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martes, 2 de junio de 2026

Animal Sospechoso y Cristina Grisolía en Granada

Inolvidables días con Animal Sospechoso en la librería Picasso de Granada. El viernes en la puesta de largo de "Poetas en construcción" a cargo de Javier Gilabert, y el sábado "De piedra contra piedra", de Cristina Grisolía, presentado por Juan Pablo Roa y yo. Gracias a Ángel Olgoso por las fotos y a todos l@s amig@s que nos acompañaron. Ha sido un gusto también compartir con Misael Ruiz Albarracin y con Álvaro Hernando.









martes, 28 de abril de 2026

Entrevista en la revista Culturamas, por Javier Gilabert

Muchísimas gracias a Javier Gilabert por esta entrevista tan completa y tan cercana, a propósito de "Mixtura", que hoy se publica en 'Primera Impresión' (Culturamas). Un privilegio contar con este espacio cada vez más imprescindible para la poesía.



Marina Tapia (Valparaíso, Chile. 1975). Es poeta, artista plástica y divulgadora cultural. Desde el año 2000 reside en España y desde 2013 en Granada. Ha publicado los libros 50 Mujeres desnudas (Amargord), El relámpago en la habitación (Nazarí), Marjales de interior (Aguaclara), Jardín imposible (Ayto. de Baena), El deleite (Ayto. Vélez Málaga), Corteza (El Envés),Un kilim de palabras (El sastre de Apollinaire), Bosque y silencio (Ayto. Aguilar de Campoo), Islario (Amargord), Piedra que mengua (Ayto. de Lodosa) y Mixtura. Antología personal (Averso). Ha coordinado El pájaro azul. Homenaje a Rubén Darío (Artificios). Sus poemas han sido incluidos en una treintena de antologías.
Entre sus premios y reconocimientos destacan:Voces Nuevas de la editorial Torremozas; Arte Joven La Latina de la Comunidad de Madrid; Paco Mollá; Ciudad de Baena; Joaquín Lobato; Águila de Poesía; 8 de marzo por la Igualdad de La Zubia (en la categoría Cultura); Residencia Literaria en Óbidos, Portugal, Granada Ciudad de Literatura Unesco y Ángel Martínez Baigorri.
Ha estado a cargo de Compartir poesía de la Fundación Entredós de Madrid. Actualmente imparte talleres literarios para los Ayuntamientos de La Zubia y Huétor Vega, y es Adjunta a Coordinación del Programa Granada Ciudad de Literatura Unesco.
Ha formado parte del catálogo de Animación a la Lectura de la Diputación de Granada y del Programa María Moliner del Área de Igualdad y Juventud. Pertenece al Institutum Pataphysicum Granatensis, a la Ronda Andaluza del Libro, a la Asociación de mujeres poetas Genialogías y a Poetas por el Clima. Escribe artículos y reseñas para Masticadores, CaoCultura, Culturamas y Moon Magazine.

Es positivo para una creadora hacer un recuento y mirar hacia atrás

Javier Gilabert: Marina, es una alegría tenerte de vuelta en esta sección. Regresas con Mixtura, que no es un poemario al uso, sino una antología personal. ¿Por qué este libro y por qué sentías que era el momento exacto para hacer este ejercicio de recapitulación?

Marina Tapia: En primer lugar muchísimas gracias, querido Javier, por la invitación a este espacio que llevas de forma impecable. Respondiendo a tu pregunta, creo que es positivo para una creadora hacer un recuento y mirar hacia atrás, analizar lo que se ha escrito y −también− lo no nombrado. Observar qué temas se han desarrollado, qué búsquedas han estado más presentes, si tu escritura maneja una paleta determinada de colores o si da lugar a alguna atmósfera. Este trabajo analítico es muy positivo para cualquier artista. Y, al llegar a mi décima publicación, Piedra que mengua (de alguna manera un número redondo) y cumplir, además, cincuenta años, creí necesario hacer cierto balance, cerrar un capítulo para poner en marcha una renovación. Un poeta que admiro, Tomas Tranströmer escribió: «Sentir cómo el poema crece / mientras voy encogiéndome. / Crece, ocupa mi lugar. / Me desplaza». Es una idea potente: el texto es el que tiene que comunicar y el poeta debe quedar en segundo plano, somos solo un canal de expresión.
Junto a todo esto que te cuento, Javier, había otras razones más prácticas, como el hecho de que muchos libros compilados en «Mixtura» no se puedan encontrar por ser ediciones no venales de premios literarios. Hacer una antología era una buena manera de ofrecer una amplia muestra de mis poemarios. También una forma de llevar a Chile mi andadura; lamentablemente no he publicado ningún volumen allí, y mi deseo es darme a conocer un poquito en mi tierra natal.

La mirada más ecuánime tenía que venir desde fuera

El proceso de armar una antología personal debe de ser vertiginoso. ¿Qué nos puedes contar sobre el proceso de selección y revisión de tus libros pasados? Al reencontrarte con tus primeros versos, ¿te has sentido tentada de corregir a la Marina que fuiste o has respetado sus hallazgos y sus cicatrices?

La verdad, era bastante complicado para mí elegir los poemas que irían, porque como autora tienes un enfoque menos objetivo, más emocional: algunos textos te recuerdan ciertos momentos concretos e importantes de tu vida, a otros les tienes afecto porque recogen el impacto de alguna lectura que te marcó, o porque están dedicados a personas queridas, o porque decantan el dolor y ciertas sensaciones intensas experimentadas. Por eso la mirada más ecuánime tenía que venir desde fuera, y tuve la gran suerte de contar con tres personas muy leídas y sólidas intelectualmente, que me dieron sus listados de “imprescindibles” de cada libro: Ángel Olgoso, Susana Drangosh y Juan Cameron. Me resulta un acierto que sean voces de autores de dos espacios geográficos distintos pero que comparten un idioma: España, Argentina y Chile. Estoy muy agradecida con su trabajo facilitador. Claro, yo fui la que tuvo, por así decirlo, la última palabra: deseaba que el libro −en conjunto− fuera armonioso y reflejara un pequeño recorrido con un hilo conductor, que no fuera un collage inarmónico. Respecto a corregir textos, he optado por no hacerlo (sólo alguna coma o alguna asonancia que en su momento se me escapó). De todas maneras, aunque escribo desde muy niña, mi primer libro salió bastante tarde (tenía 38 años), es decir, esperé para publicar; esto ha sido una suerte porque no me arrepiento ni escondo mi 50 mujeres desnudas, todavía siento digna esa primera obra editada. El espíritu perfeccionista −heredado de mi padre− ha estado siempre presente: pulir y pulir, leer y leer, permitir que otros opinen y no tomarse ninguna crítica como algo negativo.

He respetado la cronología

Respecto a la estructura del libro, al ser una obra que recoge toda una trayectoria, ¿has respetado la cronología vital de las publicaciones o has buscado nuevos diálogos temáticos entre poemas de distintas épocas para crear esta Mixtura?

Sí, he respetado la cronología: es una invitación a los lectores para ir haciendo el camino juntos, para que me acompañen en este recorrido, para que formen parte de mi andadura tal como ha ido desarrollándose y para que tengan presente −como recomendaba Thoreau− que sólo cuando olvidamos todo lo que hemos aprendido empezamos a saber. Mixtura recoge «el canto de todos que es mi propio canto», al modo de Violeta Parra, con la esperanza de inaugurar nuevos acordes y melodías de una nueva etapa.


Todos somos hijos de una historia colectiva

¿Qué pistas o claves te gustaría dar a los posibles lectores, especialmente a aquellos que lleguen a tu obra por primera vez a través de este volumen recopilatorio?

Me gustaría decirles que mi trabajo encierra distintas voces fruto de mis lecturas. Todo autor es deudor de las creaciones anteriores, todos somos hijos de una historia colectiva. Es importante para mí esta idea de diálogo con otras poetas: un diálogo sutil y subterráneo, y quisiera que la gente que se acerca a Mixtura perciba esta actitud de tributo que está en el núcleo de mi poesía. Quizá les sorprenda la variedad de temáticas que he ido abordando, pero soy una persona muy inquieta, con esos entusiasmos del saber que hacen que la mirada no pueda evitar posarse en puntos disímiles. Desearía que disfrutaran con los pequeños mundos sensitivos pintados a plumilla o acuarela −metafóricamente hablando−, quisiera generar en los otros un ángulo renovado, una mirada nueva y celebrativa: todavía vive la belleza en el mundo, aunque ahora −en la oscuridad de estos tiempos– nos cueste verla y nos inunde el pesimismo.

La imagen está muy presente en mi trabajo

Te pongo en un aprieto de los grandes (y en una antología es aún más cruel): si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de toda esta trayectoria recogida en Mixtura, ¿cuáles serían y por qué esos en concreto?

Elegiría el poema 22 de «Piedra que mengua», el que comienza con el verso: «Madre Piedra que estás en la tierra…»; el texto «Nuevo pacto», dedicado a mi hija Camila y que pertenece a «El relámpago en la habitación» y «Zarza ardiente» del conjunto «Bosque y silencio». Los escojo porque aúnan las inquietudes que más afloran en mis escritos: el diálogo y la necesaria implicación con el entorno natural del que venimos, y esa preocupación por el distanciamiento del ser humano con la tierra a la que pertenece; creo −como Petrarca− que la contemplación paisajística nos regala placer, inspiración y conocimiento de nosotros mismos. La valoración de las mujeres, tantas veces invisibilizadas, y el deseo de que ellas sean las protagonistas de sus vidas; buscando esos espacios de acción y libertad que a lo largo de la historia se les han negado, parafraseando lo expresado por Chantal Maillard: «hay que subvertir los mitos femeninos, poner orden en la herencia». Y la reflexión acerca del tándem palabra-silencio, ese interés por lo metaliterario, por los límites del lenguaje escrito. Creo que estos tres poemas recogen esos ejes cardinales de mi poética, y por eso los seleccionaría. Quizá todos ellos, en su forma, reflejan además mi pulsión pictórica. La imagen está muy presente en mi trabajo; opino con Cézanne que la materia de nuestro arte está ahí, en lo que piensan nuestros ojos, que el color es el lugar donde nuestro cerebro y el universo se encuentran.


Vivo cada emoción con bastante intensidad

En los poemas que adelantamos («Inquietud» y «18»), confiesas el vértigo a que el afluente se seque y pides «un entusiasmo nuevo y ascendente». Sin embargo, en «Anunciación II» vemos a una poeta telúrica, llena de fuego y goce vital. ¿Cómo conviven estas distintas ‘Marinas’ en la antología? ¿Es la poesía tu forma de restañar la rotura?

Me encanta esa asociación que subrayas del poema 18 donde se pone de manifiesto la palabra poética como bálsamo y curación frente a la rotura que deja en nosotros la realidad. Esas distintas “marinas” de las que hablas son el resultado de mi hipersensibilidad. A modo de confesión, es la primera vez que expreso esta característica de mi persona: vivo cada emoción con bastante intensidad, y mi mente vibra y se deslumbra fácilmente o se hunde en estados de gran introspección; mi cabeza sigue trabajando sin control en proyectos creativos durante la noche, muchas veces me desvelo azuzada por ideas. Soy así desde niña aunque con la edad esto se ha ido intensificando. He tenido que aprender a manejar esta vulnerabilidad ante los hechos fuertes y violentos de la realidad, a buscar ese distanciamiento necesario, ese equilibrio. Sé que proyecto una imagen de alguien muy serena, siempre positiva. Pero Ángel −que vive conmigo− sabe que muchas circunstancias y noticias me afectan más de la cuenta: no soy dada a ver películas porque vivo la ficción en primera persona; de hecho, me impresionan tanto algunas imágenes que me tapo los ojos, e incluso evito escuchar ciertas piezas musicales porque me llevan a estados melancólicos y desasosegantes. Lo mejor para la serenidad buscada es el silencio y la lectura, los cuadros donados por el paisaje y los sonidos múltiples y reconfortantes de la naturaleza. Esta fricción interna quizá se refleja en mis textos, en esa necesidad de equilibrar armonía e intensidad lírica y vivencial.

Siento al arte y la literatura como un compromiso

Tu poesía nunca ha estado encerrada en la torre de marfil. Perteneces a colectivos como Genialogías, Poetas por el Clima o el Institutum Pataphysicum Granatensis. ¿Cómo se retroalimentan en tu día a día el activismo social/ecológico y la escritura poética?

Es muy buena pregunta. Siento al arte y la literatura como un compromiso. No tengo como norte la fama; más que ser una poeta reconocida, me interesa ser un buen ser humano. Y que sea esa soledad imprescindible de la escritura, ese trabajar el lenguaje, el centro. No hay nada más sosegador (en este mundo de egos) que ser fiel a nuestros principios, recordando cada día que somos eternos aprendices, parte de una estructura colectiva. Mi brújula es sumergirme y bucear en el idioma, correr los riesgos que hagan falta para destilar una poesía viva. Si esto es acogido o aplaudido resulta secundario, debemos plegarnos a las necesidades internas. Esta me parece una forma de resistencia ante un mundo tan piramidal, tan materialista y mediático. Y en cada uno de estos colectivos a los que pertenezco he encontrado referentes y personas que han entregado su vida al desarrollo del arte y a los ideales desinteresadamente, que no han usado al grupo por notoriedad o conveniencia alguna. Lo ético es muy importante para mí. Lo bueno es que hay pequeños espacios en los que la solidaridad sigue vibrando. Como decía la poeta rumana Ana Blandiana: «La resistencia a través de la cultura es más necesaria hoy que ayer».

La escritura crece con el roce y lo vivencial

Acabas de asumir un reto inmenso como Adjunta a la Coordinación del Programa Granada Ciudad de Literatura UNESCO. ¿Cómo estás viviendo este nuevo papel, especialmente de cara a la organización de un evento tan masivo como el Día Mundial de la Poesía? ¿La gestora cultural le roba tiempo a la poeta, o le da nuevas perspectivas?

Colaboro con Jesús Ortega en el Programa Granada Ciudad de Literatura Unesco con mucha ilusión. Le debo muchísimo a Granada: aquí he conocido a mi compañero de vida, a mi amor, y aquí he publicado la mayor parte de mi trabajo. Estar en relación con otros escritores te nutre, tienes más a mano sus experiencias y búsquedas y, si tu enfoque es una mirada receptiva y deseosa de nutrirte, aprendes mucho. Eres más consciente de la necesidad de crear una hermandad entre los artistas que se posicione frente a las injusticias, que dé voz a diferentes grupos y pueblos. La cultura puede reavivar la esperanza y empaparse de valores. Es verdad que la gestión y la difusión cultural −y tú lo sabes bien Javier− quita tiempo a tu trabajo de lectura y escritura pero, por otro lado, alimenta el deseo de buscar ese espacio íntimo y personal, atiza el entusiasmo creativo y otorga experiencias vitales vertebradoras de la poesía. Creo que la escritura crece con el roce y lo vivencial, que se aprende con cada voz que se escucha o que se lee.

Publicar una antología personal suele sonar a canonización, a hacer balance o a final de ciclo. ¿Supone este volumen un punto de inflexión en tu producción? ¿Y a partir de ahora, qué?

Quiero pensar que es un acto reflexivo y una pequeña parada para inaugurar otro ciclo de escritura. De hecho, esta Feria del Libro saldrá Nômade, un libro escrito casi en su totalidad en Óbidos, Portugal, durante mi residencia literaria. En él no sólo abordo la idea de la condición andariega y errante del ser humano (sello impreso en nosotros desde los inicios de los tiempos), también plasmo mi relación afectiva con ese territorio único en el que viví durante el mes de octubre del 2023. Y, además, corro un riesgo estilístico: la segunda parte de este libro bifronte está enteramente escrita con la horma del soneto. Como lo hizo ya la Generación del 27, por ejemplo, rescato con entusiasmo una estructura clásica intentando impregnarla de nuevas resonancias. Jesús Cárdenas, en la estupenda reseña que regaló a Mixtura destaca que lo errante está muy presente en mi trabajo; así que el desarrollo de este concepto en mi nuevo poemario Nômade sirve perfectamente de puente con esta antología.

Esta generación tiene una deuda enorme con las maestras

Con la gestión cultural y los talleres literarios a pleno rendimiento, ¿en qué nuevos proyectos creativos estás trabajando actualmente?

Preparo con mucho mimo cada taller, vuelco bastante tiempo en escoger qué lecturas y ejercicios son los adecuados para cada grupo. Así que no tengo demasiadas horas para la poesía (que necesita ese estado laxo y casi fuera del mundo), pero mi actividad tallerística nutre y dialoga muy bien con el ensayo, con los artículos relacionados con personajes claves y por eso estoy más volcada a ello durante el curso. He iniciado una columna acerca de escritoras en Culturamas bajo la vitola de «Indómitas y reflexivas». Ya han salido dos artículos: uno versa sobre la obra ensayística de Mary Oliver, y el otro está dedicado a Ursula K. Le Guin. La siguiente, nuestra querida y admirada María Zambrano. Son acercamientos más personales; no pretendo sentar cátedra, se trata de composiciones con toques poéticos e impregnadas de gratitud a grandes creadoras. Siento que esta generación tiene una deuda enorme con las maestras que nos han dado un modelo de vida y de trabajo, a pesar de los infinitos inconvenientes de la época en las que les tocó vivir. Como te digo, Javier, este tipo de textos compagina muy bien con los talleres. Y de hecho, ya está acabado un primer librito (Ungüentario. Aproximaciones poéticas) que reúne una buena parte de los artículos teóricos y reseñas alumbradas en estos últimos años.

Por último, como lectora voraz y agitadora cultural: ¿de quién te gustaría conocer su “Primera impresión” en futuras entregas?

Me gustaría que entrevistaras a Cristina Grisolía, buena amiga y excelente escritora, que acaba de sacar su poemario Piedra contra piedra con la editorial de Barcelona Animal Sospechoso. Además, vendrá a presentarlo a Granada próximamente en la librería Picasso; tu entrevista sería para ella un gran impulso y una ocasión de darse a conocer más por aquí.

domingo, 19 de abril de 2026

Homenaje a Rafael Juárez

Ayer vivimos una tarde emocionante: un numeroso grupo de poetas de Granada rendimos homenaje a Rafael Juárez y su obra en el centro de Lenguas Modernas. La lectura fue conmovedora. Comparto por orden alfabético las fotografías que tomé a cada uno de los asistentes, también agrego algunas de Antonio Marruecos Rodriguez. Gracias a Javier Gilabert por convocarnos a este acto tan necesario. En él nos acompañaron familiares del poeta y pudimos escuchar un hermosísimo texto escrito por su compañera Pilar Mañas. Os dejo con el soneto que leí, escrito por nuestro poeta después de soñar con un cuadro de Guerrero titulado ''Súplica''.

SÚPLICA

(a José Guerrero)

Tus palabras no deben repetir lo que nombro

cuando inclino mi cuello bajo el arco desierto

donde esperaba un día el terremoto incierto

de su paso indeciso entre cactus de escombro.

Déjame que recline mi cabeza en tu hombro

y no digas que espero como un perro en el huerto,

porque sé que está vivo para todos y muerto

para mí su regazo de gacela en asombro.

Reclina tu cabeza sobre la mía y calla

mientras que el tiempo borra nuestros rostros vacíos.

No hay por qué repetir el dolor del encuentro.

Esta puerta que un día se quedó sin muralla

puede salvar tu sueño enredado en los míos.

La ciudad está fuera. La verdad está dentro.






sábado, 17 de diciembre de 2022

Entrevista sobre "Corteza" en Secretolivo

Gracias a Javier Gilabert por esta entrevista en SecretOlivo, que me ha permitido hablar más a fondo sobre uno de los libros más intensos y personales que he escrito, "Corteza".


Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Marina Tapia: Con Corteza quería recoger diferentes impresiones de la etapa por la que atravieso, mi próxima entrada al medio siglo de vida; deseaba hacer una revisión del camino transitado, cuestionándome diversos aspectos de él, y compartir poemas escritos en diferentes momentos pero que mantenían una unidad: eran rotundos y no hacían concesiones al miedo, al dolor o al desarraigo. Quería hablar de la conciencia de nuestras limitaciones, de los condicionantes que —como ser humano y en especial como mujer— se experimentan. Y cómo se llega a ese punto en el que se acepta el cuerpo, lo que somos, nuestro pasado, para luego avanzar y elegir lo que queremos ser de ahora en adelante.

Este libro vuelve de alguna manera al espíritu de mi primer poemario, 50 mujeres desnudas, a bucear en la condición humana, en la identidad y el desdoblamiento; eso sí, esta vez estableciendo claramente dos partes: una donde los grises y las sombras del pasado se exponen sin autocensura, y otra en la que vemos cómo podemos elevarnos amparados en esas personas luminosas, o en una comunidad de gente valiente y creativa que nos da su apoyo (en general referentes literarios que siempre están allí para marcarnos el norte, como Emily Dickinson, Emilia Pardo Bazán, Adrienne Rich, Gabriela Mistral o amigas como Ana Mañeru).


¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Surge ordenando mis poemas de diversas etapas, incluso los de juventud (ya que comencé a escribir muy pronto y conservo bastantes cuadernos de mi infancia y adolescencia). Con este conjunto he querido volver a esa niña y a esa joven que fui, recoger sus temores, sus impresiones del entorno en el que creció (una familia de artistas, en medio de una dictadura que había cercenado la posibilidad de construir democráticamente un nuevo modelo de sociedad). He intentado cantar con voz de lluvia —y vestida con prendas empapadas de ayer— un canto de esperanza. Por eso el lector encontrará textos como “Siento este rojo en el rostro”, escrito a los 16 años, junto a otros como “Celebración” o “Encantamiento” alumbrados a finales de 2021.


¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Me gustaría que sintieran este libro como un espejo, un espacio donde se refleja algo colectivo: las marcas de una educación estricta que han recibido tantas generaciones, el peso de nuestra imagen física a causa de los volubles y mercantiles cánones de belleza que imponen los medios y la moda, o el sentimiento de culpa que siembra en nosotros una religión que, por lo general, celebra el dolor de la crucifixión más que la alegría de la resurrección. Aunque está escrito en voz de mujer y basado en mis vivencias, algunos amigos que lo han leído se han sentido identificados con la voz poética y con su caminar hacia un punto más luminoso. 

Mi intención es emprender, junto al lector, un viaje simbólico hacia la aceptación y la valoración de lo que somos, de todo lo que nos eleva y enriquece. Por ello el libro se divide en dos partes muy bien diferenciadas: “Raíces hondas” y “Ramas altas”. He utilizado los excelentes versos de una de mis poetas preferidas, Ángela Figuera Aymerich, (“Quiero raíces hondas, ramas altas,/ cauce y muralla, brújula y refugio./ Y soy una mujer. Apenas algo./ Carne desnuda, sola, desarmada.”) como imagen que representa a la perfección los dos bloques del libro. Los árboles, con sus dos partes opuestas, raíces y ramas que tienen como sustento el agua y el cielo, retratan muy bien la condición humana. Podríamos decir que estos versos de Ángela Figuera son la columna vertebral del volumen. 


¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Desearía que se vean reconocidos en sus textos, que sientan los poemas como propios, que den voz a sensaciones por desgracia habituales como el desarraigo, la violencia sexista, el enfrentamiento con el padre —o con la madre—, la rebelión contra los regímenes totalitarios que tanto España como Chile han sufrido, etc. Y quiero que disfruten también de las cualidades estéticas del poemario, lo bien que lo han editado las socias de ElEnvés, la calidad del papel, el tacto de la portada, su formato moderno, esas páginas de cortesía en color turquesa… Me gustaría que este libro los acompañe, que hagan suyos estos poemas-ofrenda. Escribo llena de entrega no sólo para mí, sino para los otros, para una colectividad afectiva. Y que los lectores puedan decir, como escribió Cristina Grisolía en el prólogo, «leer a Marina Tapia es hilvanar trozos de vida comunes a todas nosotras, es por lo tanto una lectura de reparación y completud».


¿En qué medida veremos en él —o no— a la Marina Tapia de tus anteriores obras?

Creo que la musicalidad y el ritmo de mi poesía siguen aquí presentes. También el deseo de utilizar los adjetivos justos y precisos, un lenguaje cuidado pero a la vez cercano, sin caer en lo coloquial o lo explicativo. Que en la página del poema acontezca todo, que haya un movimiento sostenido a través de los verbos, con  finales que cierren y rematen lo expuesto, ya que cada poema —en este libro en especial— es una unidad propia que no necesita imperiosamente del conjunto para comprenderse. Quizá, por su temática, me he alejado más de la abundancia retórica y la explosión celebrativa de Jardín imposible o El relámpago en la habitación. Trata un tema más duro y contenido, y necesitaba de un lenguaje más conciso, de versos más desnudos y despojados para transmitir con veracidad el proceso vital de una mujer que camina a la madurez.


Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Corteza’, ¿cuáles serían?

Me quedaría con “Celebración”, porque refleja muy bien el punto en el que estoy y la voz actual: la de una mujer que tiene que asumir sus límites, sus fuerzas, su cuerpo, la perspectiva de que los años por delante no son ya tan numerosos. También escogería el poema que aborda el concepto de la paz, “Aquello que florece bajo sombras”, en el que se aquilatan y se valoran la paz o la armonía que las mujeres hemos mantenido como llama encendida a lo largo de la historia. Y por último “Nueva Penélope”, un texto que describe a una mujer que se espera a sí misma, a ese otro nuevo y renovado ser que vendrá con la madurez que dan los años.

Y añadiría quizá estos tres versos que, de alguna manera, resumen el espíritu del libro: “Sabré quien soy al límite, en el filo,/ sabré de lo encontrado en lo perdido,/ con la distancia, acaso, podré verme”. Creo que ese “acaso” hace énfasis en algo muy cierto: buscamos conocernos pero no hay una definición exacta y nada es categórico, somos algo en constante cambio y la poesía está allí para retratar —y para recordarnos— esa corteza frágil y cambiante que tenemos. 


¿Han cambiado los temas que te interesan? ¿Sobre qué estás escribiendo ahora?

En general, intento realizar libros temáticos, con un asunto determinado, con un núcleo compacto (el erotismo, las cuatro estaciones en la Vega de Granada, la botánica fantástica, el silencio, los viajes, etc.), busco desarrollar una idea distinta en cada conjunto pero, por supuesto, en todo lo que he escrito predominan mis grandes amores: la naturaleza y la búsqueda de la hondura de la vida. Ahora estoy en una etapa en la cual no escribo poemas y la veo como un descanso necesario; eso sí, leo mucha poesía y escribo algunas impresiones lectoras. Me interesa repensar la poesía, buscar nuevas maneras de abordarla, teorizar un poco acerca de la creación desde un ángulo no académico. Quizá me asemejo en estos momentos a la Momo de Ende, que permanece sentada escuchando las voces de otros en ese círculo de piedra, en el anfiteatro del mundo. Gamoneda decía que la inspiración no es más que una tensión intelectual. El silencio y la escucha quizá tensen las ideas tarde o temprano.


Además de escribir eres artista plástica. ¿Cuánto de esta disciplina se refleja en tu poesía y viceversa?

Poesía y pintura se entrelazan en mí mediante hilos muy sutiles pero, con el paso del tiempo, van tejiendo una trama más firme. En muchas temporadas de mi vida he dejado aparcada a la pintura para centrarme en la escritura, pero cada vez resulta más frecuente y más intensa la necesidad de que ambas convivan, de que haya vasos comunicantes entre estas dos disciplinas. Quizá por eso, cuando presenté Islario, realicé una serie de ilustraciones alusivas al poemario. Y ahora he pintado un grupo de 40 láminas para Corteza que regalaré a los asistentes en la presentación, en la Biblioteca de Andalucía. Para mí el arte es una manera de escuchar y dialogar con la existencia, de apresar lo transitorio, de bucear en la grandeza de lo sencillo y cotidiano. En mi poesía —según opiniones— se aprecia que soy pintora, “pintas con las palabras” han comentado, “parece que estoy viendo un paisaje”. Y creo que en mis cuadros, en especial en las últimas series, abundan los versos escritos a mano, el juego de la metáfora o de la imagen poética. Quizá, después de todo, soy bilingüe de otra forma (aunque nunca se me han dado muy bien las lenguas extranjeras).


Por último, como lectora, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Me gustaría que invitarais a la excelente poeta y amiga argentina Cristina Grisolía, que ha tenido la gentileza de escribir el prólogo de Corteza. Seguro que estará encantada con tan interesante y agradable propuesta, como lo estoy yo, Javier, con esta entrevista.


TRES POEMAS DE ‘CORTEZA’ DE MARINA TAPIA


CELEBRACIÓN


Frente al altar cambiante de la edad,
rescato las palabras vigorosas
que guardé para mí.

Me digo:
la voz no se marchita,
la juventud persiste en la garganta
versando sus picantes saberes y delicias,
capaz de sujetar su floración.

Un sortilegio brota de mi gruta,
un aroma de cuerpo asentado,
y en este medio siglo que me ciñe
soy vaso de mujer,
mirada que equilibra
−así, serenamente−
lo adusto y lo carnal.

Hoy voy a hablar de límites, 
del peso del pasado, 
de conquistas.

Y yo te quiero, cuerpo,
vulnerable corteza,
te acojo en mi pupila, te sopeso.
En ti se estableció todo el reinado
del tiempo que irrumpía desde fuera,
del tiempo que horadaba desde dentro.

Caderas,
vientre,
pecho que decae,
puedo besaros, sí, puedo alabaros.

Mi mente y su gobierno reverencian
a la mujer madura que conformo.



AQUELLO QUE FLORECE BAJO SOMBRAS

“Refrán y palabra no entienden,
mas luego se van a encontrar,
y cuando a los ojos se miren
el verse será adivinar”
     (Poema ‘Ronda de la paz’ de Gabriela Mistral)


Esta paz renovada 
que crece desde el centro de mis ojos,
este mar de quietudes 
                quiere volverse paso, 
                         salir desde su límite,
abarcar cada espacio que encuentra,
transmitir su armonía a los hombres.

Sólo tiene tres letras esta palabra mía,
que acompasa su ritmo con un dulce silencio.

En medio del dolor se nos presenta,
modesta, cotidiana pero alta
que el ojo ha de encontrar.

Acógela, abrázala, 
repite su canción de amanecer
que ensaya nuevas formas de nombrarse.
Proclama con sus manos la alegría, 
despiértala en tu boca.

Paz. No sólo aquél antónimo de guerra.
Paz de mujer. Trozo de pan 
que siempre ha sido nuestro.

Colmena que en la mente
transforma cada celda del pensar.



NUEVA PENÉLOPE

Para Ana Mañeru Méndez


En el tiempo esencial de la espera, 
boceto los latidos,
imagino el temblor,
perfilo el aura.
Ensayo las palabras, la venia, la sonrisa
con la que aguardaré a la prometida, 
que llegará mañana hasta mi hogar. 

Aquella seré yo.        

¿Qué silueta tendré bajo la luz
¿Cómo se expandirá el amor 
desde mi centro?

Buscaré nuevos retos acordes a mi fuerza.
Quizá mi porte sea el del bambú,
tan recio, tan sutil.

Quiero dormir cuidada por tu voz,
hermana del albor,
en este espacio fértil de la espera.


jueves, 31 de diciembre de 2020

SecretOlivo

Javier Gilabert y Fernando Jaén, de la revista SecretOlivo, han tenido la acertada iniciativa de pedir a los autores que han colaborado en ella unas sencillas palabras para despedir el año en torno a la cultura. Comparto las mías, deseando a los lectores de este blog un feliz 2021.

 


 

Espero que la poesía siga acompañándonos en nuestro día a día, como un trozo de pan que se come a diario en silencio y que nutre el cuerpo, pero que también amplía su sabor en la mesa de las lecturas compartidas. Mando un mensaje de ánimo para los creadores discretos, que aman el lenguaje, que buscan la soledad para otorgar textos caleidoscópicos y arriesgados, capaces de llevar a los lectores más allá de sí mismos, o acercarlos a esa infancia vital, luminosa y sumergida.

 



martes, 15 de septiembre de 2020

Poesía Instante Infinito 20

Comparto la grabación en Youtube del programa nº 20 de Poesía Instante Infinito, en el que -gracias a Pedro Enríquez y Nicasio Urbina- tuve el placer y el honor de compartir un encuentro poético el pasado 11 de septiembre con ellos y con Balbina Prior, Marina Tapia, María Clemencia Sánchez, Javier Gilabert y Roberto Arizmendi.