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viernes, 21 de febrero de 2025

Homenaje a Juana Castro en Córdoba

Muy feliz por participar en el Homenaje que realiza Genialogías a la gran poeta Juana Castro. El acto, abierto al público, será en Córdoba, en la Sala Mudéjar del Rectorado de su Universidad, el sábado 22 a las 12:00. 




domingo, 22 de diciembre de 2024

Mi reseña de "En el brocal del tiempo", de Juana Castro, en Caocultura

Comparto, con ilusión, esta reseña que he escrito al bellísimo libro "En el brocal del tiempo. Poesía escogida (1978- 2023)", de Juana Castro. Espero que os parezca interesante mi apreciación. Y gracias a Caocultura por el espacio.




<<‘En el brocal del tiempo. Poesía escogida (1978-2023)’, de Juana Castro, publicado por la Editorial Cántico en su colección La hora de la estrella, es un libro fundamental y de cabecera en el panorama poético actual. El volumen cuenta con un minucioso prólogo de Concha García, poeta que conoce a Juana desde 1986, con la que ha forjado una larga relación de amistad y admiración.

Además de ser un libro impecable en su edición (solapas, páginas de cortesía con un fondo floral que nos traslada a Córdoba, excelente papel, letra de buen tamaño, luminosa fotografía de la autora en su portada), el conjunto hace un recorrido desde su primera publicación ‘Cóncava mujer’ (1978) hasta ‘Antes que el tiempo fuera’ (2018), a la vez que permite −a las que la hemos leído con asiduidad− tener al alcance fragmentos sustanciosos de títulos muy difíciles de encontrar, por tratarse de ediciones de tirada reducida. Por eso nos congratulamos de poder atesorar este valiosísimo compendio, y de ver que su obra se difunde ampliamente, como Juana merece.

Una de las características que más me sorprendió la primera vez que leí su poesía, fue la libertad con que la voz poética se observa, se cuida, se nombra y hasta se alaba. Esa alegría del existir y de habitar un cuerpo femenino, ese no dudar en dar voz a esos pequeños movimientos, actitudes, rituales y sensaciones que marcan la diferencia entre los sexos. El autonombrarse, la contemplación física y psicológica en toda su dimensión, cobran en la voz de Juana Castro un rasgo de originalidad. Es tal su capacidad −con pocas palabras y con pocos versos− de trasladarnos al instante germinal del poema, que podemos sentir como vivo lo contado, que podemos asegurar que sólo esa voz podía contarlo de tal modo.

Los mitos griegos, las leyendas universales, los cuentos tradicionales, pero también la sabiduría hecha relato de los pequeños pueblos, refulgen en su trabajo. Un ramillete de diosas y personajes bañados con ese sutil aroma del mediterráneo se pasean por sus páginas. Juana se hermana con Paca Aguirre, María Victoria Atencia, Pilar Paz Pasamar y otras escritoras del siglo XX gracias a ese volver sobre la figura de Penélope, Dánae o Calíope. Grandes autoras todas ellas que, con tanto acierto, reinterpretaron y reescribieron los arquetipos femeninos del mundo clásico. Muy simbólico es el poema «Dafne», de una fuerza y claridad maravillosa. Pareciera que el ecofeminismo sustentara al texto; la mujer proclama su unión indisoluble con la tierra posicionándose en el lado opuesto al hombre y su afán de conquista: “Es inútil que corras, inútil que me alcances, / porque tengo las plantas / vaciadas en la tierra / y el laurel / es ya un triunfo de oro en mi cabeza”.

En uno de los libros recogidos en esta antología, ‘Narcisia’, se hace más intensa que nunca la apuesta por un cambio de mirada. La poeta nos invita a celebrar esa diosa que vive en cada mujer, a reconocer la autoridad femenina: “[…] En el principio / solo Ella existía. Húmeda y dulce, blanca, / se amaba en la sombría / saliva de las algas […] ¡Gloria y loor a Ella, / a su útero vivo de pistilos, / a su orquídea feraz y a su cintura!”.

La primera vez que oí hablar de Juana Castro fue a través de mi amiga Ana Mañeru Méndez. Recién llegada a Madrid, en el Espacio Compartir Poesía de la Fundación Entredós, Ana nos animaba a leerla calificándola como la mejor poeta viva. No se equivocaba. Pasado el tiempo tuve la suerte de escucharla en persona. Esa vez nos recitó una selección de su escritura, hasta nos regaló la ‘plaquette’ ‘Cáliz y otros poemas’ a cada integrante del grupo (librillo que atesoro con gran cariño), y hace dos años, recibí el regalo de su visita a una presentación que yo hacía en Córdoba.

Leer su poesía es adentrarse en temas vitales y profundos. Es dejarse acunar por un rico mundo sensorial. Es ser conscientes del desgaste de las que realizan los cuidados en el espacio familiar. Es abrir nuestras ventanas al mundo rural. Es volver al brocal del idioma. En esta autora se condensa la fluidez y voluptuosidad del sur de España, con esa mirada adusta y sosegada de la Andalucía interior. En ella se junta la luz y la montaña. En su lenguaje palpita el colorido de la celebración y el silencio dolorido de las sombras. Atrapan nuestros sentidos sus sinestesias; esa amalgama exquisita de texturas, sonidos y perfumes: “tu voz, tan solamente, / tan desnuda en mi noche, que en las plumas/ atadas de mis alas, ya no quepa / otra flor que el oído”, “denso el deseo, rebanarse podría / como acero su pulpa de aguacate”.

Nadie como Juana describe los vaivenes del cuerpo femenino que vive durante el embarazo, la madurez y la vejez. Sutiles sensaciones que revivimos leyéndola, y agradecemos el valor y el colorido que le brinda a palabras como útero, orinar, clítoris, nalga, hígado que, bajo su tutela, adquieren matices más significativos.

También hallaremos muy presentes los pasajes bíblicos, desde una óptica personalísima, desde el yo y la intimidad; usando, muchas veces, la negación para afirmar algo: “yo no soy de esta hora. / traigo solo la espada / que divide al destino. / No me miréis, miradme: / Hoy empieza conmigo su reinado de carne”, “No temerás la muerte”, “mi sed no es de este mundo”. La poeta va creando un ambiente místico, un universo palpitante con tintes de misterio, combinados con capas de realismo y compromiso social.

En su poesía no está tan presente una mirada urbana, con grandes urbes de fondo, con ajetreo; guarda más bien, con gran viveza y maestría, los ritmos luminosos del campo, del cuerpo en espacios abiertos, la relación cercana y amistosa −y simbólica− con los animales. Todo esto se aprecia especialmente es en sus libros ‘Del color de los ríos’, ‘Arte de cetrería’ o ‘No temerás’.

Leed a Juana Castro. Leedla es leer literatura clásica, la que perdura y no muere, la realizada con maestría. Ella nos dice: “Y te salvé cantando”, al tiempo que presenta la poesía como esa salvación ante el dictamen de la muerte y del dolor existencial. Que su trabajo nos siga llevando a ese lugar de resistencia ante la voracidad de esta sociedad, tantas veces, sorda y enmudecida. Que su poesía nos salve>>.







viernes, 6 de mayo de 2022

Presentación conjunta en Córdoba

Es la primera vez que presento un libro junto a mi pareja Ángel Olgoso (Bosque y silencio y Devoraluces). Esto, unido al reencuentro con viejos amigos en esta hermosa ciudad, ha sido una experiencia inolvidable. Doy gracias al espacio de Cajasol, al público que se acercó al evento, a la admirada poeta Juana Castro por iluminar con su presencia la tarde y a Alfonso Cost por su cercanas y cálidas palabras introductorias.








domingo, 21 de noviembre de 2021

Aproximación a "Los cuerpos oscuros" de Juana Castro

 



Aproximación a "Los cuerpos oscuros" de Juana Castro

 

    Hacía tiempo que no me encontraba con un libro tan potente, tan bellamente escrito y, por qué no decirlo, tan perfecto. Aunque se sustente sobre el tema del dolor, las palabras más bien, cada palabra escogida trascienden lo contado y elevan el espíritu; podríamos decir que se nos vivifica a través de la vejez y de la muerte, que salimos renovados, deseando enfrentar las etapas de la vida con la misma entereza que la autora. Infancia, guerra, enfermedad, lazos familiares, rituales cotidianos, lo que dejamos y lo que nos espera, de todo eso nos habla quedamente Juana Castro. Nos toma de la mano, seduce nuestra escucha que se vuelve ávida de oír, con ese ritmo musical y maternal, con esa voz envolvente que captura la realidad más escondida. La autora nos invita a su casa de percepciones exquisitas. Degustamos un lenguaje con sabor a tierra y a tradiciones que, lamentablemente, hoy en día se va perdiendo. Nos dejamos arrullar por palabras como: baberolas, livor, pigargo, halda, briega o atruenan. Y deseamos que el libro no acabe nunca, que Juana siga con nosotras y nos ayude a sobrellevar, merced a su visión profunda, cada paso doloroso del existir. “Los cuerpos oscuros” es un poemario magnético como la tierra madre, es la naturaleza hecha verso. Leerlo supone una experiencia intensa, en medio de estos días en que los escritos llevan el sello de lo superficial, o tienden a atajos fáciles, a fórmulas complacientes. Son manzanas caramelizadas y no los dátiles toscos −y a la vez dulces− que la autora nos regala.

    En la primera parte del libro, el agua y el mar son usados como metáfora del devenir que no puede contener el dique de nuestra voluntad. Con gran acierto, la enfermedad de los padres mayores de la poeta se va hilvanando con un delicado hilo líquido: “con ellos oigo el mar./ Oigo el mar y visito los huecos/ de la sombra en sus labios.”, “perdidos en la barca/ de la orilla y la cama.”, “y os dejo con la lluvia y el temblor de los trenes”.

    Otro elemento que sirve de eje a lo largo de toda esta emotiva narración poética, es el acto de comer, esa ofrenda nutricia que nos otorga la madre desde el primer momento. En la lectura volvemos a recrearnos con los goces sencillos que despiertan los alimentos. Esto se aprecia en el título del poema Hubo un manjar de oro, que hace referencia a los garbanzos: “mis canicas rosadas y jugosas/ igual que sus pezones que soltaban gotitas”, en el poema Mordedura (“para tus manos grises/ de cristal y avellana”) o en Retornos, magnífico texto donde Juana hace un recorrido vivencial partiendo del inicio de la dentición (“apuntan los primeros/ incisivos de azúcar/ en la primera encía:/ la boca es una fiesta”) para concluir que “el mundo es una fiesta/ que nos deja desnudos […] latiendo todavía en la condena/ de un amor ensañado/ que en su vergüenza olvida/ también la sola fiesta de morir.”. Y así, una serie de versos donde el acto de comer se eleva de necesidad elemental a ritual trascendente: “si otra vez soy un niño,/ y en este laberinto de manzanas/ ando solo y me pierdo”, “el sol tiene un aroma de membrillos/ y el esplendor enciende/ su fogata de sed en cada hoja.”

    En esta obra se alternan las voces, la cuidadora, la madre-niña, la hija que habla desde el pasado o desde el presente, el padre… No siempre sabemos con exactitud quién nos relata, quién desgrana sus sentimientos. Juana es un pozo que atrapa los múltiples ecos y, sorprendentemente, podemos oír incluso el nuestro.

    No hay poema que no deje huella en este volumen, no hay textos de relleno ni tanteos, cada uno cava una zanja profunda en los lectores. Poesía que roza la filosofía. Poesía con peso de plomada, difícil pero suave en su degustación. Escuchemos la voz de Juana Castro, tan necesaria, dejemos que esta maestra nos alumbre.

    Bellamente editado por la editorial Tigres de Papel y perteneciente a la colección Genialogías, el libro cuenta además con un cuidado prólogo de Ana Mañeru Méndez, y con la interesantísima entrevista hecha a la autora por Yaiza Martínez.


Marina Tapia

martes, 19 de octubre de 2021

Día de las Escritoras en La Zubia

 El martes 19 de octubre, a las seis de la tarde, celebramos el Día de las Escritoras en la Biblioteca Pública Miguel Hernández de La Zubia. Una iniciativa que se lleva realizando varios años, impulsada por el Área de Cultura y el Área de Igualdad. Se leyeron múltiples textos de diversas autoras, yo escogí a la gran poeta cordobesa Juana Castro, que desde la Asociación de Mujeres escritoras "Genialogías" (a la que tengo la suerte de pertenecer) apoya, divulga y publica la obra de autoras que injustamente han quedado descatalogadas o sin el reconocimiento que merecen.
Os dejo con algunas fotos del acto y con uno de los poemas de Juana Castro que leí.




Leyendo el poema "Inanna" perteneciente al libro "Nunca estuve tan alta" de Juana Castro, Sabina editorial

Público asistente a la lectura


Alicia que ha tenido la gentileza de leer un poema mío 


Ivonne Sánchez leyendo a dos de sus maestras


Margarita Osborn leyendo un fragmento de "El infinito en un junco"


INANNA



Como la flor madura del magnolio
era alta y feliz. En el principio
sólo Ella existía. Húmeda y dulce, blanca,
se amaba en la sombría
saliva de las algas,
en los senos vallados de las trufas,
en los pubis suaves de los mirlos.
Dormía en las avenas
sobre lechos de estambres
y sus labios de abeja
entreabrían las vulvas
doradas de los lotos.
Acariciaba toda
la luz de las adelfas
y en los saurios azules
se bebía la savia
gloriosa de la luna.
Se abarcaba en los muslos
fragantes de los cedros
y pulsaba sus poros con el polen
indemne de las larvas.
¡Gloria y loor a Ella,
a su útero vivo de pistilos,
a su orquídea feraz y a su cintura!
Reverbere su gozo
en uvas y en estrellas,
en palomas y espigas,
porque es hermosa y grande,
oh la magnolia blanca. ¡Sola!