sábado, 28 de enero de 2023

Reseña de "Islario" por Miguel Arnas

Muchísimas gracias a mi querido amigo y escritor Miguel Arnas Coronado por esta breve reseña sobre "Islario" aparecida en La Página de los Libros, del diario Ideal:






Llegó un momento en el que Robinson Crusoe fue uno con su isla. Así, Marina Tapia. Ella, no solo se identifica, se hace una con esos paisajes, lugares, territorios que describe, sino que para hacerlo se sitúa tanto dentro como fuera. Pues no todo son islas. Hay también pueblos, asuntos, ciudades motivo de sus poemas. Desde las palabras y desde el corazón, desde sus entrañas toma todos esos asuntos y los convierte en lírica, en amor.

En verso libre y enormemente rítmico se resuelven esas seis partes en las que divide el poemario precedidas de citas diversas y cultas. Con una sensibilidad envidiable, nos ofrece hermosura en pocas palabras. El prologuista nos introduce sin desvelar, solo insinuando. Poemas necesarios.
Miguel Arnas

domingo, 22 de enero de 2023

Presentación de "La luz de las trincheras" en La Zubia

Ha sido un verdadero gusto poder participar en el acto tan emotivo de ayer en el Centro Carmen Jiménez de La Zubia. Os dejo las palabras que escribí con gran cariño para Alicia Choin Malagón y su libro “La luz de las trincheras” (Esdrújula, 2022).



Qué emocionante es poder compartir un libro que nos entusiasma y nos llega. El privilegio de escribir su prólogo, el participar en su presentación y en la alegría de alumbrar algo honesto e íntimo.

Escribir sobre otros poemarios es siempre un ejercicio de gratitud, un acto de compromiso con el momento en el que vivimos. Cuando se lee un libro que nos marca o nos acompaña, también nos leemos a nosotros mismos, dialogamos con un yo escondido, vemos en el espejo de esa voz cercana nuestro propio rostro, nuestro propio pensamiento modulando ideas que necesitábamos exponer a los otros. Y agradecemos a la escritora, o al escritor, que haya calmado esa intranquilidad vital que quería revelarse, ese desasosiego profundo, esa pulsión mayéutica que busca respuestas.

Alicia Choin, en su último volumen, que presentamos hoy en el Centro Carmen Jiménez de La Zubia, encierra las reflexiones y los análisis colectivos, acopia nuestras voces dispersas, esboza en un fresco −desde varios ángulos y planos, al modo cubista− las aristas de nuestro tiempo.

Como seres humanos huérfanos de escuelas, de ideas y de generaciones que nos agrupen, necesitamos sentirnos unidos, siquiera en una voz que responda ante las barbaries que hieren el mundo. Nos urge elaborar una respuesta ante la sinrazón; por eso, las palabras y poemas de Alicia, su canto hermano y generoso (que se pone en la piel de los lastimados, de los maltratados por diversos conflictos a lo largo de la historia de la humanidad), su modulación equilibrada, sus preguntas oportunas, nos reconcilian.

Este libro es una contestación frente al dolor de un tiempo de reinventados despotismos, de indolencia social. Reunámonos junto al calor de esta obra clara, cercana y humilde, emergiendo de esa luz esperanzadora que puede elevarse en las trincheras. Qué alegría sencilla la de celebrar con este poemario, en el calor de su comunidad, del pueblo de sus padres, de su pueblo, qué gozo el declarar −de forma colectiva − nuestro profundo deseo de paz y concordia.

Y podemos ver en este conjunto, en su esqueleto, la poesía social, desarraigada y contestataria de Ángela Figuera Aymerich, de Gabriel Celaya, de Blas de Otero, de José Hierro o de Paca Aguirre y de tantas otras y otros, una poesía que se compromete con los hechos que están aconteciendo, insuflándoles vuelo, análisis y hondura. Los textos que se escriben en una época suelen ser el termómetro de la temperatura de nuestros valores, suelen reflejar los ideales de la sociedad, sus búsquedas y anhelos.

Congreguémonos junto al fuego de esta luz literaria, de este libro que se rebela ante el sinsentido de la guerra de pueblos hermanos y, junto a Alicia Choin, la autora de este clamor colectivo, que valientemente entronca con una tradición de mujeres que se alzan por la paz y la justicia, aproximémonos a la hoguera de la razón, de la delicadeza, de la sensibilidad y, por qué no decirlo, de lo más honroso de nuestra especie.

Marina Tapia




domingo, 15 de enero de 2023

El Diario Sexitano de Almuñécar se hace eco de la exposición "Pinceladas de interior", de Pamela Pérez Bernal. Cuelgo aquí el texto que leí en la inauguración.




PINCELADAS DE UNA VIDA


    Abrir el bolso de mi madre, y encontrar un pequeño martillo y tachuelas para tensar los lienzos, o salirme al encuentro barras de carboncillo envueltas en papel de estraza. Entrar en casa y recibirte el penetrante olor de la cola de conejo, a trementina, a pigmentos mezclados con diversos diluyentes que, sobre la paleta o en frasquitos, despedían intensos compases. Y ver en la cocina los delantales colgando de su percha, manchados por igual de aceites de comidas y de óleos. Estudiar en la sala del planchado que se había convertido en sala de pintura, con sus caballetes, sus bastidores, sus mesitas abarrotadas de bocetos y de vísceras de tubos de pintura abiertos como peces. Acompañar a mi madre a la escuela de Bellas Artes de Valparaíso y pasear sin asombro ante cuerpos desnudos que posaban, y transitar mi escucha por acaloradas conversaciones sobre el papel del arte. Ir a buscar al kiosko de la esquina los libros que teníamos encargados de pintores, pasar las tardes con ellos, navegando bajo las brumas de Turner, en los estanques de Monet, o en los espejos de Sorolla. Ser copiloto de las expediciones a pie por diversos enclaves naturales de Arica en busca de bocetos para cuadros. Visitar los estrambóticos estudios de los pintores amigos de mi madre, pasear entre rarísimas esculturas, instalaciones y cuadros matéricos con total naturalidad. Estas estampas de mi infancia y juventud me acompañan todavía, nutren mi memoria, me dieron y me dan ese marco de familiaridad con la libertad y el arte. Y vienen de la mano de la mano de esta artista que expone aquí hoy una muestra de su largo recorrido por la plástica, esta creadora que me ha dado, además de la vida, su legado de pasión por desarrollar todo el potencial que una lleva dentro.

    Os invito a mirar con detenimiento cada uno de sus trabajos, a prestar atención a su mundo tan único y rico, tan lleno de ese color vibrante que aúna el de nuestro Valparaíso natal con el de esta costa tropical, de esta luminosa Almuñécar que tan bien la ha acogido. Tierra en la que residen tantos pintores que, como ella, se bañan en las aguas de ritmos pausados y en ese manto de cálida luz, elementos tan beneficiosos para desarrollar un proyecto creativo.

    En esta muestra encontrareis autenticidad, valor y compromiso en la realización de un arte que no intenta complacer o amoldarse a una corriente particular ni a los gustos estéticos de esta época. Veréis una interpretación única de la naturaleza y del retrato, disfrutareis con la vibración de su pincelada. Es cierto que toda una vida no se puede resumir en un conjunto de cuadros, pero sí puede reflejar −de alguna manera− la intensa búsqueda de, como se diría en poesía, “una voz propia”. He sido testigo de diferentes etapas, del uso de distintos materiales, de gran parte de su carrera y, por ello, puedo asegurar que no se alumbra un universo propio de un día para otro, en pocos años, que sólo es posible el milagro del “estilo” tras muchos desvelos, tras muchos tanteos, tras muchos apuntes del natural, bocetos, reelaboraciones de cuadros antiguos y, en resumen, un enorme trabajo.

    Creo que lo más característico de su obra es el color que utiliza, esos tonos intensos, esas atrevidas mezclas, esas vibrantes degradaciones. En él está encerrado parte de su espíritu: su vitalidad y la intensidad de las emociones.

    Espero que estas sencillas palabras, además de retratar el respeto y el cariño por ella y su arte, os animen a contemplar cada pintura de esta exposición con los ojos del asombro, con esos ojos llenos de niñez deslumbrada con la que ella sigue viendo el mundo.


Marina Tapia


Entrevista en Lumbre, por Cristina Zarca

 

ENTREVISTA DE CRISTINA ZARCA

Una pregunta obligada. ¿Desde cuándo escribes poesía y qué es poesía para ti?
Escribo poesía desde muy pronto, desde los ocho años. Recuerdo exactamente los primeros poemas que apunté en un cuaderno de tapas anaranjadas, uno estaba dedicado al mar, otro a la poeta Gabriela Mistral. Tuve la suerte de crecer rodeada de libros. En mi entorno y en mi familia, el gusto por la poesía y el arte siempre estuvo presente; también por la lectura y por la memorización de textos. Todo esto me influyó y desde muy pronto comencé a volcar lo que sentía y observaba. 
Versar sobre mis impresiones era algo natural, espontáneo; tanto mi padre como mi madre lo hacían, así que siempre fue parte de ese lenguaje común y familiar. Es difícil definir todo lo que ha significado la poesía en mi vida, puedo resumirlo en que ha sido una especie de compañera, de confidente que ha enriquecido mi trayecto existencial. Y he compuesto bastante metapoesía a lo largo de los diez libros publicados: en ellos están mis múltiples intentos de comunicar esta pasión. Por ejemplo, en “Un kilim de palabras” hay un apartado entero (“Tránsito al poema”) donde dialogo con la poesía materializada como mujer.

Eres una mujer de varias facetas artísticas. ¿En cuál de ellas te sientes más cómoda?
En general, me siento con más seguridad y soltura escribiendo. La poesía es la forma de comunicación más natural para mí, aunque también disfruto de las demás, cada una requiere su momento, su etapa. Necesito tener un anhelo creativo en mente, trabajar en torno a una idea concreta; por ello, voy embarcándome en diferentes proyectos, a veces son pictóricos, otros son de escritura o tienen que ver con los títeres. Me reconforta estar ocupada, me da “vidilla” y me llena de ilusión.

Parte de tu poesía es reivindicativa, sobre todo contra las dictaduras, sin duda eres una mujer que vive su tiempo. ¿Sueles escribir poesía social o política por norma?
Creo que he tocado diferentes temas en cada uno de mis libros y, por supuesto, también he tocado en ocasiones la poesía social, como tú dices. Pero siento que ya el solo hecho de escribir, de hacer arte, de pensar otras posibilidades, de repensar el mundo es un acto de reivindicación en sí mismo. Hay muchas maneras de contestar a los sistemas creados, lo importante es no permanecer adormecidos. 
Ya el arte se nos ofrece como una eficaz respuesta ante cualquier forma de opresión. En cualquier caso, pienso que la poesía social es muy difícil de fijar sobre el papel y alcanzar con ella la excelencia poética. A mi parecer, sólo contados autores lo han logrado (Miguel Hernández, Ángela Figuera Aymerich, León Felipe o Adrienne Rich).

He notado que dentro de tu poesía entra cierto misticismo. ¿Me equivoco si digo que eres una persona de profundas convicciones religiosas?
La verdad es que no soy religiosa. Quizá te haya dado esa impresión el que, en uno de mi últimos libros, “Bosque y silencio”, he tratado de transmitir cierto misticismo, que está presente ahí más como sintoísmo (ese culto y comunión con la naturaleza, a la que siento como una especie de diosa, de algo más grande que nosotros). Toda mi religión consiste en serenarme mirando el paisaje, en acallar mis voces interiores, en reponerme y pedir fuerzas para superar los problemas en esa especie de templo laico que son los bosques, llenos además de inadvertidos tesoros colectivos.

Hay una cita en tu poemario “Corteza” que dice así: Para vivir en tierra/ no me vale tu cielo. ¿A qué clase de cielo te refieres en concreto?
Me refiero al cielo dictatorial que todos hemos estudiado en el antiguo testamento, el de nuestra educación religiosa obligatoria y que representa, junto al infierno, premio o castigo de un supuesto dios que juzga de una manera infantil y simplificadora.

Escribes sobre la muerte y el amor, todo en uno, ¿Te preocupa la muerte? ¿Es un tema al igual que el amor que te atrae como fuente de inspiración?
En general escribo muy poco acerca de la muerte. Creo que es en “Corteza” −el libro más duro de los que he escrito− en el que está un poco más presente. Por lo general, mi poesía está más ligada a la celebración de la vida, al canto del paisaje que nos circunda, al erotismo, al lenguaje y a la reivindicación social, a la belleza de lo sencillo. Pero creo que el tándem muerte y amor es muy sugestivo y a la vez exacto, ya que somos parte de un ciclo de nacimiento y extinción, órbitas conectadas con los demás seres humanos y con el entorno; así que lo más natural es que el amor también refleje estas fluctuaciones, que no sea eterno, que se transforme.

¿Te llama la atención otras teologías aparte de la cristiana?
Como te comentaba antes, me atrae el sintoísmo, el panteísmo, así como algunos preceptos budistas; pero no tengo “madera religiosa”: mi espíritu es demasiado libre, no valgo para cumplir mandamientos, me gusta discrepar, reconocerme en la mente que se sigue haciendo preguntas y no se “casa” con nada.

En otro de tus poemarios, “Bosque y silencio”, escribes una breve poesía de título “Duda” donde dices: “¿Quién me verá con esos ojos limpios del amor?” ¿Te preocupa lo que puedan decir de ti una vez muerta?
Ese poema quiere esconder un misterio que creo bastante interesante, el ser vista con la exactitud adecuada por los otros. La verdad es que no me preocupa lo que pase después de que no esté, no podré enterarme de todos modos. Bromas aparte, la preocupación que planteo es acerca de que si lo que proyectamos de nosotros es fidedigno. En todo caso, en este texto manifiesto el deseo de ser observada con cierto beneplácito, como con los ojos compasivos que da el estado de enamoramiento. Quizás porque yo siempre miro así a los demás… y deseo lo mismo para conmigo.

En uno de tus versos dejas caer la impresión, por otra parte certera, de que estamos mutilando la naturaleza. ¿Te preocupa este tema? ¿Sueles abordarlo con frecuencia?
Es uno de los temas que más me preocupan, Cristina, y está muy presente en mi trabajo poético. He tratado la naturaleza en una especie de trilogía que conformarían los poemarios “Marjales de interior”, “Jardín imposible” y “Bosque y silencio”. Y lógicamente he abordado el saqueo humano al planeta en textos como “Contra el hombre” o “Feroz necesidad”. Tiene que ser posible una armonía entre el desarrollo económico y el cuidado de nuestro entorno natural, de hecho hay países donde la preservación del medio ambiente es de vital importancia. Ojalá poco a poco en España se hagan políticas reales, no solo proyectos o declaraciones de buenas intenciones. Cioran decía “el hombre mancilla todo lo que ha creado. Por fortuna quedan algunos árboles, sobre los cuales no puede nada todavía”. En general, el problema de la humanidad es la codicia y la falta de valores, y esto afecta, lamentablemente, a la naturaleza, a nuestro único y verdadero hogar.

En tu poemario “Corteza” nos hablas de paz y de certezas. Según tu opinión ¿cuál es realmente esa certeza que nos asola y cuál la que nos da la paz?
La certeza más grande, según mi parecer, es que somos individuos sociales, imbricados en una comunidad. Se dice que son tiempos donde reina el individualismo, el afán por satisfacer cada uno de nuestros deseos, sin importar si esto afecta a otros. Me gusta imaginar que durante la pandemia muchos han meditado sobre la importancia de la colectividad, acerca del valor de los afectos y el apoyo hacia otros. Creo que justamente esta certeza nos puede dar la paz que necesitamos, la paz de saber que nos podemos unir para enfrentarnos a las adversidades, a las tiranías, a los conflictos armados: “Paz. No sólo aquél antónimo de guerra./ Paz de mujer. Trozo de pan/ que siempre ha sido nuestro./ Colmena que en la mente/ transforma cada celda del pensar.”. O este otro ejemplo en “Verbo que sobrevive”: “Estamos conectadas como una red de aljibes,/ un engranaje anclado en los afectos”.

Según tu impresión ¿El ser humano necesita el silencio para concentrarse y hallar respuestas?
Claro que sí, vivimos en una sociedad de lo inmediato, de la prisa, de lo desechable, de la facilidad. Estar en silencio, aunque sea un ratito cada día, aquieta esa aceleración que vamos absorbiendo y generando. Y el silencio en medio de la naturaleza es más enriquecedor aún. Podemos oír sonidos sutiles (pájaros, ardillas, chicharras, pinaza, ramas, brisa) que pueden calmarnos como una canción de cuna. Y más que hallar respuestas sobre lo que nos ocurre, necesitamos volver a un estado de humildad, de saber que somos insignificantes en medio del universo, y que debemos cuidar toda esa vida que nos rodea de una forma más consciente. Como decía Virginia Woolf, “no hay prisa. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie salvo uno mismo”; o Jules Renard, “pensar, buscar claridades en un bosque”. Son recomendaciones excelentes ¿no crees?

Afirmas con rotundidad Soy poeta. En este país y sobre todo en esta ciudad como Granada que mucha gente dice ser poeta, pregunto: ¿Cuál es la diferencia entre un poeta auténtico y otro que no lo es?
Pienso que todas las personas tienen su camino de búsqueda, su perfeccionamiento de lo que hacen. No podría emitir un juicio tan definitivo sobre otras personas, decir si son o no poetas. En mi caso es un sentir auténtico, un compromiso de por vida, un amor incondicional por el lenguaje y por la lectura. Al decir “soy poeta” reivindicaba esta palabra para las mujeres, ya que muchas veces se ha usado el poetisa para menospreciar el trabajo lírico de las escritoras. De todas maneras, creo que cada ser humano sabe quién es en el fondo, y una manera de descubrir quiénes somos es a través del ejercicio del arte.

¿No piensas que la poesía hoy está saturada de poetas que dicen serlo con demasiada facilidad?
Es posible que existan personas que creen que la poesía es lo que primero se les viene a la cabeza, que no pulen el texto, que no se desvelen pensando cuál es la palabra exacta o cuál no romperá el ritmo. Me imagino que hay muchísimos escritores sin oficio porque piensan que la poesía es fácil, simples desahogos sentimentales sin destilar, o acomodar líneas en forma de verso. Mas, como te comentaba en la anterior respuesta, no soy quién para juzgar lo que hacen otros. Sólo sé decirte que busco transmitir a los demás un mensaje profundo, trascendente y universal a través de las palabras; y que el lenguaje sea bello, preciso, novedoso y con un ritmo y una musicalidad envolvente. Siempre estoy en ello, y me entrego con gusto a las exigencias del texto.

Siguiendo con la poesía, pienso que está denostada por unos y acaso sobrevalorada por otros. ¿A qué crees que se debe esta circunstancia?
Al desconocimiento de textos brillantes y magistrales que se han escrito a lo largo de los tiempos. Lamentablemente se imparte muy poca poesía en los colegios e institutos, y quizá no siempre la adecuada a cada edad. Por desgracia, el género que más se lee y se publicita es la novela. Todo esto no ayuda a darle a la lírica el lugar que merece, y que tuvo en el principio del lenguaje, cuando la oralidad −y la poesía− era una parte fundamental de la comunicación. También el teatro y la narrativa son interesantes siempre que se realicen a conciencia. De todas formas, he intentado poner mi humilde granito de arena transmitiendo el amor por la poesía a través de charlas, de talleres, de recitales y de puestas en escena por diversos centros educativos, culturales y sociales, por bibliotecas, etc.

¿Cuál es tu tema preferido, o al que sueles recurrir con más frecuencia?
Creo que he tratado todos los temas fundamentales de la escritura: amor (en “El deleite”), muerte, dolor, paisaje (en “Islario”), melancolía, esperanza, pasión (en “El relámpago en la habitación”), naturaleza (en “Marjales de interior” y “Bosque y silencio”), compromiso social (en “50 mujeres desnudas”, “Corteza” y “Un kilim de palabras)... En general, en cada poemario he desarrollado una temática y con todas me he sentido cómoda. Pero es verdad que hay una a la que vuelvo de forma recurrente, es al paisaje (incluso acercándome al herbario fantástico en “Jardín imposible”). 
Hablando en términos pictóricos, yo sería una paisajista que trata de captar “esos cambios milimétricos” que dan el paso de las horas y el tiempo sobre un lugar. Sería una impresionista que intenta reflejar la emoción escondida en los árboles, en los caminos de tierra, en los volúmenes de las montañas… sabiendo que aunque parecen elementos distantes y diferentes al hombre, en ellos también está la esencia de nuestra especie. Y afirmo junto a Eduardo Lizalde “Era clorofila y no sangre lo que corría por las venas del verdadero Adán”.

¿Qué te ha dado la poesía que no te ha dado otra forma de arte?
Me ha dado la música de la palabras, los ritmos del lenguaje, la compañía de los versos cuando se dicen en alto y parece que todo el espacio se llena de ellos, que las palabras te abrazan, te calman, te curan. La belleza de definir matices, sensaciones mínimas, de poder captarlas a través de la poesía, de que queden fijados momentos que de otra forma se perderían. Por poemas, míos y de otros, recuerdo vivamente hechos que me ocurrieron hace tanto tiempo… Casi magia.

Y pasando a otro tema, ¿qué diferencia sustancial encuentras entre tu país, Chile, y España?
Siendo sincera, siento que los dos son mis países, en ambos he vivido experiencias importantes de mi vida, y he pasado además el mismo número de años en cada uno. Aunque preferiría decir que soy una ciudadana del mundo, cómo no. Creo que rescataría de cada uno algunos aspectos que considero valiosos: de Chile, el espíritu creativo de la gente, su manera de reinventarse, de lanzarse al mundo (lo que llamamos “patiperrear”), de solucionar los problemas de una forma inusual y lúdica, y su amor por la poesía; de España, la alegría y lo que podríamos llamar “espíritu mediterráneo”, el disfrutar intensamente cada momento, su riqueza gastronómica y paisajista que siempre me ha enamorado. También sus tesoros culturales o su envidiable red de bibliotecas públicas.

Y para terminar… ¿Regresarías a tu patria algún día definitivamente o aquí ya has encontrado tu lugar?
Tengo un espíritu muy aventurero, así que no podría asegurar que un día no nos traslademos a Valparaíso para vivir allí o pasar una temporada (como a cualquier otra parte del mundo, ya que me encanta aprender todo lo que nos dan otros lugares). Pero, ahora mismo, te puedo decir que aquí tengo mi lugar, en Granada y con mi pareja.

Gracias de mi parte y de la revista Lumbre a Marina Tapia, que tan amablemente se presta a contestar mis preguntas.
Cristina Zarca



viernes, 13 de enero de 2023

En ideal el Taller de Poesía de Huétor Vega

Agradecida por el eco que se ha hecho el diario Ideal Taller de Poesía que he comenzado a impartir en la Biblioteca Ángel Ganivet de Huétor Vega.





lunes, 9 de enero de 2023

En la Ludoteca y la Biblioteca de La Zubia

Estos meses de octubre, noviembre y diciembre de 2022 he podido realizar y colaborar en la Ludoteca y en la Biblioteca de La Zubia. Mi trabajo ha estado enfocado al desarrollo de la creatividad infantil plástica y literaria (elaboración de una obra teatral navideña, confección de títeres, cuentacuentos participativo, kamichibai, técnicas pictóricas, etc.). Gracias al Ayuntamiento y a su Área de Cultura por contar conmigo, a Rosa Gamero, Jacinta y Alejandro. Os dejo con una selección de fotos de distintos momentos.






















sábado, 31 de diciembre de 2022

Taller de poesía en Huétor Vega

Feliz de poder realizar este taller en el pueblo vecino de Huétor Vega, para acercar la poesía a distintas generaciones, este 2023. Gracias al diario Ideal por hacerse eco.



"La lectura y escritura de poesía son los ejes del nuevo taller que el área de Cultura del Ayuntamiento de Huétor Vega pone en marcha nada más empezar 2023. Impartido por Marina Tapia, se desarrollará entre los meses de enero y mayo, en sesiones que tendrán lugar los miércoles por la tarde en el Carmen de San Rafael (de 18 a 20 horas).

Las inscripciones se pueden realizar en el área de Cultura del Ayuntamiento de Huétor Vega (edificio Huerta Cercada) o a través del teléfono 958 300 511 (extensiones 228 o 229). Es necesario que haya un mínimo de diez personas inscritas.

Facetas como la métrica, la rima, el ritmo, la inspiración, la focalización, la creatividad o el análisis serán abordadas en esta iniciativa cultural.

Marina Tapia (nacida en Valparaíso, Chile, en 1975) es poeta y artista plástica. Desde el año 2000 reside en España. Ha publicado obras como '50 mujeres desnudas' (Amargord, 2013), 'El relámpago en la habitación' (Nazarí, 2013), 'Marjales de interior' (Aguaclara, 2017), 'Corteza' (ElEnvés, 2022), 'Un kilim de palabras' (El Sastre de Apollinaire), 'Bosque y silencio' (Ayto. Aguilar de Campoo) e 'Islario' (Amargord). También coordinó 'El pájaro azul. Homenaje a Rubén Darío' (Artificios, 2016). Como curiosidad, Tapia ganó el primer premio en el certamen de cartas de amor y desamor de Huétor Vega en 2014".

domingo, 18 de diciembre de 2022

Reseña de "Islario" por José Antonio Santano

Agradezco al poeta y crítico José Antonio Santano su artículo sobre "Islario", aparecido en La Opinión de Málaga.



LOS TERRITORIOS POÉTICOS DE MARINA TAPIA

José Antonio Santano


Escribir puede convertirse en una apasionada manera de entender la vida o en una creciente obsesión. Esa pasión por la escritura y el consecuente aumento de la producción literaria, que no es habitual en la actualidad, se concreta en los cuatro poemarios publicados a lo largo de este año 2022: ‘Un kilim de palabras’, ‘Corteza’, ‘Bosque y silencio’ y, por último, ‘Islario’, autoría todos ellos de la poeta afincada en Granada, Marina Tapia (Valparaíso, Chile, 1975). Será de este libro último, ‘Islario’, del que hablaré en este comentario. Con un muy acertado prólogo del poeta Agustín Pérez Leal: «la alegoría que vincula la isla (el propio cuerpo…) con el viaje (lo ajeno…) articula todo este libro de un modo discreto apenas insinuado; pero por eso mismo más eficaz, más flexible y polivalente» y una cuidada edición de Amargord, el libro se compone de cuatro poemas iniciales y seis partes o secciones: Tránsito, Asomos de mar, Piedra espejo, El reino del olivo, Bajo otros soles y Camino a nuestra isla.

El verso limpio de Marina Tapia discurre por múltiples territorios, de tal manera que su relación de pertenencia a ellos marca o señala la identidad del sujeto poético y contribuye a descubrir la esencia de lo sentido y vivido, todo tamizado por el amor como elemento vertebrador de su poética, como así se muestra en el último poema del libro, ‘El sur es nuestro norte’: «Y quiero se tu puerto, / tu aldea, / tu morada, / sagrada sencillez, / paisaje que te vela en la distancia, / mirada que atestigua / sutiles movimientos del andar. // Isla que va creando su compás…». La fuerza de la palabra que crece en cada poema-isla y nos invita a un viaje al centro mismo del corazón («Mi corazón que late / es una isla, / único territorio, / arrecife de planos, / el punto de partida / para el viaje»), de la mirada que descubre paisajes y paraísos soñados. En este «tránsito» («No sé si tiene nombre de lugar / la tierra / que ansío recorrer…»), Marina Tapia busca el amor como único amparo: «¿La ciudad que yo espero deletrea el amor?», se pregunta, para seguidamente impregnarse del salitre marino y navegar hacia el íntimo silencio de los mares: «Mediterráneo, / recojo tus esencias, / tus cruces de destino, tantos ecos. / Yo vine para oírte, / para maravillarme con lo ausente…», de las Islas afortunadas o Vancouver Island, de la piedra («La piedra castellana, / casi lunar, tan áurea…») o al de los olivos en Baeza o Iznájar. Un halo de nostalgia contenido se aprecia en estos poemas, sobre todo, cuando nombra su ciudad de nacencia, «Valparaíso, / encima de esta grieta te recreo…». Poesía para degustar, en suma.

Colaboración en la revista Amaryllis

Mi gratitud al artista José Manuel Darro por haber contado conmigo para el número 1 de esta hermosa publicación centrada en la poesía y al arte. Participo una pintura y con el poema "Encargo". Ojalá hubiera más revistas así.







sábado, 17 de diciembre de 2022

Entrevista sobre "Corteza" en Secretolivo

Gracias a Javier Gilabert por esta entrevista en SecretOlivo, que me ha permitido hablar más a fondo sobre uno de los libros más intensos y personales que he escrito, "Corteza".


Javier Gilabert: ¿Por qué este libro y por qué ahora?

Marina Tapia: Con Corteza quería recoger diferentes impresiones de la etapa por la que atravieso, mi próxima entrada al medio siglo de vida; deseaba hacer una revisión del camino transitado, cuestionándome diversos aspectos de él, y compartir poemas escritos en diferentes momentos pero que mantenían una unidad: eran rotundos y no hacían concesiones al miedo, al dolor o al desarraigo. Quería hablar de la conciencia de nuestras limitaciones, de los condicionantes que —como ser humano y en especial como mujer— se experimentan. Y cómo se llega a ese punto en el que se acepta el cuerpo, lo que somos, nuestro pasado, para luego avanzar y elegir lo que queremos ser de ahora en adelante.

Este libro vuelve de alguna manera al espíritu de mi primer poemario, 50 mujeres desnudas, a bucear en la condición humana, en la identidad y el desdoblamiento; eso sí, esta vez estableciendo claramente dos partes: una donde los grises y las sombras del pasado se exponen sin autocensura, y otra en la que vemos cómo podemos elevarnos amparados en esas personas luminosas, o en una comunidad de gente valiente y creativa que nos da su apoyo (en general referentes literarios que siempre están allí para marcarnos el norte, como Emily Dickinson, Emilia Pardo Bazán, Adrienne Rich, Gabriela Mistral o amigas como Ana Mañeru).


¿Cómo y cuándo surge la idea del libro?

Surge ordenando mis poemas de diversas etapas, incluso los de juventud (ya que comencé a escribir muy pronto y conservo bastantes cuadernos de mi infancia y adolescencia). Con este conjunto he querido volver a esa niña y a esa joven que fui, recoger sus temores, sus impresiones del entorno en el que creció (una familia de artistas, en medio de una dictadura que había cercenado la posibilidad de construir democráticamente un nuevo modelo de sociedad). He intentado cantar con voz de lluvia —y vestida con prendas empapadas de ayer— un canto de esperanza. Por eso el lector encontrará textos como “Siento este rojo en el rostro”, escrito a los 16 años, junto a otros como “Celebración” o “Encantamiento” alumbrados a finales de 2021.


¿Qué pistas o claves te gustaría dar a l@s posibles lector@s?

Me gustaría que sintieran este libro como un espejo, un espacio donde se refleja algo colectivo: las marcas de una educación estricta que han recibido tantas generaciones, el peso de nuestra imagen física a causa de los volubles y mercantiles cánones de belleza que imponen los medios y la moda, o el sentimiento de culpa que siembra en nosotros una religión que, por lo general, celebra el dolor de la crucifixión más que la alegría de la resurrección. Aunque está escrito en voz de mujer y basado en mis vivencias, algunos amigos que lo han leído se han sentido identificados con la voz poética y con su caminar hacia un punto más luminoso. 

Mi intención es emprender, junto al lector, un viaje simbólico hacia la aceptación y la valoración de lo que somos, de todo lo que nos eleva y enriquece. Por ello el libro se divide en dos partes muy bien diferenciadas: “Raíces hondas” y “Ramas altas”. He utilizado los excelentes versos de una de mis poetas preferidas, Ángela Figuera Aymerich, (“Quiero raíces hondas, ramas altas,/ cauce y muralla, brújula y refugio./ Y soy una mujer. Apenas algo./ Carne desnuda, sola, desarmada.”) como imagen que representa a la perfección los dos bloques del libro. Los árboles, con sus dos partes opuestas, raíces y ramas que tienen como sustento el agua y el cielo, retratan muy bien la condición humana. Podríamos decir que estos versos de Ángela Figuera son la columna vertebral del volumen. 


¿Qué efecto esperas que tenga en ell@s?

Desearía que se vean reconocidos en sus textos, que sientan los poemas como propios, que den voz a sensaciones por desgracia habituales como el desarraigo, la violencia sexista, el enfrentamiento con el padre —o con la madre—, la rebelión contra los regímenes totalitarios que tanto España como Chile han sufrido, etc. Y quiero que disfruten también de las cualidades estéticas del poemario, lo bien que lo han editado las socias de ElEnvés, la calidad del papel, el tacto de la portada, su formato moderno, esas páginas de cortesía en color turquesa… Me gustaría que este libro los acompañe, que hagan suyos estos poemas-ofrenda. Escribo llena de entrega no sólo para mí, sino para los otros, para una colectividad afectiva. Y que los lectores puedan decir, como escribió Cristina Grisolía en el prólogo, «leer a Marina Tapia es hilvanar trozos de vida comunes a todas nosotras, es por lo tanto una lectura de reparación y completud».


¿En qué medida veremos en él —o no— a la Marina Tapia de tus anteriores obras?

Creo que la musicalidad y el ritmo de mi poesía siguen aquí presentes. También el deseo de utilizar los adjetivos justos y precisos, un lenguaje cuidado pero a la vez cercano, sin caer en lo coloquial o lo explicativo. Que en la página del poema acontezca todo, que haya un movimiento sostenido a través de los verbos, con  finales que cierren y rematen lo expuesto, ya que cada poema —en este libro en especial— es una unidad propia que no necesita imperiosamente del conjunto para comprenderse. Quizá, por su temática, me he alejado más de la abundancia retórica y la explosión celebrativa de Jardín imposible o El relámpago en la habitación. Trata un tema más duro y contenido, y necesitaba de un lenguaje más conciso, de versos más desnudos y despojados para transmitir con veracidad el proceso vital de una mujer que camina a la madurez.


Te pongo en un aprieto: si tuvieras que quedarte solo con tres poemas de ‘Corteza’, ¿cuáles serían?

Me quedaría con “Celebración”, porque refleja muy bien el punto en el que estoy y la voz actual: la de una mujer que tiene que asumir sus límites, sus fuerzas, su cuerpo, la perspectiva de que los años por delante no son ya tan numerosos. También escogería el poema que aborda el concepto de la paz, “Aquello que florece bajo sombras”, en el que se aquilatan y se valoran la paz o la armonía que las mujeres hemos mantenido como llama encendida a lo largo de la historia. Y por último “Nueva Penélope”, un texto que describe a una mujer que se espera a sí misma, a ese otro nuevo y renovado ser que vendrá con la madurez que dan los años.

Y añadiría quizá estos tres versos que, de alguna manera, resumen el espíritu del libro: “Sabré quien soy al límite, en el filo,/ sabré de lo encontrado en lo perdido,/ con la distancia, acaso, podré verme”. Creo que ese “acaso” hace énfasis en algo muy cierto: buscamos conocernos pero no hay una definición exacta y nada es categórico, somos algo en constante cambio y la poesía está allí para retratar —y para recordarnos— esa corteza frágil y cambiante que tenemos. 


¿Han cambiado los temas que te interesan? ¿Sobre qué estás escribiendo ahora?

En general, intento realizar libros temáticos, con un asunto determinado, con un núcleo compacto (el erotismo, las cuatro estaciones en la Vega de Granada, la botánica fantástica, el silencio, los viajes, etc.), busco desarrollar una idea distinta en cada conjunto pero, por supuesto, en todo lo que he escrito predominan mis grandes amores: la naturaleza y la búsqueda de la hondura de la vida. Ahora estoy en una etapa en la cual no escribo poemas y la veo como un descanso necesario; eso sí, leo mucha poesía y escribo algunas impresiones lectoras. Me interesa repensar la poesía, buscar nuevas maneras de abordarla, teorizar un poco acerca de la creación desde un ángulo no académico. Quizá me asemejo en estos momentos a la Momo de Ende, que permanece sentada escuchando las voces de otros en ese círculo de piedra, en el anfiteatro del mundo. Gamoneda decía que la inspiración no es más que una tensión intelectual. El silencio y la escucha quizá tensen las ideas tarde o temprano.


Además de escribir eres artista plástica. ¿Cuánto de esta disciplina se refleja en tu poesía y viceversa?

Poesía y pintura se entrelazan en mí mediante hilos muy sutiles pero, con el paso del tiempo, van tejiendo una trama más firme. En muchas temporadas de mi vida he dejado aparcada a la pintura para centrarme en la escritura, pero cada vez resulta más frecuente y más intensa la necesidad de que ambas convivan, de que haya vasos comunicantes entre estas dos disciplinas. Quizá por eso, cuando presenté Islario, realicé una serie de ilustraciones alusivas al poemario. Y ahora he pintado un grupo de 40 láminas para Corteza que regalaré a los asistentes en la presentación, en la Biblioteca de Andalucía. Para mí el arte es una manera de escuchar y dialogar con la existencia, de apresar lo transitorio, de bucear en la grandeza de lo sencillo y cotidiano. En mi poesía —según opiniones— se aprecia que soy pintora, “pintas con las palabras” han comentado, “parece que estoy viendo un paisaje”. Y creo que en mis cuadros, en especial en las últimas series, abundan los versos escritos a mano, el juego de la metáfora o de la imagen poética. Quizá, después de todo, soy bilingüe de otra forma (aunque nunca se me han dado muy bien las lenguas extranjeras).


Por último, como lectora, ¿a quién te gustaría que invitásemos a pasar por ‘la Prensa’?

Me gustaría que invitarais a la excelente poeta y amiga argentina Cristina Grisolía, que ha tenido la gentileza de escribir el prólogo de Corteza. Seguro que estará encantada con tan interesante y agradable propuesta, como lo estoy yo, Javier, con esta entrevista.


TRES POEMAS DE ‘CORTEZA’ DE MARINA TAPIA


CELEBRACIÓN


Frente al altar cambiante de la edad,
rescato las palabras vigorosas
que guardé para mí.

Me digo:
la voz no se marchita,
la juventud persiste en la garganta
versando sus picantes saberes y delicias,
capaz de sujetar su floración.

Un sortilegio brota de mi gruta,
un aroma de cuerpo asentado,
y en este medio siglo que me ciñe
soy vaso de mujer,
mirada que equilibra
−así, serenamente−
lo adusto y lo carnal.

Hoy voy a hablar de límites, 
del peso del pasado, 
de conquistas.

Y yo te quiero, cuerpo,
vulnerable corteza,
te acojo en mi pupila, te sopeso.
En ti se estableció todo el reinado
del tiempo que irrumpía desde fuera,
del tiempo que horadaba desde dentro.

Caderas,
vientre,
pecho que decae,
puedo besaros, sí, puedo alabaros.

Mi mente y su gobierno reverencian
a la mujer madura que conformo.



AQUELLO QUE FLORECE BAJO SOMBRAS

Refrán y palabra no entienden,
mas luego se van a encontrar,
y cuando a los ojos se miren
el verse será adivinar”
     (Poema ‘Ronda de la paz’ de Gabriela Mistral)


Esta paz renovada 
que crece desde el centro de mis ojos,
este mar de quietudes 
                quiere volverse paso, 
                         salir desde su límite,
abarcar cada espacio que encuentra,
transmitir su armonía a los hombres.

Sólo tiene tres letras esta palabra mía,
que acompasa su ritmo con un dulce silencio.

En medio del dolor se nos presenta,
modesta, cotidiana pero alta
que el ojo ha de encontrar.

Acógela, abrázala, 
repite su canción de amanecer
que ensaya nuevas formas de nombrarse.
Proclama con sus manos la alegría, 
despiértala en tu boca.

Paz. No sólo aquél antónimo de guerra.
Paz de mujer. Trozo de pan 
que siempre ha sido nuestro.

Colmena que en la mente
transforma cada celda del pensar.



NUEVA PENÉLOPE

Para Ana Mañeru Méndez


En el tiempo esencial de la espera, 
boceto los latidos,
imagino el temblor,
perfilo el aura.
Ensayo las palabras, la venia, la sonrisa
con la que aguardaré a la prometida, 
que llegará mañana hasta mi hogar. 

Aquella seré yo.        

¿Qué silueta tendré bajo la luz
¿Cómo se expandirá el amor 
desde mi centro?

Buscaré nuevos retos acordes a mi fuerza.
Quizá mi porte sea el del bambú,
tan recio, tan sutil.

Quiero dormir cuidada por tu voz,
hermana del albor,
en este espacio fértil de la espera.