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martes, 28 de abril de 2026

Entrevista en la revista Culturamas, por Javier Gilabert

Muchísimas gracias a Javier Gilabert por esta entrevista tan completa y tan cercana, a propósito de "Mixtura", que hoy se publica en 'Primera Impresión' (Culturamas). Un privilegio contar con este espacio cada vez más imprescindible para la poesía.



Marina Tapia (Valparaíso, Chile. 1975). Es poeta, artista plástica y divulgadora cultural. Desde el año 2000 reside en España y desde 2013 en Granada. Ha publicado los libros 50 Mujeres desnudas (Amargord), El relámpago en la habitación (Nazarí), Marjales de interior (Aguaclara), Jardín imposible (Ayto. de Baena), El deleite (Ayto. Vélez Málaga), Corteza (El Envés),Un kilim de palabras (El sastre de Apollinaire), Bosque y silencio (Ayto. Aguilar de Campoo), Islario (Amargord), Piedra que mengua (Ayto. de Lodosa) y Mixtura. Antología personal (Averso). Ha coordinado El pájaro azul. Homenaje a Rubén Darío (Artificios). Sus poemas han sido incluidos en una treintena de antologías.
Entre sus premios y reconocimientos destacan:Voces Nuevas de la editorial Torremozas; Arte Joven La Latina de la Comunidad de Madrid; Paco Mollá; Ciudad de Baena; Joaquín Lobato; Águila de Poesía; 8 de marzo por la Igualdad de La Zubia (en la categoría Cultura); Residencia Literaria en Óbidos, Portugal, Granada Ciudad de Literatura Unesco y Ángel Martínez Baigorri.
Ha estado a cargo de Compartir poesía de la Fundación Entredós de Madrid. Actualmente imparte talleres literarios para los Ayuntamientos de La Zubia y Huétor Vega, y es Adjunta a Coordinación del Programa Granada Ciudad de Literatura Unesco.
Ha formado parte del catálogo de Animación a la Lectura de la Diputación de Granada y del Programa María Moliner del Área de Igualdad y Juventud. Pertenece al Institutum Pataphysicum Granatensis, a la Ronda Andaluza del Libro, a la Asociación de mujeres poetas Genialogías y a Poetas por el Clima. Escribe artículos y reseñas para Masticadores, CaoCultura, Culturamas y Moon Magazine.

Es positivo para una creadora hacer un recuento y mirar hacia atrás

Javier Gilabert: Marina, es una alegría tenerte de vuelta en esta sección. Regresas con Mixtura, que no es un poemario al uso, sino una antología personal. ¿Por qué este libro y por qué sentías que era el momento exacto para hacer este ejercicio de recapitulación?

Marina Tapia: En primer lugar muchísimas gracias, querido Javier, por la invitación a este espacio que llevas de forma impecable. Respondiendo a tu pregunta, creo que es positivo para una creadora hacer un recuento y mirar hacia atrás, analizar lo que se ha escrito y −también− lo no nombrado. Observar qué temas se han desarrollado, qué búsquedas han estado más presentes, si tu escritura maneja una paleta determinada de colores o si da lugar a alguna atmósfera. Este trabajo analítico es muy positivo para cualquier artista. Y, al llegar a mi décima publicación, Piedra que mengua (de alguna manera un número redondo) y cumplir, además, cincuenta años, creí necesario hacer cierto balance, cerrar un capítulo para poner en marcha una renovación. Un poeta que admiro, Tomas Tranströmer escribió: «Sentir cómo el poema crece / mientras voy encogiéndome. / Crece, ocupa mi lugar. / Me desplaza». Es una idea potente: el texto es el que tiene que comunicar y el poeta debe quedar en segundo plano, somos solo un canal de expresión.
Junto a todo esto que te cuento, Javier, había otras razones más prácticas, como el hecho de que muchos libros compilados en «Mixtura» no se puedan encontrar por ser ediciones no venales de premios literarios. Hacer una antología era una buena manera de ofrecer una amplia muestra de mis poemarios. También una forma de llevar a Chile mi andadura; lamentablemente no he publicado ningún volumen allí, y mi deseo es darme a conocer un poquito en mi tierra natal.

La mirada más ecuánime tenía que venir desde fuera

El proceso de armar una antología personal debe de ser vertiginoso. ¿Qué nos puedes contar sobre el proceso de selección y revisión de tus libros pasados? Al reencontrarte con tus primeros versos, ¿te has sentido tentada de corregir a la Marina que fuiste o has respetado sus hallazgos y sus cicatrices?

La verdad, era bastante complicado para mí elegir los poemas que irían, porque como autora tienes un enfoque menos objetivo, más emocional: algunos textos te recuerdan ciertos momentos concretos e importantes de tu vida, a otros les tienes afecto porque recogen el impacto de alguna lectura que te marcó, o porque están dedicados a personas queridas, o porque decantan el dolor y ciertas sensaciones intensas experimentadas. Por eso la mirada más ecuánime tenía que venir desde fuera, y tuve la gran suerte de contar con tres personas muy leídas y sólidas intelectualmente, que me dieron sus listados de “imprescindibles” de cada libro: Ángel Olgoso, Susana Drangosh y Juan Cameron. Me resulta un acierto que sean voces de autores de dos espacios geográficos distintos pero que comparten un idioma: España, Argentina y Chile. Estoy muy agradecida con su trabajo facilitador. Claro, yo fui la que tuvo, por así decirlo, la última palabra: deseaba que el libro −en conjunto− fuera armonioso y reflejara un pequeño recorrido con un hilo conductor, que no fuera un collage inarmónico. Respecto a corregir textos, he optado por no hacerlo (sólo alguna coma o alguna asonancia que en su momento se me escapó). De todas maneras, aunque escribo desde muy niña, mi primer libro salió bastante tarde (tenía 38 años), es decir, esperé para publicar; esto ha sido una suerte porque no me arrepiento ni escondo mi 50 mujeres desnudas, todavía siento digna esa primera obra editada. El espíritu perfeccionista −heredado de mi padre− ha estado siempre presente: pulir y pulir, leer y leer, permitir que otros opinen y no tomarse ninguna crítica como algo negativo.

He respetado la cronología

Respecto a la estructura del libro, al ser una obra que recoge toda una trayectoria, ¿has respetado la cronología vital de las publicaciones o has buscado nuevos diálogos temáticos entre poemas de distintas épocas para crear esta Mixtura?

Sí, he respetado la cronología: es una invitación a los lectores para ir haciendo el camino juntos, para que me acompañen en este recorrido, para que formen parte de mi andadura tal como ha ido desarrollándose y para que tengan presente −como recomendaba Thoreau− que sólo cuando olvidamos todo lo que hemos aprendido empezamos a saber. Mixtura recoge «el canto de todos que es mi propio canto», al modo de Violeta Parra, con la esperanza de inaugurar nuevos acordes y melodías de una nueva etapa.


Todos somos hijos de una historia colectiva

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a los posibles lectores, especialmente a aquellos que lleguen a tu obra por primera vez a través de este volumen recopilatorio?

Me gustaría decirles que mi trabajo encierra distintas voces fruto de mis lecturas. Todo autor es deudor de las creaciones anteriores, todos somos hijos de una historia colectiva. Es importante para mí esta idea de diálogo con otras poetas: un diálogo sutil y subterráneo, y quisiera que la gente que se acerca a Mixtura perciba esta actitud de tributo que está en el núcleo de mi poesía. Quizá les sorprenda la variedad de temáticas que he ido abordando, pero soy una persona muy inquieta, con esos entusiasmos del saber que hacen que la mirada no pueda evitar posarse en puntos disímiles. Desearía que disfrutaran con los pequeños mundos sensitivos pintados a plumilla o acuarela −metafóricamente hablando−, quisiera generar en los otros un ángulo renovado, una mirada nueva y celebrativa: todavía vive la belleza en el mundo, aunque ahora −en la oscuridad de estos tiempos– nos cueste verla y nos inunde el pesimismo.

La imagen está muy presente en mi trabajo

Te pongo en un aprieto de los grandes (y en una antología es aún más cruel): si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de toda esta trayectoria recogida en Mixtura, ¿cuáles serían y por qué esos en concreto?

Elegiría el poema 22 de «Piedra que mengua», el que comienza con el verso: «Madre Piedra que estás en la tierra…»; el texto «Nuevo pacto», dedicado a mi hija Camila y que pertenece a «El relámpago en la habitación» y «Zarza ardiente» del conjunto «Bosque y silencio». Los escojo porque aúnan las inquietudes que más afloran en mis escritos: el diálogo y la necesaria implicación con el entorno natural del que venimos, y esa preocupación por el distanciamiento del ser humano con la tierra a la que pertenece; creo −como Petrarca− que la contemplación paisajística nos regala placer, inspiración y conocimiento de nosotros mismos. La valoración de las mujeres, tantas veces invisibilizadas, y el deseo de que ellas sean las protagonistas de sus vidas; buscando esos espacios de acción y libertad que a lo largo de la historia se les han negado, parafraseando lo expresado por Chantal Maillard: «hay que subvertir los mitos femeninos, poner orden en la herencia». Y la reflexión acerca del tándem palabra-silencio, ese interés por lo metaliterario, por los límites del lenguaje escrito. Creo que estos tres poemas recogen esos ejes cardinales de mi poética, y por eso los seleccionaría. Quizá todos ellos, en su forma, reflejan además mi pulsión pictórica. La imagen está muy presente en mi trabajo; opino con Cézanne que la materia de nuestro arte está ahí, en lo que piensan nuestros ojos, que el color es el lugar donde nuestro cerebro y el universo se encuentran.


Vivo cada emoción con bastante intensidad

En los poemas que adelantamos («Inquietud» y «18»), confiesas el vértigo a que el afluente se seque y pides «un entusiasmo nuevo y ascendente». Sin embargo, en «Anunciación II» vemos a una poeta telúrica, llena de fuego y goce vital. ¿Cómo conviven estas distintas ‘Marinas’ en la antología? ¿Es la poesía tu forma de restañar la rotura?

Me encanta esa asociación que subrayas del poema 18 donde se pone de manifiesto la palabra poética como bálsamo y curación frente a la rotura que deja en nosotros la realidad. Esas distintas “marinas” de las que hablas son el resultado de mi hipersensibilidad. A modo de confesión, es la primera vez que expreso esta característica de mi persona: vivo cada emoción con bastante intensidad, y mi mente vibra y se deslumbra fácilmente o se hunde en estados de gran introspección; mi cabeza sigue trabajando sin control en proyectos creativos durante la noche, muchas veces me desvelo azuzada por ideas. Soy así desde niña aunque con la edad esto se ha ido intensificando. He tenido que aprender a manejar esta vulnerabilidad ante los hechos fuertes y violentos de la realidad, a buscar ese distanciamiento necesario, ese equilibrio. Sé que proyecto una imagen de alguien muy serena, siempre positiva. Pero Ángel −que vive conmigo− sabe que muchas circunstancias y noticias me afectan más de la cuenta: no soy dada a ver películas porque vivo la ficción en primera persona; de hecho, me impresionan tanto algunas imágenes que me tapo los ojos, e incluso evito escuchar ciertas piezas musicales porque me llevan a estados melancólicos y desasosegantes. Lo mejor para la serenidad buscada es el silencio y la lectura, los cuadros donados por el paisaje y los sonidos múltiples y reconfortantes de la naturaleza. Esta fricción interna quizá se refleja en mis textos, en esa necesidad de equilibrar armonía e intensidad lírica y vivencial.

Siento al arte y la literatura como un compromiso

Tu poesía nunca ha estado encerrada en la torre de marfil. Perteneces a colectivos como Genialogías, Poetas por el Clima o el Institutum Pataphysicum Granatensis. ¿Cómo se retroalimentan en tu día a día el activismo social/ecológico y la escritura poética?

Es muy buena pregunta. Siento al arte y la literatura como un compromiso. No tengo como norte la fama; más que ser una poeta reconocida, me interesa ser un buen ser humano. Y que sea esa soledad imprescindible de la escritura, ese trabajar el lenguaje, el centro. No hay nada más sosegador (en este mundo de egos) que ser fiel a nuestros principios, recordando cada día que somos eternos aprendices, parte de una estructura colectiva. Mi brújula es sumergirme y bucear en el idioma, correr los riesgos que hagan falta para destilar una poesía viva. Si esto es acogido o aplaudido resulta secundario, debemos plegarnos a las necesidades internas. Esta me parece una forma de resistencia ante un mundo tan piramidal, tan materialista y mediático. Y en cada uno de estos colectivos a los que pertenezco he encontrado referentes y personas que han entregado su vida al desarrollo del arte y a los ideales desinteresadamente, que no han usado al grupo por notoriedad o conveniencia alguna. Lo ético es muy importante para mí. Lo bueno es que hay pequeños espacios en los que la solidaridad sigue vibrando. Como decía la poeta rumana Ana Blandiana: «La resistencia a través de la cultura es más necesaria hoy que ayer».

La escritura crece con el roce y lo vivencial

Acabas de asumir un reto inmenso como Adjunta a la Coordinación del Programa Granada Ciudad de Literatura UNESCO. ¿Cómo estás viviendo este nuevo papel, especialmente de cara a la organización de un evento tan masivo como el Día Mundial de la Poesía? ¿La gestora cultural le roba tiempo a la poeta, o le da nuevas perspectivas?

Colaboro con Jesús Ortega en el Programa Granada Ciudad de Literatura Unesco con mucha ilusión. Le debo muchísimo a Granada: aquí he conocido a mi compañero de vida, a mi amor, y aquí he publicado la mayor parte de mi trabajo. Estar en relación con otros escritores te nutre, tienes más a mano sus experiencias y búsquedas y, si tu enfoque es una mirada receptiva y deseosa de nutrirte, aprendes mucho. Eres más consciente de la necesidad de crear una hermandad entre los artistas que se posicione frente a las injusticias, que dé voz a diferentes grupos y pueblos. La cultura puede reavivar la esperanza y empaparse de valores. Es verdad que la gestión y la difusión cultural −y tú lo sabes bien Javier− quita tiempo a tu trabajo de lectura y escritura pero, por otro lado, alimenta el deseo de buscar ese espacio íntimo y personal, atiza el entusiasmo creativo y otorga experiencias vitales vertebradoras de la poesía. Creo que la escritura crece con el roce y lo vivencial, que se aprende con cada voz que se escucha o que se lee.

Publicar una antología personal suele sonar a canonización, a hacer balance o a final de ciclo. ¿Supone este volumen un punto de inflexión en tu producción? ¿Y a partir de ahora, qué?

Quiero pensar que es un acto reflexivo y una pequeña parada para inaugurar otro ciclo de escritura. De hecho, esta Feria del Libro saldrá Nômade, un libro escrito casi en su totalidad en Óbidos, Portugal, durante mi residencia literaria. En él no sólo abordo la idea de la condición andariega y errante del ser humano (sello impreso en nosotros desde los inicios de los tiempos), también plasmo mi relación afectiva con ese territorio único en el que viví durante el mes de octubre del 2023. Y, además, corro un riesgo estilístico: la segunda parte de este libro bifronte está enteramente escrita con la horma del soneto. Como lo hizo ya la Generación del 27, por ejemplo, rescato con entusiasmo una estructura clásica intentando impregnarla de nuevas resonancias. Jesús Cárdenas, en la estupenda reseña que regaló a Mixtura destaca que lo errante está muy presente en mi trabajo; así que el desarrollo de este concepto en mi nuevo poemario Nômade sirve perfectamente de puente con esta antología.

Esta generación tiene una deuda enorme con las maestras

Con la gestión cultural y los talleres literarios a pleno rendimiento, ¿en qué nuevos proyectos creativos estás trabajando actualmente?

Preparo con mucho mimo cada taller, vuelco bastante tiempo en escoger qué lecturas y ejercicios son los adecuados para cada grupo. Así que no tengo demasiadas horas para la poesía (que necesita ese estado laxo y casi fuera del mundo), pero mi actividad tallerística nutre y dialoga muy bien con el ensayo, con los artículos relacionados con personajes claves y por eso estoy más volcada a ello durante el curso. He iniciado una columna acerca de escritoras en Culturamas bajo la vitola de «Indómitas y reflexivas». Ya han salido dos artículos: uno versa sobre la obra ensayística de Mary Oliver, y el otro está dedicado a Ursula K. Le Guin. La siguiente, nuestra querida y admirada María Zambrano. Son acercamientos más personales; no pretendo sentar cátedra, se trata de composiciones con toques poéticos e impregnadas de gratitud a grandes creadoras. Siento que esta generación tiene una deuda enorme con las maestras que nos han dado un modelo de vida y de trabajo, a pesar de los infinitos inconvenientes de la época en las que les tocó vivir. Como te digo, Javier, este tipo de textos compagina muy bien con los talleres. Y de hecho, ya está acabado un primer librito (Ungüentario. Aproximaciones poéticas) que reúne una buena parte de los artículos teóricos y reseñas alumbradas en estos últimos años.

Por último, como lectora voraz y agitadora cultural: ¿de quién te gustaría conocer su “Primera impresión” en futuras entregas?

Me gustaría que entrevistaras a Cristina Grisolía, buena amiga y excelente escritora, que acaba de sacar su poemario Piedra contra piedra con la editorial de Barcelona Animal Sospechoso. Además, vendrá a presentarlo a Granada próximamente en la librería Picasso; tu entrevista sería para ella un gran impulso y una ocasión de darse a conocer más por aquí.

sábado, 28 de febrero de 2026

Reseña de "Mixtura" en Culturamas, por Jesús Cárdenas

Muy feliz y muy agradecida por esta extraordinaria reseña de 'Mixtura' a cargo del escritor y crítico Jesús Cárdenas, aparecida en la revista Culturamas. Seguramente la más completa y profesional que he tenido la suerte de recibir acerca de mi antología personal.



''MIXTURA'' DE MARINA TAPIA

(Por Jesús Cárdenas)

Nos encontramos ante la figura de Marina Tapia, poeta, artista plástica y divulgadora cultural, nacida en Valparaíso y afincada en Granada, cuya trayectoria se despliega ahora con vocación de conjunto en 'Mixtura' (Averso), que, por cierto, también ilustra de forma radiante la cubierta. La antología reúne diez libros de poemas y dos textos publicados de forma exenta, presentados cronológicamente, y se ofrece al lector como un gran jardín orgánico en el que cada especie conserva su rareza y su estación. La obra de Tapia ha crecido en distintos territorios editoriales —muchos de ellos vinculados a premios municipales y ediciones no venales— que dificultaron su circulación. Resultaba, por tanto, necesario recoger esas flores dispersas y disponerlas en un espacio accesible que permitiera apreciar la continuidad de una voz. Esta compilación salda una deuda con los lectores y afirma, al mismo tiempo, la coherencia de un proyecto poético sostenido: el de sondear la palabra hasta rozar su misterio.

Cada poema funciona como ventana a un paisaje interior que no teme exhibir sus fisuras. La lectura se convierte así en tránsito entre lo íntimo y lo colectivo, entre la memoria privada y el eco de otras voces que comparten desarraigos y celebraciones. Si el jardín sugiere abundancia y diversidad, la casa implica refugio; ambas imágenes conviven en un libro que conjuga hospitalidad y extrañeza, arraigo y desplazamiento; palabras que adquieren una importancia vital en el volumen. El prólogo de Juan José Castro Martín acierta al definir a Tapia como «poeta de palabra vivida y significada, poeta de la tierra y el amor, poeta, en definitiva, de la vida y, por tanto, verdadera». En esas palabras finales se cifra una de las claves de 'Mixtura': la autenticidad de una experiencia transformada en lenguaje.

La selección, realizada por la propia autora con la colaboración de Ángel Olgoso, Susana Drangosch y Juan Cameron —según se indica en la nota inicial—, permite advertir una etapa de aprendizaje en los dos primeros libros, '50 mujeres desnudas' y 'El relámpago en la habitación', a la que siguen, en apenas seis años, publicaciones cada vez más depuradas y personales. Destaca la amplia representación de 'Marjales de interior' frente a la más breve de 'Un kilim de palabras', lo que sugiere una jerarquía interna dentro del propio corpus. Este recorrido revela una voz que gana en concisión y hondura sin perder la intensidad original.

Desde los primeros versos, Tapia interpela al lector con una declaración que es casi un desafío: «Probadme, mordisquead mis pensamientos». Extraída de «Derechos y deberes de la autora», el verso propone una ética de lectura activa. La poeta exige un lector partícipe que roce, cuestione y dialogue con la materia verbal. La desnudez invocada conlleva la exploración de una identidad múltiple y consciente de su vulnerabilidad. En adelante, se dirá que lo corpóreo y lo matérico forman parte consustancial en la lírica de la poeta chileno-española.

Uno de los ejes vertebradores del libro es la migración. «Para la migración / yo fui educada» y «Exiliarse fue un acto rotundo» condensan una experiencia que, aunque arraigada en lo biográfico, trasciende lo personal para convertirse en reflexión sobre la identidad contemporánea. Valparaíso y Granada operan como coordenadas simbólicas entre las que se tensa la escritura. En este punto, su voz dialoga con la tradición de la literatura del exilio latinoamericano, pero también con una conciencia contemporánea que entiende la identidad como proceso. Hay en estos versos una intuición que recuerda a la reflexión de María Zambrano sobre el destierro: la patria verdadera es, en realidad, la fidelidad a la propia voz. Tapia convierte la fractura en impulso creador, la distancia en perspectiva crítica. El desplazamiento es convertido en aprendizaje: una forma de mirar desde la distancia. Así, cuando afirma querer «derrotar a la nostalgia» a partir de un boceto de Valparaíso, la autora convierte la memoria en acto de resistencia frente al olvido. El paisaje deja de ser mero decorado para convertirse en conciencia histórica y emocional. En este uso simbólico del espacio se advierte una lección cercana a la de Antonio Machado. Tapia convierte cada enclave en un nodo de significaciones donde convergen pasado y presente.

Esta dimensión geográfica se amplía en composiciones como «Bajo las vidrieras de Chagall», donde «todas las voces que acallo la muerte, / y todas sus pisadas, / viven aquí, / colgando de este muro». El espacio se carga de memoria y arte; la contemplación deviene diálogo con lo ausente. Del mismo modo, el «volantín de aire» en Valparaíso o el paseo por Granada articulan un mapa afectivo que enlaza biografía y cultura. Cada enclave es un nodo de significaciones donde confluyen pasado y presente.

Sin embargo, 'Mixtura' no se repliega en la herida del exilio. Frente al riesgo elegíaco, emerge una sensualidad luminosa que celebra el cuerpo y el encuentro. «Llegas a mi sediento y luminoso, / nadie te ve en mi cuarto, / nadie ha visto / esa vía de luz / de tu esperma» nombra la intimidad sin veladuras retóricas. La experiencia amorosa adquiere una dimensión casi sagrada, sostenida por la intensidad de la imagen. Asimismo, en «Y no posar el labio, y no besarte, / y no guardar tu rizo de saliva, / no darle de mamar a tus suspiros, / qué pecado de amor, clavo y espina», la reiteración negativa subraya la tensión entre deseo y privación. Puede advertirse una afinidad con la poesía de Idea Vilariño, en el acto de valentía de asumir el deseo sin velos moralizantes. Tapia escribe el cuerpo desde el cuerpo, con una claridad que evita tanto la obscenidad gratuita como la idealización ingenua. El erotismo, lejos de la obscenidad gratuita o la idealización ingenua, se convierte en afirmación vital, en energía que atraviesa la palabra y la sostiene.

La riqueza sensorial atraviesa el conjunto. «Acércate al reinado del oído», «La luz será una colcha que te guarde», «Soy la miga de pan que retiene tu mano»: en estos versos el oído, la vista, el tacto y el gusto se erigen en vías de conocimiento. La verdad poética se alcanza a través de lo corpóreo; el mundo se entiende tocándolo, respirándolo, saboreándolo. Esta claridad sensorial no excluye la complejidad simbólica, sino que la encarna. La poeta rehúye el hermetismo autosuficiente y apuesta por una transparencia cargada de resonancias.

Junto a estos motivos, el libro despliega un sostenido tono metapoético. «He sido, soy, seré poeta. / […] Poeta precedida de otros vuelos / […] Elevación y hondura» constituye una declaración de identidad y de filiación. Tapia se reconoce heredera de una tradición y asume la escritura como destino. La exhortación «Escribamos poesía, / pero que sea sol, verdad rotunda, / como un deslumbramiento que acorrala» revela una concepción ética de la palabra: la poesía como iluminación y responsabilidad. Podría pensarse en la influencia de Gabriela Mistral, por la concepción de la poesía como destino y responsabilidad. No obstante, la autora no ignora los límites del lenguaje: «un puñado de versos no apaciguan el día». Esa conciencia de insuficiencia matiza cualquier tentación de grandilocuencia y devuelve la escritura a su dimensión humana.

En el tramo final del volumen emerge una zona más áspera: la confrontación con la familia y los límites de la comunicación. «Mi familia es un bloque / de cajones pequeños / que no pueden tocarse. / Y vuelan sobre hilos paralelos, / mas nunca formarán una madeja» ofrece una imagen de poderosa plasticidad. La familia aparece como estructura compartimentada, historias que conviven sin entrelazarse. La metáfora sugiere incomunicación, pero también una arquitectura inevitable que condiciona la identidad. Tapia examina el origen sin estridencias, con una lucidez que transforma la experiencia personal en reflexión universal sobre la dificultad de comprender al otro.

El penúltimo movimiento profundiza en esa tensión mediante la figura de la «Madre Piedra”, a quien dedica una oración. «Me bautizaste Piedra, / […] y ya no supe / ser otra que esta roca conmovida / —que entera— / te sostiene» condensa dureza y amparo, resistencia y cobijo. La piedra, símbolo de permanencia, dialoga con la condición migrante: frente al desplazamiento, una raíz; frente a la inestabilidad, un núcleo. La imagen sugiere que la fortaleza no excluye la conmoción, que el acto de sostener implica asimismo vulnerabilidad. Así, la poesía se convierte en espacio de reconciliación parcial entre herencia y elección.

En conjunto, 'Mixtura' se impone como una compilación coherente que articula memoria, deseo, territorio y reflexión crítica. Marina Tapia somete lo vivido a un proceso de decantación estética que confía en la potencia de la imagen y en la inteligencia del lector. Su lenguaje, claro sin ser simple y audaz sin caer en el exceso, construye un itinerario íntimo y compartido. Aceptar la invitación inicial a «mordisquear sus pensamientos» supone entrar en un territorio donde la palabra es acto de resistencia y de amor; y también, una poderosa revitalización del Carpe Diem. Entre el jardín y la casa, entre la migración y la piedra, Tapia traza un recorrido luminoso. El lector concluye la travesía con la sensación de haber habitado un espacio donde cada verso encuentra su lugar en un entramado orgánico que confirma la madurez y la verdad de una voz poética sostenida en el tiempo.

viernes, 13 de febrero de 2026

"Indómitas y reflexivas: Mary Oliver" en Culturamas

Muy contenta de iniciar la sección "Indómitas y reflexivas" en Culturamas. Espero que os guste esta primera autora que os traigo. El artículo ha sido editado con mimo por el redactor jefe de la sección de poesía, nuestro querido Jesús Cárdenas Sánchez. Gracias a esta revista por apoyar siempre la difusión cultural.



MARY OLIVER
Feb 13, 2026 | Dossier, Indómitas y reflexivas, Poesía
Por Marina Tapia.

Frente al sonido persistente de la lluvia, frente a la manifestación de los elementos en la ventana una se pregunta: dentro de este engranaje amplio y maravilloso ¿quién soy?, ¿lato en consonancia con mi naturaleza?, ¿vibro acorde a lo que guardo en mi interior?, ¿tengo siempre presente que pertenezco a un todo? Y es gustoso buscar estas respuestas dialogando secretamente con Mary Oliver, llegar a nuestro propio camino de su mano, seguirla imaginariamente en sus incursiones al bosque, estar atenta a la mirada de esta gran autora, de esta persona que fue fiel a su empuje sustancial. A través de tres de sus libros que han venido acompañándome en este periodo, Horas de invierno, La escritura indómita, y Vita Longa, voy aprendiendo otra manera de mirar el entorno.

Ser un eslabón de una cadena, ser parte de algo más extenso en vez de ejecutoras siempre: al hombre y a la mujer nos viene bien no ser el centro, nos viene bien sentirnos colectividad. Mary nos recuerda: «Ningún poema trata sobre uno −o algunos− de nosotros, sino sobre todos nosotros. El poema forma parte de un largo documento sobre la especie».

Esta lluvia copiosa que no deja de caer en Granada, pone el foco en las imponentes fuerzas primordiales de nuestro planeta, abre un espacio de reflexión, crea recintos nuevos en los que afirmar con Oliver: «En las vastas esferas de lo eterno, todo lo material y lo temporal languidecerá, incluida la presencia del ser humano. En este universo se nos conceden dos regalos, la capacidad de amar y la capacidad de hacer preguntas, que son, a un tiempo, las llamas que nos calientan y las llamas que nos abrasan». Y al recitar estas frases soy parte, con ella y con todas las que me acompañan, de un sonido arcano, de una música antigua pero nueva, de un olor a tiempo, de la plasticidad de los elementos que hilvanan −a la vez− el pensamiento y el agua que percibimos. Cuando se sale del habitáculo íntimo, y se amplía la visión hacia otras esferas, la contemplación suele brindarnos respuestas.

La lluvia en los secanos es una bendición, tiene aura de milagro y de necesidad. Callo para unirme a los conciertos de las nubes, acompaso mi escucha a la maravilla de un solo sonido repetido (ploc ploc) una y mil veces sobre la tierra. Agua con fuerza de expresión. Agua meditabunda, agua-diana disparando con su arco sobre nuestros sentidos y, también, a esa región interna. Escribo junto a Mary Oliver, mi latir se une al suyo celebrando los elementos indomables:

«Camino y percibo. Soy sensual para ser espiritual. Lo evalúo todo sin diseccionar nada», «el ser humano que no conoce la naturaleza, que no camina bajo las hojas como bajo su propio techo, es parcial y está herido», «bajo los árboles, por las pálidas laderas de arena, camino en un vínculo creciente con el éxtasis, que celebro con palabras. Veo y amo con locura lo manifiesto».

Martillemos con ella, a un mismo compás, el clavo en la madera para la construcción de la casa del lenguaje (ella vivió la experiencia de construir enteramente una casa con sus manos, ella indagó en los propósitos de la poesía). Aprendamos de su impulso. Salgamos cada día a recorrer el mundo del que somos parte, dispuestas a dejarnos deslumbrar por lo pequeño y escondido, aquello que guarda señales y sutiles mensajes, contemplemos el salto de una rana, el sonido particular de un ave, las estrellas al aire libre; y repensemos la escritura, liberémosla del dictado del yo:

«En el acto de escribir el poema soy obediente y sumisa. En la medida de lo posible, dejo de lado el ego y la vanidad, incluso la intención. Escucho. Lo que oigo es casi una voz, casi un idioma. Es un segundo océano, alzándose, cantándole al oído, o muy dentro del oído, susurrando en esos recovecos en los que no eres tanto tú misma como parte de una única comunidad indivisible». «Escribir poesía −para mí, al menos− es una manera de dedicar alabanzas al mundo. Plantéatelos así, como pequeños aleluyas». «De esto no cabe duda: el trabajo creativo exige una lealtad tan absoluta como la lealtad del agua a la fuerza de la gravedad».

Y así como el agua desemboca en los ríos y en los lagos, y se une a otros flujos distantes, así, las que la leemos, sacamos fuerzas para vivir siguiendo nuestra propia corriente. En todos sus escritos buscaremos la médula, el órgano que late, el cartílago y la sustancia, lo esencial de cada componente de los seres del mundo. Ella, mujer asilvestrada, mujer con disciplina en la escritura, entregada a sus ideales, amante del silencio: «A lo extraordinario le gustan los espacios abiertos. Le gusta una mente concentrada. Le gusta la soledad», ella dejará huellas imborrables.

Toda escritora necesita maestras, modelos, guías y pilares. Durante muchos años nos han faltado referentes, tuvimos que levantar nuestra genealogía, y ni la historia ni el canon literario quisieron incluirlas. Hoy celebramos encontrarnos con su legado.

Leer a Mary Oliver es volver a la tierra en busca de nosotras.

martes, 29 de abril de 2025

Nélida Cañas acerca de "Piedra que mengua"

ACALLADO EL RUIDO, EL SILENCIO HABLA

Un rapto poético hecho de percepciones y reflexiones “ad intra” configuraron este poemario titulado Piedra que mengua. Acallado el ruido, el silencio habla.

Marina Tapia (1), exquisita poeta, se nos torna cercana. La suya es una mirada trascendente y trémula diciéndonos. Convocándonos.

En una entrevista (2) reciente en Culturamas la escritora expresa así su proceso creativo:

“En esta ocasión, diría que fue un rapto de tres noches de insomnio. Un rapto propiciado quizá por un escrito en forma de “recado” de Gabriela Mistral en el que decía: «La piedra forma el respaldo de la chilenidad; ella y no un tapiz de hierba sostiene nuestros pies»”. De hecho, este fragmento lo he utilizado como cita inicial del libro. Me llamó la atención que nuestra Nobel hiciera hincapié en la montañas que vertebran el país y no el océano que lo recorre entero de norte a sur. Ella relacionaba este elemento pétreo incluso con nuestra personalidad. O, tal como declaró el artista chileno Francisco Gazitúa, «la sagrada cordillera, ese paisaje absolutamente desmedido, místico, impresionante» marca toda nuestra historia”. Recordemos aquí que Marina Tapia es nacida en Valparaíso, Chile.

Mientras el llano nos hace expandir la mirada en busca del horizonte. El paisaje de la montaña hace elevar la mirada en busca del cielo. De una u otra manera se trata de alcanzar la trascendencia espiritual, que todo poeta necesita para labrar su tierra. Buscar esa semilla que habita el ser de las cosas y aguardarla. Darle su tiempo hasta que se abra en flor y ésta, en fruto. Contemplarla, entonces. Quedarse en vilo. Asombrarse. Al fin, nombrarla. A sabiendas del fracaso que toda expresión conlleva. Merodear, entonces, en torno a lo callado. Dejar que la mano vuele hasta dejarse decir por el lenguaje.

La naturaleza es su abrevadero. En este caso la piedra. “Y con este acercamiento a la piedra, al magma y a lo primigenio he dado otro paso más en este periplo sensitivo por el paisaje”. Antes fueron los poemarios Bosque y silencio e Islario.

La piedra monologa y se ofrece: “En mí levantarás lo que tú quieras: / silencios o poemas. /O escribirás en veta de oro y plata. /Habitaré la casa del ascenso”. Poesía ascensional la de Marina Tapia. En busca de un más allá, que nos ayuda en el ascenso hacia la luz.

En la entrevista mencionada la poeta dice: “Aconsejo a los poeta jóvenes regresar a ese espíritu inquieto y curioso de la infancia, donde la observación y el deslumbramiento eran gestos habituales”. Mi memoria me acerca la frase de la poeta María Negroni: “La poesía es la continuación de la infancia por otros medios”. La infancia, período donde se puede explorar, jugar y asombrarnos. Explorar, como en este poemario con la intertextualidad, con el legado de otras voces. Jugar intercalando en el poema el que será título, marcado con un cambio de tipografía. Deslumbrarse y deslumbrarnos con las múltiples posibilidades del lenguaje y el sentido.

Piedra que mengua nos habla de la piedra: “Piedra matriz/ única fuerza/ sobre la cual gravita mi poema”. Nos habla de su magma, del fuego, del paso de las Eras. De la caricia del canto que la mar ha pulido. Y del canto que rueda transmutado en poema.

La poética de la autora estremece: “Volví para deciros cuánto amor / he visto en lo que rueda y se desprende”. Mi memoria me lleva hasta aquella piedra azul (3), que vivía en el bosque con murmullo de hojas y trinos de pájaros. Marina Tapia escribe y dibuja como Liao y nos habla de la piedra que mengua. Como lo hace aquella piedra azul que sufre desprendimientos y desgarros. Una de sus mitades arrojada a distintas partes del mundo sufre nostalgia de su ser, pero no abandona su busca de identidad. El anhelo de aunar sus partes fragmentadas. Así, todos somos esa piedra que mengua, pero no olvida su propia identidad. Como Marina cuando habla de su Chile natal: Piedra sobre la cual “descansan sus cimientos.”

Poesía vertical la de Marina Tapia. Poesía que eleva y se deslíe en otras voces que nutren y convocan a la poeta. Así, Machado, San Juan de la Cruz, Chantal Maillard, Sor Juana, César Vallejo, Octavio Paz, entre otros. Aquí un fragmento en el que está la voz de Antonio Machado:

“Anoche cuando dormía, /mi latido se unió a su latido, /a la respiración /de este milagro”.

Refiere al poema del propio Machado: “Anoche cuando dormía/soñé ¡bendita ilusión! / que una fontana fluía / dentro de mi corazón”.

¡Cuánto fluye dentro de nuestro corazón cuando calla el ruido y el silencio habla! ¡Cuánto fluye cuando dejamos que el espíritu se aliviane y alcance la mística del poema despojado como un guijarro pulido por el mar!

Nélida Cañas

Córdoba (Argentina), 20 de abril de 2025

__________________

(1)Marina Tapia, Piedra que mengua, Premio XL Certamen poético Ángel Martínez Bigorri -2024.

(2)Marina Tapia, Más importante que escribir es leer, Entrevista por Javier Gilabert, Revista Culturamas, Abril 16 de 2025.

(3) La piedra azul, cuento infantil del autor Jimmy Liao (Taiwán, 1958). Licenciado en Bellas artes, después de 12 años en el ámbito de la publicidad se dedica a escribir y dibujar sus propias historias.

miércoles, 19 de febrero de 2025

Reseña de "De la mano del aire", de Gregorio Dávila, en Culturamas

Comparto mi reseña del poemario de Gregorio Dávila de Tena, "De la mano del aire", publicada en la revista digital Culturamas.


«De la mano del aire», de Gregorio Dávila de Tena
19 febrero, 2025
Por Marina Tapia.

RECORRIDOS SUTILES

De la mano del aire, editado por Averso a finales de 2024, es el último libro de Gregorio Dávila de Tena, creador afincado en Sevilla y que nos tiene acostumbrados a poesía de excelencia, a un hondo compromiso con la palabra. Este poemario tiene el espíritu de exaltación y deslumbramiento ante la vida de ese “Don de la ebriedad”, de Claudio Rodríguez, que tanto maravilló a su generación y a las que le siguieron.

En la introducción del libro, Gregorio nos dice “Quizás nos enmadre la Poesía / como un olmo lleno de pájaros / cobija en los días de lluvia / a los potros recién nacidos”. Este ‘enmadrar’ tan hermoso y tan adecuado al referirnos al ejercicio de escribir versos, ya nos está revelando la voluntad férrea del poeta por recoger de todos los elementos que le rodean, su verdadera esencia y su raíz primigenia y maternal. Porque esos potros −que por primera ven la luz− son semejantes al artista: ser recién nacido en cada deslumbramiento, en cada sacudida profunda, en cada tránsito al asombro.

El poemario está muy bien estructurado. Se divide en cuatro partes: “Un respirar en paz”, “La música del aire”, “Como caña al viento” y “Cuando callan las cerezas”. Es un conjunto pensado y cuidado, con citas, con pausas y con todo ese mimo y profesionalidad que este autor nos entrega en cada libro.

Celebro ser poeta, pero celebro más mi afición lectora porque me depara multitud de momentos de cosquilleante alegría, de introspección y estética. Pero no es fácil que lleguen a nuestras manos libros redondos o que respondan a búsquedas personales, libros que dialoguen con uno, que abran un espacio amplio de reflexión. Es una suerte hallar trabajos hechos a conciencia, poemarios que sorprendan y emocionen al mismo tiempo; compendios en los que sean evidentes esos estratos, esas capas y capas de lecturas solidificadas, hechas cimiento; conjuntos que comuniquen a los lectores frescura (crujir de tallo verde), madurez escondida con apariencia de sencillez. Leo muchísima poesía, también releo para preparar talleres y por simple disfrute, y cada vez me cuesta más encontrar autoras y autores con los que establecer un diálogo fructífero, a los que tener como valor seguro. Por eso celebro haber conocido a Gregorio Dávila de Tena y seguir su trayectoria a través de cada nuevo volumen que nos regala.

En “De la mano del aire” prima la acción sensorial como medio de conocimiento. El poeta llega desde el cuerpo al universo que lo rodea. Y siempre pesan más las manifestaciones mínimas, sutiles. Nunca cae en la pomposidad. Nunca veremos textos ornamentales o saturados de información. Su actitud posee esa sombra de la literatura oriental donde el yo se diluye para volverse lo contemplado. Movimientos suaves como danza de Tai Chi, frases que desplazan sus verbos con sutileza para desencajar sutilmente la rigidez del paisaje. Gregorio despliega una paleta variada de estampas relativas a momentos concretos del año, a estaciones, a enclaves reales e imaginarios. No sabemos muy bien desde dónde planea la voz poética, solo nos importan las sensaciones que ella nos traslada: porque ya se ha hecho sólido ese pacto entre escritor y receptor que toda buena literatura materializa. Hay un decir maravillado, un tránsito a través de esas puertas luminosas que constantemente va abriendo el poeta.

Este libro está colmado de citas e intertextos muy bien traídos y engarzados, de un puñado de vívidas declaraciones de amor a los escritores que Gregorio admira, de tributos a los elementos que sostienen la vida: aire, fuego, agua, tierra. Y es hermoso ver cómo la voz del autor se hermana con todos ellos, pero también con la humanidad. No hay una desconexión, la actitud compasiva, cómplice y generosa con la otredad está muy presente: “todos los naufragios son el mío”, “danzar juntos / por el barbecho / por la alegría”, “Te ofrezco mi espalda para soltar / los felinos del gozo”, nos dice.

Además de ser un decidido canto al aire y a la naturaleza, la respiración hace de hilo que ata armónicamente todo el conjunto: respirar como un acto de toma de conciencia, de resistencia, de elección; un acto vinculado al habla y al lenguaje, que transporta las palabras que elegimos decir.

Como ya he apuntado, una de las características permanentes en la poesía de Dávila es que va dejándose acompañar por la voz y los versos de otros autores de distintas épocas, pero que tienen como denominador común la búsqueda de lo esencial, de la filosofía o la mística. Tal como dice Isaac Páez en su epílogo: “[…] todo lo que escribimos es la cita de alguien. Gregorio Dávila entiende esta idea a la perfección y, en lugar de buscar fórmulas que enmascaren las influencias, parte de la cita como discurso y método”. Podríamos añadir que el uso abundante de este recurso en sus libros es marca de la casa. E incidiendo en esta idea, hay una sección completa versionando los “Treinta y tres nombres de Dios” de Marguerite Yourcenar. Y en este territorio de lo conciso, Gregorio siempre se ha manejado con gran maestría, los poemas breves al estilo del haiku o del tanka japonés no presentan para él dificultad alguna. Recordemos que fue el coordinador de una edición de haikus publicada por Isla de Siltolá.

Creo que es un reto mayúsculo acercarse al aire como temática. Me parece que la poesía ya hace tiempo que dejó de buscar en los alimentos terrestres su canción. El mundo de los hombres prima desalentadoramente en las publicaciones, sus bares, sus luchas cotidianas, sus amores y desamores, sus rutinas urbanas, su autocompasión… Por eso siento como un ejercicio osado retomar estos argumentos sin caer en lo conceptual extremo, en lo tópico, o en la simple imagen descriptiva de un paisaje. Vivid doblemente la vida a través de este libro de poesía que es pura gratitud a la existencia, y a lo invisible que nos sostiene.

jueves, 2 de enero de 2025

Reseña de "Piedra que mengua" por Gregorio Dávila de Tena

Qué bonito es empezar el año con esta maravillosa reseña de "Piedra que mengua", escrita por el excelente poeta -y buen amigo- Gregorio Dávila de Tena, y publicada en la revista Culturamas.




MADRE PIEDRA, DÁNOS REFUGIO
‘Piedra que mengua’, Marina Tapia. Ayuntamiento de Lodosa, 2024.

(Gregorio Dávila de Tena)


    La creación poética va madurando a través del diálogo fecundo con la tradición literaria a la que pertenecemos. Y el poeta va menguando en favor del poema. Como dijo Gil de Biedma: «Yo creía que quería ser poeta, / pero en el fondo quería ser poema». Este nuevo libro de Marina Tapia es una hermosa muestra de ello.

    ‘Piedra que mengua’ ha recibido el Premio del XL Certamen poético «Ángel Martínez Baigorri» de 2023 y ha sido bellamente editado por el Ayuntamiento de Lodosa (Navarra). Se trata de un libro unitario en su desarrollo y variado en sus tonalidades, con fundamento en un arquetipo o metáfora esencial como es la piedra, y sobre ella va mostrando un rico tapiz de emociones, imágenes y recursos poéticos. Podemos encontrar desde un soneto (poema 18) hasta un poema visual (11) pasando por otras variadas formas líricas como una paráfrasis del Padrenuestro (22) pero dedicado a la Madre Piedra.

    El poemario no tiene secciones y los poemas transitan una senda continua que se recorre con placidez. Me ha llamado la atención el número de poemas: treinta y nueve, que son los mismos que la versión A del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, al que cita en uno de sus versos. También es original la forma de titular los poemas con un verso cualquiera del poema resaltado en negrilla.

    El prólogo de Pura Fernández Segura resalta, entre otras cosas, esa vocación de entrar en lo otro y esa búsqueda interior de lo sagrado. Y en la dedicatoria que hace en mi ejemplar habla de «la hermandad de las búsquedas interiores».

    Cuando nos adentramos en el libro encontramos versos como estos: «Me bautizaste Piedra…/… y en el cobre / de mi veta extenuada pusiste / esa humedad del amor». La piedra y el agua, el agua que brota de la piedra es un símbolo recurrente en la tradición poética. La autora se hace piedra menuda, ‘piedra pequeña’, que acoge «las corrientes y verdades subterráneas», pozo que recoge la lluvia en el desierto.

    Marina es natural de Valparaíso (Chile), tierra de grandes poetas como Neruda, Mistral, Teillier o Rojas y su poesía tiene ese sabor primigenio de la patria natal. Así en el poema 12 nos habla de sus raíces: «No hay belleza más alta que los Andes…». Parece pequeña pero es grande como una cordillera, maternal como el viento, suave como un recuerdo de la infancia, ‘enamorada y alta’.

    Pero Marina vive actualmente (felizmente) en Granada, también tierra de buenos poetas y en sus poemas se transparenta el aroma de esas nuevas influencias. Al final una es ciudadana del mundo y conecta con la humanidad de los seres cercanos. Una no se desterró de ningún lado sino que «Emigré hacia mí misma» dice un verso suyo, «a esa unidad más íntima y compacta». Hay un continuo regreso a ese centro interior donde se encuentra el sosiego.

    El poemario discurre en un tono sereno y delicado, con palabras que acarician y enternecen. Pero también con dentelladas de fuerza que contrastan felizmente en su amena lectura. Se percibe frescura y sensualidad («mis pechos de paloma», «dulzura es lo que hallo en la sustancia / que tú me concediste») junto con el aullido de una voz de fuego, el rugido de un león asirio o el magma de los volcanes.

    A través de los poemas se va desarrollando un diálogo con un tú poético que a veces parece un ser trascendente, un espacio sagrado, y a veces se muestra como otra zona del yo poético, en «¡un doblez luminoso!». Un «tú» que forma parte de un «mí». ‘Yo soy el otro’. «Nosotros» se forma con «nos» (yo) y «otros». Al final «Solo hay un poeta», dice Rilke, y solo uno es el Poema.

    El tema de la identidad se diluye en la Poesía y el ego mengua hasta desaparecer. De modo que es frecuente, al pasar el tiempo, no reconocer lo que uno ha escrito, leer hasta con extrañeza y asombro los versos propios. Creo que es una experiencia común en muchos escritores. Porque como dice Gil de Biedma de nuevo: «Un poema es una criatura de un orden de realidad muy distinta a la de uno mismo», Y sin embargo, en franca oposición o contradicción, dice Francisco Brines: «Todo en el poema está haciendo referencia única al que lo ha escrito». Y creo que ambas declaraciones son ciertas. Esta es una de las grandezas de la poesía.

    La cuestión de la identidad también se refleja en el poema 8 donde «ocurre el milagro de ser / otra cosa —y yo misma—». Algo que sucede sin esperarlo cuando nos visita la belleza y estamos a solas con el misterio de ser. Este yo con el que nos identificamos y que a la vez queremos dejar en la cuneta: «líbranos de nosotros».

    El arquetipo de la Madre aparece con frecuencia en el libro como en el poema 28: «Piedra matriz… / y no puedo decir otra palabra / que el nombre maternal que me atempera». Los poemas son cantos de gozo y esperanza, salmos a la raíz madre, a veces con pinceladas de noche, cansancio y angustia, con «la caricia del canto que la mar ha pulido».

    Al final la autora vuelve (siempre ‘el eterno retorno’), tras un proceso de transformación, para decirnos «cuánto amor ha visto en la pizarra que se quiebra», cómo el desgaste la hace perla, vuelve con un semblante más auténtico, más sereno, hija de la tierra, porque «has mezclado mi voz con arcilla…/ has hecho de la roca mi refugio».

    En sus poemas Marina se hace acompañar de poetas de hondo calado, de profundidad espiritual como el ya citado San Juan de la Cruz, Clara Janés, César Vallejo, Chantal Maillard, Antonio Machado y otros, en esta llamada a «sentir y despertar / con esta escucha nueva que nos ciñe”. Un poemario que sería muy del agrado de Ángel Martínez Baigorri, poeta y jesuita a quien está dedicado este Premio, quien entendía la experiencia poética como un ver en todas las cosas la presencia de lo divino.

    ‘Piedra que mengua’ es un hermoso poemario que abre el espacio a lo más sagrado en nuestro interior, un camino de búsqueda por las collados del corazón, un bautizo en el agua de la esperanza, un cervatillo que araña los velos de la noche.


lunes, 25 de noviembre de 2024

Mi reseña de "El bosque errante" en Culturamas

Encantada de reseñar "El bosque errante", de Juan José Castro Martín, en la revista Culturamas


RASTROS Y SILENCIOS EN EL BOSQUE

Navegar por el maremágnum de publicaciones actuales, elegir qué leer en este presente abigarrado de tinta impresa, ser fiel a un pálpito interior y escoger libros de poesía alejados de corrientes y grupos mayoritarios, desvinculados de la lírica pop, es casi un atrevimiento, un acto de lúcida rebeldía. Dar ese espacio a escrituras que arriesgan, que ponen en pie libros complejos, que apuestan por el lenguaje, fieles a su búsqueda, es ser conscientes de que nuestro tiempo puede enfocarse al enriquecimiento personal y no sólo a un voraz consumo sin filtros, es como clavar una bandera en el Ártico o en un páramo perdido.

El bosque errante, de Juan José Castro (Motril, Granada, 1977), tan bien editado como de costumbre por Reino de Cordelia, es un poemario que nos llega con el reciente aval del premio de Poesía San Juan de la Cruz, otorgado por la Academia de Juglares de Fontiveros.

El conjunto se estructura en seis partes: ‘El aliento y el barro’, ‘El éxtasis y el llanto’, ‘La corriente cautiva’, ‘Las voces y el letargo’, ‘El bosque errante’ y ‘El temblor y el barro’. Como se puede apreciar, la idea del barro abre y cierra el conjunto, quizá porque este material hecho con esos elementos primordiales que son la tierra y el agua, está asociado al mito de la creación, a Adán, al comienzo en el Edén, en ese bosque primigenio. El barro se adhiere, mancha, marca la piel y nos recuerda que lo que ahora somos es gracias a siglos y siglos de evolución, pero que −a pesar de ese distanciamiento con los paisajes salvajes y abiertos que nos tocó domar− aún conservamos nuestra esencia, ese fuerte lazo con las materias originarias, con la naturaleza, con sus bosques, montañas, mares y llanuras. Y esta idea se refleja muy bien en el ‘alma’ del poemario. La voz poética vive en una secreta comunión con el alfabeto de las lluvias, estableciendo lazos de intensa intimidad. Sentimos que el poeta es capaz de escuchar perfectamente al mundo, que le habla a través de secretas señales y manifestaciones. El universo está allí fuera cantando alto, con su murmullo y también con su deletreo feroz. Sólo espera nuestra atención, nuestro asombro, que nos maravillemos con el devenir de las cosas y de los seres, que lo bauticemos con palabras. “Eres una suma de intemperies”, “cae la nieve con voluntad de ser en su sonido”, “musgos, innumerables trinos blancos”, “el bosque silba en las hayas y en los huesos ruge su asamblea de lluvias”.

Es un libro muy pensado, muy estudiado, con una clara voluntad de ordenar las ideas y presentar a los lectores bloques estructurados que serán el deleite de los que amamos la claridad. Poemas por lo general de aliento largo, prosas poéticas de versos contundentes y desarrollados sin miedo, textos empapados de filosofía −especialmente la de pensadores alemanes−, poemas que van envolviendo con su denso ramaje y que muchas veces nos dejan sin aliento. Tenemos que detenernos para asimilar el cúmulo de sensaciones y reflexiones que despiertan, tenemos que degustar la simbiosis de imágenes superpuestas. La metapoesía, con un telón de fondo cultural y existencial, recorre el camino de las páginas; la fidelidad a una vocación literaria; la palabra y el arte como elevación y salvación en tiempos de guerra, y la fragilidad del lenguaje. Pero no sólo hallaremos estos parámetros intelectuales, también brilla en el libro el cuerpo, la carcasa humana que celebra o llora, la frágil osamenta dolorida, el rítmico bombeo de la sangre, la materia frágil que alojamos. Cuerpo, siempre cuerpo, además de mente.

A Vladimir Holan, Friedrich Hölderlin, Else Lasker-Schüler, Paul Celan, Nelly Sachs, Gustav Mahler, Albert Camus, Gustave Moreau, Simone Weill, Vicente Aleixandre y a tantos otros da voz Juan José Castro Martín, o entabla con ellos un diálogo. Nuestros oídos ensanchan su universo, estableciendo con estas voces y ecos del ayer una especie de intimidad. Y no importa que no conozcamos a fondo a los artistas o escritores que se asoman en El bosque errante, a los que el autor rinde su vívido homenaje, porque hay un juego de médium y voces resucitadas, trayendo lo más esencial del pasado sobre la güija de la página. Áspero bosque del idioma, fabuloso animal del silencio. Palabra y silencio, oxímoron que se complementa.

Haciendo un guiño a Alberto Gordo en su artículo acerca de Thoreau, rescato esta valiosa idea: “superar la visión antropocéntrica y alcanzar una visión ecocéntrica”. Y justamente es ese el espíritu que se puede percibir en este poemario: la visión del ser humano integrado de forma indivisible en la tierra, en el viejo paraíso que habita.

Tal como decía nuestro querido Vicente Aleixandre, “los poetas, si algo son, son indagadores de la realidad; no inventan nada: descubren, enlazan, comunican. Cada cual llega a su límite. Ninguno está a solas. Y todos poseen en la suya una posible voz general. Y quien no la poseyese no sería un poeta comunicable, es decir, no sería poeta. Donde uno queda el otro avanza. Y donde este termina el siguiente toma el relevo”. Sirvan estas sabias palabras del maestro como una invitación a los poetas a seguir creando en esa estela de descubrimiento, de valoración del legado, de dignificación. Juan José Castro Martín abre camino con sus versos, enciende luciérnagas, deja migas de pan para los errantes que transitan perdidos este vasto bosque. ¡No dejéis de leer este libro!


jueves, 25 de abril de 2024

Reseña de "Informe para derrocar al lobo feroz"

Publico en Culturamas esta reseña acerca de un libro duro y necesario. Espero que mis palabras os animen a leer "Informe para derrocar al lobo feroz" de Pilar Abuja (Sabina Editorial).





PORQUE HEMOS DERROCADO AL LOBO FEROZ

Por Marina Tapia.

Con este verso final se cierra Informe para derrocar al lobo feroz, de Pilar Abuja, impecablemente editado por Sabina Editorial este 2024, un libro que estremece por la dureza de lo que cuenta, pero que, a la vez, guarda cierta contención, va midiendo su carga para que el mensaje no se diluya y no caiga en una anécdota: es un poemario realizado a conciencia. Sorprenderá a quienes lo lean esta confesionalidad tan cuidada, este dibujar poco a poco aportando los elementos precisos en cada poema-capítulo. Vamos siguiendo esta brutal historia con una mirada conmovida y absorta en el hilo de lo que se va desarrollando. Tenemos un sentimiento de repulsión ante lo expuesto, pero nunca se abusa del sensacionalismo, ya que la voz poética no se recrea en lo escabroso y eso es justamente lo que hace que este trágico relato cale hondo y se aloje en nuestra conciencia. Finalizada su lectura, deseamos ser partícipes de un cambio, de un movimiento para que una situación tan cruda y tan repetida -y lamentablente tan silenciada- como el incesto no tenga cabida en nuestra sociedad.

Libros así, tan valientes y que no dudan en utilizar con sutileza el imaginario de los cuentos, en hacer un guiño a la conocida historia de Caperucita Roja, textos tan lúcidos y equilibrados para comunicar los horrores vividos por niñas y niños son de agradecer en estos momentos. No es extraño oír experiencias de personas conocidas que han sufrido esta forma de abuso sexual y maltrato. Por eso, poner sobre el papel −a través de la poesía y con la voz justa que despliega Pilar Abuja− es motivo de reconocimiento.

El conjunto, de alguna manera, se asemeja a un “diario de vida”. En la contraportada se nos dice de la autora: “A modo de informe, reescribe el cuento tradicional del lobo feroz en una original prosa poética”. Se despliega una literatura híbrida, que ha buscado su propio cauce de expresión, y que utiliza sutiles imágenes poéticas, diálogos y notas de pensamiento que van armando un puzle con el que completamos los espacios en blanco, los silencios, todo lo no dicho. Quizá la palabra no sea suficiente para apresar el inmenso y largo dolor que experimentan las niñas, niños y adolescentes que viven situaciones totalmente injustas y condenables. Considero imprescindible recalcar que el daño producido por un adulto cercano, por un miembro de la familia a la que se pertenece, genera una herida difícilmente restañable. En la narración, podemos percibir el oleaje de sensaciones de culpa, de cuestionamientos internos, de rechazo y confrontación que viven quienes han sufrido el delito de un incesto.

Y la autora ha querido dar un orden a los angustiosos hechos a los que nos acerca. El texto se divide en cuatro partes: “Los indicios”, “La evidencia”, “Pérdida, Desarraigo e Invocaciones” y “Epílogo”. Y a cada compendio se le asignan años, una manera muy efectiva de plasmar la verosimilitud de lo que se cuenta.

Interesante son las citas que Abuja escoge para abrir el libro (de Bibiana Collado Cabrera, de Alejandra Pizarnik, de Gioconda Belli y de Emily Dickinson); citas de mujeres escritoras que nos dan un norte y nos abren un umbral para acercarnos a la verdad de este poemario. Y, cómo no estremecernos al recordar que la grandísima poeta Emily Dickinson, que sufrió incesto en la infancia y también en la edad adulta, dejó escrito: “Mi Mensaje ha de ser dicho”.

Como ya he expuesto, Pilar despliega los elementos precisos, muchos muy concretos y plásticos: las estanterías con libros de colores, las cenas de navidad, la muñeca sin sexo, la banqueta para llegar al armario. A través de ellos los lectores estaremos más cerca del ambiente turbio que envuelve las escenas.

Y quiero rescatar algunos versos del libro a modo de invitación a su lectura: “No importa qué mundos has querido construir / porque no existen. / Y mi verdad está aquí./ Mírame ahora.”, “No hay cazador que me saque / de su vientre negro. Su disfraz/ es perfecto. No me creen”, “Ella también es la tripa del lobo. / Y sin voz./ Sola. Silencio”, “Desconocía la perversidad fácil, gratuita / que nace en los nidos pequeños y familiares./ No sabía de la deslealtad pérfida, insondable”.

Es de destacar la creación de neologismos como “nopecho” o “nopechoaún”, “nobosque”, “nopasanada”, muy acordes con la narración y la etapa vital en la que se enmarca.

Tememos, junto a la expresión poética, la llamada de esa voz feroz desde el fondo de una habitación en penumbra, siempre flanqueada por una puerta velada que no puede cerrarse para apartar su mal. El universo de la infancia está muy bien retratado a través de palabras claves salpicadas en los momentos precisos: hadas, dragones, juegos de mesa, meriendas. Una naturalidad inquietante que no se excede, que solo pretende ser efectiva para comunicar el dolor, la tensión, el desasosiego experimentado.

Este trabajo vale no sólo como un ejercicio de sanación personal (belleza catártica), como una publicación necesaria, sino que nos conectará especialmente con el mundo de Blanca Varela, Piedad Bonnett o Alejandra Pizarnik, que no dudaron en reflejar los elementos de tensión, en plantear los vértices del dolor e invitarnos a un ejercicio colectivo de reconocimiento y cambio.

Recomiendo la lectura de “Informe para derrotar al lobo feroz”, en especial en estas fechas en las que la violencia sexual masculina contra las mujeres y la violencia de las atrocidades bélicas, que tienen una raíz común por su capacidad de destruir vidas, se transforman en cifras, noticias y olvido.


sábado, 1 de abril de 2023

Comparto la reseña de Crónicas de Olvido, de Graciela Baquero, uno de los últimos libros de la colección Genialogías de Tigres de Papel, una reedición necesaria. Muchas gracias a Jesús Cárdenas por este espacio en Culturamas. Espero que os guste. 



LO INTACTO DE TI, MI PROPIO CUERPO

Por Marina Tapia.


Crónicas de Olvido, de Graciela Baquero, reeditado con mimo por Tigres de papel en su colección Genialogías, es un libro que sorprende, que vuelve a traer un soplo de aire fresco a la poesía. Escrito en prosa poética y con una premisa clara desde la cual orbita todo (el tema del doble, de la sombra o del desdoblamiento), despliega a lo largo de las 46 partes del conjunto una vitalidad, un lenguaje cercano que conmueve al lector. Tal como nos dice Pilar González España en el prólogo, esta reedición resulta necesaria porque la autora “nos ofrece un mundo duradero y coherente tanto en forma como en contenido. Más aún, creo que en esta obra se encuentran los verdaderos cimientos de su universo poético y de su problemática existencial, las cuales, como no puede ser de otro modo, van juntas siempre de la mano como dos caras de la misma moneda”.

Disfrutaremos del buen hacer de la poeta, que engarza con precisión la imagen y la metáfora al texto para trascender los hechos más cotidianos. Seremos partícipes, como si de un diario de vida se tratara, de un intenso viaje emprendido por la autora y por Olvido −su hermana simbólica− que entraron “a la vida en un mismo golpe de labios convulsivos”. Nos uniremos a ese periplo por los lugares menos amables y poéticos de la ciudad (en este caso Madrid). Acompañaremos a la protagonista-escritora y a Olvido por bares, parques, montañas, pueblos, mercados, espacios abiertos o cerrados donde las dos asumen y viven con naturalidad la extranjería, la sensación de destierro, abandono o exilio; hallando en cada acontecimiento un símbolo de algo profundo y a la vez visceral; estableciendo un rico diálogo que nutrirá nuestra conversación interna, con todos los posibles “personajes” que dentro de nosotros fluctúan y discrepan.

El yo poético y su doble se acercan y se alejan, especialmente a través de la lectura que hacen de sus vivencias. Olvido representa la apertura hacia el mundo, la aceptación de éste, el impulso de la aventura, los excesos, la pasión, la juventud y sus ansias de experimentar sensaciones nuevas. La otra encarna a la poeta, a la que se vuelca en sí misma, a la cronista que, al tomar apuntes, hace inevitablemente un ejercicio de reflexión y de distanciamiento. Y aunque los roles no siempre son estáticos en el poemario, y en muchos momentos se intercambian los papeles, hay una clara voluntad de analizar la importancia de esa dicotomía del enfoque ante la vida. Fragmentos como estos nos conmoverán:

“Mientras la mujer conversa desde tan lejos con su gente, mece a la criatura con el rítmico vaivén de sus caderas. Su balanceo sagrado y distraído hipnotiza a todos los que por allí pasamos y al propio niño que ahora se nos duerme. Movimiento de mareas en el que dejarse estar bajo la luz morena de la tarde. Mujer niño negro planeta: estatura real de la belleza”.

“Ella va a desaparecer entre lo indecible. Va a evadirse hasta de su nombre, como en nuestro primer día cuando, naturalmente, su sangre se deshizo de mi cuerpo para ser su propio acontecer”.

“Olvido se bifurca. Yo tomo los caminos y entro en el laberinto de su cuerpo gemelo. Simultánea voy por su envejecimiento y la marea continua de su asombro”.

Al terminar de leer el libro me pregunto: ¿y si nuestro doble fueran cientos de mujeres de otros siglos a las que estamos vinculadas de algún modo, con las que seguimos dialogando? ¿Y si, en nuestra época de fiero individualismo, nos sintiésemos reflejadas en esta dualidad, en esta toma de conciencia de ser otras además de una unidad indivisible?, ¿y si, en lo más alejado de nosotras, es donde nos dibujamos con más precisión?

No dejéis de entrar en este orbe de posibilidades, en su narración emocionante, aguda, honesta. No dejéis de experimentar otras formas de abordar la poesía −por ejemplo desde la narratividad y los diálogos– . No os perdáis esta original obra agotada (fue escrita en 1997) que ahora tenemos la posibilidad de leer gracias a Tigres de Papel y a Genialogías, y que además del interesante prólogo de Pilar cuenta con una entrevista realizada a la autora por la escritora Isabel Navarro en 2022. ¡Abrid el horizonte de lo poético!

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Comparto esta reseña mía de "Animales animales", el impresionante libro de Xoán Abeleira. Gracias a Culturamas y a Jesús Cárdenas Sánchez por cederme este espacio de reflexión poética.



EL ARTE DEBE SER COMO UN ANIMAL


Esta rotunda cita de Aristóteles encabeza Animales animales, de Xoán Abeleira, editado con mimo por Bartleby en edición bilingüe (castellano-gallego). Todo un cosmos, un estallido sensual, un acercamiento desde la originalidad al mundo de esos animales que, también, somos nosotros. Xoán hace su recorrido desde los tiempos de las cavernas, con potentes poemas ambientados en las cuevas de Altamira y de Lascaux; transita por exuberantes entornos tropicales, por la mitología gallega o por contextos más urbanos y, en cada uno de estos marcos, el poeta se maneja con soltura, haciendo gala de una voz visionaria y empática, capaz de recoger la rica simbología y significación de todas las formas animales evocadas.

Una voluptuosidad y un erotismo desbordante estimulan al lector a lo largo de todo el libro y, en especial, en la parte titulada “Olca” (poemas de amor animal), donde se nombra sin pudor el sexo, los rituales del cortejo y el apareamiento, las reverberaciones de la dicha.

Sus versos tienen el calor y el colorido de las narraciones orales contadas junto al fuego, tienen la musicalidad de las canciones tradicionales o de los refranes, pero también están embebidos de lo mejor de las corrientes del surrealismo, del creacionismo de Huidobro o del arrojo de Gioconda Belli. Cada animal escogido por el poeta lleva una carga simbólica que va más allá de la visión que comúnmente se le ha dado. Xoán aborda la sustancia poética de cada bestia, rescata su espíritu para establecer un dialogo con las emociones humanas, una concordancia.

Otros escritores se han acercado al mundo recogido en este poemario, como Gabriela Mistral, Olvido García Valdés, María Ángeles Pérez López o como el narrador Ángel Olgoso con sus relatos de Bestiario. Y podemos decir que la aproximación de Xoán es carnal y descriptiva, a la vez que simbólica y chamánica, rescatando los elementos e imágenes de nuestro inconsciente colectivo y buscando restaurar un equilibrio antiguo a través de las palabras.

El autor se conduce incluso con vigor en los textos largos, logrando que el lector no pierda jamás el interés y que se sienta inmerso en ese cosmos vibrante de sonidos, aullidos, texturas, instinto y covas que tan magistralmente retrata.

Si muchos nos preguntamos si, a estas alturas de la historia literaria, es posible sorprender y emocionar al mismo tiempo, tenemos la respuesta en este poemario que es un ejercicio gozoso de lenguaje, de soltura y autenticidad. Jabalíes, tortugas, carpas, vacas, halcones, bisontes, libélulas, lobas, estorninos, gaviotas… nada escapa a la mirada de este compilador de vida bajo el arenal del cielo, todos los animales le valen al poeta para remover nuestra memoria dormida.

Hay que agradecer a Xoán Abeleira (artista polifacético y fuera de serie, además de periodista y traductor) sus notas y explicaciones que hallaremos en las páginas finales del volumen. Tan rico material nos ayudará a apreciar con más exactitud muchos de los conceptos y palabras de origen gallego −o de otras tradiciones y lenguas−, las citas asimiladas en los textos y alguna que otra aclaración sobre su proceso creativo. Todo esto hará aún más interesante el acercamiento al intenso y físico universo en el que este creador nos adentra.

Porque todos somos esos adanes y evas exiliados en otro edén exánime y corrupto, porque todos somos esa gata a la que mataron sus hijos pero que guarda uno a salvo en lo más profundo de su vientre, porque todos somos esas aves de María Zambrano que pierden sus formas al volar y que necesitan de esta poesía metafórica, de esa poesía que nos recuerde aquella época en que los hombres eran animales orgullosos de ser animales. Gracias, poeta, por revivir los ritos que guardamos en lo hondo de la mente, por rescatar nuestra sangre que sueña.