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jueves, 1 de enero de 2026

Mi reseña de "Niño y sombras" de Concha Méndez, en Masticadores

Comparto con ilusión mi mirada lectora a este fundamental poemario de Concha Méndez, "Niño y sombras". Una bellísima rendición de Tigres de papel en su colección Genialogías, que no debe faltar en nuestra biblioteca. En la revista Masticadores.

    Siempre he sentido por Concha Méndez una vinculación especial, una gran cercanía. Es como si hubiera una conexión invisible pero cierta entre nosotras. Algo de orden subjetivo y que va más allá de la admiración por la forma en la que enfrentó la vida, o por la obra literaria que construyó. Es de esas mujeres brújula, faro o norte, de esas que pertenecen a una constelación de estrellas, espejos en las que una quiere mirarse, es de esas guerreras −sin el componente bélico−, luchadoras en lides más auténticas y permanentes. Y me entristezco un poco cada vez que leo acerca de su tránsito por el mundo, de su soledad y del desarraigo del final de sus días, de cómo se desvaneció su círculo de amistades con la dura experiencia del exilio. Me conmueven  los múltiples reveses que tuvo que sortear: el ocultamiento por parte de Luis Buñuel de sus siete años de noviazgo, la oposición de su familia a su independencia, la pérdida de su primer hijo, el abandono de su marido por otra mujer, el fallecimiento de su madre de la cual no pudo despedirse…

    Y presiento que, además, lo que dejó una herida invisible pero profunda en ella y en otras mujeres amantes de la creación artística y literaria de su época, era tener que demostrar constantemente su valía, era tratar de construir un espacio de igualdad verdadero. Sus amigos poetas no siempre vieron o quisieron reconocer la calidad, la creatividad y la hondura de su trabajo. La Generación del 27, a la que ella pertenecía, tantas veces mostró su machismo. Aunque fueran compañeras que editaban (como es el caso de Concha) además de publicar, aunque comparecieran con ellos en las fotos de los periódicos, en cenas de homenaje, en diversas actividades divulgativas, actos, presentaciones, obras de teatro… estaban y no estaban, ya que las compilaciones y antologías de este perido les privaron del espacio que merecían. Pensar que ella ponía en su pasaporte como profesión: Poeta. Pero no fue incluida en la Antología realizada por Gerardo Diego ni el la primera ni en la segunda edición.

    Concha Méndez era una mujer más intrépida de lo normal. Un ser ingenioso, divertido y lleno de vida. Sabemos por sus emocionantes ‘Memorias habladas, memorias armadas’ −testimonio vital transcrito por su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre y con prólogo de María Zambrano− de sus múltiples movimientos por el mapa, de su arrojo en el trabajo, en los deportes y en el desarrollo de su escritura teatral y poética. Hay que recordar su espíritu emprendedor que le llevó a reunir un pequeño capital con el que, junto a su marido Manuel Altolaguirre, pudieron echar andar La Verónica, imprenta que puso en marcha las revistas más importantes de ese periodo, ‘Caballo verde para la poesía’ y ‘Héroe’.

    ‘Niño y sombras’, impecable reedición de la colección Genialogías (Tigres de papel, 2025), rescata este trabajo publicado por primera vez en 1936 y que es el último libro publicado por Concha Méndez antes de partir al exilio.  La nueva entrega de este poemario es una maravilla. No sólo por los intensos poemas que contiene −todos ellos girando en torno a una temática y un tono que sacude a los lectores de principio a fin– no sólo por el preciso prólogo de Isabel Miguel, o por la completísima entrevista que se incluye (realizada por Luisa Antolín a la nieta de Concha, Paloma Ulacia Altolaguirre), sino porque recupera una de las voces fundamentales de la Edad de Plata, una voz y una mirada que aún nos siguen interpelando y conmoviendo. Los versos de ‘Niño y sombras’  hablan con propiedad, sin dramatismo y con gran belleza estilística de algo a ocultar en los años treinta: el duelo neonatal. Recordemos que la validación de la mujer estaba vinculada a la fertilidad y al cuidado de una familia, a ser lo que se esperaba: un ángel del hogar. Pocas autoras se habían acercado, y menos aún en un libro completo, al dolor por la pérdida de un hijo.

    Quisiera rescatar un fragmento de la entrevista incluida en el conjunto: ‘‘Para mí, la principal lección que me enseñó mi abuela, que a mí me sirve y quizá pueda servir a todas las mujeres, es la importancia que tiene el tomarse en serio. Todavía vivimos en un mundo machista en el que no se toma en serio a las mujeres. Por eso, para mí, es tan importante este mensaje: hay que tomarse en serio a si misma, porque todo está construido para que te derrumben. Creo que hay un peso histórico que nos lleva a las mujeres a dudar de lo que creamos. Y cuando no se nos reconoce, le quitamos importancia: nos decimos que no importa. No importa, pero como mujer, como madre, tenemos otras prioridades interiorizadas, como la salud de los seres queridos…, prioridades que te protegen de ese ninguneo, de ese dejarte de lado, y te dices que no importa. Pero sí importa’’.

    El poemario, compuesto por 28 fascinantes textos, se abre con una pregunta: ‘‘¿Hacia qué cielo, niño, / pasaste por mi sombra / dejando en mis entrañas / en dolor, el recuerdo?’’ y termina con una reflexión que remata muy bien el camino de la voz poética en busca de respuestas: ‘‘porque las cosas pesan; / igual pesa un pasaje que un dolor, que una duda. / Y las horas se llenan de pesos y de sombras, / y las horas nos llevan con el peso, callando’’. Méndez comparte sus luminosos hallazgos con todas las mujeres que nos acercamos al calor de su maestría: ‘‘(La madre va siempre sola, / quien quiera que la acompañe; / el mundo es como un desierto / y el hijo en él un oasis). ‘‘De lo oscuro venimos y vamos’’, recordándonos de esta manera que ha sido un vientre materno el que nos ha refugiado en su cavidad interna, lejos de la luz y la interperie. Para ella, es el alma la que concibe al hijo, la sangre va después ‘a señalar con pulso preciso su contorno’.

    La poeta Isabel Miguel escribe en el prólogo: ‘‘¿Qué se siente cuando vuelves a casa con los brazos vacíos tras nueve meses de espera? Volver a ver la cuna en la que nadie dormirá, la ropa ilusionada sin cuerpo que vestir. Todo lo cubre el vacío, la incapacidad de comprender lo sucedido, un por qué eterno repicando constantemente en tu interior, la ausencia, el dolor y el pasmo’’. Y para eso está la poesía, para responder a aquellas preguntas que escuecen, para visibilizar las capas más sutiles de nuestro interior, para hermanarnos, para establecer un diálogo milenario con otras personas dolidas por las mismas realidades.

    Se nos prenderán como cardos al vestido de nuestra escucha, versos tan sonoros como estos: ‘‘Existe un más allá que nos separa’’, ‘‘voces me llaman de distintos cielos’’, ‘‘yo sé que el frío es blanco y el miedo es amarillo’’ o ‘‘la noche es el silencio que no quema’’.

    Nuestra poeta declara: ‘‘Yo soy la vida en lucha / de cada hora y de cada paso. / Yo soy la fuerza de mí misma, / la antena receptora del milagro’’. Y parece que todas nos levantamos para afirmar con ella lo que somos, tomando conciencia de nuestra valía.

    Y qué mejor que cerrar este sencillo acercamiento y esta invitación a la lectura del volumen, con uno de sus poemas:

Se desprendió mi sangre para formar tu cuerpo.
Se repartió mi alma para formar tu alma.
Y fueron nueve lunas y fue toda una angustia
de días sin reposo y noches desveladas.

Y fue en la hora de verte que te perdí sin verte.
¿De qué color tus ojos, tu cabello, tu sombra?
Mi corazón que es cuna que en secreto te guarda,
porque sabes que fuiste y te llevó en la vida,
te seguirá meciendo hasta el fin de mis horas.

Marina Tapia

lunes, 22 de diciembre de 2025

Presentación de "Mixtura" en Madrid

Muy contenta de haber presentado "Mixtura" en Madrid y haber participado junto a Genialogías en la presentación de "Sin regreso", de María Ángeles Maeso. Gracias a Marga Mayordomo y a Silvia Gallego Serrano por arropar mi libro, y a todas las amistades que nos acompañaron.















viernes, 21 de febrero de 2025

Homenaje a Juana Castro en Córdoba

Muy feliz por participar en el Homenaje que realiza Genialogías a la gran poeta Juana Castro. El acto, abierto al público, será en Córdoba, en la Sala Mudéjar del Rectorado de su Universidad, el sábado 22 a las 12:00. 




miércoles, 10 de julio de 2024

Reseña de "Diccionaria Una" en la revista Masticadores

Reseña de "Diccionaria Una" en la revista Masticadores.




Invitación a leer DICCIONARIA UNA

Transitar un libro tan luminoso, perderse y encontrarse entre las páginas de este delicioso diccionario, ha sido una de las experiencias más estimulantes y enriquecedoras de mi vida lectora, sobre todo en una época en la que se duda si las palabras pueden representar con exactitud nuestro trayecto como mujeres, nuestras sutiles o arrebatadoras sensaciones físicas, o aquella manera profunda y alambicada con que percibimos la realidad. Este volumen llega como un bálsamo reparador de las grietas y fisuras que dejan los que usan ásperamente el lenguaje, repitiendo con monotonía sus frases hechas, o sin revisión alguna; los que lo maltratan con frecuencia, los que no aprovechan su sabor ni las múltiples formas de abordarlo.

Este conjunto es un maravilloso regalo para todas −y todos−, casi una hazaña, una empresa audaz en la cual se ha embarcado un valiente grupo de poetas, un obsequio lingüístico que cosquillea y renueva nuestra psique.

¿Por qué no reapropiarnos del lenguaje? ¿Por qué no dar un nuevo valor a cada término ya desgastado, buscar un significado más hondo y verdadero a las palabras que entrelazan a los seres humanos? ¿Por qué no recuperar esa tibieza de los vocablos maternales o recoger su cualidad simbólica?

Si a comienzos del siglo XX algunos movimientos −como el creacionismo de Huidobro− se atrevieron a explorar la vertiente lúdica del lenguaje, lo hicieron partiendo desde el yo, desde el ego, guiados por un afán tanto de inventiva como de autoafirmación. En cambio, este es un volumen colectivo que parte de una premisa totalmente distinta: “Nace de la necesidad de recoger o crear palabras para experiencias femeninas que sentíamos que había que nombrar”, según versa en la introducción de esta primera entrega de DICCIONARIA, coordinada por Ana, Diana, Eva, Juana, Luz, Mara, Maribel, Nieves y Yaiza, y también por muchas otras mujeres de la Asociación Genialogías, que colaboraron de una u otra manera.

Algunas poetas de Genealogías. /Fotografía aportada por la autora

Los cinco sentidos, la poesía, la intuición, lo visionario, lo arcaico… son algunos de los elementos que conforman el territorio de este bellísimo compendio. En él está muy presente la infancia, dándole el valor que nuestras madres le otorgaron, recogiendo el “balsamar”, el “arrorró”, el “suatinar”, así como personajes de cuentos tradicionales, que prestan su cualidad más notable para volver a transitar nuestro mundo de adultas: “pulgarcía”, “luzhada”o “escobada”.

El perfil del humor, de la ironía y de la risa (que denuncia o revela alguna situación) está muy presente. Me he enamorado de términos como ‘Englorietá’: “Henchida por la lectura o escucha de un poema de Gloria Fuertes”; ‘Yermabuena’: “Por extensión, mujer sin criaturas que es dichosa, y por donde habla exhala olor a chicle de este aroma”; o ‘Matraquera’: “Presión social que martillea a las mujeres en sus decisiones sobre la maternidad”.

Y como las mismas compiladoras nos cuentan en el prólogo, “¡Cuántos nombres también para una amiga! Lucernaria, remedia, solera, ángela, balsarrama, asidera, madrina, comadre… ¡Qué escuela para nosotras! Es decir, qué alegría profunda de mujeres que nos reconocemos, en pie, aprendiendo juntas a vivir”.

Disfrutad de este libro, iluminaros con su hoguera viva, sentid la dulce sombra de María Moliner paseando por sus páginas, dad vuestra mano a la poeta Enheduana que, desde los albores de la escritura, compone sus himnos. Como los cánticos de esta sacerdotisa acadia, aspiremos a establecer un fuerte lazo con todo lo que nos rodea, buscando la precisión, la belleza del habla, que atrapa y libera al mismo tiempo la infinitud del mundo.

Marina Tapia

sábado, 1 de abril de 2023

Comparto la reseña de Crónicas de Olvido, de Graciela Baquero, uno de los últimos libros de la colección Genialogías de Tigres de Papel, una reedición necesaria. Muchas gracias a Jesús Cárdenas por este espacio en Culturamas. Espero que os guste. 



LO INTACTO DE TI, MI PROPIO CUERPO

Por Marina Tapia.


Crónicas de Olvido, de Graciela Baquero, reeditado con mimo por Tigres de papel en su colección Genialogías, es un libro que sorprende, que vuelve a traer un soplo de aire fresco a la poesía. Escrito en prosa poética y con una premisa clara desde la cual orbita todo (el tema del doble, de la sombra o del desdoblamiento), despliega a lo largo de las 46 partes del conjunto una vitalidad, un lenguaje cercano que conmueve al lector. Tal como nos dice Pilar González España en el prólogo, esta reedición resulta necesaria porque la autora “nos ofrece un mundo duradero y coherente tanto en forma como en contenido. Más aún, creo que en esta obra se encuentran los verdaderos cimientos de su universo poético y de su problemática existencial, las cuales, como no puede ser de otro modo, van juntas siempre de la mano como dos caras de la misma moneda”.

Disfrutaremos del buen hacer de la poeta, que engarza con precisión la imagen y la metáfora al texto para trascender los hechos más cotidianos. Seremos partícipes, como si de un diario de vida se tratara, de un intenso viaje emprendido por la autora y por Olvido −su hermana simbólica− que entraron “a la vida en un mismo golpe de labios convulsivos”. Nos uniremos a ese periplo por los lugares menos amables y poéticos de la ciudad (en este caso Madrid). Acompañaremos a la protagonista-escritora y a Olvido por bares, parques, montañas, pueblos, mercados, espacios abiertos o cerrados donde las dos asumen y viven con naturalidad la extranjería, la sensación de destierro, abandono o exilio; hallando en cada acontecimiento un símbolo de algo profundo y a la vez visceral; estableciendo un rico diálogo que nutrirá nuestra conversación interna, con todos los posibles “personajes” que dentro de nosotros fluctúan y discrepan.

El yo poético y su doble se acercan y se alejan, especialmente a través de la lectura que hacen de sus vivencias. Olvido representa la apertura hacia el mundo, la aceptación de éste, el impulso de la aventura, los excesos, la pasión, la juventud y sus ansias de experimentar sensaciones nuevas. La otra encarna a la poeta, a la que se vuelca en sí misma, a la cronista que, al tomar apuntes, hace inevitablemente un ejercicio de reflexión y de distanciamiento. Y aunque los roles no siempre son estáticos en el poemario, y en muchos momentos se intercambian los papeles, hay una clara voluntad de analizar la importancia de esa dicotomía del enfoque ante la vida. Fragmentos como estos nos conmoverán:

“Mientras la mujer conversa desde tan lejos con su gente, mece a la criatura con el rítmico vaivén de sus caderas. Su balanceo sagrado y distraído hipnotiza a todos los que por allí pasamos y al propio niño que ahora se nos duerme. Movimiento de mareas en el que dejarse estar bajo la luz morena de la tarde. Mujer niño negro planeta: estatura real de la belleza”.

“Ella va a desaparecer entre lo indecible. Va a evadirse hasta de su nombre, como en nuestro primer día cuando, naturalmente, su sangre se deshizo de mi cuerpo para ser su propio acontecer”.

“Olvido se bifurca. Yo tomo los caminos y entro en el laberinto de su cuerpo gemelo. Simultánea voy por su envejecimiento y la marea continua de su asombro”.

Al terminar de leer el libro me pregunto: ¿y si nuestro doble fueran cientos de mujeres de otros siglos a las que estamos vinculadas de algún modo, con las que seguimos dialogando? ¿Y si, en nuestra época de fiero individualismo, nos sintiésemos reflejadas en esta dualidad, en esta toma de conciencia de ser otras además de una unidad indivisible?, ¿y si, en lo más alejado de nosotras, es donde nos dibujamos con más precisión?

No dejéis de entrar en este orbe de posibilidades, en su narración emocionante, aguda, honesta. No dejéis de experimentar otras formas de abordar la poesía −por ejemplo desde la narratividad y los diálogos– . No os perdáis esta original obra agotada (fue escrita en 1997) que ahora tenemos la posibilidad de leer gracias a Tigres de Papel y a Genialogías, y que además del interesante prólogo de Pilar cuenta con una entrevista realizada a la autora por la escritora Isabel Navarro en 2022. ¡Abrid el horizonte de lo poético!

sábado, 3 de diciembre de 2022

Reseña de "Crónicas de Olvido", de Graciela Baquero

Comparto con gusto este pequeña reseña de uno de los últimos libros de la colección Genialogías, publicado por Tigres de Papel.





LO INTACTO DE TI, MI PROPIO CUERPO

Por Marina Tapia.


Crónicas de Olvido, de Graciela Baquero, reeditado con mimo por Tigres de papel en su colección Genialogías, es un libro que sorprende, que vuelve a traer un soplo de aire fresco a la poesía. Escrito en prosa poética y con una premisa clara desde la cual orbita todo (el tema del doble, de la sombra o del desdoblamiento), despliega a lo largo de las 46 partes del conjunto una vitalidad, un lenguaje cercano que conmueve al lector. Tal como nos dice Pilar González España en el prólogo, esta reedición resulta necesaria porque la autora “nos ofrece un mundo duradero y coherente tanto en forma como en contenido. Más aún, creo que en esta obra se encuentran los verdaderos cimientos de su universo poético y de su problemática existencial, las cuales, como no puede ser de otro modo, van juntas siempre de la mano como dos caras de la misma moneda”.

Disfrutaremos del buen hacer de la poeta, que engarza con precisión la imagen y la metáfora al texto para trascender los hechos más cotidianos. Seremos partícipes, como si de un diario de vida se tratara, de un intenso viaje emprendido por la autora y por Olvido −su hermana simbólica− que entraron “a la vida en un mismo golpe de labios convulsivos”. Nos uniremos a ese periplo por los lugares menos amables y poéticos de la ciudad (en este caso Madrid). Acompañaremos a la protagonista-escritora y a Olvido por bares, parques, montañas, pueblos, mercados, espacios abiertos o cerrados donde las dos asumen y viven con naturalidad la extranjería, la sensación de destierro, abandono o exilio; hallando en cada acontecimiento un símbolo de algo profundo y a la vez visceral; estableciendo un rico diálogo que nutrirá nuestra conversación interna, con todos los posibles “personajes” que dentro de nosotros fluctúan y discrepan.

El yo poético y su doble se acercan y se alejan, especialmente a través de la lectura que hacen de sus vivencias. Olvido representa la apertura hacia el mundo, la aceptación de éste, el impulso de la aventura, los excesos, la pasión, la juventud y sus ansias de experimentar sensaciones nuevas. La otra encarna a la poeta, a la que se vuelca en sí misma, a la cronista que, al tomar apuntes, hace inevitablemente un ejercicio de reflexión y de distanciamiento. Y aunque los roles no siempre son estáticos en el poemario, y en muchos momentos se intercambian los papeles, hay una clara voluntad de analizar la importancia de esa dicotomía del enfoque ante la vida. Fragmentos como estos nos conmoverán:

“Mientras la mujer conversa desde tan lejos con su gente, mece a la criatura con el rítmico vaivén de sus caderas. Su balanceo sagrado y distraído hipnotiza a todos los que por allí pasamos y al propio niño que ahora se nos duerme. Movimiento de mareas en el que dejarse estar bajo la luz morena de la tarde. Mujer niño negro planeta: estatura real de la belleza”.

“Ella va a desaparecer entre lo indecible. Va a evadirse hasta de su nombre, como en nuestro primer día cuando, naturalmente, su sangre se deshizo de mi cuerpo para ser su propio acontecer”.

“Olvido se bifurca. Yo tomo los caminos y entro en el laberinto de su cuerpo gemelo. Simultánea voy por su envejecimiento y la marea continua de su asombro”.

Al terminar de leer el libro me pregunto: ¿y si nuestro doble fueran cientos de mujeres de otros siglos a las que estamos vinculadas de algún modo, con las que seguimos dialogando? ¿Y si, en nuestra época de fiero individualismo, nos sintiésemos reflejadas en esta dualidad, en esta toma de conciencia de ser otras además de una unidad indivisible?, ¿y si, en lo más alejado de nosotras, es donde nos dibujamos con más precisión?

No dejéis de entrar en este orbe de posibilidades, en su narración emocionante, aguda, honesta. No dejéis de experimentar otras formas de abordar la poesía −por ejemplo desde la narratividad y los diálogos– . No os perdáis esta original obra agotada (fue escrita en 1997) que ahora tenemos la posibilidad de leer gracias a Tigres de Papel y a Genialogías, y que además del interesante prólogo de Pilar cuenta con una entrevista realizada a la autora por la escritora Isabel Navarro en 2022. ¡Abrid el horizonte de lo poético!

lunes, 28 de noviembre de 2022

Reseña de "Sinfonía en rojo", de Elisabeth Mulder


CAUCE SOY

Sinfonía en rojo, de Elisabeth Mulder, editado de forma impecable por Tigres de papel en su colección Genialogías, es un libro honesto y de una fuerza arrebatadora.

Su poesía mezcla la tradición bíblica y religiosa con el modernismo y con una original teatralidad. Es auténtica y valiente. Late en ella un profundo deseo de volcar un mundo vivo sin desdibujar nada, trasladando toda la voluptuosa paleta de colores que posee.

Interesantísimos son sus juegos del yo, donde la autora mira con lupa cada sensación y sentimiento que experimenta. Se produce un continuo cuestionamiento de la identidad, un vivo sin vivir en mí, un extrañamiento de lo que somos. Los títulos ponen de manifiesto esta búsqueda y la exploración interna de la autora: “La máscara”, “En carne viva, “Variedad”, “Movilidad” o “La eterna inquietud” dan fe de ello.

“Que no me venga de afuera/ mi valiente colorido:/ que mi tonalidad extraña/ esté en mí/ y no en la luz que me baña”. Quizá sean estos versos, según mi parecer, la esencia del poemario. Como puede apreciarse, la voz poética desea que todo surja desde dentro, que en el territorio interior se mezcle el mundo.

Este libro juega claramente con la simbología del rojo: puede ser el color que describa un calvario, una hora del día −nocturna y estival−, “el rojo incensario de mi corazón”, la imagen de la luna roja “anémona de fuego”, un rosal “que un viento absurdo y peregrino/ sacó de cuajo de un camino”, el alma, o el destello de un rubí que “deslumbra lo mismo que una estrella”.

Elisabeth Mulder, en su poema “Obstinación”, reinterpreta el mito de Adán y Eva, dotándolo de nuevo significado (“pero el triunfo será la fruta:/ cuando madure la cogeré”); también lo revisa en “Deus me fecit”, donde afirma con arrojo: “Dios me hizo, mas Satán/ le dio a la carne fresca/ las locas convulsiones/ de la sierpe de Eva/ y me dejó por siempre deformada/ con un retorcimiento de culebra./ Mas, a pesar de todo, Dios me hizo,/ solamente por eso/ a veces me posee el hieratismo/ de las castas doncellas.” La autora se suma así a la estela de tantas autoras de la generación del cincuenta en adelante (Carmen Conde, Paca Aguirre, María Victoria Atencia…) que realizaron una lectura aguda, rebelde y crítica −a través de sus versos−, de la Biblia y la tradición clásica.

El cuerpo está muy presente en el proceso de creación, tan intensamente vivo, y dominando la narración poética, que parece que podemos tocar con nuestras manos al texto, sentir su temperatura, su pulso, sus palpitaciones. La poesía de Mulder transmite y emociona. Lo corporal adquiere además diferentes estados: es vapor, es fuego, es cauce, es vena henchida, o cambia como las estaciones del año, pero siempre regresa a la idea del Ser, a la autobservación, a ese analizar sus márgenes, sus mutaciones o, incluso, sus posibles vidas anteriores.

A medida que nos vamos familiarizando con la voz de Mulder, que vamos degustando los cambios de estructura que nos propone, a medida que nos dejamos llevar por su sinfonía intensa y arrebatadora, el poemario se define aún más y gana fuerza. Un torrente de voz nos arrastra, somos presa de su visión y agradecemos profundamente a la autora este verdadero viaje al diálogo con lo más instintivo y genuino de nuestro ser. Porque junto a ella podemos mirarnos en un espejo límpido. Y pasaremos por alto esa sutil incomodidad que le puede producir, a un lector de ahora, el uso de la rima o la adjetivación algo excesiva, ya que hay solidez y veracidad en todo el conjunto.

Cuánto debemos aprender de este espíritu suyo que interpela a la Vida, a la Poesía, al Dolor, a la Sombra. Ojalá las nuevas generaciones disfruten o hereden su pasión, su autenticidad y su deseo de búsqueda, y puedan afirmar: “Sed de infinito/ esta ansia de escapar de lo precito/ y este anhelo fatal/ de ir más allá del Bien/ y más allá del Mal...”

Recomiendo vivamente leer este libro que además cuenta con una entrevista a la autora realizada en 1947, un excelente prólogo de Pepa Merlo, un “pórtico” de María Luz Morales (escrito en 1929), un retrato y una fotografía de la autora en la época de la publicación del poemario. ¡Toda una joya!


Marina Tapia

viernes, 27 de mayo de 2022

En la Feria del Libro de Madrid

Amigas y amigos de Madrid, ojalá podáis acompañarme alguno de los dos días que estaré en la Feria del Libro de Madrid. ¡Me encantaría veros!
Lunes 30 de mayo, de 17.30 a 19.30 hrs. Caseta 296. (Firma de libros)
Martes 31 de mayo, 18.00 hrs. Espacio Central de la Feria. (Lectura junto a Genialogías)





domingo, 28 de noviembre de 2021

Palabras para DICCIONARIA




  Palabras para DICCIONARIA UNA

   

 Leer un libro tan luminoso ha sido una de las experiencias más estimulantes y enriquecedoras en esta época de mi vida, en la cual, se duda si las palabras pueden representar con exactitud nuestro trayecto como mujeres, nuestras sutiles o arrebatadoras sensaciones físicas, o aquella manera profunda y alambicada con la que percibimos la realidad. Este volumen llega como un bálsamo reparador de las grietas y fisuras que dejan los que usan ásperamente el lenguaje, repitiéndolo y repitiéndolo, o sin revisión alguna. Los que lo castigan con frecuencia, los que no aprovechan a sabor las múltiples maneras de abordarlo.

Este conjunto es un maravilloso regalo para todas y todos−, casi una hazaña, una empresa audaz en la cual se ha embarcado un valiente grupo de poetas, para entregárnoslos como un obsequio lingüístico que cosquillea y renueva nuestra psique.

    ¿Por qué no deberíamos reapropiarnos del lenguaje? ¿Por qué no podemos dar un nuevo valor a cada término ya desgastado, buscar un significado más hondo y verdadero a esas palabras que entrelazan a los seres humanos? ¿Por qué no recuperar esa tibieza de las palabras maternales o recoger su cualidad simbólica?

    Si a comienzos del siglo XX algunos movimientos como el creacionismo de Huidobro se atrevieron a explorar la vertiente lúdica del lenguaje, lo hicieron partiendo desde el yo, desde los egos, guiados por un afán tanto de inventiva como de autoafirmación. En cambio, este es un volumen colectivo que parte de una premisa totalmente distinta: “Nace de la necesidad de recoger o crear palabras para experiencias femeninas que sentíamos que había que nombrar”, según versa en la introducción de esta primera entrega de DICCIONARIA, coordinada por Ana, Diana, Eva, Juana, Luz, Mara, Maribel, Nieves y Yaiza, y también por muchas otras mujeres de la Asociación Genialogías, que colaboraron de una u otra manera.

Los cinco sentidos, la poesía, la intuición, lo visionario, lo arcaico… son algunos de los elementos que conforman el territorio de este bellísimo compendio. En él está muy presente la infancia, dándole el valor que nuestras madres le otorgaron, recogiendo el “balsamar”, el “arrorró”, el “suatinar”, así como personajes de cuentos tradicionales, que prestan su cualidad más notable para volver a transitar nuestro mundo de adultas: “pulgarcía”, “luzhada”o “escobada”.

    El perfil del humor, de la ironía y de la risa (que denuncia o revela alguna situación) está muy presente. Me enamoraré de términos como ‘Englorietá’: “Henchida por la lectura o escucha de un poema de Gloria Fuertes”; ‘Yermabuena’: “Por extensión, mujer sin criaturas que es dichosa, y por donde habla exhala olor a chicle de este aroma; o ‘Matraquera’: “Presión social que martillea a las mujeres en sus decisiones sobre la maternidad”.

    Y como las mismas compiladoras nos cuentan en el prólogo, “¡Cuántos nombres también para una amiga! Lucernaria, remedia, solera, ángela, balsarrama, asidera, madrina, comadre… ¡Qué escuela para nosotras! Es decir, qué alegría profunda de mujeres que nos reconocemos, en pie, aprendiendo juntas a vivir”.

    Disfrutad de este libro, iluminaros con su hoguera viva, sentid la dulce sombra de María Moliner paseando por sus páginas, dad vuestra mano a la poeta Enheduana que, desde los albores del lenguaje, escribe sus himnos. ¿Y qué sino a una especie de cántico aspiramos al nombrar? A ese impulso de establecer un fuerte lazo con todo lo que nos rodea, buscando la precisión, la belleza del habla, que atrapa y libera al mismo tiempo la infinitud del mundo.

Marina Tapia





viernes, 26 de noviembre de 2021

Invitación a leer "Golpeando el silencio" de Concha Lagos

 




    No dejéis de leer “Golpeando el silencio” de Concha Lagos, un libro que ha recuperado la colección Genialogías de la editorial Tigres de Papel y que, por primera vez, se publica completo en España. Os encantará adentraros en su vida creativa y cultural, a través del prólogo tan completo escrito por María Teresa Navarrete, y seguro que disfrutaréis con la entrevista inédita realizada en 1986 por Begoña Alonso, y con las dos cartas a Concha Lagos (una escrita por Emilio Prados y otra por Concha Méndez) que esta edición nos regala.

    El libro es un festín de poemas admirables, como algunas de sus elegías (a un cesto de mimbre, a una cocina, a un jardín, a un árbol o a una clase). Ellas nos ilustran certeramente acerca de la labor que han realizado muchas de nuestras poetas y mujeres a lo largo de la historia, al vivificar esas cosas elementales, esos espacios íntimos, esos elementos usados diariamente, al prestarles voz, estableciendo con ellos comunión y comunicación, iluminándolos, para luego partirlos como pan que sacia nuestra hambre de verdad y belleza.

    El conjunto está lleno de preguntas, incluso uno de los textos se titula “Pregunto”. Rebosa de reflexiones de gran calado −aunque de apariencia sencilla− “Que nadie diga ayer/ ni vuelva la cabeza. El camino más corto/ es el de la esperanza. Por él se llega a Roma./ Y también a la vida.”

    Nuestra autora recurre en muchas ocasiones a una sutil ironía, como cuando afirma “¡somos civilizados!”, o cuando en el poema dedicado a los poetas exiliados (no necesariamente católicos) dice “sé que soñáis la plaza y el santo de la ermita”. Pero, en esa línea de homenajear a otros escritores, destaco el bellísimo texto dedicado a Miguel Hernández: “Dicen que era de barro,/ con luz en la mirada./ Sembró la flor del trigo/ y recogió cizaña […] “no le valió el amor/ ni el fuego de la entraña./ Ni siquiera los versos, su canto de esperanza”.

    Concha actualiza, da un nuevo valor a la conversación con Dios y a la tradición bíblica, apelando a ese elemento social con el que se ha hermanado, muchas veces, la espiritualidad: “Que solo hable del hambre/ el que su pan comparta. /Que solo el agua nombre/ el que la sed apague”, “a la puerta del pobre nadie puede llamar/ porque ni puerta tiene”, “Por todos mi oración en cruz elevo/ desde estos surcos, mares y salinas,/ arroyos, lomas, tierra de esta España./ Que nadie nos la cerque con alambre de espino”, “Caínes bien nutridos/ con un salvoconducto/ para toda la inmundicia”.

    Sentimos su vocación de diálogo con el lector a lo largo de todo el volumen; sus poemas no son un soliloquio, sino un ejercicio de tender puentes, una invitación a dilucidar, a restaurar −a través de las palabras− el dolor por un mundo destruido por la guerra.

    Los seis sonetos que abren el libro, marcan la pauta de los temas que luego la autora desarrollará con otras estructuras más fluidas en su forma, por ejemplo la silva libre.

    También es importante resaltar que la poeta retrata con maestría y sin pudor la situación social de la mujer en aquella época: “ Estoy en mi trajín/ del verso y de la casa./ Al fin una es mujer/ y no está bien mirado/ ahondar en las costumbres,/ ni enmendarle la plana/ a los que tanto saben”.

    Este magnífico libro es un compendio vivo de historia filtrado por la pureza y la lucidez de Concha Lagos, una escritora que supo nombrar aquello que latía en el tiempo que le tocó vivir. Su voz recorre con decisión la biografía personal que se mezcla, en un zigzag perfecto, con la existencia colectiva. Leer “Golpeando el silencio” es restaurar la memoria, es un acto de justicia con todo el florecimiento cultural que quedó disperso, con todas las exiliadas y los exiliados “errantes, a deshora, andariegos de oficio, peregrinos”.




Marina Tapia





domingo, 21 de noviembre de 2021

Aproximación a "Los cuerpos oscuros" de Juana Castro

 



Aproximación a "Los cuerpos oscuros" de Juana Castro

 

    Hacía tiempo que no me encontraba con un libro tan potente, tan bellamente escrito y, por qué no decirlo, tan perfecto. Aunque se sustente sobre el tema del dolor, las palabras más bien, cada palabra escogida trascienden lo contado y elevan el espíritu; podríamos decir que se nos vivifica a través de la vejez y de la muerte, que salimos renovados, deseando enfrentar las etapas de la vida con la misma entereza que la autora. Infancia, guerra, enfermedad, lazos familiares, rituales cotidianos, lo que dejamos y lo que nos espera, de todo eso nos habla quedamente Juana Castro. Nos toma de la mano, seduce nuestra escucha que se vuelve ávida de oír, con ese ritmo musical y maternal, con esa voz envolvente que captura la realidad más escondida. La autora nos invita a su casa de percepciones exquisitas. Degustamos un lenguaje con sabor a tierra y a tradiciones que, lamentablemente, hoy en día se va perdiendo. Nos dejamos arrullar por palabras como: baberolas, livor, pigargo, halda, briega o atruenan. Y deseamos que el libro no acabe nunca, que Juana siga con nosotras y nos ayude a sobrellevar, merced a su visión profunda, cada paso doloroso del existir. “Los cuerpos oscuros” es un poemario magnético como la tierra madre, es la naturaleza hecha verso. Leerlo supone una experiencia intensa, en medio de estos días en que los escritos llevan el sello de lo superficial, o tienden a atajos fáciles, a fórmulas complacientes. Son manzanas caramelizadas y no los dátiles toscos −y a la vez dulces− que la autora nos regala.

    En la primera parte del libro, el agua y el mar son usados como metáfora del devenir que no puede contener el dique de nuestra voluntad. Con gran acierto, la enfermedad de los padres mayores de la poeta se va hilvanando con un delicado hilo líquido: “con ellos oigo el mar./ Oigo el mar y visito los huecos/ de la sombra en sus labios.”, “perdidos en la barca/ de la orilla y la cama.”, “y os dejo con la lluvia y el temblor de los trenes”.

    Otro elemento que sirve de eje a lo largo de toda esta emotiva narración poética, es el acto de comer, esa ofrenda nutricia que nos otorga la madre desde el primer momento. En la lectura volvemos a recrearnos con los goces sencillos que despiertan los alimentos. Esto se aprecia en el título del poema Hubo un manjar de oro, que hace referencia a los garbanzos: “mis canicas rosadas y jugosas/ igual que sus pezones que soltaban gotitas”, en el poema Mordedura (“para tus manos grises/ de cristal y avellana”) o en Retornos, magnífico texto donde Juana hace un recorrido vivencial partiendo del inicio de la dentición (“apuntan los primeros/ incisivos de azúcar/ en la primera encía:/ la boca es una fiesta”) para concluir que “el mundo es una fiesta/ que nos deja desnudos […] latiendo todavía en la condena/ de un amor ensañado/ que en su vergüenza olvida/ también la sola fiesta de morir.”. Y así, una serie de versos donde el acto de comer se eleva de necesidad elemental a ritual trascendente: “si otra vez soy un niño,/ y en este laberinto de manzanas/ ando solo y me pierdo”, “el sol tiene un aroma de membrillos/ y el esplendor enciende/ su fogata de sed en cada hoja.”

    En esta obra se alternan las voces, la cuidadora, la madre-niña, la hija que habla desde el pasado o desde el presente, el padre… No siempre sabemos con exactitud quién nos relata, quién desgrana sus sentimientos. Juana es un pozo que atrapa los múltiples ecos y, sorprendentemente, podemos oír incluso el nuestro.

    No hay poema que no deje huella en este volumen, no hay textos de relleno ni tanteos, cada uno cava una zanja profunda en los lectores. Poesía que roza la filosofía. Poesía con peso de plomada, difícil pero suave en su degustación. Escuchemos la voz de Juana Castro, tan necesaria, dejemos que esta maestra nos alumbre.

    Bellamente editado por la editorial Tigres de Papel y perteneciente a la colección Genialogías, el libro cuenta además con un cuidado prólogo de Ana Mañeru Méndez, y con la interesantísima entrevista hecha a la autora por Yaiza Martínez.


Marina Tapia

domingo, 30 de mayo de 2021

Recital "Salí del fuego caminando"

El sábado 15 de mayo, junto a mis admiradas genias, tuve el honor de participar en un recital on-line de poesía organizado por la Asociación de Mujeres Poetas GENIALOGÍAS. 
 
El poema que leí fue "La guardiana" del libro "Jardín imposible" y pretende ser un canto a volver a reencontrarnos con ese lazo que teníamos con la naturaleza en nuestra infancia. ¡Espero que os guste!


LA GUARDIANA


A mi hija Camila


Nunca encontrarás sosiego en este mundo,

nunca encontrarás justicia entre los hombres,

solo el saber del bosque, de la tierra,

y aquella perfección llamada savia

te ha de salvar.

No dejes que aprisionen

tu destino

de fruto que madura junto al sol.


Las hojas de tus pies

perennes y lustrosas

se acercan sin saberlo hacia el sendero.

Cante tu ser salvaje:

liquidámbar, liquidámbar, yo te conjuro.

Soy ésta, ¿no me ves?, ¿no me conoces?,

soy polen que arrojado al firmamento

puede volverse

estrella.


Eres el Aster Acris, la Centaurea,

aquella que escapaba hasta los patios

a construir metáforas florales

para aguardar al íbice violeta.

Políglota,

no te importaba hablarle a los helechos,

inventar un lenguaje cifrado

de estambres, nomeolvides y corolas.

Rizoma, lentitud, floración espontánea…

Y no querer más voces que el silencio

que adentro de la tierra se desgaja.


Con el mentón mirando hacia las nubes,

llegue la flor,

llegue la hembra clara

a su dominio.

Espejos de los ríos

aguardan tus facciones de esperanza.


Creciste cual palmera de En-Gadi,

brotaste como rosa de Jericó,

arabis del desierto

donde cada día es verano

y cada noche es invierno.


Debes ser el hervor

profundo

del planeta,

y la depuración de sus sonidos,

el tallo que recibe la humedad.

Sinceramente ser

un punto del camino

donde diversas formas

de la vida

se extiendan y se afinen.

Y en tu fragilidad de receptora,

de tutor, de Atenea:

empaparte de tiempo,

de días,

de estaciones,

superponer las horas de la luz,

dormir y renacer

sin miedo

debajo del latir de la existencia.



domingo, 18 de octubre de 2020

El dolor no se ve, se escucha


Ha sido un privilegio participar en el recita El dolor no se ve, se escucha. El pasado 17 de octubre, Día del Dolor Crónico, y organizado por Ana Castro, varias poetas de la Asociación Genialogías, celebramos una emotiva lectura a través de la plataforma Zoom. Os dejo con el poema que leí.





RUEGO DE LA CUIDADORA


Para Ángeles, in memoriam



Sin estorbo

acojo las palabras que regalas,

mientras doy a tu espalda el alivio

que otorgan las pomadas y mi escucha.

Soy como una compuerta

que se abre

donde puede fluir libremente

tu río de quejidos y saberes.

Vivimos cada día encadenadas

a ritos del aseo,

a pautas del menú,

a largas procesiones de pastillas,

a las gotas que calman tu pupila rendida.

Me llevas sin remedio

a la última estación de los caminos,

a intuir el perfil de la muerte.

Y este salón modesto de mi risa

pierde su frescura, y me encuentro preguntas

al cerrar los armarios,

mientras tejen nostalgias

cada hebra de luz, cada objeto,

y un olor de penumbra-desidia

impregna los cajones de las horas.


Ordenar los cojines, disponer la blandura

para tu voz de fénix

que ya no tararea en las mañanas.


No pienses, no convoques, no busques el final,

acomódate aquí, que te traigo

películas antiguas,

libros, discos,

mensajes de lugares,

castillos interiores.


Mira,

el nardo del invierno ya se abrió:

plantaremos un sol en mitad de tu noche.