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jueves, 27 de junio de 2024

Poemas en la revista "En sentido figurado"

Feliz de colaborar con la revista "En sentido figurado" con una selección de poemas dedicados a algunas escritoras que admiro, incluidos en "Un kilim de palabras" (El sastre de Apollinaire), con preciosas ilustraciones de Ángel González González. Gracias a Ana Isabel Alvea Sánchez por tan amable invitación, y a todos los editores por tan excelente trabajo.






miércoles, 9 de noviembre de 2022

Reseña de "Un kilim de palabras" por Custodio Tejada

Reseña de "Un kilim de palabras" por Custodio Tejada en Todoliteratura.es.


“Realizado con papel procedente de bosques administrados de forma sostenible y 100% libre de cloro”. Escrito en clave femenina aspira a no ser una gota de agua más en el inmenso océano del activismo poético, sino que busca ser una voz propia con aroma de mujer. Un destello de revelación lo impregna todo. Marina entra, con este poemario, en el Linaje de las Matriarcas. Desde el principio nos deja claro cuáles son sus intenciones con un oxímoron abrupto: “De pronto desperté con la conciencia viva,/…/ para poder –con odio-/ hablar de amor” –susurra en la página 24. El poemario se nos presenta con una portada de colores cálidos y con aires arabescos que invitan a soñar con una alfombra mágica o con brocados. Su ilustración me recuerda, quizá por conexión intercromática, a las telas que cubren los cuerpos en los cuadros de Gustav Klimt. Un kilim es una alfombra oriental de colores vivos, escaso grosor y reducidas dimensiones que está decorada con motivos geométricos y que se teje con la técnica de tejido de hendidura. Marina Tapia, una poeta nacida en Valparaíso (Chile), pero incardinada en Granada, ondea como una bandera entre Elena Martín Vivaldi y Alejandra Pizarnik. Una poeta que escribe es también un cuerpo preñado del que nacen palabras que alumbran y tejen.

Si los libros son la lluvia, las reseñas son los charcos que deja esa lluvia en la mente lectora. Inercias de pensamiento que se convierten en bucles de opinión. Y leer una opinión lectora, lo mismo que leer un libro, es un viaje/intersección por el interior de otra persona en un instante preciso, una especie de selfi intertextual. Como diría Malraux: “Tengo siempre la impresión de que escribo para hombres (y mujeres) que me han de leer más adelante”.

Cuando un lector opina sobre un libro lo que hace es construir un discurso, plantea un viaje posible. Un lector siempre está en obras. Para Jean-Jacques Rousseau y su amigo Emilio la lectura nos hace “aprender mucho de lo que no se conoce” y nos convierte en unos presuntuosos ignorantes, incluso “el abuso de los libros acaba con la ciencia”. Hay reseñas que transforman la lectura de un libro, abren horizontes y ensanchan la mirada de un texto, y eso no es mérito tanto del crítico como del libro en cuestión. Ser un lector no redime de nada. Estoy en contra de ese supremacismo lector que nos venden como panacea de la humanidad o de las tertulias oficiales. Muchos genocidas fueron grandes lectores, Iosif Stalin por ejemplo. Ser un lector no es garantía de nada, aunque tu biblioteca tenga varios miles de ejemplares y los hayas leído todos. El ego de un lector es como la pintura de Goya: Saturno devorando a su hijo. Es cierto que la vida, leyendo, es mucho más intensa y consciente, incluso divertida. Pero hay que tener cuidado con las disonancias cognitivas que proyectan los libros y el arte en general, a veces nos inoculan una luz de gas sin que nos demos cuenta. ¿Al escribir qué es lo que realmente se pretende? Sabiendo que hay mucho en juego se podría pensar que todo escritor aspira a convertirse en materia literaria o hacerse mito, ya sea desde la ficción o la pura realidad. Los libros no son inofensivos, a veces los carga el diablo como a las armas. Son portadores de consciencia, y como tal, buscan expandir su escala de valores, bien sea por explosión o por implosión. Detrás de cada libro hay un código deontológico que no siempre está a la altura de la verdad que deseas. Un lector es siempre un iniciado, y el autor aspira siempre a ser el sumo sacerdote.

Le dice Wagner a Liszt en una carta: “A mí me atrae cada vez más de los grandes poetas lo que callan que lo que hablan. La grandeza de un poeta lo aprendo mucho más de sus silencios que de lo que dicen y por ello es Calderón para mí tan querido” –se transcribe en un artículo de Margarita Garbisu Buesa titulado El teatro de Calderón y el drama musical wagneriano. Leo un artículo de Infolibre firmado por David Gallardo donde el cantautor Paco Damas denuncia que “no hay mayor violencia de género que la ocultación de todas estas mujeres”, refiriéndose a Las Sinsombrero, a las mujeres invisibles del 27 y de la posguerra. En un artículo de Granada Hoy de Yolanda Ibáñez leemos que asegura la escritora Teresa Gómez, discípula del catedrático Juan Carlos Rodríguez (el importador de aquel espíritu de mayo del 68 francés a la Universidad de Granada y a la Poesía de la Experiencia) que está “convencida absolutamente del poder de la poesía”. Y que en La Otra Sentimentalidad “hubo un empeño por construir un lenguaje que deconstruyese el lenguaje anterior, que dotara de sentimientos nuevos a palabras viejas, a unas palabras heredadas que no nos gustaban a las nueva generaciones”. En El País Semanal de abril de 2017 un artículo de Olivia Muñoz-Rojas pregunta ¿Qué significa ser mujer y feminista en el siglo XXI? Nos muestra la imagen de Getty que viste una camiseta de Dior con una frase de la escritora Chimamanda Ngozi que se ha convertido en un símbolo y que dice: “We sould all be feminists”. Los pensamientos también se ponen de moda. “Decir amistad es decir entendimiento cabal, confianza rápida y larga memoria; es decir, fidelidad” –asegura Gabriela Mistral. Y eso es lo que hace Marina Tapia, ser fiel a un colectivo y a una poética que se encarna en su momento histórico.

Dice Josefina Martos Peregrín refiriéndose a Un Kilim de palabras de Marina Tapia que “el poemario es una maravilla que aúna reflexión, sentimiento y sabiduría literaria”, afirmación ésta que “sintetiza perfectamente la poética del libro”, según Ángel Olgoso. Luis Cerón Marín afirma en Todoliteratura que “todo está perfectamente hilvanado en este poemario, pues nada está dejado al azar”, “es un conglomerado poético nada arquetípico, sino muy singular”. Y Miguel Arnas Coronado publica en La página de los libros del diario Ideal que “un kilim es una estera o alfombrilla utilizada también, para la oración islámica. Y así está erigido el poemario, como trama o tejido de palabras, de frases, de imágenes, de versos”, “no se piense en un panfleto. No es poesía militante a secas. Es poesía…”.

Hay “ojos que juzgan y censuran”, cada día más, pero también hay ojos que se ponen en la piel del otro y hacen de la alteridad un hogar acogedor. Así son los ojos de Marina Tapia, “un poema transformado/ en cuerpo” oficiante. Abre el libro con una dedicatoria conjuro invocadora: “A mis maestras. A mis amigas poetas. A mi hija”. El poemario comienza con un poema súplica o sortilegio. Tiene cuatro partes. Preámbulo de voces con seis poemas. Fuente callada con tres poemas. Disonancias con otros tres y Tránsito al poema con quince fragmentos que podrían considerarse una poética-ensayo y una declaración de amor. Y aunque su “paz no es matemática,/ no se puede encerrar en un conjunto/ de citas y fórmulas”, sus dedicatorias y citas sí son toda una declaración de intenciones. Nombres que señalan un horizonte “como una feliz genealogía del valor”, de sus “hermanas, las Evas”. La parte “Preámbulo de voces” comienza con una cita de Safo: “… y a mis compañeras hermosos cantos cantaré yo ahora para alegrarlas…”. Las otras tres partes del poemario: Fuente callada, Disonancias y Tránsito al poema tienen citas de Olga Novo, Carmen Conde y Juana Castro respectivamente. Luego, muchos de sus poemas están dedicados a mujeres: A Concha Méndez, Ángela Figuera Aymerich, Elena Martín Vivaldi, Alejandra Pizarnik, Anna Ajmátova, Ángeles y Elena, su abuela enfermera... Otros se titulan con el nombre de autoras como Emily Dickinson, o tienen una cita de Ángeles Mora. Lo que dice mucho de sus querencias y herencias y de su itinerario lírico. ”Me hablan en secreto,/ desde citas y nanas me ruegan:/ que jamás olvidemos su lucha” –proclama en la página 20. Solo mujeres, una forma de reclamar su lugar en el canon de la poesía y en el mundo. Desde el principio nos deja claro cuáles son sus intenciones con un oxímoron abrupto: “De pronto desperté con la conciencia viva,/…/ para poder –con odio-/ hablar de amor” –susurra en la página 24. Un kilim de palabras es una urdimbre de significantes y significados que entrelazados con delicadeza forman una pieza tejido que nos envuelve con su música y su poética arterial. Sus versos dicen y callan, y con esos hilos de palabra y silencio, de mujer y justicia construye la poesía reivindicativa de este poemario.

Para Marina la inspiración es “un momento-tempestad”. La propia autora define este poemario como un “telar de versos”, pero también podríamos pensarlo como “golondrinas líquidas” o “un tejido líquido” o “un líquido de ideas” que se funde con la propia piel de Marina Tapia y Zygmunt Bauman. Marina Tapia entra, con este poemario, en el Linaje de las Matriarcas, ese grupo cada día más numeroso de mujeres contemporáneas que reivindican el papel de la mujer y su lucha feminista como poética y como temática, y que reclaman el lugar que le corresponden en el canon de la literatura en particular y de la historia en general. “La mujer lleva un ave en el bolso” –revela en la p. 34. Muchas luces y voces brillan en los versos de Marina. Hace referencia a una luz de gas/disonancia padecida de la que por fin ese hombre sale derrotado “con golpes y portazos” enfrentándose a “su máquina de fraude y saqueo” –exhala la poeta en la p 41 y 43.

Marina se siente portavoz, efigie de una lucha. “Nutro la libertad del pensamiento,/ descanso en un telar/ de voces anteriores que me guían.” –reza en la página 16, porque su poesía encierra algo de oración pagana, “con calidad sagrada”, que ansía “nombrar lo que ocurre” como fórmula exorcista. Por la garganta de la poeta cantan “un coro de mujeres golondrina” y giran “un corro de mujeres vela”. La voz musical de Marina, como una voz matrioska, contiene la voz de otras mujeres, de todas las mujeres ariadnas. Comienza con la dedicatoria inicial y continúa con un océano de expresiones que apuntan una poética: “lengua materna”, “cuerpo preñado”, “amamantas futuro”, las “Evas”. Sus poemas están llenos de palabras luz en sus distintas intensidades: candiles, brecha de luz, resplandor, ocaso, destellos, alumbra… “Y pese a todo, canto”: Un poema perfecto, o mejor aún, un poema exacto en medio de un libro excelente por la forma en que abrocha las dos premisas que vuelan en el libro: mujer y poesía. Ambas se funden en un destello maternal y creador. La poesía es femenina, igual que Inanna, la diosa sumeria del amor, de la guerra y del poder, con la que nos ofrece “una lírica divina y tan secreta”.

¿Y qué pretende Marina con la poesía? “No ahogaré la palabra/ -lo único que salva-“, “Las palabras me acercan a ti,/ red de arterias,/ único camino/ para poder verter/ copiosamente/ la sangre de mi voz” –canta en la página 42 y 56. Podríamos decir que Marina en este libro se convierte en la poeta de la “conciencia viva” y de la reivindicación feminista. Titula un poema “Soy vuestra voz”, y eso es lo que ha pretendido con este libro: Ser un vehículo portavoz, un karaoke lírico que intertextualiza con solo mencionar, que se expande contrayéndose, como un espasmo cósmico que se hace lenguaje sideral. Pretende y consigue que su yo poético se refiera también a un yo femenino, el de la mujer como colectivo, aunando así el registro de su voz con el eco de su época. ¿Qué es, por tanto, Un kilim de palabras? Es mucho más que un artefacto lírico, es “un pálpito irredento/ forjado enteramente de palabras” y de “resquicios de utopía”. El libro entero es una Matria que hace honor a su época y que os invito a que leáis, si es que mi opinión vale de algo en este mundo tan teledirigido, corporativo y mercantilista.


sábado, 15 de octubre de 2022

Reseña de "Un kilim de palabras", por Miguel Arnas

Muy agradecida a Miguel Arnas por la reseña que tan generosamente le regala a mi libro Un kilim de palabras (El Sastre de Apollinaire) publicada hoy en el diario Ideal.




UN KILIM DE PALABRAS


Por Miguel Arnas Coronado

“Este mundo, que con otras construyo”. Ese es el comienzo de uno de los poemas de este libro. Este es el golem que el creador fabrica para arrimarse al Creador. ‘Poiei’, de ahí poesía, en griego significa fabricar desde la nada: el poeta inventa desde las palabras. Pues un kilim es una estera o alfombrilla utilizada, también, para la oración islámica. Y así está erigido el poemario, como trama o tejido de palabras, de frases, de imágenes, de versos.

Cuatro partes la conforman y, excepto la última, dedicada a la poesía, personalizándola, las tres primeras son grito de atención, llamada a las mujeres, tapiz de palabras, trenzado con el que reza a su condición, en genuflexión sobre el discurso. “Lengua materna, dame tu calor”, verso del primer poema: madre que otorga y calor del lenguaje. No se piense en un panfleto. No es poesía militante a secas. Es poesía, y lo demuestra en el poema dedicado a Elena Martín Vivaldi diciendo: “Cuando tu veros nombra: caben y caben noches en una sola frase”. Y en la última parte, platicando con la poesía, dice: “Por ti me volveré semilunar”, alusión a ese misterio mitológico y místico en el que la luna se feminiza y la fémina se lunariza.

sábado, 6 de agosto de 2022

Reseña de Luis Cerón sobre "Un kilim de palabras"

Con gran alegría y llena de gratitud hacia Luis Cerón, comparto esta generosa y minuciosa reseña suya de mi libro "Un kilim de palabras", que apareció ayer en Todoliteratura.es.


POÉTICA ENTRAÑA DECLARADA
Reseña del poemario "Un kilim de palabras", de Marina Tapia
Luis Cerón Marín

Cuando se nos pregunta por la definición de manifiesto literario, pocos sabemos qué responder a tan comprometida cuestión. Todo dependerá, a priori, de lo que entendamos por dicho concepto, si bien habría, a mi juicio, que enmarcar dicha obra o dicho período literario dentro de un contexto más o menos concreto. En esta ocasión, el género que abordamos es el poético y la obra literaria que tratamos es una demostración de poesía muy intensa. Pocas veces se ha conseguido extractar tanto en tan poco espacio, tanto caudal lírico en apenas setenta páginas. Ello no es fácil porque no es tan sencillo abarcar tanta materia poética en un compendio atractivo. Ello no es peccata minuta, máxime cuando se nos expone lo más parecido a una declaración de intenciones, o bien, a un manifiesto literario. Precisamente, ese es el caso de Un kilim de palabras, de Marina Tapia (El sastre de Apollinaire: colección de Poesía, nº. 68. 2022).

Este poemario consta de cuatro partes (‘Preámbulo de voces’; ‘Fuente callada’; ‘Disonancias’; y ‘Tránsito al poema’) mas una ‘Petición’ inicial en la que la poeta ruega a su lengua materna que le sea partícipe en su intrigante devenir poético. Y es que todo está perfectamente hilvanado en este poemario, pues nada está dejado al azar. De hecho, hasta el último verso exhalado deriva de un largo camino recorrido como consecuencia de una larga búsqueda líquida, inherente y, por tanto, inevitable. Esta poesía es el resultado de una búsqueda expectante, de un rastreo continuo de estímulos incipientes, cuyo efecto inspirador seguirá transformando percepciones desde el presente más actual hasta el futuro más indómito. Esa es la manera de construir versos de Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975).

Este kilim es un conglomerado poético nada arquetípico, sino muy singular. Su división cuádruple responde a la traslación de vivencias, estados de ánimo y reivindicaciones que, independientemente de ofrecérnoslas por separado, conforman un vital ente literario de lo más compacto. Todo en este libro es uno y cada parte del mismo bien puede sustentar el resto. Así, el orden de los factores no altera el efecto final que este poemario nos ofrece, tras invitarnos su autora a acompañarla por diferentes derroteros, trazados exactamente igual que una clara partitura; está elaborado con maestría, aunque sin excesivo formalismo. Es el fondo (sustrato) lo que reina en este poemario, aunque las formas también son relevantes y concienzudas. Pero lo que realmente cala de entre sus páginas es el cariño con el que están tratadas. En ellas, la poeta agradece una y otra vez todos y cada uno de los efectos, matices y detonantes que el significado de la poesía tiene para ella; es decir, lo que tanto su entelequia como su sustancia le han proporcionado. Para ello, Marina se sirve de varias de sus poetas predilectas -si no las más esenciales- a las que dedica sendas secciones. Concha Méndez es una de ellas: “Mujer de mi pasado,.../ yo te defenderé.” De esta manera, nuestra poeta hace justicia a su homónima vate, trayendo su huella ineludible al presente: “Profundidad te llamas./Amamantas futuro.” Esa es la razón por la que Marina Tapia desvela sus “pasos”, multiplicando así sus versos. O “rezándolos”, enlazándolos para “trazar una trenza de paz” consigo misma por y para la posteridad. Y los marida con una musicalidad acompasada, tanta que nos permite deslizarnos por su cadencia armoniosa: “[...] va afinando las cuerdas/del violín del momento.”

Por otra parte, la reivindicación poética de Marina Tapia lleva consigo una pretensión de recuerdo hacia la mujer como ser humano y como ente literario. Para ello, la poesía aparece como un instrumento clave para hacer justicia a tantas voces silenciadas, a tantas raíces líricas cercenadas por el desden del tiempo y de la -voluntaria e involuntaria- desmemoria atenazante. Esa es la razón por la que nuestra poeta dedica el libro a sus maestras, a su hija y a sus vates amigas, las cuales hacen posible esa traslación entre presente, pasado y futuro, haciendo constar así su necesaria y continua abrazadera. La entrega a su recuerdo es patente; no deja lugar a dudas: “[...] y recuerdo las manos/... de su madre zurciendo/tardes casi infinitas./Feliz genealogía del valor”. Y lo es, incluso, tras vislumbrar su impacto a lo largo y ancho de este libro: [...] “caben” noches y noches de vida “en una sola frase”, extendiéndose “como el mar/un instante conciso”, y percibiéndose sus latidos al unísono. O una bella evocación antropológica y familiar de su ciudad natal en el que el trasfondo trasladado nos ofrece una gran imagen romántica de su añorado Valparaíso. En él el “hilo transparente” genuino e ineludible que nos transmiten aquellas mujeres “les brota del pecho”, constituyendo un recuerdo digno de mención como reconocimiento a su silenciosa lucha, tan pura y necesaria para la evolución de los pueblos.
Asimismo, los ecos bergsonianos que nos ofrecen el discurrir vital de Marina Tapia muestran otro ejemplo de su dinamismo vital palpitante. Una muestra de ello es ‘Río que arrastra’: “[...] aquella visceral oralidad/poema transformado/en cuerpo.” De esta manera, la poeta pretende con ello dejar constancia de un poético y artístico hacer frente a la rutinaria y “calcárea” fuerza de la costumbre que atenaza a la gran mayoría de nuestra “especie”, la cual permanece atontada frente a un falso espectro hedonista, al igual que hipnotizados mosquitos ante un luminoso farol.

En resumidas cuentas, tan solo podría añadir que este pequeño tapiz, tan colorido como tupido y con un fresco estilo lírico, hace justicia al buen hacer poético en sí, sin escatimar por ello en ingenio y en ambición, ensalzando la cualidad indispensable del ser frente a un absolutismo cuantitativo de número, harto inncecesario. Y se nos expone con un impulso nuevo, atractivo y enormemente sugerente, emanado de las profundas entrañas vitales de Marina Tapia, toda una tejedora de versos, encuentros y ámbitos sumamente embriagadores.

jueves, 30 de junio de 2022

Entrevista en Todoliteratura sobre "Un kilim de palabras"

Siempre es un gusto poder hablar de un nuevo libro tuyo, como "Un kilim de palabras" (El sastre de Apollinaire), y hacerlo en Todoliteratura.es. Siempre es un gusto poder compartir los motivos de la escritura, las búsquedas.


¿Qué ha querido plasmar en este libro?

Pienso que este libro gira en torno a dos palabras: mujer y lenguaje. He querido evidenciar que la poesía no solo nace de la inventiva de la escritora o del escritor, sino que se nutre de sus lecturas, de todo lo aprendido y asimilado en el camino. Quería recalcar que todo acto creativo está en deuda con el pasado, con lo colectivo: nos alimentamos de los esfuerzos y hallazgos de generaciones anteriores y, en especial, de un lenguaje simbólico y subterráneo que va más allá de las palabras pero está entroncado con la lengua y asimilamos sin saberlo. Este poemario también es un tributo a las poetas que me han marcado, a esas mujeres a las que admiro por ejercer trabajos duros y menospreciados por la sociedad, y además quería dotar a la poesía de cuerpo, de materia para poder dialogar con ella en un tono amoroso, admirativo y de gratitud.

En este conjunto hay poemas que emocionan mucho como “Ruego de una cuidadora” o “Anónima canción de la que limpia” ¿Qué le motivó a escribirlos?

Podríamos decir que, como en las películas, están basados en hechos reales, en experiencias que he vivido. Creo que cuando la poesía se sustenta en algo empapado de verdad, en una vivencia determinada y no sólo nace desde un pensamiento abstracto o hipotético, puede transmitir mucho más, conectar mejor con el lector porque recogerá detalles y sensaciones a las que únicamente se pueden llegar con esa bofetada de la realidad. Yo he ejercido de limpiadora y de cuidadora en varias ocasiones (entre los múltiples trabajos que he realizado desde muy joven) y he conocido a muchas mujeres que también los hacían, personas maravillosas, llenas de sabiduría, de las que aprendí mucho. Es a ellas a las que están dedicados estos poemas, a las que dignifican y elevan cualquier ocupación a través de la entrega que ponen en su tarea diaria.


En este libro veo un equilibrio entre la poesía social y otra más simbólica y experimental. ¿Cómo ha armonizado estas corrientes?

Para mí es muy importante que la poesía transmita, comunique y, a la vez, guarde ese aura de misterio, de algo que sólo se puede entender con cierta intuición. Busco que en mis textos brille la claridad y lo velado a partes iguales, que los lectores sientan que hay un fondo de tradición pero con un lenguaje más atrevido, que no duda en correr riesgos. En mi trabajo poético imagino que se aprecia este afán de armonizar opuestos, sin renunciar a imprimir un sello propio. Quizás en mi caso, hay una necesidad de que el texto esté vinculado a la pintura y a la música, es muy importante que las palabras envuelvan con su ritmo y puedan pintar o retratar un instante. Aunque insisto en que mi manera de afrontar la escritura se la debo a las múltiples maestras y maestros (conocidos en persona o gracias a los libros) que he tenido y que tengo. Como dijo Azorín, “la patria entera es el idioma, el territorio y la historia, es lo que han hecho nuestros antecesores por nosotros”. Y siguiendo su ética idiomática, los escritores debemos luchar contra las perezas y resistencias del idioma, huir de la utilización de un vocabulario mínimo o de construcciones que se reiteran, en resumen, debemos ser buscadores de todas las posibilidades expresivas.

¿Qué referentes en concreto están presentes en este “kilim”?

Algunas exponentes de la poesía desarraigada como mi admirada Ángela Figuera Aymerich, también la voz de Juana Castro que ha inspirado la última parte del libro donde dialogo con la poesía encarnada en un cuerpo de mujer. Me sitúo (como lo hizo Juana en su poemario “Narcisia”) frente a la idea de la diosa, en este caso la Lírica. Y hay, cómo no, poemas dedicados a Emily Dickinson, a Concha Méndez, a Elena Martín Vivaldi, a Alejandra Pizarnik y a Anna Ajmátova. Pero, aunque no las nombro, existen muchísimas autoras que han conformado este tejido de palabras que me da abrigo, este kilim cálido sobre el que puedo transitar; por nombrar sólo algunas: Gabriela Mistral, Francisca Aguirre, María Victoria Atencia, Wislawa Szymborska, Clara Janés, y Ana Rossetti son algunos de estos faros que me llevan a leer la vida bajo su prisma, a entender la realidad desde otros ángulos.

Cuéntenos por qué ha llamado así a su libro que, por cierto, resulta un título muy novedoso.

Siempre es bastante difícil titular tanto un poema como un conjunto, pero tengo la suerte de que mi pareja, el escritor Ángel Olgoso, es un verdadero recopilador y creador de títulos; tiene un cartapacio con largos listados de posibles soluciones a este problema tan frecuente entre los escritores: anunciar de lo que se hablará sin que este anuncio sea necesariamente una repetición o un resumen, sino una invitación que deje abierta la puerta a otras interpretaciones. Ángel, “gran proveedor de títulos”, me sugirió la imagen de un kilim, un tejido artesanal realizado por muchas manos en el que participan, de alguna manera, el conocimiento y la pericia de las generaciones anteriores. Yo deseaba hablar de la voz de la mujeres, esa palabra que entrelazamos unas con otras, de esa genealogía de la lengua materna. Así que vi perfecta la idea de un tejido como un símbolo de ello. Y estoy también muy agradecida por la imagen de la portada elegida por Agustín Sánchez Antequera, el editor de El sastre de Apollinaire, y por todo el trabajo y cuidado que ha puesto en la edición. Pienso que ha quedado un libro muy hermoso, de excelente material, suave al tacto, con una tipografía clara y páginas que da gusto tocar.

Veo que en este trabajo, que tiene un evidente carácter de homenaje, cita a autores de corrientes muy distintas.

Es verdad, siempre intento que mis lecturas sean variadas, no centrarme en una tendencia por más cómoda que esté con su manera de decir el mundo. Trato de buscar las diferentes maneras de cantar un instante que se han ido sucediendo a través de los tiempos. Siento que es más importante leer a diario que escribir diariamente. Y busco leer poemarios escritos por grandes autoras, lamentablemente desconocidas, que los temarios escolares nunca incluyeron. Hay que completar nuestra mirada. Más allá de un grupo o generación determinada, creo que hay que fijarse en escritoras que han desarrollado una voz propia, que han buscado no acomodarse en un lugar de privilegio, que han sido valientes en cuanto a fondo o forma, aquellas que nos han abierto caminos nuevos de expresión. Por eso en este poemario apreciaremoa tributos a poetas tan distintas como Alejandra Pizarnik y Elena Martín Vivaldi, diferentes pero con ese eje común que las une: el amor incondicional a las palabras y la honestidad con ellas mismas, con su búsqueda personal. Expreso mi gratitud a Pizarnik con versos como “Mirad cómo se tuerce y se desdobla/ en voces sucesivas,/ atenta y tan devota/ de aquella creación que le requiere”. Y a Vivaldi: “Un árbol de amarillo incandescente,/ un árbol me florece/ si pronuncia tu voz/ una palabra viva/ que presto ha modelado tu deseo”.

¿Cuál será el próximo libro que tiene en mente o que está por salir?

Próximamente saldrá “Islario” que publicará la editorial madrileña Amargord. Estoy ilusionada con este trabajo que hace un recorrido por diferentes enclaves geográficos. Es como una especie de diario de viaje poético, en el que trato de encontrar las esencias de cada lugar por el que he transitado. Me detengo sobre todo en España, teniendo siempre como telón de fondo al puerto de mi Valparaíso natal y al mar como ese elemento potente de una infancia imborrable. Podríamos decir que en este islario hay un océano emocional subterráneo que todo lo inunda, pero de una forma muy sutil. “Islario” es el volumen más largo que he escrito, hay poemas a lugares más exóticos y alejados como Lishue, Rapa Nui o Vancouver Island, pero también a otros cercanos y a los que he estado muy vinculada (Fuente Vaqueros, Granada, Palencia). Soy además una lectora asidua de libros relacionados con las rutas y los enclaves, como los de Cees Nooteboom, W.G. Sebald, Javier Reverte, Patrick Leigh Fermor, Annie Dillard o Cristina Morató con su “Viajeras intrépidas y aventureras”, y yo deseaba realizar en poesía una apuesta propia vinculada a este género. Ojalá sea bien recibido por los lectores, ojalá puedan acompañarme de la mano por esos paisajes y por los caminos de la vida que en él se recogen.

Reseña de "Un kilim de palabras" en la revista Loblanc

Con gran ilusión y alegría comparto esta completísima reseña que ha hecho Esther Abellán Rodes acerca de "Un kilim de palabras" (El sastre de Apollinaire) en la revista Loblanc de Alicante. ¡Mil gracias por su generosa mirada!





domingo, 5 de junio de 2022

Firmas y lectura en la Feria del Libro de Madrid

Agradezco muchísimo a todos los amigos y amigas de Madrid y de Granada que ayer se acercaron a la caseta de firmas. Ha sido una tarde que no olvidaré. Gracias también a Nieves Alvarez por organizar el entrañable recital poético "Palabras que caminan", a Esther Muntañola y a mi hermano Daniel por las fotos del acto, y a todas las compañeras de Genialogías por su entrega a la poesía, por su amistad. También a Televisión Española por hacerse eco de la escritura de las mujeres.









viernes, 27 de mayo de 2022

En la Feria del Libro de Madrid

Amigas y amigos de Madrid, ojalá podáis acompañarme alguno de los dos días que estaré en la Feria del Libro de Madrid. ¡Me encantaría veros!
Lunes 30 de mayo, de 17.30 a 19.30 hrs. Caseta 296. (Firma de libros)
Martes 31 de mayo, 18.00 hrs. Espacio Central de la Feria. (Lectura junto a Genialogías)





viernes, 6 de mayo de 2022

Presentación madrileña de "Un kilim de palabras"

Muchas gracias a todas las amigas que me acompañasteis en la entrañable presentación madrileña de Un kilim de palabras (El sastre de Apollinaire), a las libreras de Mujeres & Compañía, a Ana Montojo  por la entrada tan cálida y tan bonita que compartió en las redes en torno al acto, y en especial a Ana Mañeru por su apoyo y por el recorrido vital y creativo acerca de mi trabajo poético.