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sábado, 3 de diciembre de 2022

Reseña de "Crónicas de Olvido", de Graciela Baquero

Comparto con gusto este pequeña reseña de uno de los últimos libros de la colección Genialogías, publicado por Tigres de Papel.





LO INTACTO DE TI, MI PROPIO CUERPO

Por Marina Tapia.


Crónicas de Olvido, de Graciela Baquero, reeditado con mimo por Tigres de papel en su colección Genialogías, es un libro que sorprende, que vuelve a traer un soplo de aire fresco a la poesía. Escrito en prosa poética y con una premisa clara desde la cual orbita todo (el tema del doble, de la sombra o del desdoblamiento), despliega a lo largo de las 46 partes del conjunto una vitalidad, un lenguaje cercano que conmueve al lector. Tal como nos dice Pilar González España en el prólogo, esta reedición resulta necesaria porque la autora “nos ofrece un mundo duradero y coherente tanto en forma como en contenido. Más aún, creo que en esta obra se encuentran los verdaderos cimientos de su universo poético y de su problemática existencial, las cuales, como no puede ser de otro modo, van juntas siempre de la mano como dos caras de la misma moneda”.

Disfrutaremos del buen hacer de la poeta, que engarza con precisión la imagen y la metáfora al texto para trascender los hechos más cotidianos. Seremos partícipes, como si de un diario de vida se tratara, de un intenso viaje emprendido por la autora y por Olvido −su hermana simbólica− que entraron “a la vida en un mismo golpe de labios convulsivos”. Nos uniremos a ese periplo por los lugares menos amables y poéticos de la ciudad (en este caso Madrid). Acompañaremos a la protagonista-escritora y a Olvido por bares, parques, montañas, pueblos, mercados, espacios abiertos o cerrados donde las dos asumen y viven con naturalidad la extranjería, la sensación de destierro, abandono o exilio; hallando en cada acontecimiento un símbolo de algo profundo y a la vez visceral; estableciendo un rico diálogo que nutrirá nuestra conversación interna, con todos los posibles “personajes” que dentro de nosotros fluctúan y discrepan.

El yo poético y su doble se acercan y se alejan, especialmente a través de la lectura que hacen de sus vivencias. Olvido representa la apertura hacia el mundo, la aceptación de éste, el impulso de la aventura, los excesos, la pasión, la juventud y sus ansias de experimentar sensaciones nuevas. La otra encarna a la poeta, a la que se vuelca en sí misma, a la cronista que, al tomar apuntes, hace inevitablemente un ejercicio de reflexión y de distanciamiento. Y aunque los roles no siempre son estáticos en el poemario, y en muchos momentos se intercambian los papeles, hay una clara voluntad de analizar la importancia de esa dicotomía del enfoque ante la vida. Fragmentos como estos nos conmoverán:

“Mientras la mujer conversa desde tan lejos con su gente, mece a la criatura con el rítmico vaivén de sus caderas. Su balanceo sagrado y distraído hipnotiza a todos los que por allí pasamos y al propio niño que ahora se nos duerme. Movimiento de mareas en el que dejarse estar bajo la luz morena de la tarde. Mujer niño negro planeta: estatura real de la belleza”.

“Ella va a desaparecer entre lo indecible. Va a evadirse hasta de su nombre, como en nuestro primer día cuando, naturalmente, su sangre se deshizo de mi cuerpo para ser su propio acontecer”.

“Olvido se bifurca. Yo tomo los caminos y entro en el laberinto de su cuerpo gemelo. Simultánea voy por su envejecimiento y la marea continua de su asombro”.

Al terminar de leer el libro me pregunto: ¿y si nuestro doble fueran cientos de mujeres de otros siglos a las que estamos vinculadas de algún modo, con las que seguimos dialogando? ¿Y si, en nuestra época de fiero individualismo, nos sintiésemos reflejadas en esta dualidad, en esta toma de conciencia de ser otras además de una unidad indivisible?, ¿y si, en lo más alejado de nosotras, es donde nos dibujamos con más precisión?

No dejéis de entrar en este orbe de posibilidades, en su narración emocionante, aguda, honesta. No dejéis de experimentar otras formas de abordar la poesía −por ejemplo desde la narratividad y los diálogos– . No os perdáis esta original obra agotada (fue escrita en 1997) que ahora tenemos la posibilidad de leer gracias a Tigres de Papel y a Genialogías, y que además del interesante prólogo de Pilar cuenta con una entrevista realizada a la autora por la escritora Isabel Navarro en 2022. ¡Abrid el horizonte de lo poético!

lunes, 28 de noviembre de 2022

Reseña de "Sinfonía en rojo", de Elisabeth Mulder


CAUCE SOY

Sinfonía en rojo, de Elisabeth Mulder, editado de forma impecable por Tigres de papel en su colección Genialogías, es un libro honesto y de una fuerza arrebatadora.

Su poesía mezcla la tradición bíblica y religiosa con el modernismo y con una original teatralidad. Es auténtica y valiente. Late en ella un profundo deseo de volcar un mundo vivo sin desdibujar nada, trasladando toda la voluptuosa paleta de colores que posee.

Interesantísimos son sus juegos del yo, donde la autora mira con lupa cada sensación y sentimiento que experimenta. Se produce un continuo cuestionamiento de la identidad, un vivo sin vivir en mí, un extrañamiento de lo que somos. Los títulos ponen de manifiesto esta búsqueda y la exploración interna de la autora: “La máscara”, “En carne viva, “Variedad”, “Movilidad” o “La eterna inquietud” dan fe de ello.

“Que no me venga de afuera/ mi valiente colorido:/ que mi tonalidad extraña/ esté en mí/ y no en la luz que me baña”. Quizá sean estos versos, según mi parecer, la esencia del poemario. Como puede apreciarse, la voz poética desea que todo surja desde dentro, que en el territorio interior se mezcle el mundo.

Este libro juega claramente con la simbología del rojo: puede ser el color que describa un calvario, una hora del día −nocturna y estival−, “el rojo incensario de mi corazón”, la imagen de la luna roja “anémona de fuego”, un rosal “que un viento absurdo y peregrino/ sacó de cuajo de un camino”, el alma, o el destello de un rubí que “deslumbra lo mismo que una estrella”.

Elisabeth Mulder, en su poema “Obstinación”, reinterpreta el mito de Adán y Eva, dotándolo de nuevo significado (“pero el triunfo será la fruta:/ cuando madure la cogeré”); también lo revisa en “Deus me fecit”, donde afirma con arrojo: “Dios me hizo, mas Satán/ le dio a la carne fresca/ las locas convulsiones/ de la sierpe de Eva/ y me dejó por siempre deformada/ con un retorcimiento de culebra./ Mas, a pesar de todo, Dios me hizo,/ solamente por eso/ a veces me posee el hieratismo/ de las castas doncellas.” La autora se suma así a la estela de tantas autoras de la generación del cincuenta en adelante (Carmen Conde, Paca Aguirre, María Victoria Atencia…) que realizaron una lectura aguda, rebelde y crítica −a través de sus versos−, de la Biblia y la tradición clásica.

El cuerpo está muy presente en el proceso de creación, tan intensamente vivo, y dominando la narración poética, que parece que podemos tocar con nuestras manos al texto, sentir su temperatura, su pulso, sus palpitaciones. La poesía de Mulder transmite y emociona. Lo corporal adquiere además diferentes estados: es vapor, es fuego, es cauce, es vena henchida, o cambia como las estaciones del año, pero siempre regresa a la idea del Ser, a la autobservación, a ese analizar sus márgenes, sus mutaciones o, incluso, sus posibles vidas anteriores.

A medida que nos vamos familiarizando con la voz de Mulder, que vamos degustando los cambios de estructura que nos propone, a medida que nos dejamos llevar por su sinfonía intensa y arrebatadora, el poemario se define aún más y gana fuerza. Un torrente de voz nos arrastra, somos presa de su visión y agradecemos profundamente a la autora este verdadero viaje al diálogo con lo más instintivo y genuino de nuestro ser. Porque junto a ella podemos mirarnos en un espejo límpido. Y pasaremos por alto esa sutil incomodidad que le puede producir, a un lector de ahora, el uso de la rima o la adjetivación algo excesiva, ya que hay solidez y veracidad en todo el conjunto.

Cuánto debemos aprender de este espíritu suyo que interpela a la Vida, a la Poesía, al Dolor, a la Sombra. Ojalá las nuevas generaciones disfruten o hereden su pasión, su autenticidad y su deseo de búsqueda, y puedan afirmar: “Sed de infinito/ esta ansia de escapar de lo precito/ y este anhelo fatal/ de ir más allá del Bien/ y más allá del Mal...”

Recomiendo vivamente leer este libro que además cuenta con una entrevista a la autora realizada en 1947, un excelente prólogo de Pepa Merlo, un “pórtico” de María Luz Morales (escrito en 1929), un retrato y una fotografía de la autora en la época de la publicación del poemario. ¡Toda una joya!


Marina Tapia

domingo, 28 de noviembre de 2021

Palabras para DICCIONARIA




  Palabras para DICCIONARIA UNA

   

 Leer un libro tan luminoso ha sido una de las experiencias más estimulantes y enriquecedoras en esta época de mi vida, en la cual, se duda si las palabras pueden representar con exactitud nuestro trayecto como mujeres, nuestras sutiles o arrebatadoras sensaciones físicas, o aquella manera profunda y alambicada con la que percibimos la realidad. Este volumen llega como un bálsamo reparador de las grietas y fisuras que dejan los que usan ásperamente el lenguaje, repitiéndolo y repitiéndolo, o sin revisión alguna. Los que lo castigan con frecuencia, los que no aprovechan a sabor las múltiples maneras de abordarlo.

Este conjunto es un maravilloso regalo para todas y todos−, casi una hazaña, una empresa audaz en la cual se ha embarcado un valiente grupo de poetas, para entregárnoslos como un obsequio lingüístico que cosquillea y renueva nuestra psique.

    ¿Por qué no deberíamos reapropiarnos del lenguaje? ¿Por qué no podemos dar un nuevo valor a cada término ya desgastado, buscar un significado más hondo y verdadero a esas palabras que entrelazan a los seres humanos? ¿Por qué no recuperar esa tibieza de las palabras maternales o recoger su cualidad simbólica?

    Si a comienzos del siglo XX algunos movimientos como el creacionismo de Huidobro se atrevieron a explorar la vertiente lúdica del lenguaje, lo hicieron partiendo desde el yo, desde los egos, guiados por un afán tanto de inventiva como de autoafirmación. En cambio, este es un volumen colectivo que parte de una premisa totalmente distinta: “Nace de la necesidad de recoger o crear palabras para experiencias femeninas que sentíamos que había que nombrar”, según versa en la introducción de esta primera entrega de DICCIONARIA, coordinada por Ana, Diana, Eva, Juana, Luz, Mara, Maribel, Nieves y Yaiza, y también por muchas otras mujeres de la Asociación Genialogías, que colaboraron de una u otra manera.

Los cinco sentidos, la poesía, la intuición, lo visionario, lo arcaico… son algunos de los elementos que conforman el territorio de este bellísimo compendio. En él está muy presente la infancia, dándole el valor que nuestras madres le otorgaron, recogiendo el “balsamar”, el “arrorró”, el “suatinar”, así como personajes de cuentos tradicionales, que prestan su cualidad más notable para volver a transitar nuestro mundo de adultas: “pulgarcía”, “luzhada”o “escobada”.

    El perfil del humor, de la ironía y de la risa (que denuncia o revela alguna situación) está muy presente. Me enamoraré de términos como ‘Englorietá’: “Henchida por la lectura o escucha de un poema de Gloria Fuertes”; ‘Yermabuena’: “Por extensión, mujer sin criaturas que es dichosa, y por donde habla exhala olor a chicle de este aroma; o ‘Matraquera’: “Presión social que martillea a las mujeres en sus decisiones sobre la maternidad”.

    Y como las mismas compiladoras nos cuentan en el prólogo, “¡Cuántos nombres también para una amiga! Lucernaria, remedia, solera, ángela, balsarrama, asidera, madrina, comadre… ¡Qué escuela para nosotras! Es decir, qué alegría profunda de mujeres que nos reconocemos, en pie, aprendiendo juntas a vivir”.

    Disfrutad de este libro, iluminaros con su hoguera viva, sentid la dulce sombra de María Moliner paseando por sus páginas, dad vuestra mano a la poeta Enheduana que, desde los albores del lenguaje, escribe sus himnos. ¿Y qué sino a una especie de cántico aspiramos al nombrar? A ese impulso de establecer un fuerte lazo con todo lo que nos rodea, buscando la precisión, la belleza del habla, que atrapa y libera al mismo tiempo la infinitud del mundo.

Marina Tapia





domingo, 21 de noviembre de 2021

Aproximación a "Los cuerpos oscuros" de Juana Castro

 



Aproximación a "Los cuerpos oscuros" de Juana Castro

 

    Hacía tiempo que no me encontraba con un libro tan potente, tan bellamente escrito y, por qué no decirlo, tan perfecto. Aunque se sustente sobre el tema del dolor, las palabras más bien, cada palabra escogida trascienden lo contado y elevan el espíritu; podríamos decir que se nos vivifica a través de la vejez y de la muerte, que salimos renovados, deseando enfrentar las etapas de la vida con la misma entereza que la autora. Infancia, guerra, enfermedad, lazos familiares, rituales cotidianos, lo que dejamos y lo que nos espera, de todo eso nos habla quedamente Juana Castro. Nos toma de la mano, seduce nuestra escucha que se vuelve ávida de oír, con ese ritmo musical y maternal, con esa voz envolvente que captura la realidad más escondida. La autora nos invita a su casa de percepciones exquisitas. Degustamos un lenguaje con sabor a tierra y a tradiciones que, lamentablemente, hoy en día se va perdiendo. Nos dejamos arrullar por palabras como: baberolas, livor, pigargo, halda, briega o atruenan. Y deseamos que el libro no acabe nunca, que Juana siga con nosotras y nos ayude a sobrellevar, merced a su visión profunda, cada paso doloroso del existir. “Los cuerpos oscuros” es un poemario magnético como la tierra madre, es la naturaleza hecha verso. Leerlo supone una experiencia intensa, en medio de estos días en que los escritos llevan el sello de lo superficial, o tienden a atajos fáciles, a fórmulas complacientes. Son manzanas caramelizadas y no los dátiles toscos −y a la vez dulces− que la autora nos regala.

    En la primera parte del libro, el agua y el mar son usados como metáfora del devenir que no puede contener el dique de nuestra voluntad. Con gran acierto, la enfermedad de los padres mayores de la poeta se va hilvanando con un delicado hilo líquido: “con ellos oigo el mar./ Oigo el mar y visito los huecos/ de la sombra en sus labios.”, “perdidos en la barca/ de la orilla y la cama.”, “y os dejo con la lluvia y el temblor de los trenes”.

    Otro elemento que sirve de eje a lo largo de toda esta emotiva narración poética, es el acto de comer, esa ofrenda nutricia que nos otorga la madre desde el primer momento. En la lectura volvemos a recrearnos con los goces sencillos que despiertan los alimentos. Esto se aprecia en el título del poema Hubo un manjar de oro, que hace referencia a los garbanzos: “mis canicas rosadas y jugosas/ igual que sus pezones que soltaban gotitas”, en el poema Mordedura (“para tus manos grises/ de cristal y avellana”) o en Retornos, magnífico texto donde Juana hace un recorrido vivencial partiendo del inicio de la dentición (“apuntan los primeros/ incisivos de azúcar/ en la primera encía:/ la boca es una fiesta”) para concluir que “el mundo es una fiesta/ que nos deja desnudos […] latiendo todavía en la condena/ de un amor ensañado/ que en su vergüenza olvida/ también la sola fiesta de morir.”. Y así, una serie de versos donde el acto de comer se eleva de necesidad elemental a ritual trascendente: “si otra vez soy un niño,/ y en este laberinto de manzanas/ ando solo y me pierdo”, “el sol tiene un aroma de membrillos/ y el esplendor enciende/ su fogata de sed en cada hoja.”

    En esta obra se alternan las voces, la cuidadora, la madre-niña, la hija que habla desde el pasado o desde el presente, el padre… No siempre sabemos con exactitud quién nos relata, quién desgrana sus sentimientos. Juana es un pozo que atrapa los múltiples ecos y, sorprendentemente, podemos oír incluso el nuestro.

    No hay poema que no deje huella en este volumen, no hay textos de relleno ni tanteos, cada uno cava una zanja profunda en los lectores. Poesía que roza la filosofía. Poesía con peso de plomada, difícil pero suave en su degustación. Escuchemos la voz de Juana Castro, tan necesaria, dejemos que esta maestra nos alumbre.

    Bellamente editado por la editorial Tigres de Papel y perteneciente a la colección Genialogías, el libro cuenta además con un cuidado prólogo de Ana Mañeru Méndez, y con la interesantísima entrevista hecha a la autora por Yaiza Martínez.


Marina Tapia