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jueves, 6 de noviembre de 2025

Reseña de "Mixtura" por Santos Domínguez Ramos

Muy feliz y agradecida al poeta, profesor y crítico Santos Domínguez Ramos por su acercamiento a "Mixtura. Antología personal" (Averso, 2025), publicadas en su blog de referencia En un bosque extranjero. ¡Gracias por sus generosas palabras!



ANTOLOGÍA POÉTICA DE MARINA TAPIA

Feliz ocupación 
moverse en las estancias del vacío, 
hallar en su sosiego 
un verso diminuto que germina.

Con esos versos termina “Andadura”, el poema con el que abría Marina Tapia su libro Bosque y silencio, que establecía una conversación con el paisaje en busca de la belleza externa desde una mirada contemplativa a la naturaleza, desde ese lugar en el que se cruzan lo interior y lo exterior, la observación y la meditación, la reflexión sobre los límites de la poesía y la palabra, sobre el tiempo y la memoria.

Ese es uno de los diez libros sobre los que Marina Tapia ha elaborado una antología personal de su itinerario poético que ha titulado Mixtura y que publica Averso. 

La abre un prólogo en el que Juan José Castro afirma que “Marina Tapia es poeta de palabra vivida y significada, poeta de la tierra y el amor, poeta, en definitiva de la vida y, por tanto, verdadera.”

Entre el inicial 50 mujeres desnudas y el reciente Piedra que mengua, Mixtura ofrece un recorrido cronológico por la evolución de Marina Tapia y por la presencia en su obra de unas constantes temáticas que la propia autora enumera en su Nota inicial: “la naturaleza, el erotismo, la metapoética, la identidad femenina, los paisajes, el amor, el silencio o la errantía.”

Temas que han ido articulando sus diez entregas poéticas entre 2013 y 2024 con la proyección personal en el misterio vegetal de la naturaleza de Jardín imposible, con la cartografía sentimental de Islario o con la celebración de lo femenino de Corteza.

Son algunas manifestaciones de una voz que en Piedra que mengua, su último libro, explora una escritura telúrica en busca de las raíces de la propia identidad, un buceo simbólico en la memoria geológica sobre la que se sustenta un proceso posterior de elevación.

Imaginación y sensibilidad se conjugan en la voz de Marina Tapia y en su mirada plástica hacia el misterio del mundo para desarrollar una concepción de la poesía como búsqueda, como explica en los tres versos finales de “Tránsito al poema”, uno de los textos recogidos en esta antología personal:

Hoy sé que tu recuerdo echa raíces.
No dejo de buscar 
aquello que yo llamo poesía.

sábado, 18 de enero de 2025

Reseña de "Piedra que mengua" por Santos Domínguez

Agradezco la reseña de "Piedra que mengua" que el poeta, profesor y crítico Santos Domínguez ha publicado en su blog En un bosque extranjero'.



18 enero 2025
MARINA TAPIA. PIEDRA QUE MENGUA

Santos Domínguez


Mirad mi corazón de estalactita.
Me llueve el mundo dentro,
una serenidad acuosa se perfila.
Soy más de la intemperie que de mí.
Tormento y aguijón
traspasan mi techumbre.
Todo reduce el agua del vivir.
Constriñe lo salmódico.

Piedra terrestre.
Piedra que mengua

De ese último verso toma su título Piedra que mengua, el último libro de Marina Tapia, reflejo de un proceso poético de desnudez espiritual, de viaje depurativo hacia dentro y hacia lo hondo que confirma que la del poeta es una labor minera de excavación en lo profundo en busca de las raíces minerales y los cimientos de la propia identidad, un buceo simbólico en la memoria geológica que se inicia con estos cuatro versos:

En el comienzo
aquella voz magmática
fundía sobre lava
su profundo nombrar.


Una “voz magmática” que desde esa incandescencia explora una escritura telúrica (“escribes desde dentro de la tierra”) para fundar en ella la “piedra matriz” con la que construir los cimientos que permitan habitar “la casa del ascenso”.

Porque en esa labor minera de excavación hacia lo hondo y de construcción del cimiento sobre el magma y la lava se sustenta un proceso posterior de elevación que desde lo purgativo llega a lo unitivo “en un trance ascético-lírico” al que se refiere Pura Fernández Segura en su prólogo.

Y, como la mística, la poesía de “roca conmovida” en la que se proyecta la emoción depurada en metáforas de Piedra que mengua es poesía radicalmente amorosa atravesada por el constante diálogo entre el yo lírico y el tú amado que se funden en el nosotros transformado del poema final:

Me has dado otro semblante
más fiero, más opaco, pero cierto.
Dormí sueños de piedra que no sueña.
Hoy vuelvo a ser basalto,
pizarra y arenisca,
hoy vuelvo a ser mapuche,
la hija de la tierra,
serena como templo bajo el sol.

Has mezclado mi voz con arcilla.
Has herido el instante.
Has hecho de la roca mi refugio.



lunes, 6 de enero de 2025

Reseña de "Piedra que mengua" por Javier Gallego

Hermoso regalo de Reyes el recibir esta bellísima reseña de "Piedra que mengua" escrita por Javier Gallego y publicada en su blog Profundamente superficial.




Reseña de ‘Piedra que mengua’. Ayuntamiento de Lodosa. 2024

Por Javier Gallego


Con prólogo de Pura Fernández Segura, "Piedra que mengua" es el ganador del XL Premio Ángel Martínez Baigorri, y se presenta como un viaje lírico de profunda introspección y espiritualidad, un texto que entrelaza la naturaleza mineral con la experiencia humana. Un libro que no solo explora la materia, sino que la trasciende, convirtiendo la piedra en símbolo de resistencia, transformación y amor. Desde el inicio, el libro establece su densidad simbólica con citas de Gabriela Mistral, Federico García Lorca y Juana Castro, que sirven de pórtico a un universo poético donde la piedra se convierte en una metáfora omnipresente: “En el comienzo / aquella voz magmática / fundía sobre lava / su profundo nombrar. /.../ De su germen nací / en angélico infierno /.../ En el comienzo tú, / sordo estruendo, / amor / de fuego”. Tapia recurre a un lenguaje que oscila entre lo telúrico y lo celestial, logrando una fusión entre lo tangible y lo abstracto. La piedra, en este contexto, es tanto el núcleo físico como el espiritual, representando la fortaleza, la fragilidad y la capacidad de cambio: “Me bautizaste Piedra, / y me envolviste entera de firmeza, / de claridades férreas y en el cobre / de mi veta extenuada pusiste / esa humedad de amor”; “Mirad mi corazón de estalactita /.../ Piedra terrestre. / Piedra que mengua”.


El poemario está compuesto por versos libres, caligramas y formas tradicionales como el soneto (“Ya ha muerto mi ilusión, y era tan pura”, por poner un brillante ejemplo), demostrando la versatilidad técnica de la autora. El uso del caligrama como recurso visual enriquece la experiencia del lector, subrayando la materialidad del texto y su conexión con lo geométrico y lo natural. La musicalidad de los versos es notable, lograda mediante un ritmo cadencioso que recuerda al fluir del magma o al desgaste de las rocas por el agua, reforzando el carácter orgánico del discurso poético: “Y en cama de cristal mi mente ardía: / brumosas procesiones de vapores, / volcanes y orogenia, / un vals de continentes / siguiendo ese compás de las edades”. Además de la simbología, digamos, telúrica, el leitmotiv reúne otras resonancias: “Si fue Kefás el nombre que me diste, / si hiciste tu bosquejo en mis entrañas, / no fue por mi virtud, por esta fuerza / de Sísifo que carga sus pesares, / fue por la libertad de tu deseo, / de aquel mercurio ardiente de tu voz”. Además del recurso a la paradoja: “Dulzura es lo que hallo en la sustancia / que tú me concediste /.../ Tu risa es material, yo la materia / desde la cual te alzas. Qué milagro / volver a ser del magma / y desposarme entera / con tu fuego”; “Un baile de pureza se desprende / de mis manos – paloma, / por eso / déjame que te acune, / ser tu nido/ el último baúl donde dispongas / tejidos de alegría”.


El tono es solemne, casi litúrgico, evocando una voz que dialoga con lo eterno. La repetición de imágenes y símbolos, como el magma, el cuarzo y el guijarro, crea una cohesión temática que invita al lector a sumergirse en un universo cíclico, donde el tiempo y la materia se entrelazan: “Ocurrió en mi vejez el prodigio, / el milagro de ser / otra cosa –y yo misma– / ¡un doblez luminoso!”; “Así, / tosca, / ahuecada, / enardecida, / fui cúspide de dicha / aquella construcción / de piedras tan menudas”. El eje central de la obra es la piedra como símbolo de transformación. Desde su mención como "piedra madre" “No nos dejes caer en la codicia, / Y líbranos de nosotros, / Piedra Madre”) hasta su representación como un "guijarro sencillo", Tapia explora la paradoja de la firmeza y la vulnerabilidad. La piedra no solo es el receptáculo de la historia geológica, sino también de la emocional: “Antes de que tu beso / cambiara mi sustancia y redimiera el núcleo del dolor, // fui de Babel. // En ese tiempo, / en que la esclavitud ponía en marcha / eternas volanderas de atenciones /.../ Antes de ser Tu Piedra, / de ser la libertad ceñida del amor, // fui del mundo”. Aquí, la autora sugiere un proceso de redención, donde la piedra, al igual que el ser humano, encuentra su propósito en el amor y la entrega.


El uso de referencias bíblicas y mitológicas, como la alusión a Kefás (Pedro, "la roca" en la tradición cristiana) y el mito de Sísifo, amplifica la dimensión simbólica del texto. La piedra es tanto un peso como una promesa, un recordatorio de la finitud humana y la posibilidad de trascendencia: “Todo es cansancio dentro de esta esfera”. Alrededor de la melancolía surgen momentos de gran pureza lírica: “Ya no repito el beso o la caricia / que estalla, que calcina, que recorre / esa materia viva de tu ser”; “Yo quisiera cantarte con la voz más serena. / Mas soy cardo que un día / se prendió en el sayal de un verso enamorado /.../ Porque esta roca madre que yo soy / no borra, / no derrite / su cera fervorosa”; “Es tan impronunciable tu dulzura, / es un caudal que el magma no contiene, / que sube hasta mis labios para ser / vocablo sin hechuras /.../ Verás que menguaré para que exista”.


Otro tema recurrente es la relación entre la materia y el espíritu. La voz poética celebra la materialidad de la piedra, pero también sugiere que esta contiene una chispa divina: “Dentro de cada ser / aquel genuino cuarzo / late, / brilla, / ¡id a buscarlo!”. Esta dualidad refleja la tensión entre lo terrenal y lo celestial, un tema que resuena en el trasfondo místico del libro: “Cautiverio de luz / te sacude” o “La piedra de tropiezo es nuestra casa”.


El lenguaje de Marina Tapia es rico en imágenes y metáforas, pero también preciso. Cada palabra parece estar cuidadosamente elegida para evocar tanto lo concreto como lo inefable. La construcción de imágenes, como “¿Y si yo me reflejo / no en el mármol suntuoso, / no en el serio alabastro, / ni en cristales o gemas? /.../ ¿Y si fuera perfecta / la caricia del canto que la mar ha pulido?//¿Y si soy para ti / un sencillo guijarro / en un nuevo comienzo?” demuestra una maestría en la creación de paisajes poéticos que son simultáneamente cósmicos e íntimos.


La inclusión de formas tradicionales, como el soneto, aporta un contrapunto clásico a la modernidad del verso libre. Esto refuerza la idea de la piedra como un elemento atemporal, que conecta el pasado con el presente y lo tangible con lo espiritual. “Eres la voz / al fondo / del silencio”. Por último, el recurso metapoético, la referencia a la escritura como tabla de salvación culmina el recorrido lírico de este poemario: “Que mi poema ruede como alud, / y luego se despeñe hacia los ríos /.../ Que mi canción minúscula transite / el ojo de una aguja, / para bordar por siempre / un manto enamorado de tu mundo”.


Los últimos poemas llevan al gozo y al amor, trascendiendo todas las connotaciones negativas que ha ido explorando a lo largo de las páginas: “Alegraos, estad contentas / porque recibiréis lo que no se ve, / pero es eterno, / y todo lo que el mundo os despojó”; “Volví para deciros cuánto amor / he visto en lo que rueda y se desprende”. Por eso, la principal característica de esta piedra que mengua es el de santuario: “Has mezclado mi voz con arcilla. / Has herido el instante. / Has hecho de la roca mi refugio”.


Piedra que mengua es una obra que merece una lectura atenta y reflexiva. Marina Tapia ha logrado crear un poemario donde cada verso es una capa geológica de significado, invitando al lector a explorar las profundidades de la experiencia humana a través del prisma de la piedra. La obra destaca no solo por su riqueza simbólica, también por su rigor formal y su capacidad para evocar lo eterno desde lo cotidiano. Es un libro que se habita, como si uno mismo fuera esa "piedra que mengua" en busca de transformación y redención.


sábado, 29 de abril de 2023

Reseña de "Islario" por Jimy Ruiz Vega

Muy agradecida y feliz por esta preciosa reseña que el crítico Jimy Ruiz Vega ha regalado a mi "Islario", publicada en su blog El Fescambre.



CARTOGRAFÍA GOZOSA


Jimy Ruiz Vega

El área geográfica que abarca Islario (Amargord, 2023) representa un mapa extenso en el que la poeta Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975) convierte en ventanas y en cantos sus mudanzas, requiebros y memoria viva a través de un conjunto de poemas en los que se proyecta el misterio y el compás interior de islas, territorios y enclaves que le han propiciado una buena dosis de añoranza, emoción, amor o extrañeza a la hora de concebir su sentido y significado. En ese deambular de estar y encontrarse, arranca con una cita de Dionisia García para sopesar y ceñir el campo impredecible de la poesía: Incansable la vida. / Tanto mundo no cabe en el poema.
El libro en sí está concebido bajo la idea de que la poesía está en todas partes. Cada ruta, como dice en el primer poema, sugiere voces perdidas que reclaman el recuerdo vivo de una estancia. Bajo este sentir, de esclarecer lo vivido, entona en el siguiente: Debo sentir la tierra como un todo, / mirar a las ciudades desde el faro / sensible del asombro. Con sencillez y honestidad, Tapia busca explicarse a sí misma en su periplo creativo para tratar de comprender e interpretar sus remembranzas y asomos que, a modo de cuaderno de viaje, lo atraviesa: puertos, islas y parajes emotivos, como las Islas Canarias, la Playa de Vera, Setenil, Baeza, Granada o el mirador de Priego.

En la medida en que el libro nos lleva de un lugar a otro, la poeta confiere al contenido del poema un enfoque memorable, buscando transmitir que el sonido del mismo se convierta en la sede del tiempo en el poema, como telón de fondo: Pero nunca me alejo: / todo pueblo comienza a vivir / completamente en mí / cuando me marcho. Cada poema es un viaje, o el final de un viaje por el que entramos en otra noción del tiempo y, también, en otra manera de vivirlo. Así lo deja ver al final de uno de sus poemas más extensos y reveladores que tiene por escenario Fuente Vaqueros: Yo vine para ser / voluble como el sol sobre la fuente, / para dar lo que pide / cada hora del cielo, / cada verso en que estoy contenida.

En Islario hay toda una travesía en la que, como bien subraya Agustín Pérez Leal en el prólogo, se convierte en un viaje de la imaginación y del espíritu en el que “la autora busca estar, encontrarse, ser, y no simplemente visitar”. Ahí lo condensa todo, o casi todo. Escribe desde su presente mirando atrás. En sus versos hay ensoñación, fulgor, espejismo y perplejidad, que le valen para otear paisajes vívidos y razones para evocar sus ecos y confluencias. Tiempo, amor, memoria, paraísos anhelados, destino, consuelo, señales, vestigios, son temas presentes en su poesía, en la palabra como hacedora de mundos para que se cumpla aquello que decía Rilke: «Para escribir un solo verso hay que haber visto muchas ciudades».

La poesía de Tapia, bien jalonada en versos endecasílabos y heptasílabos, exprime los surcos más cercanos a la evocación y a las estancias de un recorrido vital, sin gritos ni susurros, hablando siempre a media voz. Así es como se hace notar. No como trinchera, sino como iniciación al examen de un discurrir, como paseo por lo indecible. En ese sentido, Islario es un poemario que no cierra el paso a nadie, a condición de que quien se adentre en él lo haga sin prejuicios, sin ataduras, sin importarle acometer una expedición por lugares costeros y rincones de tierra adentro, dando paso a la realidad desbordante del otro, la del poeta que habla desde su irreductible individualidad y afectos, con suma naturalidad.

Diría que en este libro viajamos hacia unos espacios en los que la belleza y el suspiro existencial ponen su son y verdad, no solo a la realidad, sino a la propia tentativa poética que lo impulsa. Las entradas en estos itinerarios que van de Valparaíso a Granada, de Vancouver a Tenerife o de Zürich a Lishui se producen desde dentro y desde fuera, es decir, de lo que nace en su interior y de lo que sucede ante sus ojos.

Cada lector tiene la posibilidad de convertirse en otro fingidor, como diría Pessoa, y este hermoso libro de Marina Tapia se presta a ello. Cartografiar con gozo su lectura, sacando punta entre verso y verso, requiere dejarse llevar por lo que sopla dentro de sus palabras, tono y cadencia.

domingo, 3 de julio de 2022

Gracias a Toni Montesinos (creador del blog Alma en las palabras) por esta simpática entrevista capotiana, tan personal, donde hablo más de lo humano que de lo literario. 


ENTREVISTA CAPOTIANA A MARINA TAPIA

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Marina Tapia.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría? El Valle de Lecrín en Granada. Su paisaje de naranjos que bordean la montaña, su tranquilidad, su olor a azahar, su sencillez me transmite la calma que siempre busco.

¿Prefiere los animales a la gente? Depende de qué animal (me dan miedo los perros) y de qué personas. Del reino animal elegiría a los pájaros como compañía, y escogería a mi familia y amigos entre la gente.

¿Es usted cruel? No, no podría serlo, soy demasiado empática, y salta rápidamente un instinto compasivo que traigo de serie.

¿Tiene muchos amigos? Muchos conocidos, y algunas buenas amigas. Mi impulso es relacionarme con los demás, soy bastante social, aunque también muy independiente. Me encanta tener mi espacio, disfruto mucho la soledad creativa, y la balsámica y a la vez dinámica compañía de mi pareja. Parece una contradicción, pero gozo del equilibrio entre estas dos actitudes.

¿Qué cualidades busca en sus amigos? No busco algo determinado, pero agradezco las personas que son prudentes, que no desean destacar a toda costa ni dominarte, que respetan tu espacio y que son positivas, que tienen ilusión por vivir.

¿Suelen decepcionarle sus amigos? En general no, no tengo unas expectativas determinadas en la amistad. Y, si hay algo que me ha dolido, lo digo con tranquilidad, aunque en general lo paso por alto. Suelo olvidar rápidamente daños u ofensas: esto tiene sus pros y sus contras...

 ¿Es usted una persona sincera? Me gusta ser sincera si eso es lo que pide la otra persona. Hay quienes buscan formas de relación ligera, sin juicios de valor ni comentarios a lo que hacen. Eso también hay que respetarlo, es parte de la libertad humana. Pero si tengo que decir algo, siempre trato de buscar el momento y la forma en la que sincerarme, de no dañar al otro, de no ser dominada por la rabia o el dolor. Todos los conceptos son relativos, todos los sentimientos tienen sus matices y escalas, creo yo.

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre? Leyendo, caminando, y compartiendo con los míos. Y también intento estar sola, aunque sea un ratito al día: me encanta el silencio, así que suelo buscar lugares apartados, o me refugio en la habitación pequeña donde estudio ya que allí el ruido del mundo parece más distante.

¿Qué le da más miedo? Las dictaduras que impiden la libertad de expresión, que matan al que piensa diferente. La deriva totalitaria y populista, la inconsciencia para con el planeta. También la crueldad para con los menos favorecidos, la falta de escrúpulos de las élites económicas y políticas.

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice? La violencia, en especial contra los que no se pueden defender. Me cuesta verla incluso, aparto la cara, ni como posibilidad estética me parece una opción.

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho? Me hubiera gustado ser profesora de una escuela rural, trasladar a otros el entusiasmo por la cultura, por aprender, por reflexionar, por cuestionarse la realidad, por crear. O trabajar en un invernadero de plantas de interior.

¿Practica algún tipo de ejercicio físico? Camino a diario, callejeo mucho o voy a los pinares que tengo cerca. Y nado cuando puedo. No me importa qué época del año sea, nací en el Pacífico con mares muy fríos −hasta en verano−, así que puedo nadar perfectamente en invierno. El mar te llena de energía, experimentas en él sensaciones casi ancestrales.

¿Sabe cocinar? Sí, ¡me encanta! Sobre todo aprender platillos nuevos. Siento curiosidad por cocinas de todo el mundo. Me gusta jugar con la estética del plato, a algunos les llamo “platos poéticos”. De hecho, estoy escribiendo un acercamiento poético al mundo culinario desde distintos ángulos.

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría? Escribiría acerca de mi pareja, el escritor Ángel Olgoso. Tendría mucho que contar, rescataría lo que no se aprecia tan claramente (ya que su literatura, por lo general, es más oscura e inquietante) y él es una persona luminosa, imaginativa, alegre −hasta pícara− y con un exquisito humor británico. Yo rescataría la parte humana y única de Ángel, su entrega para conmigo.

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza? Justicia.

¿Y la más peligrosa? Dudo entre ignorancia y odio.

¿Alguna vez ha querido matar a alguien? Nunca se me ha pasado por la cabeza.

¿Cuáles son sus tendencias políticas? A pesar del descrédito de los políticos, ganado a pulso, sigo creyendo en un mundo donde exista un pacto social, donde el bien común sea una prioridad, donde no esté el poder en manos de unos pocos. Y el ecofeminismo me parece la síntesis más acertada para el momento actual.

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser? Una planta trepadora o un árbol.

¿Cuáles son sus vicios principales? Vicio, lo que se dice vicio, no tengo. Aunque me gusta tomar una copita de buen vino de vez en cuando.

¿Y sus virtudes? Soy desprendida (me encanta hacer regalos hechos por mí a otros) y  una buena oyente para los demás. Creo que tengo un espíritu tranquilo y entusiasta e intento ver el lado positivo de todo y de todos.

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza? Me imagino que abrazaría mentalmente a mi hija y a mi pareja, a mi familia. Aunque la mente es imprevisible y quizás pensaría que me faltó regar las plantas, por ejemplo, o dónde estarán los de salvamento cuando se los necesita.

T. M.


martes, 15 de septiembre de 2020

Reseña de Jardín imposible en Encuentros de lecturas

Comparto la magnífica reseña de "Jardín imposible" que el poeta y crítico Santos Domínguez ha publicado en su blog Encuentros de lecturas. Mil gracias por hacerse eco de mi trabajo.


BOTÁNICO

No es mío este vergel
pero conmueve
la punta de mis dedos
igual que si yo fuese
la que cavó la tierra
la que agitó el secreto de su entraña.

Su forma confinada por los hombres
su estampa que no arresta
los ojos sucesivos que lo cruzan
el bálsamo volcado en la aridez.

Este jardín
es mi alma
aquí se ha detenido
en esta colección de girasoles
que crecen más allá de mi dolor.

Ese es uno de los poemas de Jardín imposible, de Marina Tapia, que publica el Ayuntamiento de Baena con ilustraciones de Guillermo Rodríguez de Lema.

Imaginación, sensibilidad y conciencia estilística se conjuran en este libro para hacer brotar un jardín de palabras crecido a la luz cálida de la mirada delicada y plástica de Marina Tapia desde la semilla que germina en la "botánica fantástica" y las "figuraciones vegetales" de las que habla en el prólogo Ángel Olgoso.

El misterio de la naturaleza que recorre los poemas de este libro reclama de quien lo contempla no sólo una respuesta sensorial sino también una propuesta conceptual, una invención imaginativa en busca de sentido.

Y para dar esa respuesta desde el asombro y las iluminaciones, desde la mirada interior y la ambición expresiva, Marina Tapia proyecta su yo en un desdoblamiento vegetal que convoca en sus poemas el herbario secreto y metafórico del códice Voynich, el agua lorquiana de Aynadamar, la fuente de las lágrimas, los árboles exóticos y toda una sucesión de híbridos: de gato y helecho, de brújula y boscario, de hombre y alga, de pájaro y palmera, de glicinia y gaviota, del enigma compartido entre la Indian Pipe, la planta fantasma, y Emily Dickinson.

En esas yuxtaposiciones alegóricas, en esas metamorfosis de ida y vuelta entre lo vegetal, lo animal y lo humano está la clave metafórica de un libro en el que la fusión con la tierra o la identificación con las plantas hasta darles voz culmina esa sucesión de imágenes que no sólo son una proyección del yo lírico sino que además asumen el interior vegetal en un viaje a la semilla, en un revelador viaje iniciático que tiene mucho que ver con el itinerario adánico hacia el jardín de las Hespérides.

Esa concepción de la poesía como búsqueda, esa actitud receptiva y religiosa ante las revelaciones encuentra su mejor cauce expresivo en el tono salmódico (ya decía Kafka que la escritura era una forma de oración) que unifica muchos de estos poemas. Así ocurre ejemplarmente en este espléndido Amapola, uno de los mejores del libro:

Despertad al que duerme en las flores / al ángel del jardín / a la leona que vive en mi interior. / Sacad ese rugido del pistilo que quiere madurar. / Me alumbra la pasión de la amapola / me agita / me enceguece. / Quiero decir / fuerza / no pavor / estrépito / no mansa compostura. / Y la boca entreabierta y su acento /de ráfaga / frescura  / de turbión.

Reseña de Jardín imposible en Puentes de papel

Comparto -y agradezco de corazón- la exquisita reseña que el escritor y crítico José Luis Morante ha publicado en su blog Puentes de papel. Un texto lleno de generosidad y de belleza.


FLORACIONES


   Residente en Granada desde el 2000, Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975) ha desarrollado un activismo cultural sostenido con una doble faceta, plástica y literaria. Desde 2013 hasta el presente, ha llevado a imprenta cuatro entregas poéticas, la última de las cuales, Jardín imposible, reconocida con el Premio Luis Carrillo de Sotomayor, se edita con ilustraciones de Guillermo Rodríguez Lema y lírica introducción del narrador Ángel Olgoso. Del atinado prólogo, extraigo esta síntesis de la entrega: “Marina teje una melódica red verbal que atrapa al lector, levanta estructuras de una delicadeza prodigiosa, recoge las palabras en su intimidad de emociones e intuiciones para hacerlas fulgurar en un segundo eterno”. Nos hallamos, por tanto, frente a un ideario que vela lo narrativo para construir una realidad trascendida que unifica sustratos oníricos y el influjo fuerte de la naturaleza. El entorno y los elementos que afloran a nuestros sentidos no son meros indicios botánicos sino muestras vivas de una existencia al paso, cuajada de símbolos.

 Tras las solemnes citas iniciales – Empédocles, Emily Dickinson, Juan Ramón Jiménez y Pablo Neruda- Marina Tapia recurre a la personificación para hilvanar un vistoso soliloquio de la flor ante la belleza en vuelo del colibrí, cuajado de un erotismo hedónico que habrá de sonar con más fuerza en el poema “Aposento y tiniebla”. Pero el sustrato temático es abierto y propaga bifurcaciones dispares. Así el segundo poema elige la magia ilustrada e indescifrable del manuscrito Voynich, una obra anónima de singular rareza, posiblemente concebida en el siglo XV, contraponiendo en los versos el misterio insondable de aquella tiniebla comunicativa con las sensatez insulsa de un ahora banalizado y estéril, que anula la imaginación con su ramplonería verbal.

   En este juego de planos argumentales está también el recuerdo de Federico García Lorca, la intensa presencia de una naturaleza cuajada de formas convertidas en un semillero de preguntas. El olor renacido, que persiste en el aire, abre el cofre de nuevo de aquella sensibilidad modernista con la que Rubén Darío revolucionó el austero paisaje poético de la generación del 98. Como un soliloquio exhortativo se concibe el poema “La Guardiana”, donde se insta al vegetal a mantener intacta su prístina existencia y el cumplimiento de los ciclos estacionales, frente al aleatorio destino del hombre azotado por sus continuas circunstancias.

   La dicción cuidada y específica de Marina Tapia, que aporta una cadencia expresiva muy personal, se mantiene en el poema en prosa; el molde formal se integra sin desgarros en el avance lírico de Jardín imposible  y está presente en otros textos como “El árbol”, “Canto de la tierra a una semilla” o “Palabras de una flor ornamental”.

   Los nudos argumentales de Jardín imposible muestran la singularidad de un territorio poético en el que nunca se ocultan el esplendor expresivo y el callado rumor de la belleza. Esa esencia de estar en un mundo fértil que late inadvertido, más allá de la apariencia, para integrase en nuestras percepciones, para hablar al pensamiento poético y ser fuente de inspiración y permanencia.

domingo, 19 de julio de 2020

Jardín imposible en el blog En un bosque extranjero

Agradezco al poeta, crítico y profesor Santos Domínguez esta reseña sensible y profunda de Jardín imposible, publicada en uno de sus blogs, "En un bosque extranjero", llenos siempre de nutridas lecturas.


domingo, 15 de septiembre de 2019

Poemas sin fronteras

El poeta Francisco Beltrán, en la sección "Poemas sin fronteras" de su blog Poeta rotundo, ha tenido la gentileza de incluir mi texto Razón de la gaviota, de mi libro 50 mujeres desnudas (Amargord Ediciones):