, el sonido particular de un ave, las estrellas al aire libre; y repensemos la escritura, liberémosla del dictado del yo:

«En el acto de escribir el poema soy obediente y sumisa. En la medida de lo posible, dejo de lado el ego y la vanidad, incluso la intención. Escucho. Lo que oigo es casi una voz, casi un idioma. Es un segundo océano, alzándose, cantándole al oído, o muy dentro del oído, susurrando en esos recovecos en los que no eres tanto tú misma como parte de una única comunidad indivisible». «Escribir poesía −para mí, al menos− es una manera de dedicar alabanzas al mundo. Plantéatelos así, como pequeños aleluyas». «De esto no cabe duda: el trabajo creativo exige una lealtad tan absoluta como la lealtad del agua a la fuerza de la gravedad».

Y así como el agua desemboca en los ríos y en los lagos, y se une a otros flujos distantes, así, las que la leemos, sacamos fuerzas para vivir siguiendo nuestra propia corriente. En todos sus escritos buscaremos la médula, el órgano que late, el cartílago y la sustancia, lo esencial de cada componente de los seres del mundo. Ella, mujer asilvestrada, mujer con disciplina en la escritura, entregada a sus ideales, amante del silencio: «A lo extraordinario le gustan los espacios abiertos. Le gusta una mente concentrada. Le gusta la soledad», ella dejará huellas imborrables.

Toda escritora necesita maestras, modelos, guías y pilares. Durante muchos años nos han faltado referentes, tuvimos que levantar nuestra genealogía, y ni la historia ni el canon literario quisieron incluirlas. Hoy celebramos encontrarnos con su legado.

Leer a Mary Oliver es volver a la tierra en busca de nosotras.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Comparto esta reseña mía de "Animales animales", el impresionante libro de Xoán Abeleira. Gracias a Culturamas y a Jesús Cárdenas Sánchez por cederme este espacio de reflexión poética.



EL ARTE DEBE SER COMO UN ANIMAL


Esta rotunda cita de Aristóteles encabeza Animales animales, de Xoán Abeleira, editado con mimo por Bartleby en edición bilingüe (castellano-gallego). Todo un cosmos, un estallido sensual, un acercamiento desde la originalidad al mundo de esos animales que, también, somos nosotros. Xoán hace su recorrido desde los tiempos de las cavernas, con potentes poemas ambientados en las cuevas de Altamira y de Lascaux; transita por exuberantes entornos tropicales, por la mitología gallega o por contextos más urbanos y, en cada uno de estos marcos, el poeta se maneja con soltura, haciendo gala de una voz visionaria y empática, capaz de recoger la rica simbología y significación de todas las formas animales evocadas.

Una voluptuosidad y un erotismo desbordante estimulan al lector a lo largo de todo el libro y, en especial, en la parte titulada “Olca” (poemas de amor animal), donde se nombra sin pudor el sexo, los rituales del cortejo y el apareamiento, las reverberaciones de la dicha.

Sus versos tienen el calor y el colorido de las narraciones orales contadas junto al fuego, tienen la musicalidad de las canciones tradicionales o de los refranes, pero también están embebidos de lo mejor de las corrientes del surrealismo, del creacionismo de Huidobro o del arrojo de Gioconda Belli. Cada animal escogido por el poeta lleva una carga simbólica que va más allá de la visión que comúnmente se le ha dado. Xoán aborda la sustancia poética de cada bestia, rescata su espíritu para establecer un dialogo con las emociones humanas, una concordancia.

Otros escritores se han acercado al mundo recogido en este poemario, como Gabriela Mistral, Olvido García Valdés, María Ángeles Pérez López o como el narrador Ángel Olgoso con sus relatos de Bestiario. Y podemos decir que la aproximación de Xoán es carnal y descriptiva, a la vez que simbólica y chamánica, rescatando los elementos e imágenes de nuestro inconsciente colectivo y buscando restaurar un equilibrio antiguo a través de las palabras.

El autor se conduce incluso con vigor en los textos largos, logrando que el lector no pierda jamás el interés y que se sienta inmerso en ese cosmos vibrante de sonidos, aullidos, texturas, instinto y covas que tan magistralmente retrata.

Si muchos nos preguntamos si, a estas alturas de la historia literaria, es posible sorprender y emocionar al mismo tiempo, tenemos la respuesta en este poemario que es un ejercicio gozoso de lenguaje, de soltura y autenticidad. Jabalíes, tortugas, carpas, vacas, halcones, bisontes, libélulas, lobas, estorninos, gaviotas… nada escapa a la mirada de este compilador de vida bajo el arenal del cielo, todos los animales le valen al poeta para remover nuestra memoria dormida.

Hay que agradecer a Xoán Abeleira (artista polifacético y fuera de serie, además de periodista y traductor) sus notas y explicaciones que hallaremos en las páginas finales del volumen. Tan rico material nos ayudará a apreciar con más exactitud muchos de los conceptos y palabras de origen gallego −o de otras tradiciones y lenguas−, las citas asimiladas en los textos y alguna que otra aclaración sobre su proceso creativo. Todo esto hará aún más interesante el acercamiento al intenso y físico universo en el que este creador nos adentra.

Porque todos somos esos adanes y evas exiliados en otro edén exánime y corrupto, porque todos somos esa gata a la que mataron sus hijos pero que guarda uno a salvo en lo más profundo de su vientre, porque todos somos esas aves de María Zambrano que pierden sus formas al volar y que necesitan de esta poesía metafórica, de esa poesía que nos recuerde aquella época en que los hombres eran animales orgullosos de ser animales. Gracias, poeta, por revivir los ritos que guardamos en lo hondo de la mente, por rescatar nuestra sangre que sueña.

viernes, 1 de enero de 2021

"Jardín imposible" en Culturamas

Es una gran alegría que la revista Culturamas haya recomendado mi libro "Jardín imposible" entre las lecturas para este año que comienza. Agradezco a Jesús Cárdenas sus palabras.

 



"Marina Tapia, asegura en Jardín imposible (Ayto. Baena) que el amor se halla sujeto a la naturaleza, asombro y exploración interior: "Y llegará ese tiempo en el que todo se vuelva expectación, / y mudaré el impulso y el soporte, / la forma de mirar al firmamento. / Y dejaré de ser espectadora de tramas moribundas, / ancladas en raíces sin razón".