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sábado, 29 de abril de 2023

Para Rafael Guillén en su 90 cumpleaños

Hace poquito, un poeta que admiro muchísimo y que he tenido la suerte de conocer, Rafael Guillén, ha cumplido 90 años. Por eso, es una alegría poder sumarme a esta felicitación colectiva publicada en SecretOlivo. Gracias a Fernando Jaén y Javier Gilabert por esta iniciativa tan bonita. Os dejo con el pequeño texto que escribí, con el enlace a la revista, y con un poema de Rafael que es una joya.



"La obra poética de Rafael Guillén es muy importante para mí. Cuando llegué a Granada, Ángel Olgoso me recomendó leerlo y me regaló una antología de su obra; pudiendo disfrutar, además, su volumen de sonetos 'Pronuncio amor' que obsequió la Feria del Libro en el 2014. Quedé maravillada desde entonces con su riqueza lingüística, con su musicalidad, con su viveza a la hora de cantar al Albaicín y a otros enclaves de Granada. Comulgo con muchos de sus enfoques y con su visión creativa, también con su acercamiento lúdico y experimental a las palabras, como es el caso de 'Moheda'. Busco, como él, reflejar las texturas de la materia y de su degradación, rescatar términos con el sabor particular de un territorio, es decir, alumbrar poemas sensoriales que retornen a las esencias. En mi libro 'Jardín imposible' tensé esa cuerda del lenguaje e introduje vocablos con acento granadino como 'albercas', 'cauchiles', 'atanores' o 'buhonera'. Y, como él, soy de las que creen que la poesía nace del conocimiento y del asombro, o sea, de la lectura, el trabajo y la curiosidad. Ambos participamos de la concepción del viaje como asimilación y aprendizaje, y compartimos esa condición de viajeros (él estuvo en Chile, mi tierra natal, y me contó con su peculiar gracia los recuerdos de tal experiencia). En mi caso, destilé esta pulsión viajera en 'Marjales de interior' y, sobre todo, en 'Islario'.

Me siento honrada de haberlo conocido y de vivir en el mismo pueblo donde el poeta pasó parte de su infancia, esta tierra de la que Rafael contó: 'Mi infancia fue la guerra civil […] y el miedo nos llevó a vivir a La Zubia'. Soy afortunada de dar un taller de poesía en la biblioteca donde este gran creador tiene una cerámica conmemorativa, que reproduce parte del poema dedicado a La Zubia".


DESPUÉS DEL BAILE


A mí buscadme siempre

después del baile.

Cuando el salón vacío aún conserva

olor a carne perfumada, y gira

el recuerdo de una cintura airosa

sobre mesas y sillas en desorden.

Cuando el último ritmo aún perdura,

gratamente obsesivo, sin un cuerpo

en que posarse.

A mí buscadme siempre

aquí, después del baile. Ésta es la hora

de los que no llegaron a la festa.

Los enfundados, tristes, instrumentos

de la orquesta componen, en gris sucio,

el desolado dorso de la dicha.

Sobre este suelo ya es basura el vuelo

multicolor de los confeti, junto

al cigarro a medias apagado. Vasos,

botellas empezadas, restos

de esperanza inservible.

Entre este humo y soledad, aún queda

la vacía oquedad en donde hubo

una dura muchacha largamente

abrazada. Dios inventó esta fiesta

para darnos la dimensión exacta

de su silencio.

Éste es mi sitio. Aquí me encontraréis.

Aquí, en el centro de la pista, solo,

después del baile.

RAFAEL GUILLÉN


sábado, 17 de diciembre de 2022

Entrevista sobre "Corteza" en Secretolivo

Gracias a Javier Gilabert por esta entrevista en SecretOlivo, que me ha permitido hablar más a fondo sobre uno de los libros más intensos y personales que he escrito, "Corteza".


Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Marina Tapia: Con Corteza quería recoger diferentes impresiones de la etapa por la que atravieso, mi próxima entrada al medio siglo de vida; deseaba hacer una revisión del camino transitado, cuestionándome diversos aspectos de él, y compartir poemas escritos en diferentes momentos pero que mantenían una unidad: eran rotundos y no hacían concesiones al miedo, al dolor o al desarraigo. Quería hablar de la conciencia de nuestras limitaciones, de los condicionantes que —como ser humano y en especial como mujer— se experimentan. Y cómo se llega a ese punto en el que se acepta el cuerpo, lo que somos, nuestro pasado, para luego avanzar y elegir lo que queremos ser de ahora en adelante.

Este libro vuelve de alguna manera al espíritu de mi primer poemario, 50 mujeres desnudas, a bucear en la condición humana, en la identidad y el desdoblamiento; eso sí, esta vez estableciendo claramente dos partes: una donde los grises y las sombras del pasado se exponen sin autocensura, y otra en la que vemos cómo podemos elevarnos amparados en esas personas luminosas, o en una comunidad de gente valiente y creativa que nos da su apoyo (en general referentes literarios que siempre están allí para marcarnos el norte, como Emily Dickinson, Emilia Pardo Bazán, Adrienne Rich, Gabriela Mistral o amigas como Ana Mañeru).


¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Surge ordenando mis poemas de diversas etapas, incluso los de juventud (ya que comencé a escribir muy pronto y conservo bastantes cuadernos de mi infancia y adolescencia). Con este conjunto he querido volver a esa niña y a esa joven que fui, recoger sus temores, sus impresiones del entorno en el que creció (una familia de artistas, en medio de una dictadura que había cercenado la posibilidad de construir democráticamente un nuevo modelo de sociedad). He intentado cantar con voz de lluvia —y vestida con prendas empapadas de ayer— un canto de esperanza. Por eso el lector encontrará textos como “Siento este rojo en el rostro”, escrito a los 16 años, junto a otros como “Celebración” o “Encantamiento” alumbrados a finales de 2021.


¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Me gustaría que sintieran este libro como un espejo, un espacio donde se refleja algo colectivo: las marcas de una educación estricta que han recibido tantas generaciones, el peso de nuestra imagen física a causa de los volubles y mercantiles cánones de belleza que imponen los medios y la moda, o el sentimiento de culpa que siembra en nosotros una religión que, por lo general, celebra el dolor de la crucifixión más que la alegría de la resurrección. Aunque está escrito en voz de mujer y basado en mis vivencias, algunos amigos que lo han leído se han sentido identificados con la voz poética y con su caminar hacia un punto más luminoso. 

Mi intención es emprender, junto al lector, un viaje simbólico hacia la aceptación y la valoración de lo que somos, de todo lo que nos eleva y enriquece. Por ello el libro se divide en dos partes muy bien diferenciadas: “Raíces hondas” y “Ramas altas”. He utilizado los excelentes versos de una de mis poetas preferidas, Ángela Figuera Aymerich, (“Quiero raíces hondas, ramas altas,/ cauce y muralla, brújula y refugio./ Y soy una mujer. Apenas algo./ Carne desnuda, sola, desarmada.”) como imagen que representa a la perfección los dos bloques del libro. Los árboles, con sus dos partes opuestas, raíces y ramas que tienen como sustento el agua y el cielo, retratan muy bien la condición humana. Podríamos decir que estos versos de Ángela Figuera son la columna vertebral del volumen. 


¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Desearía que se vean reconocidos en sus textos, que sientan los poemas como propios, que den voz a sensaciones por desgracia habituales como el desarraigo, la violencia sexista, el enfrentamiento con el padre —o con la madre—, la rebelión contra los regímenes totalitarios que tanto España como Chile han sufrido, etc. Y quiero que disfruten también de las cualidades estéticas del poemario, lo bien que lo han editado las socias de ElEnvés, la calidad del papel, el tacto de la portada, su formato moderno, esas páginas de cortesía en color turquesa… Me gustaría que este libro los acompañe, que hagan suyos estos poemas-ofrenda. Escribo llena de entrega no sólo para mí, sino para los otros, para una colectividad afectiva. Y que los lectores puedan decir, como escribió Cristina Grisolía en el prólogo, «leer a Marina Tapia es hilvanar trozos de vida comunes a todas nosotras, es por lo tanto una lectura de reparación y completud».


¿En qué medida veremos en él —o no— a la Marina Tapia de tus anteriores obras?

Creo que la musicalidad y el ritmo de mi poesía siguen aquí presentes. También el deseo de utilizar los adjetivos justos y precisos, un lenguaje cuidado pero a la vez cercano, sin caer en lo coloquial o lo explicativo. Que en la página del poema acontezca todo, que haya un movimiento sostenido a través de los verbos, con  finales que cierren y rematen lo expuesto, ya que cada poema —en este libro en especial— es una unidad propia que no necesita imperiosamente del conjunto para comprenderse. Quizá, por su temática, me he alejado más de la abundancia retórica y la explosión celebrativa de Jardín imposible o El relámpago en la habitación. Trata un tema más duro y contenido, y necesitaba de un lenguaje más conciso, de versos más desnudos y despojados para transmitir con veracidad el proceso vital de una mujer que camina a la madurez.


Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Corteza’, ¿cuáles serían?

Me quedaría con “Celebración”, porque refleja muy bien el punto en el que estoy y la voz actual: la de una mujer que tiene que asumir sus límites, sus fuerzas, su cuerpo, la perspectiva de que los años por delante no son ya tan numerosos. También escogería el poema que aborda el concepto de la paz, “Aquello que florece bajo sombras”, en el que se aquilatan y se valoran la paz o la armonía que las mujeres hemos mantenido como llama encendida a lo largo de la historia. Y por último “Nueva Penélope”, un texto que describe a una mujer que se espera a sí misma, a ese otro nuevo y renovado ser que vendrá con la madurez que dan los años.

Y añadiría quizá estos tres versos que, de alguna manera, resumen el espíritu del libro: “Sabré quien soy al límite, en el filo,/ sabré de lo encontrado en lo perdido,/ con la distancia, acaso, podré verme”. Creo que ese “acaso” hace énfasis en algo muy cierto: buscamos conocernos pero no hay una definición exacta y nada es categórico, somos algo en constante cambio y la poesía está allí para retratar —y para recordarnos— esa corteza frágil y cambiante que tenemos. 


¿Han cambiado los temas que te interesan? ¿Sobre qué estás escribiendo ahora?

En general, intento realizar libros temáticos, con un asunto determinado, con un núcleo compacto (el erotismo, las cuatro estaciones en la Vega de Granada, la botánica fantástica, el silencio, los viajes, etc.), busco desarrollar una idea distinta en cada conjunto pero, por supuesto, en todo lo que he escrito predominan mis grandes amores: la naturaleza y la búsqueda de la hondura de la vida. Ahora estoy en una etapa en la cual no escribo poemas y la veo como un descanso necesario; eso sí, leo mucha poesía y escribo algunas impresiones lectoras. Me interesa repensar la poesía, buscar nuevas maneras de abordarla, teorizar un poco acerca de la creación desde un ángulo no académico. Quizá me asemejo en estos momentos a la Momo de Ende, que permanece sentada escuchando las voces de otros en ese círculo de piedra, en el anfiteatro del mundo. Gamoneda decía que la inspiración no es más que una tensión intelectual. El silencio y la escucha quizá tensen las ideas tarde o temprano.


Además de escribir eres artista plástica. ¿Cuánto de esta disciplina se refleja en tu poesía y viceversa?

Poesía y pintura se entrelazan en mí mediante hilos muy sutiles pero, con el paso del tiempo, van tejiendo una trama más firme. En muchas temporadas de mi vida he dejado aparcada a la pintura para centrarme en la escritura, pero cada vez resulta más frecuente y más intensa la necesidad de que ambas convivan, de que haya vasos comunicantes entre estas dos disciplinas. Quizá por eso, cuando presenté Islario, realicé una serie de ilustraciones alusivas al poemario. Y ahora he pintado un grupo de 40 láminas para Corteza que regalaré a los asistentes en la presentación, en la Biblioteca de Andalucía. Para mí el arte es una manera de escuchar y dialogar con la existencia, de apresar lo transitorio, de bucear en la grandeza de lo sencillo y cotidiano. En mi poesía —según opiniones— se aprecia que soy pintora, “pintas con las palabras” han comentado, “parece que estoy viendo un paisaje”. Y creo que en mis cuadros, en especial en las últimas series, abundan los versos escritos a mano, el juego de la metáfora o de la imagen poética. Quizá, después de todo, soy bilingüe de otra forma (aunque nunca se me han dado muy bien las lenguas extranjeras).


Por último, como lectora, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Me gustaría que invitarais a la excelente poeta y amiga argentina Cristina Grisolía, que ha tenido la gentileza de escribir el prólogo de Corteza. Seguro que estará encantada con tan interesante y agradable propuesta, como lo estoy yo, Javier, con esta entrevista.


TRES POEMAS DE ‘CORTEZA’ DE MARINA TAPIA


CELEBRACIÓN


Frente al altar cambiante de la edad,
rescato las palabras vigorosas
que guardé para mí.

Me digo:
la voz no se marchita,
la juventud persiste en la garganta
versando sus picantes saberes y delicias,
capaz de sujetar su floración.

Un sortilegio brota de mi gruta,
un aroma de cuerpo asentado,
y en este medio siglo que me ciñe
soy vaso de mujer,
mirada que equilibra
−así, serenamente−
lo adusto y lo carnal.

Hoy voy a hablar de límites, 
del peso del pasado, 
de conquistas.

Y yo te quiero, cuerpo,
vulnerable corteza,
te acojo en mi pupila, te sopeso.
En ti se estableció todo el reinado
del tiempo que irrumpía desde fuera,
del tiempo que horadaba desde dentro.

Caderas,
vientre,
pecho que decae,
puedo besaros, sí, puedo alabaros.

Mi mente y su gobierno reverencian
a la mujer madura que conformo.



AQUELLO QUE FLORECE BAJO SOMBRAS

“Refrán y palabra no entienden,
mas luego se van a encontrar,
y cuando a los ojos se miren
el verse será adivinar”
     (Poema ‘Ronda de la paz’ de Gabriela Mistral)


Esta paz renovada 
que crece desde el centro de mis ojos,
este mar de quietudes 
                quiere volverse paso, 
                         salir desde su límite,
abarcar cada espacio que encuentra,
transmitir su armonía a los hombres.

Sólo tiene tres letras esta palabra mía,
que acompasa su ritmo con un dulce silencio.

En medio del dolor se nos presenta,
modesta, cotidiana pero alta
que el ojo ha de encontrar.

Acógela, abrázala, 
repite su canción de amanecer
que ensaya nuevas formas de nombrarse.
Proclama con sus manos la alegría, 
despiértala en tu boca.

Paz. No sólo aquél antónimo de guerra.
Paz de mujer. Trozo de pan 
que siempre ha sido nuestro.

Colmena que en la mente
transforma cada celda del pensar.



NUEVA PENÉLOPE

Para Ana Mañeru Méndez


En el tiempo esencial de la espera, 
boceto los latidos,
imagino el temblor,
perfilo el aura.
Ensayo las palabras, la venia, la sonrisa
con la que aguardaré a la prometida, 
que llegará mañana hasta mi hogar. 

Aquella seré yo.        

¿Qué silueta tendré bajo la luz
¿Cómo se expandirá el amor 
desde mi centro?

Buscaré nuevos retos acordes a mi fuerza.
Quizá mi porte sea el del bambú,
tan recio, tan sutil.

Quiero dormir cuidada por tu voz,
hermana del albor,
en este espacio fértil de la espera.


jueves, 31 de diciembre de 2020

SecretOlivo

Javier Gilabert y Fernando Jaén, de la revista SecretOlivo, han tenido la acertada iniciativa de pedir a los autores que han colaborado en ella unas sencillas palabras para despedir el año en torno a la cultura. Comparto las mías, deseando a los lectores de este blog un feliz 2021.

 


 

Espero que la poesía siga acompañándonos en nuestro día a día, como un trozo de pan que se come a diario en silencio y que nutre el cuerpo, pero que también amplía su sabor en la mesa de las lecturas compartidas. Mando un mensaje de ánimo para los creadores discretos, que aman el lenguaje, que buscan la soledad para otorgar textos caleidoscópicos y arriesgados, capaces de llevar a los lectores más allá de sí mismos, o acercarlos a esa infancia vital, luminosa y sumergida.